Capítulo 2
Vi como sus ojos brillaban y como llenaba mi cara de una infinidad de besos que me hacían reír y sentirme la mujer más dichosa del mundo. De repente se puso de rodillas y sacando una cajita me dijo:
¿Candy White Andley aceptaría a este pobre hombre que se muere por pasar todo el resto de su vida junto a ti?
Terry… - No supe que decir, sólo le acerqué mi mano y el colocó el anillo en mi debo – Te amo Terry.
Y yo más a ti, gracias por aceptarme como soy, gracias por no dejar que mi vida se llenará de oscuridad y tristeza, gracias por amarme, yo te prometo desde este instante amarte hasta el fin de mis días.
Yo también prometo amarte hasta el fin de los míos.
Se levantó y agarrándome por las manos volvió a colocarse su bufanda y gorra, pasándome ágilmente mi abrigo y diciéndome:
Vamos a cambiarte ese apellido…
Terry, que cosas dices
Vamos Candy que quiero que el día de hoy sea el primero de mucho de felicidad
Antes de salir de mi departamento me hizo buscar todos mis documentos, para que no hubiese ningún impedimento en casarnos ya que hacía más de un mes que acababa de cumplir la mayoría de edad, no hubo la necesidad de buscar al Tío William, mejor conocido como Albert para que nos diera su permiso. Llegamos a registro civil se alejo un poco de mi para hablarle a dos personas y como saco dinero de su cartera y de una los tres se dirigían hacia mi.
Todo listo mi amor – Mientras me agarraba por la cintura
¿Quienes son?
Nuestros testigo… Esperen – moviéndose rápidamente fue y buscó un ramo de rosas rojas que una mujer muy anciana estaba vendiendo. Haciendo llegar estas a mi me dijo:
Ahora sí…
Entramos al registro, el se encargó de presentar toda la documentación y pagar; nos hicieron pasar a una sala más privada y allí el juez comenzó la ceremonia civil. Terry me miraba y yo a el, no recuerdo nada de lo que dijo el juez sólo cuando dijo:
Sus firmas por favor – El me pasó la pluma y yo firme, no podía creerlo, estaba firmando mi acta de matrimonio. Me moría de la alegría y al pasarle la pluma y ver que el firmaba comenzaron a salir lagrimas de alegría de mis ojos.
Los declaro marido y mujer, puede besar a su esposa
Me permite besarla mi señora Granchester – Y sin más ni más me agarro y be meso frente a todos.
Dimos las gracias a todos y salimos de vuelta al apartamento, agarrados de las manos y cada uno con una copia del sello de nuestro amor, un acta matrimonial que valía oro para nosotros. De vuelta a mi apartamento, no sabía que decir, ni hacer; cuando me recordé que había dejado todo en la cocina por mitad.
Que vas a pensar de mi, deje todo tirado
Pienso que eres la mujer más bella en todo el planeta, pienso que eres mía, pienso que me muero por besar tus labios otra vez, pienso que ese vestido se vería mejor en el suelo…
Yo! – No supe que hacer ni decir, volví a sonrojarme antes sus palabras; el sonrió y comenzó a acercarse a mi – Hace frio Terry…
No te preocupes lo que tengo pensado que quitará el frio
Me tomó por la cintura y colocó su cara entre mi pelo susurrándome mil cosas – No te imaginas cuanto he deseado tocar tu pelo, besar tu oreja, tu cuello, me moría de ganas de poder abrasarte así y saber que eres mía. No dije nada, no pude decir nada ya que mi cuerpo comenzó a sentir esas vibraciones muy fuertes especialmente en el área de mi vientre. Su boca beso, lamió mi cuello y oído, sentí como de repente sus labios tocaban los míos, sus manos se adueñaban de mi espalda, de mis glúteos de forma tan desesperada como si se fuese a acabar el mundo. Entre beso y beso escuchaba una que otra palabra incoherente que salía de su boca – Te amo… Me muero por hacerte mía… Adoro el sabor de tu piel… Me fascina tu olor… - Seguían sus besos por mi cuello, cuando de repente sin darme cuenta llegamos a mi habitación, no sé como llegamos a ella, no sentí mis pies, estuve en el paraíso de sus besos, escuchando su voz: - Desde que te conocí en el barco no he dejado de pensar en ti… Te he imaginado más de 1000 veces mía.
Poco a poco sus manos se apoderaban de los botones de mi vestido y al momento sentí como este se deslizaba hasta llegar al piso, me sentí desnuda frente a él con tan sólo mi ropa interior, el me seguía besando y tocando haciéndome olvidar una vez más de mi pudor, poco a poco me fui sintiendo cómoda con mi desnudez frente a el y él poco a poco sin dejar de besarme y tocarme comenzó a desnudarse. Con sus suaves manos y sin mucha fuerza me colocó en la cama; y sobre mí comenzó a besarme con más pasión que antes; poco a poco comenzó a bajar hacia mis senos. Sentí como sus boca se hacia dueña de mis pezones, los besabas, succionaba y le hacia leves mordidas que me hicieron arquear todo mi cuerpo y de una forma inimaginable grite su nombre y algo salió de mi ser y de repente sentí toda mi vagina mojada y el seguía besando mis senos cuando sentí sus dedos en mi parte privadas.
Tocándome una y otra vez de diferentes formas volví a sentir eso que tan sólo cinco minutos atrás me llevó a la luna. Volví a arquear mi espalda y en ese momento el comenzó con sus besos a bajar hacia ese lugar tan privado donde nunca pensé que nadie jamás llegaría. Y entonces sentí su boca en mi, su lengua jugaba y hacia que mi clítoris enviará fuertes corrientosos a todo mi ser. Por tercera vez arqué mi espalda y el fuertemente agarró mis caderas sin dejar de succionar y besar mi clítoris me llevó a la cima del cielo.
Poco a poco volvió a subir a mi boca y fue cuando entendí que era el momento de que el entrará en mi. Se me acercó al oído y me dijo – Te amo, más que a mi propia vida, no te preocupes seré muy gentil- No sé si fue que el vio el miedo en mis ojos al saber que ese momento había llegado, pero sus palabras me dieron las fuerzas para entender que el me cuidaría. – Perdón mi amor, si te duele – Mientras el entraba lentamente en mi apreté sus hombros ante la visita de su miembro en mi; sentí dolor, pero quise aguantar; sin embargo una lagrima salió de mi y el con sus labios la recogió – Te amo Candy Granchester – Y siguió poco a poco penetrándome hasta que por fin entró totalmente en mi y sin moverse para evitar que sintiera más dolor volvió a besarme los labios - ¿Te duele mucho? – abrí mis ojos y con poca voz le dije – Un poco – El me volvió a besar y poco a poco comenzó a moverse de adentro hacia fuera de forma lenta y constante.
Poco a poco fui soltando los hombros y comencé a sentirme placida ante su penetración y la sensación de volver a sentir ese estruendo de placeres que el había despertado en mi; cuando sin querer volví a arquear mi espalda y el al mismo tiempo comenzó de forma más rápida una serie de emboscadas que hacían que de su boca saliera mi nombre como un trueno que lo dejaba sin fuerzas sobre mi.
Verlo sobre mi sudado me llenó de una felicidad que jamás había sentido; el se recostó al lado mío abrasándome, colocando sus piernas sobre mi. - ¿Estás bien, pecosa? – El me besó y sólo puede responderle: - Te amo, estoy feliz. Nos quedamos dormidos, abrazados y felices.
Desperté tranquila, feliz al descubrir la mano de Terry sobre mi desnudo seno; no sé cuantas horas dormimos pero de repente sentí un hambre tan grande que intenté levantarme a buscar que comer. Poco a poco comencé a separarme de él y dejarlo dormida. Al levantarme me di cuenta que entre mis piernas había sangre debido a la perdida de mi virginidad. No me asusté pues sabia que eso sucedería gracias a mis clases de enfermería. Entre rápidamente al baño a limpiarme y darme un baño. Salí luego de un rato vestida con mi bata de baño decidí verificar si él aún dormía y efectivamente lo estaba, parecía un dios griego, bello, no podía creer que este era mi esposo, que este hombre bello con los ojos más hermosos que he visto era mío y que no hacia mucho tiempo me había enseñado otra faceta del amor. Lo mire por unos instantes pero mi estómago comenzó a gritar que ya había aguantado mucho el hambre… Me reí de mi misma al escuchar la guerra dentro de mi.
Fui a la cocina a preparar algo de comer, no sabía si despertarlo pues el tampoco había comido nada desde hacia mucho rato o esperar a que se despertara. Al llegar a la cocina encontré lo que desde hacia par de horas había comenzado a preparar mis famosas pastas Alfredo. Decidí terminarla mientras colocaba un pedazo de pan en mi boca para apaciguar la tormenta dentro de mi. La pasta estaba casi lista cuando lo vi salir de mi habitación solo vistiendo el pantalón y con el pelo mojado, al parecer ya sabia donde estaba el baño.
Hola… mmm huele rico.
Si, ya casi esta listo voy a poner la mesa
¿Te ayudo?
Si! – Quise mirarlo a los ojos pero los pensamientos de los que habíamos hecho volvieron a mi y me sonroje. El que al parecer advirtió mis pensamientos se acercó a mi y me dio un beso – Eres el amor de vida; gracias por hacerme tan feliz.
Te amo Terry
Yo más a ti.
Continuamos colocando la mesa y entre tocadas y besos logramos por fin sentarnos a comer, el fue todo un caballero como siempre y tocando levemente mi mano de vez en vez me miraba y decía
Eres la mujer más bella del universo y ¿sabes qué?
¿Qué?
Eres mía… ¡Sólo mía!
Su posesivo tono me hacia sonrojar pero me gustaba sentirme de él, sólo suya.
Al parecer estos meses practicando han sido de mucho provecho, pues mi pecosa ya sabe como preparar algo en la cocina y no quemarla.
No te burles de mí, que lo he aprendido para ti, y ni siquiera has dicho si te gustó
No, no me gustó – abrí mis ojos y con dolor los bajé – Me fascinaron; es la mejor pasta que he probado en toda mi vida. Y sin más ni más me arroje a sus brazos de la alegría, el se reía de mi y de mi espontaneidad
¿Te duele?
Sólo cuando me rio – Comenzó a reírse de mi respuesta y a decirme que yo era un caso especial
Creo que cuando te hicieron rompieron el molde, eres única.
Lo sé
¿Con que ahora eres arrogante?
Lo aprendí del mejor ¿o no?
¡Eso si! En eso no hay ninguna duda…
Nos sentamos en el sofá abrasados, coloque mi cabeza sobre su pecho desnudo y escuchaba como me contaba sobre las giras, los ensayos y su equipo de trabajo para luego decirme algo que no pensamos cuando decidimos casarnos de la forma más rebelde posible.
Candy, sabes que mi carrera está en New York, allá estoy haciendo buen trabajo y la paga es buena, ya tengo unos ahorros y se que podré darte una buena vida. El problema es que tu trabajo está aquí y se lo mucho que amas lo que haces y no quiero arrancarte de ello. Pero después de hoy no quiero estas lejos de ti.
Terry… Mi lugar es estar donde este mi esposo, y ese eres tu…
¡!Candy! ¿Estás segura? Es un cambio muy drástico para ti
¿Tu estas seguro que quieres pasarte la vida comiendo pasta?
Si la haces tu, sí…
Ya veremos que dices luego de 20 años comiendo lo mismo…. Y sacándole la lengua como cuando eran jóvenes estudiantes de colegio se comenzó a reír cosa que hizo el también.
