—Hola Isis. —Murmuró Mahad en el reflejo del espejo. Ishizu se levantó sorprendida y retrocedió un paso, el mago oscuro se acercó a ella y sonrió poniendo una mano sobre el hombro de la egipcia, ella suspiró al sentir el calor en su piel y sonrió sorprendida. Shadi nunca había establecido contacto físico hasta donde ella sabía, así que cuando Mahad se acercó para alejar un mechón de cabello del rostro de la egipcia, ella simplemente cerró los ojos y se permitió disfrutar el contacto.
—Tú eres Mahad, ¿No es así? El protector del Faraón.
—Una vez lo fui, hasta que mi alma fue sellada.
— ¿Por qué me visitas?
—Porque el alma de mi faraón está triste.
— ¿Triste? —Ishizu recordó las palabras de Yugi sobre su sueño de la otra noche.
—Así es, y sólo ustedes pueden ayudarnos a erradicar su tristeza.
— ¿Cómo?
—En su tumba hay una bóveda que no ha sido descubierta, y en ella reside un mensaje oculto, que está en espera de aquellos que logren liberar a las almas que fueron apresadas.
— ¿Apresadas?
—Ishizu. —Escuchó la egipcia en la lejanía. En seguida se escucharon tres golpes a su puerta, pero ella miró extrañada la puerta abierta y regresó su mirada a Mahad en el reflejo. —Hermana…
—No lo entiendo. ¿Cómo podemos…?
—Se irá revelando la información a su debido tiempo.
—Hermana ¿Estás bien? —Tres golpes más.
—Por lo pronto. —Añadió el mago oscuro sacando de entre sus ropas el collar del milenio y poniéndolo alrededor del cuello de la egipcia. —Búscanos al amanecer.
—Mahad… —Murmuró ella acariciando el collar.
Tres golpes más en la puerta la distrajeron y ella abrió los ojos a tiempo para ver a Marik abrir su habitación e ir a tocar su hombro, estaba recostada sobre el mueble del espejo y sostenía el cepillo en una mano.
—Tienes el sueño pesado en éstos días, hermana. —Murmuró Marik con una sonrisa. —No quería molestar. Está servida la cena.
Ishizu se enderezó buscando el collar en su cuello y percatándose de que no había nada ahí. Miró por la ventana, miró el espejo y luego miró a Marik. —Es raro saber que todo acabó. —Confesó con una sonrisa tímida.
—Lo sé. Vamos con el resto.
2 El collar
Ikaros Tolstoi: No podría abandonarlo así sin más, además, lo prometido es deuda, hay algunas cosas de Blueshipping y otras parejas y otras situaciones no sentimentales con las que me quedé, así que definitivamente siguen los OVAs, pero también me gustaría saber qué opinan al respecto, si hay cosas que quieran saber. Respecto a éste fic. Bueno, no sé, como que escribir una historia completa de un AU con ellos me dejó con ganas de escribir también del universo original y ésto salió. No será muy largo, cinco o seis capítulos, no me da para más, aunque creo que de ésto sí que habrá segunda parte. A ver que sale. Gracias por seguirme leyendo, de verdad me motiva a seguir escribiendo.
Cote-Dark-Dangerous-Love: Bueno, tendrás que esperar un poquito más para saber qué respondió, pero aquí están las consecuencias jaja, espero que disfruten mucho ésta entrega, y como le decía a Ikaros, será corta, pero tendrá segunda parte, al menos pienso en un par de cosas que me gustaría escribir, y estará lleno de guiños hacia la temporada Cero, No sé, como que me emociona mucho ésta nueva historia y me gustaba mucho el toque oscuro que tenía el manga al principio. A ver que sale. Gracias por seguirme leyendo, y espero sus sugerencias para las OVAs de Tras el intento de suicidio jaja, ya pronto terminaré de escribir lo que te debo, un abrazo y gracias por leerme, me motiva a seguir.
Atem caminaba por los pasillos del palacio con la capa ondeando al viento, las puertas de la cámara del trono se abrieron dejando ver que a los lados, sólo los pilares sostenían el techo de piedra, permitiendo a los monarcas ver las arenas del desierto y la gloria de Egipto. La gran madre, Isis, estaba sentada en un trono adornado de joyas de colores brillantes y miraba con una sonrisa a su esposo y hermano batirse en un duelo de espadas contra otra deidad. Una espada salió disparada a los pies del faraón y él sonrió tomándola en sus manos, recordando cuando lo habían instruido en aquel arte, milenios atrás.
Se irguió al ver a Osiris triunfante, sosteniendo sus dos espadas amenazantes con su oponente, pero ambos rieron y el primero apoyó a ponerse de pie a su compañero de entrenamiento.
—Así fue escrito que el pequeño sol de Egipto volviese a su hogar.
—Y así se ha cumplido. —Murmuró Atem haciendo una reverencia. —Pero no todo está escrito todavía en las paredes de Egipto y he venido a clamar misericordia para mi alma, que no descansa.
— ¿Quién, pudiendo vivir en el reino eterno, unirse a los faraones que le dieron gloria a nuestro pueblo, querría abandonarlo todo para volver? —Soltó burlesco. —Ra lo ha dicho todo.
—Osiris. —Llamó Isis levantándose en su trono.
—Pasaste a través del Udyat. —Concedió el dios de la muerte evaluando al faraón. —O sea que eres digno. ¿Para qué volver?
—Para completar una última tarea en la tierra. Una oportunidad para vivir la vida que se me fue arrebatada.
—Osiris. —Llamó de nuevo Isis. El aludido sonrió de medio lado, sabiendo que no podía negarse a las peticiones de su amada, y sonrió asintiendo. —De acuerdo. Pero debes probar que eres digno. Haber pasado a través de la mirada que juzga no quiere decir que hayas vencido a la muerte… Aún. —Le lanzó la espada que sostenía y sonrió poniéndose en guardia mientras recibía de manos de su esposa otra espada. —Demuestra que eres digno de vencer a la muerte. Deberás atravesar todas las puertas.
.
— ¿Dónde deberíamos llevarlos primero? —Murmuró Marik pensativo mientras caminaban por el pueblo. —Hay tanto que mostrarles…
— ¿Qué tal un recorrido por lo que quedó de la tumba de los artículos? —Sugirió Joey. —Ahí vivían, ¿No es así?
—Así es. —Concedió Odion sonriente. —Ahí aprendimos todo.
—Si nuestros invitados lo desean. —Añadió Ishizu encaminándose al desierto.
Tras pasar un largo rato, caminando rodeados de arena hacia donde dirigieras la mirada, todos vislumbraron la entrada de piedra a un mausoleo al nivel del suelo. La entrada que Marik e Ishizu solían usar para salir sin que nadie lo notara. Sonrieron ambos y comenzaron el descenso.
Odion había encendido tres antorchas y encabezaba la marcha, Marik llevaba otra antorcha al final del grupo y se movían en silencio a través de la oscuridad. Sonrieron cuando reconocieron el pasillo que daba a la historia antigua del faraón. La cámara era enorme, y estaba sumida en las sombras salvo por un rayo de sol que se colaba entre la piedra al fondo. Ishizu se adentró en la oscuridad dirigiéndose hacia aquel único rayito de luz.
—Los egipcios sabían cómo iluminar un lugar así. —Comentó con voz potente, haciendo que el eco resonara en toda la habitación.
—No me digas. —Murmuró Joey sarcástico.
—No será que estás asustado… —Sugirió Tristán malicioso.
—Sí, el cachorro Wheeler está temblando de miedo. —Se burló Duke con una amplia sonrisa.
— ¡No tengo miedo, sólo no me da confianza la antigüedad egipcia!
Marik, fingiendo su voz para parecerse más a su Yami, se acercó a Joey por detrás. — ¿Te da miedo enfrentar viejos enemigos en la oscuridad?
Joey soltó un grito por el susto y casi salió corriendo hacia el frente, pero Odion lo detuvo justo a tiempo para que no se fuera de bruces por las escaleras y todos soltaron una carcajada. Al fondo se escuchó algo pesado y metálico moverse, y tras un instante de incertidumbre, la luz inundó el lugar.
—Es un truco de espejos ¿Verdad? —Preguntó Tea fascinada con la antecámara. Seis pilares detenían el techo, en el centro había una enorme mesa de piedra con jeroglíficos labrados y toda la pared estaba cubierta por dibujos y jeroglíficos de Atem.
—Mira nada más. Como en la momia. —Murmuró Bakura fascinado.
Yugi se acercó a una pared donde creyó ver algo familiar.
—Es mi mago oscuro. —Murmuró cuando Tea se situó a su lado.
—Es cierto, se parece mucho. Y mira Yugi. Protege a Atem.
—Sí, siempre nos sacó de algunos apuros. —Yugi recargó su mano sobre la piedra, acariciando el borde de la túnica de su mago y sonrió nostálgico. —Después de todo sí es un viejo amigo.
Por un momento, Yugi recordó los duelos con Atem, recordó también los momentos en los que él mismo se había batido en duelo contra sus amigos por diversión, para tratar de sentirse tranquilo en medio de toda la incertidumbre. Recordó una ocasión en la que estaba jugando contra Joey, el rubio lo tenía contra las cuerdas y Atem no había hecho por intervenir ya que Yugi le había pedido llevar a cabo el duelo solo, quería probarse a sí mismo que era tan bueno como el faraón, su espíritu estaba sentado al lado de Yugi, observando las cartas del pequeño mientras él se debatía entre hacer o no su siguiente jugada. El pequeño tricolor recordó que había tomado la esquina de su carta del Mago Oscuro, pero se debatía entre jugarla o no, ni siquiera se había atrevido a sacarla de su mano cuando la mano de Atem se posó sobre la suya. El faraón estaba agachado tras él y su rostro estaba tan cerca del de Yugi que el pequeño casi podía ver dónde sus cabellos se perdían en los de él. El faraón acarició su mano y con una sonrisa conciliadora, murmuró. —Si lo vas a jugar, hazlo con valor, si sientes miedo, él sentirá tu miedo y peleará con miedo.
— ¡Hey, sin trampas! —Exclamó Joey dándose cuenta de que Yugi miraba de reojo a un costado. El pequeño se sonrojó, no por haber sido descubierto hablando con su Yami, sino por la cercanía del mismo. —Esto es entre Yugi y yo, Faraón.
—Descuida Joey. —Murmuró Yugi aliviado al ver que el faraón reía mientras se alejaba medio paso para darle espacio. —Él sólo me está riñendo por desconfiar del corazón de las cartas.
Yugi sonrió recordando el final del duelo. Un combo clásico: Mago oscuro, Sombreros Mágicos, dos ataques del oponente y cerrar con broche de oro, caja mágica.
Y Joey suspirando profundamente al darse cuenta de su derrota.
El pequeño pasó el peso de su mochila hacia el frente para tomar un poco de agua, pero se quedó helado ante lo que vio. Un brillo en su mochila consiguió llamar la atención de todos.
— ¿Qué pasa? —Exclamó Ishizu asustada.
—Cuando por fin creímos que tendríamos vacaciones normales. —Exclamó Joey fastidiado.
Yugi sacó de la mochila el deck de Atem, dándose cuenta de que el brillo provenía del mismo. Comenzó a pasar las cartas una a una, rodeado de sus amigos, y luego de unos instantes, todo volvió a la normalidad.
— ¿Qué acaba de pasar? —Soltó Tea confundida.
—No lo sé. —Yugi volvió a pasar una a una las cartas y casi suelta la baraja cuando se percató de que la carta que había contenido al mago oscuro hasta ese momento ahora se encontraba en blanco. Sostuvo la carta, sorprendido, y permitió que Tea tomara el resto de la baraja de su otra mano. Ella misma se dedicó a seguir revisando las cartas. —Pero… Mi mago…
—Eso no es todo. —Llamó Tea acongojada. —Tampoco está la chica maga oscura.
— ¡Que! —Exclamaron todos mirando la carta que sostenía Tea. Joey sacó su baraja y comenzó a revisar, pero luego de dar dos vueltas a las cartas, miró a sus amigos y murmuró. —La mía está completa. Parece que sólo ocurrió con tus magos.
—Sí, el resto está como si nada. —Dijo Solomon revisando por cuarta vez el deck de su nieto.
La luz en la cámara se atenuó, llamando la atención de los Ishtar.
—Debe haber una tormenta allá afuera. —Murmuró Odion crítico.
—Iré a revisar. —Ofreció Marik. —Si es grave, deberemos volver a la ciudad, si es tarde nos quedaremos aquí.
Ishizu salió tras su hermano, pero algo en su mente la hizo mirar en dirección a donde había estado su habitación. Se encaminó unos pasos a la antigua entrada, sosteniendo la antorcha bien en alto antes de entrar y encontrarse con el collar del milenio acomodado en su viejo catre. Soltó la antorcha sorprendida y cubrió su boca, tratando de asimilar aquello. Dio un paso, insegura, luego otro y otro hasta quedar al lado de su catre. Cayó de rodillas sorprendida y levantó la vista en busca del viejo espejo de cobre que solía usar para cepillar su cabello.
Vio el reflejo de Mahad ahí y no dudó un momento más antes de tomar el collar y salir corriendo hacia sus amigos.
— ¡Podemos volver pero vámonos ya! —Urgió Marik casi a gritos. —O no podremos volver a la ciudad.
— ¡Sí!
.
Habían entrado justo a tiempo al café para que cerraran las cortinas y los resguardaran de la tormenta de arena que había caído sobre la ciudad. La gente hablaba en su idioma entre murmullos y algo en la expresión de los egipcios que los acompañaban, hizo que Yugi y sus amigos se preguntaran si iba todo bien.
—Dicen que las tormentas sólo vienen de la nada cuando Osiris es molestado.
— ¿El dios de la muerte?
—Supersticiones. —Soltó Seto desde otra mesa. Todos lo miraron sorprendido y Mokuba no tardó en ir a saludar a sus amigos con su entusiasmo natural.
— ¿Qué pasó? —Soltó Tristán déspota. — ¿No voló tu dragón?
—No es eso. Mi dragón vuela de maravilla. El problema es la tormenta.
—Parece ser que tendremos compañía un poco más. —Soltó Joey ácido ante la presencia del castaño, quien lo ignoro de manera profesional dándole un sorbo a su taza.
—Kaiba. —Llamó Ishizu con sonrisa amable. —Puedes quedarte en la casa de mi familia si te place. Creo que los hostales estarán llenos de gente por los que se quedaron aquí varados por la tormenta. Además, puede que el destino aún tenga un par de sorpresas preparadas para nosotros.
—Destino… —Murmuró ladeando su taza para observar bien el contenido. Ya no podía negar la existencia del mentado destino, no después de haber presenciado la batalla ceremonial entre Yami y Hikari. Sonrió mirando su propio reflejo en el líquido humeante y miró a Ishizu, quien casi estaba segura de que Kaiba se negaría rotundamente a su petición. Después de todo, él era un solitario la mayor parte del tiempo. —Sí, ¿por qué no? ¿Qué dices Mokuba?
— ¿De verdad? —Exclamó emocionado. —Qué increíble.
—Sí, qué increíble. —Repitió Duke incrédulo.
