Luces brillantes y el sonido alto y molesto de la música mientras intentaba salir de entre la mancha de gente que se balanceaba de un lado a otro bailando, me rodeaban por todas partes y estaba desorientado… ah, claro por el alcohol, eso es lo último que recuerdo. Antes de eso estaba sentado ante la barra del bar esperándolo, pero no llego, me dejo ahí. Una solitaria figura esperando a alguien que no llegaría. No era la primera vez y seriamente dudaba que fuera la última. Al parecer no soy la clase de persona que aprende de sus errores, sino más bien de la clase de los que los sigue repitiendo con la esperanza de que las decisiones que toma salgan como lo espera, pero aun así tampoco soy la clase de persona a la que las cosas le sale bien. Nadie que me conociera me llamaría un tipo con suerte.
El que estuviera en una cama desconocida, casi completamente desnudo era suficiente prueba de que la fortuna me había abandona definitivamente, claro, no es que antes la hubiese tenido a raudales, en las pocas veces que me había ocurrido algo bueno, tiempo después ocasionalmente me traía muchos más problemas, más problemas de los que valían la pena y de los que en el momento intentaba convencerme de que... bueno, de que lo valían(de que él lo valía), y por supuesto como el idiota que soy no me daba cuenta hasta que ya era tarde, cuando el daño ya estaba hecho y era irreparable.
Gire el rostro inspeccionando el lugar donde me encuentro, buscando algo remotamente familiar para poder ubicarme. Una habitación casi espartana; una cama (en la que me hallaba), un escritorio con un computador y muchas notas encima, un armario y un baúl al pie de la cama, los únicos objetos que adornaban las paredes eran un escudo ornamentado con la imagen de un águila, el cual me parecía vagamente familiar, y un par de espadas de oro cruzadas entre sí, había también dos puertas, una salida y otra para el baño, supuse. Todo en conjunto me daban la sensación de familiaridad. Como si estuviese en lugar seguro, como si me recordase a un viejo amigo. Me levante con pesadez, sintiendo como mis músculos se quejaban, aun así, me pare y dirigí a lo que esperaba fuera el baño.
Sentía mi cabeza como si un millar de lares escandalosos pulularan dentro. No podía conectar un pensamiento con otro. Odiaba la sensación y esa era una de las razones de mayor peso por la que no bebía muy a menudo, bueno eso y las posibles situaciones embarazosas y humillantes de las que me arrepentía después. Justo como en ese momento.
Suspire. Siempre me había parecido fastidioso tener que lidiar con la humillación pública, no por vergüenza más que por lo irritante de la situación y el tener que lidiar con idiotas entrometidos. Solo esperaba no haber metido la pata mientras me encontraba ebrio.
Entre en el baño e inspeccione mi aspecto el espejo. Solo llevaba puesta una enorme camisa negra que se no es mía y mis boxes debajo de ella. El pelo hecho un desastre, la piel pálida y los ojos hundidos enmarcados con unas profundas ojeras… en realidad era como me veía regularmente, no había nada en mi apariencia que delatara que estuve bebiendo como poseso hasta altas horas de la madrugada. Quizás solo los labios resecos. Negué con la cabeza y solo me lavé el rostro. Ojalá fuera igual por dentro, pero sentía que en cualquier momento mi cabeza estallaría. Necesitaba también lavarme los dientes, odiaba el sabor en la boca que dejaba el alcohol. No tenía un cepillo de dientes en este momento y no usaría uno ajeno. ¡Que tragedia! Y de nuevo ¿Donde en demonios me encontraba? Salí del baño en busca de respuestas.
Justo cuando estire la mano para tomar el picaporte de la otra puerta en la habitación esta se abrió dejándome ver a un desaliñado Jason sosteniendo una bandeja con lo que parecía ser el desayuno: brownies, fruta picada y lo que parecía jugo de uva. Se veía demacrado y ojeroso, como si no hubiera dormido en toda la noche. Entonces pantallazos de los que sucedió la noche anterior pasaron por mi cabeza. Si había alguna forma de que me sintiera peor de lo que ya lo hacía hasta hace unos minutos ahora lo hacía. Imágenes de mi diciendo incoherencias en medio de un callejón oscuro, jalando a Jason, invadiendo demasiado su espacio personal y algunas otras cosas aún más embarazosas me hicieron sentir como si una pesada roca se instalara en mi estómago.
Recuerdo entonces con horrorosa claridad la causa de loa bochornosa situación en la que ahora me encontraba y desearía más que nunca que Leo no fuera tan entrometido y Jason no actuara como una mama gallina. Odiaba la sensación de necesitar ayuda, más aún cuando en realidad no había nada más que mi integridad en juego. Gracias, pero podía muy bien cuidar de mí mismo. Así que adiós. Ojalá fuera tan fácil. Era una verdadera lástima que los estándares para medir el Estar bien, no fueran los mismos para todas las personas y que los míos en particular en algunas ocasiones se fueran al extremo (palabras de Jason, no mías), pero como dijo Einstein, todo es relativo o por el estilo. Con todo y eso no era culpa de Jason que yo me sintiera bien solo si no sentía esa horrible opresión en el pecho. El que él me estuviera viendo exactamente como un cachorrito perdido en este momento lo validaba. Suspire. Iba a ser una mañana demasiado cargante.
Solo esperaba que Jason no se la tomara del todo con Percy, ya era lo suficientemente fastidioso el presenciar sus peleas estúpidas. No quería una seria y el que Jason le haya agarrado cierto desagrado del tipo pasivo-agresivo a Percy en los últimos meses no ayudaría. Lo peor es que sé que de alguna manera indirectamente es mi culpa ya que al parecer tenía un don desconocido para volver lo fácil un culebrón digno de la atención de Afrodita o subalternos (como Eros, el matón invisible), sin darme cuenta hasta que ya estaba hasta el cuello dentro.
Jason parecía incómodo y estaba seguro de que me había quedado viendo como alelado a la nada por lo menos un par de minutos. Mierda.
Jason carraspeo.
—Bien, esto… prepare el desayuno- sonrió como si todo esto no fuera extraño, yo solo lo mire como si le acabara de crecer una segunda cabeza-. Supongo que ya que estas despierto prefieres… mmm… ir a la cocina- sip definitivamente se sentía incómodo, supongo que el que yo no haya dicho nada lo hace peor. En otro momento me causaría gracia, más sin embargo justo en ese momento lo que más deseaba era fundirme contra una pared, lo que considerando que soy hijo de hades seria relativamente fácil de lograr. Si no fuera porque todo sería peor después seguro que lo haría.
—Claro, ¿Vamos? - pregunte al ver que no se movía. Entonces me guío por un corto pasillo y la sala hacia la cocina. Él no dijo nado así que me limite a mantener la boca cerrada también.
Coloco la bandeja en una mesa cuadrada y me hizo una señal para que me sentara en una de las cuatro sillas que había alrededor de la mesa. Lo hice.
—Entonces… ¿esta es tu casa? -cuestione solo para que hacerle decir algo. Nunca pensé que me encontraría intentando ah como se dice… romper el hielo, o lo que sea.
¿Lo malo? Al parecer salió de su aturdimiento y me mando una mirada de reproche como si lo que acababa de decir fuera terriblemente inadecuado. Probablemente lo era.
—¿ De verdad? Es todo lo que se te ocurre decir. Nada de ¿Cómo llegue aquí, Jason?, ¿Por qué estás aquí? ¿Qué paso ayer? O… no lo sé. La clase de cosas que dicen las personas que se despiertan en lugar desconocido después de beber la noche anterior, sabes lo mol…
—Por los dioses, solo cállate- lo interrumpo porque si sigue con su verborrea lo más probable es que me lance por la ventana, si hay algo que odie, eso son los sermones. Me recuerdan demasiado a Bianca y su actitud de hermana mayor con complejo de madre. Deprimente.
—Ah… - bien parece que de verdad se calló. Más fácil de lo que imagine que sería encararlo, pero bien parece que solo era Jason y su complejo de héroe.
—Bien, siento causarte molestias ¿de acuerdo? -abrió la boca para decir algo, pero me adelante-. De verdad, siento mucho lo de anoche, como no lo imaginas y estoy seguro de que quieres alguna explicación, y sí, antes de que lo menciones otra vez recuerdo todo lo que paso y te agradezco que te hicieras cargo de mi aun cuando no te incumbe y es molesto…
—Nico…
—… créeme yo tampoco puedo creer todas las tonterías que hice y por lo dioses…
—Nico…
—… que fue muy embarazoso, no sé qué es lo que estaba pensando…
—Genial, ni siquiera me escucha ¿Qué soy? Un muro.
—… bueno, supongo que en realidad no estaba pensando. No creo que siquiera Leo se comportara de esa manera... hmp- no pude seguir ya que Jason metió uno de los brownies en mi boca para terminar con mi absurdo monologo. No me molesto, si yo hubiera sido el, lo más probable es que en vez de un brownie hubiera sido un puño lo que terminara en su boca, o nariz, todo depende de las circunstancias.
—Primero que nada ¿Te encuentras bien? - me miro seriamente, así que me limite a asentir-. Bien, siento lo del principio. No estoy molesto, no contigo al menos ¿Ok? Y no estoy pidiendo una explicación, es solo que somos amigos ¿no? -me miro temeroso así que asentí de nuevo-, es solo que estaba preocupado, digamos que Leo no es nada tranquilizador cuando esta alterado, por como hablaba pensé que mínimo te habían raptado extraterrestres-una risa nerviosa sale de sus labios y suspira-. No tienes que contarme nada si no quieres tampoco, pero si quieres hacerlo estoy dispuesto a escucharte cuando sea que eso pase.
Totalmente amable, mirándome con esos ojos tan azules como el cielo, llenos de confianza y me fue imposible confiar en el de vuelta. Estaba sonriendo, sus labios curvados con esa cicatriz en su boca, y es solo Jason, tan familiar como se ha hecho para mí en los últimos años y aún más en los últimos meses así que no pude evitar devolverle la sonrisa. Y el parecía tan contento tan solo con eso.
—Estoy bien. No tienes por qué preocuparte- ahí está, no hablaría del tema por en aquel instante y él solo aceptaba con un asentimiento de cabeza, apoyándome incondicionalmente, como siempre desde nuestro encuentro con Eros, así que sí, quizás algún día no muy lejano de verdad se lo cuente, no solo el incidente con Percy sino todos esos pedazos de mi pasado que nunca le he dicho a nadie demasiado temeroso de su rechazo o tan ajeno que no me interesa. Solo porque es Jason y él ha hecho lo mismo desde que me conto como se hizo ridículamente esa cicatriz en el labio con una engrapadora hasta la vez en que su madre lo abandono en la casa del lobo.
—Entonces está bien, y por cierto sí. Esta es mi casa. Aun me faltan cosas para que se vea como una casa de verdad, pero es habitable- dice mientras mira alrededor, yo no había tenido la oportunidad de venir desde que él se mudó apenas un par de semanas atrás, aunque Leo me había contado mucho de ello. Después de eso simplemente nos dedicamos a comer y hacer comentarios triviales sobre cualquier cosa.
Luego de desayunar nos dirigimos hacia mi departamento en el auto que Jason tenía desde hace un par de años, él se ofreció diciendo que no era buena idea que viajara por las sombras si tenía resaca ya que por accidente podía terminar en china o cualquier otro lugar fuera del estado. Mientras conducía Leo llamo, parecía algo nervioso, pero era difícil saberlo cuando se trataba de Valdez incluso aunque lo conocieras bien. El resto del viaje no pude evitar recordar todo lo que paso el día anterior y no le quise contar a Jason.
*
Sentía la ira y aún peor, como la decepción iban bajando hasta mi pecho, quemando todo a su paso. Dejando solo restos humeantes que pronto se convertirían en cenizas. De nuevo el resentimiento. Esta vez hacia mí mismo.
Cometer el mismo error una vez era pasable (más aún porque era tan pequeño e impresionable… y solo, cargando con tanto dolor) pero de nuevo y con la misma persona era intolerable. No podía culpar a nadie más que a mí mismo. A mí y a mi ceguera.
Y ahí desde el fondo de mi mente, sonó ya demasiado tarde mi sentido común, la odiosa frase te lo dije, no solo lo había perdonado, sino que había cedido ante él con todo lo que me pidió y en también en lo que no. Sabía que me hacía daño, pero aun así no me importo, creí ingenuamente que cualquier desgracia que pudiera caer sobre nosotros lo valdría. Bueno pues ese era el maldito punto. No había ningún nosotros. Creo que realmente nunca lo hubo. Solo había sido yo escudándome en una ilusión vana de que podía ser feliz. Ahora tenía las cosas claras. Me había equivocado completamente, forzando algo que simplemente estaba mal y me hacía daño. Siempre había sido ella. Annabeth.
Todos mis miedos, que tontamente había mandado de paseo, demasiado reconfortado por palabras falsas y besos necesitados (no por mí, sino por algo de reconocimiento, de donde viniera solo para que la soledad me tragara) ahora se confirmaba en frente de mí. No había lugar para dudas o justificaciones. Al fin se me habían acabado las excusas.
Sentía como mis ojos empezaban a aguarse, pero no iba a permitirme llorar. Todo era mi culpa. Había roto mis propias reglas, me las había impuesto por una razón y ahora tenía mi castigo. Por traicionarme a mí mismo y no hacerle caso a la razón que gritaba con un enorme megáfono y a todo pulmón desde el fondo de mi mente, por dejarme llevar como un niñito ingenuo.
Otra vez.
Idiota. Idiota. Idiota.
Dioses, sí que había sido estúpido. Estúpido y patético, mi padre había tenido razón, no era suficiente y nunca lo seria. No solo me había dejado engañar por el mismo idiota una, sino dos veces y sin oponer ninguna clase de resistencia seria. Me había dejado arrastrar en sus ojos que barrían con todo igual que las olas al chocar con la costa. Era infinitamente más fácil que sobrellevar la realidad. Me había dejado romper el corazón de nuevo por él, bajo la tonta premisa de que era mejor sufrir por algo falso que encarar mis verdaderos problemas incluso después de tanto tiempo, y lo peor es que el único culpable era yo mismo.
Y era hora de pagar las consecuencias por mis errores. Así que solo había salido corriendo como un poseso, era lo único que tenía sentido en mi cabeza, mis piernas moviéndose hacia adelante frenéticamente, apenas haciendo ruido mientras mis pies impactaban ligeramente contra la banqueta, mi mente ni siquiera procesaba el que yo sea un hijo de hades, que simplemente podía desvanecerme entre las sombras y transportarme lejos; tampoco que importara, Percy había tenido una cara de total confusión al verme a arribar al departamento, nuestro departamento(o al menos hasta que me mude con Leo excusándome con que así era más conveniente el ir a la universidad a Percy no le había importado), sin embargo también había algo más en el en el fondo de esos ojos tan verdes como el mar. Estaba exacerbado porque lo interrumpiera, Annabeth estaba ahí también, en cuanto entro en mi campo de visión entendí todo. Que solo había sido algo pasajero e intermitente para el hijo del dios del mar. Así que antes que nada balbuce una excusa y di la vuelta cerrando ansiosamente la puerta de entrada. Mi castillo de arena se había derrumbado y la ilusión de seguridad que me había creado estaba completamente rota.
La noche pasada había quedado con Percy para vernos en el "Monte olimpo", el bar para dioses, semidioses y derivados que era dirigido por los hermanos Stoll y Clarisse. Al notar como Percy había tardado más de una hora simplemente decidí hacer un corto viaje a través de las sombras, para meterle prisa o llanamente hacer que ambos quedarnos en el departamento a pasar el rato o acostarnos, lo que sea. Teníamos una semana sin vernos, ya que la universidad nos había mantenido lo suficientemente ocupados. Ahora sabía que (no, quien) lo mantuvo tan entretenido que ni siquiera se dignara en enviar un mensaje. A Percy probablemente le importaba tan poco que no lo creyó necesario. Pues bien, ya no importaba.
Sin darme cuenta mis pies me habían conducido directamente a la entrada del "Monte Olimpo", así que solo entre y ordene lo más fuerte que se me pudiera ofrecer. Cris estaba era quien atendía la barra, me lanzo una mirada curiosa e hizo lo que le pedí. No cuestiono nada. No lo culpaba, ya que yo generalmente prefería no beber y cuando lo hacía no era nada tan fuerte.
No culpaba de nada a Percy, en cierto modo habíamos establecido tácitamente que no era serio después de un tiempo saliendo. El último año habíamos sido más bien como amigos (algos, así como… ¿Cómo lo había llamado Piper?... amigos con derecho), simplemente estando alrededor del otro cuando no había nadie más. Pero él estaba en su último año de estudios, así que eran pocas las ocasiones que nos veíamos, además Jason ya no estaba tan atareado como en su primer año como pontífice… o lo que sea, siempre terminaba olvidando el nombre, así que pasaba más el rato con el cuándo no tenía nada que hacer. Se había convertido en algo así como mi mejor amigo ya que Reyna era más algo así como una hermana mayor demasiado sobreprotectora además de que había cosas que no podía hablar con ella.
Lo único que lamentaba era no haber terminado de aclarar las cosas con Percy y al mismo tiempo en el fondo me sentía de cierta forma traicionado aun cuando sabia era algo absurdo. No lo entendía del todo, ahora que me encontraba solo era más fácil no darle importancia y entender mejor las cosas, pero eso no quitaba que odiaba como el demonio sentirme tan confundido. Solo quería sacarlo de mi cabeza, así que pase la noche bebiendo hasta que ya no aguante más. Ya después vería como arreglar todo con Percy. No dejaría que mi egoísmo me hiciera perder a uno de los primeros amigos que había tenido en este siglo.
Lástima que todo se fue al garete en el momento que Jason llego y la poca paz interior que había logrado se desvaneció cual recuerdos en el rio Lete.
