Introducción: El mundo como lo fue antes

¿Así que quieres saber qué pasó con la Reina de las Nieves? Eso es extraño en un ser humano como tú. ¡Pero, qué va! Los seres humanos son criaturas extrañas: creen que si sus ojos no han visto algo no ha existido y tampoco puede existir. Piensan aún que el más sabio es quien en nada cree y todo lo desprecia porque, según ellos, ve el mundo como es en realidad. Pero no podemos culparlos ¿Algún humano no ha estado alguna vez bajo ese hechizo? No, los pobrecillos sólo ignoran que son víctimas de un viejo mal y sólo Dios sabe cuánto sufrimiento se habrían ahorrado si no lo fueran. Dicho esto, vamos a empezar y cuando esta historia termine, tal vez, podamos ayudarlos.

Has de saber, amiga viajera; que hace miles de años (más de los que los hombres quisieran recordar) el mundo era un lugar mucho más mágico y maravilloso. Los hombres vivían simples y felices: las guerras eran sucesos extraños ocurridos sólo una vez cada siglo hasta que algún bando se daba cuenta de la tremenda tontería que cometía, los fuertes ayudaban a los débiles, no abusaban de ellos y el alimento alcanzaba para todos. La magia fue la bendición de todas las criaturas inteligentes, haciendo la vida más fácil. Si hubieras visto esa época, te hubiera encantado asistir a sus fiestas: era todo un espectáculo ver los genios y duendes persiguiendo a las chicas humanas, ninfas y otras criaturas mágicas al son de las flautas y tambores.

¡Sí! los humanos también eran criaturas mágicas: Madre Naturaleza les había regalado algunos de sus dones, así podían controlar diversas caras de ella. Había quien hablaba la lengua de las flores y los árboles, otros usaban el fuego para alumbrar los caminos, dar calor y alimento; también hubo quien podía traer el invierno y acabar con las plagas; o quien jugaba con las mareas y corrientes oceánicas. Ella les dejaría usar su fuerza para su beneficio, en cambio, los hombres tendrían que cuidarla y protegerla.

Pero, viajera, tampoco te quiero engañar. Si bien, casi todas las criaturas eran buenas, también las había malas. Este era el caso de un genio, el más malvado de todos, algunos afirman era el mismo Diablo. Un día, estaba de buenísimo humor y decidió jugarle una trampa a la humanidad, así creó un espejo con la propiedad de que todo cuanto bueno y hermoso se reflejaba en él se reducía a casi nada; en cambio: todo aquello malo y horrendo, por más pequeño que fuera, crecía hasta no verse nada más. Salió de su cueva en el desierto y cada vez que encontraba un humano le mostraba su creación: la niña más preciosa se deformaba hasta quedar irreconocible, las palabras gratas o las poesías se convertirían en insultos e injurias, y cualquier pensamiento sensato se retorcía hasta volverse una total locura. Al genio, todo esto le hacía retorcerse de risa.

Muchos hombres creyeron ver en ello un milagro: "¡Pero qué tontos hemos sido!", se decían, "¡Ahora por fin podemos ver el mundo tal cual es!". Pasado un tiempo, llegó lo inevitable y los humanos se volvieron déspotas, egocéntricos y crueles. Familiares y amigos convertían la menor discusión en peleas a muerte y el más pequeño defecto en su apariencia los hacía ver como seres repugnantes; lo peor fue cuando los reyes miraron el espejo pues, a la menor diferencia, estallaron guerras entre todos los países. Cada reino creyó ser el de la gente más buena e inteligente y vio a todos los demás como personas inferiores, celosas de su superioridad que en cualquier momento se lanzarían al ataque. Sus dones mágicos resultaron ser armas muy efectivas y no dudaron en usarlos para quemar, congelar, ahogar, golpear, mutilar, o matar de hambre a todo aquel considerado una amenaza. No contentos con hacerse daño entre sí, los humanos también cazaron a las demás criaturas inteligentes hasta casi desaparecerlas; las que quedaron prefieren esconderse de ellos aún hoy día.

Madre Naturaleza miró el desastre a su alrededor y quedó devastada, por lo cual decidió arrebatarles los dones antes que se aniquilaran totalmente, además levantó montañas y abrió océanos para separarlos. Con el tiempo, los humanos se desarrollaron en direcciones diferentes. Los guerreros del otro lado del río comenzaron a lucir pieles de oso en lugar de tocados de águila que, como todos sabemos, es lo correcto, fino y elegante; la gente del valle vestía túnicas de algodón, a diferencia de los obscenos habitantes de la costa quienes iban casi desnudos a todas partes. El lenguaje de los otros se hizo incomprensible y sus deidades exigían ceremonias y sacrificios extraños.

Pero el genio no estaba dispuesto a parar la diversión tan fácilmente: quiso subir a lo más alto del cielo dispuesto a cubrir toda la bóveda celeste con su invento; así, toda criatura que levantara la vista ya no reconocería en ella la gloria de Dios, al contrario, terminaría viendo como detestables todas las cosas en el cielo y la tierra.

Pero cuando se elevó, sintió un dolor agudo en la espalda, chilló y soltó el espejo. Mientras el invento caía, una tormenta glacial lo fragmentó en miles de pedazos que quedaron esparcidos alrededor de todo el mundo; Los mares hundieron algunos y los árboles ocultaron otros entre sus raíces. Madre Naturaleza había permitido a algunos humanos, que por suerte o pericia no habían sido víctimas del hechizo, conservar su magia. Y aunque derrotaron al genio y lo encerraron en el centro del planeta, donde permanecerá por siempre; no pudieron evitar que pedazos cayeran en los ojos o en el corazón de algunos hombres.

Temerosa que este horror volviera suceder, encargó a los últimos mágicos buscar los restos del espejo y ocultarlos donde nadie pudiera encontrarlos. Y así fue durante las primeras generaciones, ayudando a una humanidad que casi no conocía su existencia, reunieron pedazos perdidos y los ocultaron alrededor del mundo, con la esperanza de nunca ser hallados. No obstante, los años se convirtieron en siglos y cada vez encontraban menos pedazos y más pequeños, hasta que la tarea prácticamente se volvió irrealizable. Muchos de los descendientes habían perdido sus poderes hace tiempo y llegaron a pensar que el espejo era sólo un mito: "Nuestros abuelos dicen tonterías: no hay tal espejo ni poder mágico, será mejor que vayamos con los hombres a vivir como personas normales", ´y así pensaron e hicieron.

Durante miles de años, se creyó que todo lo que tuviera que ver con magia era sólo un cuento para entretener a los niños, bueno, hasta hace poco. Ya habrás escuchado de la Reina Elsa de Arendalle y cómo congeló su reino hace algunos años; pues bien ¡Todo es cierto, y también lo que ocurrió después! Espera, ¿No sabes? Entonces, viajera, ponte cómoda y acércate más al fuego. Aunque menos conocida, es una historia que vale la pena ser contada.