Sin Códigos
By
Lady Baba
Capítulo I
El autobús que la devolvería a Tokio había tardado más de lo esperado en llegar, cosa que agradeció, debía pensar una inteligente estrategia para evadir a su maravillosa familia.
Interiormente la curiosidad la carcomía, no sabía con qué podía llegar a encontrarse; tal vez su hermana había perdido su figura y se había convertido en una obesa amargada.
Sí claro, no podía tener tanta suerte.
O tal vez su madre decidió finalmente serle infiel a su padre con el jardinero. Esa suposición era menos probable.
Y su padre…
Bueno, él tal vez la había extrañado. Le agradaba de sobremanera imaginar aquello...
Ella bajaría del autobús, y él la estaría esperando con lágrimas en la estación. Estación en donde la había tirado cinco años atrás.
Bah. Jesucristo le había enseñado a perdonar al prójimo. Ella podía perdonarlo; lo que no podría hacer era olvidar. Olvidar como su madre la miró con desprecio aquel horrendo día en el que partió, las miradas lastimeras de Ino y su padre, era algo que definitivamente no podría borrar de su memoria.
-Te ayudarán a ser… más normal -esa era la estupidez que le había mencionado su madre.
Su pequeño reloj de mano le avisaba que faltaban cinco horas para llegar al gran Tokio. Una siesta le vendría bien para quitar las notorias ojeras que había adquirido después de la graduación…
-¡No, por favor! ¡No lo…
Sin contemplaciones, se introdujo en mi interior. Me penetró una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…
En lo único que podía pensar en esos momentos era el dolor. Quería morir.
-¿Te gustó perra?
Lo último que recuerdo fue el denso escupitajo que fue a dar en mi cara.
-Oiga, señorita, despierte por favor.
-Lo lamento, ¿ya llegamos a Tokio? -le pregunté al hombrecito que me había despertado tan amablemente.
-Eso me temo, el conductor se encuentra alterado por su demora -me advirtió el sumiso señor-. Será mejor que baje.
Tomé mi pequeño bolso, éste solo contenía unas cuantas porquerías recuerdo de mi antigua escuela, cosas que me encargaría de quemar apenas llegue a mi destino.
Sakura Haruno decía el cartel que yacía en las manos del conductor del auto. Vaya, supongo que no había sopesado esta opción.
Ya en el auto, me di cuenta en donde me encontraba, en uno de los autos privados de la honorable familia Haruno.
Supongo que cinco años en el campo me habían convertido en una campesina ignorante.
-Señor, ¿podría detenerse en aquella librería? -le pregunté lo mas cortésmente posible.
-Por supuesto Señorita Haruno.
Dobló a la izquierda y estacionó el coche.
Tenía suficiente dinero para comprarme la librería entera, habiendo ahorrado cinco años todo lo que mi padre me enviaba; era algo lógico, no había mucho que comprar en el medio de la nada.
Y vaya que compre, ese aroma a libros nuevos, ah, placeres que solo se obtenían en la ciudad.
-¿Pero qué demonios?
Habían docenas de coches aparcados afuera de la casa. Mierda. Mierda. Mierda. Estaba casi segura que mi madre estaba dando una fiesta de sociedad para recibirme.
¿Acaso la gente podía ser tan hipócrita?
Bajé del auto sin esperar a que el chofer me abriera la puerta. Estaba furiosa.
Los jardines delanteros no habían perdido el vivo verdor que lo cubría y la casa… se hallaba simplemente impecable.
Di vuelta el recibidor al estilo Rambo y localicé la ventana que pertenecía a mi habitación. Esto me recordaba tanto a los viejos tiempos…
Trepé por las enredaderas que cubrían la pared y luego de abrir la ventana me sumergí en la oscuridad de la habitación. Al tacto todo parecía estar en su lugar.
El escritorio, la biblioteca, la cama…
Presioné el pequeño interruptor pegado a la pared y me encontré con un muchacho acostado en mi cama. Su rostro era perfecto y la paz que irradiaba… me provocaba severas ganas de echarme a su lado y pegar una siesta.
Estaba vestido de etiqueta, eso significaba que se había escabullido de la fiesta para echarse a dormir en mi habitación. Podría sacar fácilmente la conclusión de que era un hombre bastante extraño.
No me pude resistir e hice lo que siempre hacía de pequeña cuando alguien tenía la desgracia de quedarse dormido cerca mío.
Saqué de mi bolso el talco para pies y le coloqué una gran cantidad en su mano derecha, extendida sobre el colchón.
Me quité un cabello y empecé a frotárselo en la nariz.
Puf
Dios, la carcajada que se me había escapado fue el detonante para ponerlo furioso. Hace mucho tiempo que no me reía.
-¡¿Pero qué mierda haces niñata?
El estaba hecha una furia gritando insultos bastante corteses comparados a los del internado.
-Oye, amigo, solo fue una pequeña bromilla, y es que tú cara, debiste verla, además…
Antes de acabar mi discurso sinsentido el salió disparado de la habitación sacudiéndose la cara. Mi conciencia estaba limpia, el se lo había buscado al entrar en mi habitación sin permiso.
Salí del dormitorio camino al ático, donde estaban todos mis juguetes. Hoy todo el mundo iba a saber quien era Sakura Haruno.
-Sakura…
Y al escuchar esa voz, supe que mis planes se habían ido a la mierda.
-Ino…-dije dando la vuelta hermana -la saludé con mi mejor sonrisa de inocencia, al ver quien era su acompañante. El invasor.
Saltó encima mío para abrazarme y besarme, cursilerías de hermanas mayores. Pude sentir la mirada de burla del sujeto sobre mí. La separe de mí con mucho esfuerzo y me incomodó que me mirara con tanta ternura. Ya no era una cría. Todos se había esforzado por cambiar eso.
-Sakura Haruno, este es Sasuke Uchiha, mi mejor amigo y padrino de bodas.
Esperen.
¿Ino se iba a casar? ¿Con quién?
¿Sasuke Uchiha? ¿El genio matemático que ganó un Nobel a la corta edad de veintiséis años?
Mejor dicho, Sasuke Uchiha genio de veintisiete años, mi ejemplo a seguir y última victima de mi reciente estúpida broma. Tierra trágame.
-Pero parece que ya se conocen -añadió mi hermana con una femenina y fresca risita.
Una lucha de miradas de superioridad se incubaba entre el nenito de mamá y yo. Ino me tomó del brazo y me metió en el lavabo principal con la excusa de ponerme bonita para los invitados.
Mis padres seguramente sabían que me encontraba aquí. No se presentaron para recibirme como imaginaba. Ni siquiera mi padre.
No me importaba entonces ¿por qué me dolía tanto?
Gracias por leer.
Mientras más reviews obtenga mas rápido actualizaré y mas largos serán los capítulos, de todos modos gracias por el simple echo de leer mi historia.
Atte. Lady Baba
