Necio caracol que sueña con tocar una estrella

Y sube poco a poco por la pared

Solo hay burlas pues él se cree centella

Le creen un pez en pelea con la red

Mas nadie ha notado aún la charada

Cuando al mofarse de él todos suben la mirada

.

Capítulo dos

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Floreciendo sobre piedra viva.

oOo

Una nueva etapa de nuestras vidas… Cada vez que recuerdo mis días en la casa de la maestría no puedo evitar reírme un poco, pero es la clase de risas que ocurren cuando te encuentras lejos de ciertos eventos o cuando le ocurren a otro y no a ti. Puedes sonreír porque te sabes a salvo, porque los recuerdos están llenos de nostalgia. Sin embargo cuando sucedieron fueron dolorosos y no tuvieron ni una pizca de gracia.

Con el paso de los años no puedo evitar una risa culposa con la mayoría de mis recuerdos en Nèibu, con otros es inevitable una mueca de dolor y con algunos lo daría todo por arrancarlos de mi memoria.

oOo

Al principio llamamos a la gran puerta frente a nosotros nerviosos y con un poco de timidez. Solo para descubrir que no pasaba nada. Después de un largo tiempo de intentar y esperar respuesta dos de las niñas perdieron la paciencia y golpearon la puerta violentamente. Por mi parte intenté llegar trepando hasta unos pequeños agujeros en la parte superior para poder gritar. Nada se podía ver o escuchar desde tan minúsculas ventanas y al llamar a gritos nadie acudió. Tampoco podíamos rodear en busca de alguna otra entrada pues la casa de la maestría estaba literalmente incrustada en la montaña y esa puerta era la única forma de entrar. Después de discutirlo, las dos niñas que habían llamado a la puerta a patadas decidieron volver a la aldea y preguntar si existía alguna clave secreta para que la puerta se abriera.

Por alguna razón la niña del cabello purpura se asustó con la idea de volver y su respiración se aceleró igual que la de un niño pequeño cuando está a punto de llorar, se negó a seguir a las niñas que volvían pero no dijo nada. Mientras tanto yo consideraba las palabras de mi madre. ¿Y si era una prueba? Era absurdo que nadie nos hubiese escuchado con tanto escándalo y aun así nadie acudía a la puerta.

Al final las dos niñas regresaron sobre el sendero para pedir consejo, mientras que la otra se fue en busca de materiales para fabricar un arco y de ese modo tirar una flecha por entre las los adornos a modo de mensaje.

Solo Shampo y yo nos quedamos frente a la puerta, como su miedo me confundía decidí preguntarle:

—¿Por qué te asusta la idea de volver a la aldea?

Ella dio un gritito de sorpresa y después de un momento de silencio me respondió con una voz muy suave y triste.

—Mi bisabuela me dio una advertencia antes de salir de casa. Ella dijo que si fallaba no podría volver porque a los ojos de mi familia yo estaría muerta.

Era una sentencia muy dura para un niño, casi como la advertencia que mi madre me hizo sobre los tres meses. Pero yo tenía la opción de poder volver a casa aunque fuese como un granjero, la niña frente a mí no. Algo dentro de mí dolía por escuchar sus palabras. No sabía que decir, así que para desviar su mente del regreso le compartí mis sospechas.

—Creo que nos escucharon llamar a la puerta desde el principio pero sospecho que es una prueba y si no llamamos del modo correcto nadie saldrá.

Shampo se quedó callada de nuevo, pero de pronto escuche su voz de mucho mejor estado de ánimo.

Ayya, tienes razón en casa tenemos una forma especial de llamar a la puerta y así sabemos si es alguien de la familia o es un visitante.

Lo cual nos dejaba con el acertijo de cómo llamar a la puerta.

Me senté a pensar en alguna idea, mientras tanto Shampo se acercó a la puerta para revisarla. Casi por descuido pase mis manos por algunas piedras dispersas en el suelo y una de las piedras llamó mi atención pues se sentía lisa al tacto del mismo modo que una piedra de río. La examiné y me di cuenta de que era plana por la parte de abajo algo que definitivamente no era natural en una simple piedra del camino.

—Encontré algo.

La sincronía de nuestras palabras nos causó un poco de risa. Ella me mostró que uno de los adornos de la puerta estaba más desgastado que el resto. Yo le mostré la piedra y descubrimos que la base de la roca y el adorno coincidían.

Golpeamos la puerta con fuerza con esa «piedra» y se produjo un sonido metálico muy peculiar. En ese momento la otra niña volvía con un arco improvisado para intentar lanzar una flecha. Cuando se preparaba para lanzarla ocurrieron varias cosas simultáneamente. Cuando la enorme puerta negra se abrió con la misma ligereza y velocidad que su fuese de ligero bambú, Shampo y yo dimos un salto hacia atrás por la sorpresa y la niña erró el tiro disparando justo hacia quien abrió la puerta.

La flecha fue detenida con la misma facilidad que un palillo para limpiarse los dientes por una enorme y velluda mano. Esa mano estaba unida a un masivo cuerpo femenino que examinó la flecha con divertida curiosidad, pero que en cuanto nos vio ladró molesta:

—¿Quién llama a mi puerta como un Jabalí rabioso?

La chica del arco se tomó muy mal la facilidad con la que su flecha había sido detenida y grito con más ego que cerebro:

—¡Venimos para formarnos como maestros en Nèibu de zhuānyè!

La mujer respondió a la bravata con la una sonrisa de un tigre.

—¿Tú una maestra? Ja,ja,ja Solo eres apta para tallar palitos con los que verdaderos maestros se limpiarán los dientes. ¡Dime tu nombre renacuajo!

—Lyly-mento.

—Bien, espero soportes los entrenamientos de iniciación… o por lo menos que dures el tiempo suficiente para divertir a los verdaderos maestros con tus suplicas para volver a casa, puedes pasar renacuajo.

Con eso la enorme mujer se movió para permitirle el paso. Mientras tanto Shampo estaba de inmóvil mirando a la mujer y por mi parte no me movía porque no tenía idea de cómo enfrentar a la mujer o si debía pelear contra ella. Me aproximé con cautela para poder ver realmente a la mujer, lo que por supuesto implicaba estar muy cerca de ella. La masiva mujer se dio cuenta de mis avances pero no dijo o hizo nada para detenerme y como si recién se dignara a prestarnos atención dijo:

—Nos avisaron que cinco gazapos vendrían a divertirnos, pero solo veo a tres. ¿Los otros cayeron por el abismo?

Ligeramente envalentonado respondí:

—Dos de nuestras compañeras volvieron a la aldea para pedir indicaciones.

—Como si hubiesen caído al abismo entonces, —la mujer dio un extraño sonido entre dientes y añadió—:dioses eres una niña bien fea. ¿Cuál es tu nombre niña fea?

—Mi nombre es Mouse y no soy…

—¡Fea y para colmo con nombre de niña rica!—ladró la mujer—Pero con el renacuajo es más que suficiente para saco de golpes tú y la princesa ratoncito detrás de ti no nos servirán ni para reír. ¡Largo! Con eso dio media vuelta.

El humor me cambió de golpe por sus palabras y mientras me preparaba para correr y colarme por entre las piernas de la mujer escuché una de las respiraciones que tenía grabada en la memoria. Eran cortos y rápidos jadeos que solo podía asociar con una emoción: pánico. La niña Shampo estaba aterrorizada, pero no por la mujer, sino por el hecho de que le cerraran la puerta en la cara y no pudiese entrar.

Shampo respondió con un grito tan agudo que casi me sonó a maullido de gato.

—¡Voy a pasar por esa puerta! aunque tenga que avanzar por encima de ti Dennpá.

Dennpá era una expresión que había escuchado en la parte más pobre de la aldea y era una forma muy despectiva de referirse a la hembra de un cerdo, entre otros usos más profanos. Con mi oportunidad de sigilo perdida tomé mi decisión y me puse en la posición de pelea más ofensiva que conocía.

Por respuesta la mujer dejó caer la punta de un mazo de hierro con el grosor de un árbol joven que cargaba en la espalda. Y antes de que pudiésemos hacer nada su enorme silueta desapareció frente a nosotros solo para aparecer detrás de ambos. Nos levantó del suelo sujetándonos de la cabeza con sus enormes manos. El agarre de esa mujer era de hierro y no nos dejaba ningún punto de apoyo para defendernos.

—Un renacuajo y dos pollitos ruidosos. Ese es el penoso menú que nos ofrece este año la casa de la fuerza…que patético. Muy bien pollitos ustedes también pueden entrar.

Y sin más ceremonias arrojó a Shampo hacia el interior de la casa de la maestría. A mí me sostuvo muy muy cerca de su rostro como para examinarme de cerca. Con semejante proximidad su imagen se aclaró ante mis ojos y pude contemplarla como era: una mujer fuerte y bellísima. Aún con mi infantil conocimiento del sexo opuesto sabía lo que era una mujer bella y sin duda cumplía los requisitos. Un rostro cuadrado y fuerte bronceado por el sol, hombros y espalda ancha, pechos enormes y firmes, los brazos tenían músculos amplios y bien definidos, un abdomen ancho y fuerte, rematado por unas piernas gruesas y bien torneadas. Todo un poema de fuerza y feminidad.

oOo

¿Que si estoy loco por llamar a semejante mujer bella? Para nada. Para nosotros en la aldea y en buena parte de China el concepto de bello es muy diferente a lo que presentan en Japón o en occidente. Una mujer bella es aquella que es fuerte, quien puede sobrevivir en un medio tan hostil como las montañas, quien puede estar trabajando en los campos de arroz durante todo el día y tener la fuerza para ir de cacería sin cansancio y cantando de alegría. Una mujer que tiene las aptitudes físicas para dar a luz un niño que sobreviva los años malos sin esfuerzo. Una mujer que exhibe en su cuerpo lo bien alimentada que está.

Un sinónimo de bella que he escuchado mucho en Nerima es: «fea marimacho con la fuera de un gorila». Sé que Shampo se molesta cuando escucha a Saotome decir ese insulto a su prometida. Shampo es muy bella por méritos propios pero no por lo que la mayoría «ve».

oOo

La mujer se dio cuenta de que estaba embelesado por su belleza y se sonrojó muy ligeramente. La consecuencia fue que me arrojó por la puerta un poquito más fuerte que a Shampo.

Entré volando por la puerta directo hacia un corredor tallado en la piedra viva de la montaña y caí derrapando sobre el suelo hasta casi chocar con unas enormes escaleras de roca viva, el rectángulo de piedra en el que estaba tirado era como la antesala de todo lugar. Lo que yo había considerado una montaña solo lo era en apariencia porque la montaña tenía un amplio espacio al aire libre donde cabía perfectamente un pequeño valle. Por su parte Lyly-mento estaba parada en el centro del inicio de las escaleras con cara de no entender porque entramos volando hasta caer junto a ella; una vez que me puse de pie pude notar que hacia la derecha se podía observar un amplio espacio plano donde un grupo de bastones Bo se movían en una intrincada secuencia. Y digo observar porque me di cuenta del olor a bambú y el sonido que hace este al ser doblado o sacudido. Desde donde estábamos no era posible ver a quienes los esgrimían pero se escuchaba de cuando en cuando los «haa» y «hoo» de su entrenamiento. Hacia la izquierda se notaba un espacio para descender hacia otra parte del lugar pero además de algunos fragmentos de otros edificios no era posible ver más. La llegada de la mujer detuvo mi inspección.

—Vamos a descubrir de qué están rellenos mis finos amigos. Señalándome ladró: ¡Tú al extremo derecho de las escaleras «fea» y asume posición de meditación! ¡Tú a la izquierda «princesa ratoncito»! No hablen y no muevan ni un musculo o desearán haber caído por el abismo. La mujer miro a Lyly-mento y dijo: ¡Ven conmigo «renacuajo»! Vamos a descubrir si puedes llegar ser una miserable rana para hacer sopa... o debemos regresarte al fino charco de donde saliste ju,ju,ju.

Nos sentamos con las piernas cruzadas en extremos opuestos de aquellas escaleras. Unos momentos después escuchamos los sonidos de impactos de armas seguidos de los gritos de batalla de Lyly-mento.

Después de un tiempo muy corto pudimos escuchar más de sus gritos pero eran de dolor. Y luego de eso solo un lúgubre silencio. El no saber nos llenó de miedo, mucho miedo.

Sentado como estaba no podía mirar o escuchar a Shampo y mis propios temores me atormentaban.

«¿Quién sería el próximo?»

«¿Qué le habían hecho?»

«¿Qué pasará?»

La pequeña antesala que conducía a la puerta de salida tenía una pequeña pero agradable sombra; pero en el lugar donde nos habían dejado había comenzado a dar un inclemente sol. El día avanzaba en un relativo silencio pues todas las actividades ocurrían lejos de la entrada. Tenía hambre, pero la sed le estaba ganando terreno rápidamente. Tenía la sensación de que nos observaban así que no me atrevía ni a aclararme la seca garganta. Poco después un amplio desfile de mujeres portando armas y armaduras ligeras pasó por aquellas escaleras, pero ninguna se detuvo a mirarnos ni nos daban la menor atención. Un grupo de niñas un poco mayores que nosotros se detuvo y una de ellas se separó del grupo como ocurrencia para medir mi reacción me arrojó una piedra, pude sentir la tibia sangre resbalar por mi frente y nariz pero tan asustado como estaba no me hice un solo sonido de dolor o queja. Lo único que podía pensar en mis horas inmóviles fue que toda aquella locura era alguna clase de prueba de sufrimiento por lo que no me moví. Dada poca cooperación con los juegos de mis superioras el grupo de jóvenes fue a probar suerte con «la otra estatua» al pie de las escaleras y aún con mi limitado rango de movimiento pude notar que Shampo también se llevó algunos golpes pero tampoco se quejó o movió.

Aburridas por nuestra aparente falta de reacción las niñas se fueron en busca de alguna víctima más cooperativa. Por un lado me alegré de que se marcharan pero por otro aún me preocupaba la suerte de la otra a quien no podíamos ver; no podía dejar de imaginarla en el suelo inconsciente y llena de golpes. O peor aún… muerta.

El sol siguió su paso por el cielo pero mi sed era cada vez peor. Finalmente el cielo se volvió más y más oscuro hasta que la noche llegó. La frescura pronto se volvió frío. Con la llegada de la penumbra tuve más dudas ¿Nos habían olvidado? ¿Acaso pasaríamos día y noche en posición de loto hasta caer desmayados o muertos? Pude captar el aroma de arroz proveniente de algún lugar cercano. La primera sorpresa de la noche fue el notar la tenue luz de una lámpara y escuchar dos pares de pisadas aproximándose unos eran pasos ligeros y los otros parecían llevar algún tipo de cojera.

Con la luz mis ojos por fin pudieron distinguir la masiva forma de la mujer de la puerta y otra figura más pequeña rengueando a su lado. De haber podido hubiese saltado pero mi cuerpo estaba tan entumido que moverse era imposible. Lyly-mento se acercaba hacia nosotros con una sonrisa feliz pero agotada. La mujer se sentó en el centro de las escaleras dejando frente a ella un recipiente con arroz y otro con té. Quería moverme pero… ¿Y si se trataba de otra prueba? Una voz desconocida disipó mis dudas.

—Pueden moverse durante las horas de oscuridad, vengan y coman mis niños.

Era la mujer quien hablaba, pero su voz era amable y cálida ni comparación con la furiosa mujer de la mañana. ¿Mis niños? ¿Qué pasaba entonces con «niña fea» y la «princesa ratoncito»? Los sobrenombres e incluso la extraña actitud de esa mujer tenían una razón de ser, pero sus motivos los conocería tiempo después.

Teníamos frente a nosotros a nuestra compañera a quien creímos herida o muerta y a su lado comida caliente y agua. No me detuve a considerar opciones y corrí a la opción más urgente.

Con un poco de dolor moví mis piernas y me aproximé hacia mi camarada. Shampo llegó a mi lado y antes de que pudiésemos decir palabra Lyly-mento nos abrazó a ambos.

—Los creí muertos—dijo soltando un suspiro.

Yo no podía creer que esa niña que jamás dejó de llamarme topo en la casa de la fuerza estuviese realmente feliz de verme, sin saber por qué le compartí mis temores por su seguridad y Shampo le dijo que estaba feliz de verla viva. Al ver que mis miedos se desvanecían empecé a reírme de alivio y un momento después los tres nos reímos compartiendo un abrazo. Y en un acuerdo sin palabras decidimos enfrentar lo fuese que la casa de la maestría arrojara sobre nuestros hombros juntos. Y no pude dejar de notar que esa arrogante niña había dejado de lado su máscara mostrándose como en verdad era. Una vez pasado el susto colectivo recordamos el hambre y la sed. Casi inhalamos los alimentos frente a nosotros.

oOo

Aquella fue una de las mejores comidas de mi vida.

oOo

Con el estómago lleno, la mujer nos habló una vez más.

—No crean que esto es una tortura para divertirnos a costa suya, ni un experimento de sufrimiento. Se trata una prueba de muchas y serán examinados en los momentos y situaciones más inesperadas, al comer, al entrenar, al cumplir o rebelarse ante una orden o cuando viajen fuera de este templo para aumentar sus conocimientos; muchos han fallado en su primer día al pensar primero en los alimentos sin importarles sus compañeros. Pero ustedes tres han demostrado interés en el bienestar de los otros como si fuesen hermanos y luego se preocuparon por los alimentos, con ello han pasado la primera parte, pero la prueba no ha terminado, mañana deben asumir sus posiciones en cuanto salga el sol —mirando a Lyly dijo—tú iras en el centro y recuerden que no deben moverse.

La mujer ya se marchaba cuando nos miró a Shampo y a mí en silencio antes de finalmente añadir.

—Te pareces un poco a tu madre niño, tal vez eso te ayude un poco.

Mirando a Shampo añadió:

—Tu mi niña, eres la viva imagen de tu bisabuela en su juventud si las pinturas no mienten y eso puede dificultarte las cosas.

Luego de eso se retiró, con lo cual fue evidente que dormiríamos en el suelo.

Al terminarse el falso amanecer nos levantamos, por mi parte dormí poco ya que el temía que la salida del sol me ganará. Lyly se despertó de un enérgico salto, mientras que a Shampo fue necesario sacudirla para que se moviera. Con el pequeño consuelo de saber qué nos esperaba nos acomodamos en la base de las escaleras.

Al principio el ruido en la casa de la maestría fue poco, algunas voces lejanas y un sonido ocasional de voces y armas. Luego la actividad se volvió más intensa y ruidosa, nuevamente pude escuchar las practicas con bastones de bambú y de nueva cuenta pasaron varios grupos de jóvenes mujeres pero ninguna nos agredió. El día pasó con la misma lentitud que el anterior, pero fue mucho más agotador que el primero ya que parecía ir más lento los músculos inmóviles dolían más que el día anterior, la sed y el hambre eran más difíciles de soportar. La llegada de la noche fue casi una bendición ya que tenía necesidades que requerían moverme. Esa noche llegó la mujer con pocas pero amables palabras. Por mi parte aprendí que beber mucha agua podía ser una mala idea en el corto plazo. Después una cena breve y una plática aún más corta los tres nos preparamos para dormir.

Al día siguiente fui despertado por Shampo, pero en realidad no sentí ningún descanso; era como si solo hubiese pasado un instante al cerrar los ojos di un bufido de fastidio y por los suspiros agotados que escuché de mis compañeras supuse que ellas tampoco tenían muchas energías.

El tercer día fue el peor de todos porque de cierto modo soportábamos un cansancio acumulativo: el sol quemaba, la garganta ardía como brazas por la sed y cada musculo del cuerpo se sentía como tener mil agujas retorciéndose dolorosamente. Era una variedad de formas de dolor que no sabía siquiera que podían combinarse. Pocas horas después comenzamos a sentir los efectos del tercer día Lyly estaba dando lentos y pesados jadeos como los que se escuchan de una persona que es obligada a levantar más peso del que puede sostener, Shampo por su parte daba un gemido muy suave como si estuviese llorando y por mi parte daba irregulares jadeos de aire por la simple razón de que la sed había resecado tanto mi garganta que me estaba asfixiando. Cada uno de manera distinta estaba peleando su batalla… y estábamos perdiendo.

Por la posición de nuestras sombras me di cuenta con horror que solo era un poco más de la mitad del día. Por un momento me imagine dando un largo trago de agua a uno de los enormes jarrones que teníamos en casa. El efecto fue casi de inmediato, tragué saliva ante el recuerdo y mi garganta dejó de doler tan atrozmente. Podía distraer mi mente, no con el frustrado anhelo de agua sino con el recuerdo de beber agua. Con esa pequeña revelación tuve una idea para ayudar a mis compañeras. No podíamos hablar ni movernos…pero no estaba prohibido murmurar sin palabras así que me puse a «cantar».

Fue una vieja y ridícula canción infantil llamada -gotas de lluvia- que trata sobre un tonto pez que salta fuera del estanque donde vivía porque quería conocer el mundo fuera del agua. Una vez fuera y bajo el inclemente sol el pobre animal le cantaba al cielo para que llegara la lluvia a calmar su sed y devolverlo al agua.

.::.

~Unas pequeñas gotas del cielo quiero ver caer~

~Que dulces salpiquen en mi boca pues yo quiero beber~

~La tierra es egoísta y solo da al arroz de beber~

~A mi dulce hogar de agua solo quiero volver~

~Agua, oh dulce agua quiero yo tener~

.:.

Tardó un poco pero ambas recordaron la melodía y eso logró calmar a mis amigas y distraerlas un poco de nuestros problemas inmediatos. Lyly agregó otra canción a nuestro repertorio "cantando" -Dulce banquete- y Shampo hizo lo propio al recordarnos -A la sombra del gran árbol-. El efecto fue mágico pues casi pude sentir en el paladar la dulce carne de la que hablaba la canción de Lyly y la fría y dulce briza que se percibe al dormir bajo la sombra de uno de esos grandes árboles que mencionaba Shampo.

Fue muy extraño ya que después de nuestras improvisadas canciones el infame calor nos afectó poco y al caer la tercera noche nos sentíamos más frescos que al inicio del día.

Mucho más temprano que antes la enorme mujer de la puerta fue a buscarnos y nos condujo por un largo pasillo hasta una serie puertas hexagonales incrustadas en la montaña. Aquellos dormitorios que imitaban a los panales de abejas tenían unos estrechos pasillos para circular de un dormitorio a otro pero no existía nada parecido a escaleras o cuerdas para subir. Si querías llegar a los cuartos superiores que estaban a unos quince metros de altura solo se podía lograr con una serie de saltos escalonados por algunas salientes de la pared. Y nuestras nuevas habitaciones estaban en el nivel más alto.

—Sus habitaciones están dispuestas en el mismo orden en el que se encontraban en las escaleras, tú al centro y ustedes dos en los extremos. Tienen dos horas para asearse y descansar antes de la hora de la cena. ¡Ahora fuera de mi vista! ¡Apestan!

oOo

Una constante que descubrimos muy pronto de la casa de la maestría es que todo está diseñado para ser un entrenamiento. De modo que se tenía que guardar suficiente energía para algo tan simple como el: "me voy a dormir" o estar alerta constante a la hora de comer.

oOo

Al entrar por la puerta de panal me encontré con una amplia habitación semicircular con algunos muebles como los de la aldea: una cama, una modesta mesa y algunos muebles para poner pergaminos u otras cosas que pudiésemos necesitar. Una semi pared dividía el cuarto de baño y dentro de un mueble encontré varias prendas idénticas (camisa, zapatillas y pantalones ligeros) en color gris, Después de un helado y agradable baño estaba de mejor humor aunque me preguntaba el porqué de semejantes uniformes tristes ya que los todos en la aldea fueran combatientes o no usaban colores brillantes y alegres como rojo, amarillo o naranja.

Al bajar mis compañeras ya me esperaban y como si aguardaran a que nos reuniéramos los tres una pequeña anciana subida en un bastón apareció. Era muy similar a aquella matriarca de la aldea pero esta mujer era un poco más joven y estaba el detalle de que le faltaba el brazo derecho.

—Hora de cenar pequeños cachorros, síganme.

Nos condujo hasta otro edificio de un solo piso de donde emanaban los olores agradables de comida y se escuchaban las palabras y risas de muchas personas. Pero antes de que pudiésemos entrar la anciana nos advirtió.

—Dejen bien claro su lugar en la manada desde el principio…o se los comerán junto con la cena. Ju,ju,ju

El comedor era más bien simple tres enormes mesas alagadas para los estudiantes, una mesa en el centro para toda la comida y una mesa justo detrás de la comida para los estudiantes mayores y los maestros.

Ni bien dimos dos pasos dentro el lugar quedó en completo silencio. Pude escuchar las respiraciones tensas de Shampo y Lyly por lo yo mismo me puse en alerta y avanzaba con ellas en una postura ligeramente defensiva. Llegamos sin incidentes a un espacio en la mesa de la izquierda.

—Miren, tres pollitos perdidos—dijo una voz con tono de burla.

Ese comentario fue la gota inicial para una lluvia de comentarios.

— ¿Es un varón?... ¿Un hombre en la casa de la maestría?

—No seas necia, acaso no ves su corte de cabello, es una mujer.

—Apuesto dos raciones a que se quedan sin comer hoy.

—¿Dos? Te apuesto cuatro a que no consiguen alimento en tres días.

—Sí es un varón, es muy plano para ser mujer.

Y los comentarios siguieron, hasta que una voz de mujer mayor rugió:

— ¡Suficiente! Ya estamos todos y es hora de cenar—luego añadió con voz solemne, pero ligeramente aburrida.—Para nuestras hermanas recién llegadas, las reglas en la comida son simples: el que no trabaja no come, el que pelea por su comida come, el que tiene mejor destreza come mejor y… el que abusa de sus talentos para buscar más de lo necesario para su cuerpo NO COME NADA. Dicho eso ¡Que las diosas den buen sabor a los alimentos!

Con esto se desató una batalla campal pero bien organizada por los mejores platillos de la mesa, todo tipo de golpes era válido, no se usaban armas, y cuando una de las combatientes tocaba un platillo «primero» la pelea se detenía y el perdedor buscaba otra opción para comer.

Je,je,je Claro que estas reglas las descubrimos con el paso de los días, en esa primera ocasión los tres teníamos MUCHA hambre y después de la dieta de arroz y agua aquella mesa nos parecía directamente bajada del «Vei´to dem», que es nuestra versión del paraíso. Lyly-mento y Shampo fueron directamente hacia los tazones de ramen y yo hubiese hecho lo mismo si un dulce aroma no me hubiese golpeado el olfato. Era algo que yo conocía muy bien y en esos días de dolor y dudas no dejaba de recordar. Me lancé como una serpiente entre las peleadoras para llegar a ese aroma, otro día llenaría mi estómago, en ese momento me bastaba con el contenido de ese plato.

No fui lo suficientemente rápido.

Porque otra mano sujetaba mi premio.

Una de las excepciones a la hora de comer es que si dos guerreros desean la misma comida y ninguno cede se permite una pequeña batalla para ganar el reto.

oOo

En ese momento yo no lo sabía pero a la mujer con la cual disputaba mi platillo le gustaban las peleas.

Las peleas injustas.

oOo

—¡Mío!—dijo la mujer con una curiosa sonrisa.

Yo no dije nada pero no solté el plato, aún sin poder ver bien podía oler el enorme plato de comida que sostenía en la otra mano. Aquello era muy injusto, ella tenía más que suficiente y aun así quería más.

—¡Yo te reto por este…!

—NO PUEDES DESAFIAR A LOS PEQUEÑOS BROTES HASTA QUE YO LO DIGA!—rugió de nuevo la voz en la mesa central—, Busca otra forma Tan-dor o puede que tenga un repentino antojo por tu comida ju,ju,ju.

Escuché dar a la mujer un resoplido de fastidio pero no fue más lejos.

—Bien pequeño brote, haremos un reto diferente: si puedes hacerme reír ganas toda mi comida, es mas si lo consigues buscaré para ti la comida de toda la semana.

Todo el lugar se quedó en silencio. A excepción de nosotros tres todos en esa habitación sabían que esa mujer tenía un humor muy negro. Para ella era solo otra pelea injusta que estaba por ganar.

Lo que nadie sabía en ese momento eran mis «rutas alternas» para conseguir una victoria.

Tan-dor se quedó parada junto a una de las estatuas de nuestras campeonas pasadas. Yo esperaba que todos los prejuicios sobre mi ceguera me hubieran seguido hasta ese lugar. Con un suspiro mental me preparé y dije:

—¡YO NO TE TEMO!—Grité sacando el pecho y colocando mis manos en las caderas—. ¡Puede que seas más grande que yo! ¡Más fuerte que yo! ¡Puedes parecerte a una de nuestras veneradas antepasadas!—luego exageré mi gesto miope—y dije:—uy, sí que te pareces—. No importa, voy a buscar una pluma de ganso y a hacerte reír. ¡Y NO PUEDES DECIR QUE ES TRAMPA!

Y todo ese arrogante e idiota discurso se lo grite a pleno pulmón… a la estatua junto a ella.

La sala enmudeció por lo que acababa de hacer.

Tan-dor se quedó un tiempo en silencio, y luego sin mas cayó al suelo aullando de risa.

Me creyó tan torpe y ciego que le había gritado a una estatua confundiéndola con ella.

oOo

El confundir objetos con personas es una de mis bromas favoritas. Estoy casi ciego, pero no soy sordo, puedo oler, puedo sentir la diferencia entre algo vivo y algo inerte. Con un poco de tiempo puedo reconocer a una persona por su respiración, el sonido de sus pasos o el jabón que usa para bañarse. Estaría muerto hace años sino pudiera distinguir una piedra de un furioso jabalí. Este truco siempre rompe el balance de mis enemigos, siempre hace impredecibles mis ataques porque el rival no sabe si le apunto a él o al objeto junto a el. Es una broma que uso para aliviar los momentos tensos.

En ese tiempo era la broma favorita de Shampo…

oOo

El desafío fue cumplido y nadie se quejó cuando Tan-dor aun limpiándose las lágrimas dejo en mis manos un buen corte de carne y un pequeño tazón de Musse de limón. Mis compañeras me guardaron un lugar y al comer me contaron la forma en que ganaron sus respectivas comidas. Lyly-mento empezó:

—No fue tan difícil como la pelea del primer día, gané usando el nervio del codo antes de que la chica mayor llegara al ramen.

Shampo añadió con el mejor humor que le había visto desde que llegamos a la casa de la maestría:

—Yo usé un viejo truco de mi abuela, un buen golpe a la tabla floja de la mesa y la comida cayó en mis manos—luego añadió—: buena broma Mouse, funcionó y fue divertida.

Lyly-mento gruño un poco sobre su comida y dijo:

—Par de pacifistas, hoy esos trucos les dieron la cena, pero tendrán que pelear para las siguientes. Tenemos muchos obstáculos que superar antes de convertirnos en maestros.

Shampo hizo un pequeño puchero y le respondió:

—Tendremos que pelear, pero no sin necesidad, hoy no.

Me dio un pequeño escalofrío al escuchar a Lyly-mento cuando dijo obstáculo.

—Mañana será otro día—les dije sin querer tomar partido—y no sabemos que locura nos pedirán. Solo espero que no sea trepar por la piedra viva de la montaña.

Ambas dieron un suspiro cansado y siguieron comiendo.

oOo

Recuerdo las primeras pruebas en la casa de la maestría con especial detalle porque me dieron muchos detalles sobre la forma de actuar de mis compañeras que yo desconocía mientras estábamos en la casa de la fuerza.

Lyly-mento se lanzaba hacia los retos casi sin pensar pero tenía una obstinación casi suicida y casi siempre le resultaba bien.

Shampo por otro lado tenía mucho que demostrar ante su familia, ella peleaba solo cuando era necesario no para alimentar su ego o por un gusto por el combate.

Por mi parte tenía mucho que demostrarme a mí mismo y quería ganarme un lugar en una sociedad que solo reconocía la fuerza.

oOo

El resto de la cena transcurrió bien y algunas de las jóvenes mayores fueron a saludar. Algunas elogiaron la forma de ganar la cena de mis compañeras, un par nos previno de las retorcidas maneras de Tan-dor para golpear a los débiles sin romper las reglas. Fueron ellas dos quienes me elogiaron por mi victoria. Una de ellas se fue hacia su propio lugar en la mesa para confirmar un rumor sobre mí. Cuando le pregunte a su compañera qué tipo de rumor me dijo:

—La guardiana de la puerta nos dijo que las pruebas de inicio las harían tres niñas—luego me miró y agregó—bueno, dijo dos niñas normales y una muy fea. Ahora confirmamos que eres un varón, pero si la guardiana dice que eres mujer nosotras te trataremos así. Primero porque si esa mujer dice que el cielo es verde y alguien la contradice sería como discutir con una montaña y segundo porque le ganaste a Tan-dor y eso no se ve muy seguido por aquí.

Yo no era muy feliz con eso de «niña fea» pero si eso me ayudaba a evitar problemas en la casa de la maestría, podía soportarlo.

La otra chica regresó y le preguntó a Shampo:

—¿Estas relacionada con la guerrera Cologne?

—Es mi bisabuela—respondió ella cautelosa.

Ayya chica, ella es una leyenda en la casa de la maestría. Tenemos varias pinturas y te pareces mucho a los retratos.

Lyly-mento miro hacia la izquierda de nuestra mesa y estuvo de acuerdo de inmediato. Por mi parte no podía sino ver una mancha difusa en la mesa de las principales y no tenía deseos de pegar mi cara contra el lienzo.

Fue en ese momento que recordé la cajita negra que mi madre me había «dado» antes de salir de casa. Mientras nos bañábamos pude inspeccionarla y aunque era algo muy útil no quería usarlo porque me veía realmente estúpido con eso en la cara. Pero era solo cuestión de tiempo para que me vieran usarlos.

Así que saqué de mi túnica los gruesos lentes redondos y me los puse en el rostro.

Al instante muchos detalles del gran comedor quedaron claros, en la mesa central se sentaban las mayores quienes usaban túnicas de colores vivos como rojo, violeta y naranja. La guardiana de la puerta también estaba ahí y vestía una túnica color azul pálido que se ajustaba a su maravillosa figura muy bien. La mayoría de las estudiantes usaban ropas grises con algunas variantes en negro. Otras pocas usaban algunas camisas de colores claros, pero nada tan vistoso como en la mesa central. Tal y como habían dicho las paredes estaba decoradas con pinturas de varias guerreras y escenas de batallas. Una en particular me llamó la atención, era una mujer joven que usaba una túnica en color verde, sostenía un Bo en su mano derecha, su cabello color purpura parecía fluir con el viento y en la pintura la mujer tenía una sonrisa arrogante pero agradable.

Al volver la mirada pude ver a Lyly-mento con más detalle, era casi de mi altura con un bonito cabello color esmeralda que ataba en una coleta sobre su cabeza, sus ojos eran color castaño, pero podían pasar por rojo con la luz de las antorchas, tenía los brazos mucho más fuertes de lo que pensaba y algunas ligeras curvas de la adolescencia se notaban en su uniforme. Ella estaba sonriendo un poco por lo «chistoso» que me veía con esas cosas en mi cara.

Luego miré a Shampo.

Lo que había dicho la chica sobre ella y la pintura era cierto solo en parte, Shampo era más bajita que yo y la adolescencia acentuaba su figura aún más que la de Lyly-mento, aún tenía el rostro ligeramente redondeado por la diferencia de edad con el retrato, tenía el cabello de un tono más oscuro, una nariz pequeña pero bonita adornaba su cara todo eso coronado por un par de ojos color verde jade que me miraban con curiosidad.

oOo

Sí, dije verde.

oOo

Ella me miró por un momento y dijo:

—Mi bisabuela me habló de esos «anteojos» pero es la primera vez que veo unos tan pesados. Parece como si usaras una máscara cuando te los pones—luego añadió casi sin pensar—me gustas más cuando no los usas.

oOo

La frase no tenía nada de romántico. Y yo lo entendí así. Es como decirle a otra persona que conocías con el cabello largo y que luego re-encuentras usando el cabello corto.

oOo

Shampo dijo que me reconocía mejor sin usar los anteojos. Pero como yo aún no entendía se explicó:

—Puedes ver mejor usando eso pero la piedra para tocar la puerta y la comida la ganaste sin usarlos verdad.

Me di cuenta que tena razón, todo el tiempo que pasamos entrenando en el pasado no los necesité y en ese momento el usarlos solo entorpecía mis otros sentidos.

—Ella tiene razón Mouse, —dijo Lyly-mento con una sonrisa— lo has hecho bien sin usar esas cosas.

Así que los guarde de nuevo y terminamos de cenar, las pruebas y el entrenamiento solo habían comenzado. Un movimiento en falso y podíamos perdernos antes de llegar a la meta.

oOo

Estando en Nerima he dicho muchas veces que Shampo me prefiere sin usar los lentes. Pero mientras ella lo dice ahora por un sentido estético yo insisto en repetirlo para que ella recuerde lo que significaba antes el que yo no usara lentes.

Sigo tratando de traer a su memoria lo que implica el usar una «mejora» que en realidad solo te entorpece y oculta tus talentos.

Gran parte de la belleza de Shampo no está en su cuerpo o sus talentos actuales . Su verdadera belleza, su verdadera fuerza está en un lugar muy profundo incluso para la misma Shampo. Llegar a ese lugar no es una labor fácil.

Sigo cavando con mis manos la dura piedra para mostrarles a todos esa maravillosa joya. Incluso si mis dedos sangran y se rompen no me detendré hasta llegar a ella.

Incluso si todos los que me rodean creen que soy solo un ciego idiota y obsesionado con una mujer que no me ama y me trata peor que a un perro vagabundo.

Si Saotome ha peleado contra cielo y tierra para rescatar a la chica Tendo yo no puedo hacer menos por Shampo

La Shampo de hoy está ciega, se perdió hace varios años en el camino para volverse una guerrera. Sin importar el costo yo la rescataré, incluso si lo tengo que hacer solo, incluso si todo el mundo es mi enemigo y no «ve» lo que en realidad hago.

Traerla de regreso salvará al amor de mi vida y a mi mejor amiga.

Es algo que les debo a ambas.

.

Continuará…