Siento la tardanza. HP no me pertenece, le pertence a J.K. Rowling y Twilight tampoco, le pertenece a Stephenie Meyer.
Capítulo I
–Cuente con nosotros –dijo Edward finalmente.
–Perfecto. Entonces está todo solucionado y procederemos inmediatamente su traslado al colegio –dijo la profesora satisfecha.
Los Cullen miraron de manera extraña a la profesora.
–¿Tan pronto? –preguntaron.
McGonagall los miró airada, como si estuvieran preguntando algo obvio. Impaciente, empezó a hablar con un tono duro:
–No sé si comprenden que, tras haber tomado una decisión de tal calibre, han elegido bando en esta guerra que estamos librando en nuestro mundo.
–¿Bando? –se preguntaba Jasper.
–No sé si deberíamos irnos arrepintiendo de lo que hemos hecho... –se decía Esme.
–Pues no, señora, no comprendo en qué nos debería afectar lo que hemos decidido –Emmett estaba perdido de verdad: no tenía ni idea de lo que quería decir McGonagall.
–¿Puede afectar negativamente a la familia? –le preguntó Carlisle a Edward. Este decidió no responder, pues creía que la respuesta llegaría antes o temprano.
–¿De qué está hablando? –esa era Rosalie.
–Esto no puede ser bueno ¿verdad? –preguntó Nessie.
–¿Qué es lo que está pasando, chupasangre? –Jacob estaba nervioso.
Cuando Edward le echó un vistazo a la mente de Alice, decidió no opinar sobre lo que veía. Su esposa no había retirado el escudo, pero exteriorizó lo que pensaba cuando preguntó:
–¿Y qué quiere decir eso? –murmuró Bella con un presentimiento. Y no era precisamente un buen presentimiento.
–Que usted y su familia estarán en continuo peligro a partir de ahora.
–¡¿Cómo? –gritó Rosalie enfadada–. ¡Nunca mencionó tales condiciones!
–No hay marcha atrás. Aunque deben saber que es mejor que yo haya llegado antes que los emisarios del Señor Tenebroso. Tendrán que acompañarme, si se quedan aquí, Quien-Ustedes-Saben no tardará en llegar. No creo que ustedes, por muy inmortales que sean, sobrevivan a la maldición asesina –señaló.
–¿Existe una maldición asesina? –preguntó Jasper, frunciendo el ceño.
McGonagall asintió con los labios apretados y expresión impaciente.
–Me temo que es lo único que podría con ustedes. Existen, además, embrujos paralizantes, que podrían dejarlos indispuestos. Su velocidad natural quizás ayude, pero sería una batalla perdida si no hubiera un mago o una bruja competente a su lado.
–Nosotros podríamos con ellos –dijo Emmett con expresión desafiante y divertida–. Solo son unos simples humanos.
–Simples humanos armados con varitas mágicas, señor Cullen, y ese no es un asunto de risa –aseveró la profesora–. Nunca se enfrentaron a una situación como esta, y deben recibir un pequeño entrenamiento antes de que comience el curso.
Carlisle se acercó con expresión abatida y preguntó:
–¿Es imprescindible que el viaje sea ahora mismo?
–Lo es si quieren sobrevivir, señor Cullen –dijo McGonagall, aún más impaciente–. No quiero preocuparles, pero Quien-Ustedes-Saben podría estar en camino. Y sus seguidores también. Les rogaría que hicieran la maleta cuanto antes para partir hacia el castillo.
Edward asintió y toda la familia comprendió que el peligro era inminente. Se levantaron de donde estaban sentados y se dispusieron a subir las escaleras para prepararse cuando alguien llamó a la puerta.
Todo el mundo se quedó, extrañamente, quieto y en silencio. Volvieron a llamar a la puerta. Los golpes resonaron en la madera, como un oscuro presagio, y Edward frunció el ceño. Empezó a retroceder y los demás fueron hacia atrás con él, aun sin comprender lo que estaba ocurriendo. Alice se quedó mirando al vacío, contemplando la situación del futuro. Jasper miró a su esposa con expresión interrogante y la sujetó por los hombros.
Una fuerte explosión se escuchó en la entrada. La puerta de la casa había explotado, al parecer, y pasos humanos, torpes, junto con otros más ligeros empezaron a recorrer el largo pasillo de la entrada. Unos subieron al piso superior pero la mayoría se dirigieron al salón, donde estaban los Cullen y la directora. Por la puerta entreabierta, lord Voldemort observó el bello rostro de la joven de los cabellos cobrizos: ella era la rehén que debían tomar.
Las reacciones de Edward y Alice, probablemente, salvaron a la familia en ese momento. Edward cerró la puerta, y su hermana agrupó a los Cullen en torno a un jarrón de porcelana en medio de la sala.
–¡Nos llevará a un lugar seguro, pero McGonagall debe hechizarlo primero! –explicó Alice apresuradamente.
La profesora les dijo, con susurros rápidos y apremiantes:
–Voy a convocar un traslador que nos llevará a los terrenos de Hogwarts. Cuando yo diga, deben, escuchadme bien, deben estar en contacto con el jarrón. No pienso volver a por nadie que se haya quedado atrás.
–¡Están aquí! –exclamó Edward por toda explicación–. ¡Dese prisa, profesora!
–¡Protego totalum! –gritó la directora, girándose momentáneamente para proteger la puerta.
McGonagall se giró hacia ellos. Edward se reunió con ellos en torno al jarrón.
–Tocad el jarrón. Deprisa, deprisa.
Los Cullen se apresuraron a hacer lo que les pedía. Pusieron una mano sobre el jarrón como pudieron y miraron a la profesora. Un golpe de algo que no reconocieron resonó en la madera de la puerta, que tembló con fuerza, tanto que saltaron algunas astillas, aunque el hechizo protegía la puerta.
McGonagall alzó la varita y exclamó:
–¡Portus!
El jarrón emitió un resplandor dorado y vibró de un modo violento durante un momento. Cuando dejó de temblar, la profesora puso un dedo sobre él.
Voldemort irrumpió en ese momento en el salón de los Cullen. Fijó sus ojos de serpiente en las nueve personas que desaparecían en ese momento de la estancia y siseó de pura rabia: siete extraordinarios aspirantes a mortífagos se habían escapado delante de sus narices.
Bella sintió como un gancho tirando de ella, justo debajo del ombligo. Un remolino de sonidos y colores retumbó a su alrededor, mareándola. Chocó contra su esposo, situado a su izquierda y contra Esme, a su derecha. Su mano, como un imán, permanecía pegada al jarrón. Cerró los ojos, deseando que todo pasara cuanto antes...
Cayeron sobre hierba mojada, que suavizó el aterrizaje. La profesora se levantó limpiando su falda con la varita y los Cullen tardaron un poco más en reaccionar. O más bien, sólo reaccionaron cuando alzaron la vista y descubrieron el imponente castillo que se alzaba ante ellos.
–Guau... –murmuró Nessie.
McGonagall la miró con una sonrisa y se dirigió al castillo. Se apresuraron a levantarse y a sacudirse un poco antes de entrar en el castillo. Traspasaron las gigantescas puertas de roble con una expresión embelesada ante la inmensa belleza del lugar. Esme se detuvo incluso a acariciar la pared, como si estuviera comprobando que era real y no producto de la magia.
–¿Hace cuánto fue construido el castillo? ¿Quinientos años, quizás?
–No –sonrió la profesora–. Se equivoca, señora Cullen. Este castillo fue construido hace mil años.
–Cuéntenos un poco la historia de Hogwarts, por favor –pidió Carlisle.
Siguieron avanzando por los pasillos del colegio, subiendo escaleras de vez en cuando. Se asombraron al comprobar que los personajes de los cuadros se movían y hablaban.
–Este castillo –comenzó la directora– fue construido hace mil años (no sabemos la fecha exacta) por cuatro magos de la época: Godric Gryffindor, Salazar Slytherin, Rowena Ravenclaw y Helga Hufflepuff. Juntos crearon esta escuela para jóvenes magos a espaldas de los muggles...
–¿Qué son los muggles? –la interrumpió Emmett.
McGonagall frunció los labios, molesta por la interrupción.
–Así llamamos los magos a las personas no-mágicas –continuó con el relato–. Acogieron a los alumnos pero cada uno, tenía sus preferencias. Gryffindor sólo admitía en su casa a los más valientes; Slytherin a los más astutos y ambiciosos; Ravenclaw no dejaba a nadie entrar a su casa si no era de destacada inteligencia, pero Hufflepuff los admitía a todos por igual. Grandes disputas entre Gryffindor y Slytherin separaron a los cuatro fundadores y Slytherin abandonó el colegio... Esas discusiones perduraron hasta la actualidad y los alumnos de esas casas aún siguen peleándose hoy en día... Hasta Harry Potter tuvo varios partes por pelearse con Malfoy... –añadió pensativa.
–Perdone, pero ¿cómo que hay ''casas'' en el colegio?
–Son para dividir a los alumnos. En mayor parte, es por tradición, pero también ayuda a la organización del colegio. Cada casa recibe el nombre de su fundador.
–¿A qué casa pertenece Harry Potter? –preguntó Bella, curiosa.
–Pertenece a la casta de los Gryffindors, la casa de los leones. Hay un animal representando a cada casa. El león representa a Gryffindor; la serpiente, a Slytherin; el águila, a Ravenclaw; el tejón, a Hufflepuff.
–Ajá –murmuró Esme–. ¿Y cómo reparten a los alumnos para cada casa?
–Tenemos un sombrero hechizado, el Sombrero Seleccionador. Lo hechizó el mismísimo Godric Gryffindor, para preservar la tradición.
Ahora subían escaleras. Nessie soltó un gritito ahogado cuando notó que la escalera había empezado a moverse como si tuviera vida propia.
Jacob la sujetó por la cintura para evitar que la chica cayera rodando escaleras abajo. Hasta los vampiros, totalmente desprevenidos, se agarraron a la barandilla, con las excepciones de Alice y Edward, como siempre. Solo la profesora se mantuvo firme en la escalera, tomando aquellos movimientos como algo natural.
–¿Siempre es así? –preguntó Rosalie, exasperada.
–Casi siempre –sonrió la profesora.
Ese tramo de la escalera se unió a un rellano de otra escalera y pasaron rápidamente por allí. Nessie casi jadeaba del susto.
–¿Cómo se puede mover la escalera?
–Mediante magia. El castillo es demasiado grande y no podemos poner tantas escaleras. Es más cómodo hechizarlas.
Llegaron a su destino. Bella no pudo dejar de observar que era una biblioteca. Una bruja con gafas se hallaba sacándole brillo a unos libros de cubierta de oro con la varita, haciendo movimientos metódicos.
–¿Sigue Potter en la Sección Prohibida?
–Sí, directora. Y adviértale que si vuelve a estropear alguno de esos libros...
–Sí, sí –cortó la profesora con gesto impaciente.
–¿La Sección Prohibida? –preguntó Bella con extrañeza.
–Contiene libros demasiado peligrosos para los alumnos jóvenes. O más bien, de contenido demasiado peligroso.
Pasaron todos juntos por la oscura biblioteca. Nessie se estremeció de frío y Jacob se acurrucó junto a ella. Bella y Edward se miraron. Aquel sencillo gesto había traído a sus memorias el recuerdo de una noche de ventisca, preguntas y sinceridad.
De repente se escucharon unos gritos horribles que procedían del fondo. Miraron a la profesora, y al ver su cara desencajada corrieron hacia allá.
¡Hola! En serio que les pido perdón por tardar tanto en actualizar cuando prometí que actualizaría cada fin de semana... pero resulta que tuve muchos problemas con el ordenador con el que suelo hacer el fic (que es el mío) y mis padres no me dejaban utilizar el suyo... y cuando arreglé el problemita (o más bien desde que empezó el curso) tuve una avalancha de exámenes de pre-evaluación que me interesaban aprobar ¿entienden? Y, bueno, la cosa obtuvo sus frutos, porque la nota mínima fue un 9 (Evelyne hincha el pecho de orgullo) y creo que podré actualizar un pelín más deprisa a partir de ahora, porque ya no tengo 10 exámenes la semana que viene, sino que SOLO (*nótese la ironía*) voy a tener 3...
En fin, de verdad agradezco su paciencia, a las que sigan el fic y les deseo suerte en sus propios exámenes.
Saludos =)
lady Evelyne
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