Y luz en cada rincón
Cerca del lago del calamar gigante, todo es un poco más luminoso. Parece que la luz llegue directamente desde allí, desde el agua, que lo inunde todo de verano. Es un buen lugar para que Remus se siente, para que Lily deje descansar la cabeza sobre su hombro, y los dos apoyen la espalda en el tronco de un árbol que seguramente plantaron para ellos.
Todo es tan íntimo a la orilla del lago. El pelo de Lily cae en todas direcciones sobre la camisa de Remus y se dejan mecer por las palabras. Lily se pierde en Remus, en su pecho que sube y baja en una cadencia suave, de burbuja de jabón, cada vez que habla, que cita a cualquier escritor muggle, poeta, pensador. A Lily le gusta escucharle cuando está tan cerca de él, porque los sonidos le llegan desde algún lugar entre su pecho y su boca y son tan suyos esos momentos. De los dos.
Aunque, a veces, viene Sirius. Solo, arrastrando los pies, con su mítica expresión de todo me resbala pero con una sonrisa descarada creciéndole en la cara a cada paso. "James me ha dejado por su putilla el quidditch otra vez, Lunático", y aparta a Lily para colocarse entre ella y Remus, porque cómo va Sirius Black a sentarse a un lado cuando puede estar en el medio.
Lily tiene que contenerse para no estrangularlo allí mismo.
-¿Se puede ser más egocéntrico, Black?
Él sólo sonríe más todavía por toda respuesta y pasa un brazo por el hombro de Remus, marcando territorio, haciéndolo inclinarse un poco más hacia él.
-Te acercas demasiado al chico Lupin, Evans. No me gusta.
Lily también sabe sonreír como él. Con menos colmillos, con más brillo en los ojos. Con las mismas malas intenciones.
-Cualquiera diría que estás celoso, Black.
Y es ahí cuando Lily sabe que ha dado justo en el clavo, porque Sirius parece sorprendido un instante, como cuando los pillaban de pequeños intentando colarse en las cocinas por la noche. Se le oscurece la mirada unos segundos, la sonrisa le resbala un poco por la barbilla y luego se ríe. A carcajadas, como un animal, moviendo a Remus a la vez y haciéndolo vibrar.
Sirius no contesta, pero es que ahora Lily lo sabe. Y es todo tan obvio, y siempre lo ha sido, y Lily ha sido tan pero TAN estúpida por no darse cuenta antes. Está tan claro ahora que ve cómo lo mira Remus, cómo deja caer los párpados, las pestañas, cómo sonríe y sonríe de verdad cuando Sirius estalla en su risa de colores. La forma que tiene de hacer que Sirius deje de gruñir, el modo en que Sirius lo toca y lo hace cómo no hace nada más (con cuidado, casi temiendo, tanteando). Siempre ha estado ahí, a la vista de todos. Sólo que nadie nunca se para a mirar.
Ahora, cuando los tres callan, Sirius se apoya en Remus como un cachorro satisfecho, Remus se apoya en Sirius y casi ronronea, y Lily cierra los ojos e intenta no pensar en cómo debe ser. Aún así, no puede más que dejar asomar su sonrisa dulce y llena de pecas.
La tarde despunta más bonita que nunca y lo cubre todo con su luz malva, roja, anaranjada. Emergiendo del lago del calamar gigante, para llegar luego al resto del universo.
