Disclaimer: Nada de esto me pertenece salvo algunos OC que aparecen por ahí. Lo demás es propiedad de Marvel.


2

En silencio

¡¿Lo dice el bastardo que me usó y me pisoteó?!

Dolor.

¡¿Lo dice el imbécil que me buscaba cada noche como su puta personal para desfogarse?!

En su cabeza. En su espalda. En sus piernas. En todo su cuerpo.

¡¿LO DICE EL IDIOTA QUE ME VIO DESMORONARME Y NO HIZO NADA?!

Nauseas.

¡DÉJAME EN PAZ!

Un malestar que iba desde su estomago, pasando por su esófago, hasta llegar a su garganta y chocar con el asqueroso sabor en su boca.

¡QUIERO VIVIR MI VIDA!

Remordimiento.

¡QUIERO ACOSTARME CON DESCONOCIDOS!

Culpa.

¡QUIERO TOMAR HASTA OLVIDARME DE TI Y DE TODA TU MIERDA!

Miedo.

¡¿POR QUÉ NO ME HACES UN MALDITO FAVOR Y DESAPARECES DE MI VIDA?!

Terror.

Se levantó de la cama de golpe y corrió con toda la destreza que pudo en dirección al baño, tropezando un par de veces en el camino. Se agachó ante el retrete y vomitó. Tras la primera arcada vino una segunda y así consecutivamente hasta que su estomago no contaba con nada más que arrojar al exterior. No supo cuanto tiempo pasó sentada ahí abrazada al pedazo de porcelana, temblando, con su frente perlada por el sudor y lágrimas corriendo por sus mejillas. Estúpido alcohol. Estúpidas Vegas. Estúpido Tony. Estúpida ella. ¿En qué momento se le ocurrió tomar de esa manera? Sabía lo que el alcohol en grandes cantidades hacia con ella. Decir que la convertía en otra persona sería poco. ¿Por qué no se controló? Coquetear con desconocidos era una cosa, pero acostarte con ellos era un viejo hábito que había dejado en el pasado junto con todas sus adicciones. Si Loki no hubiera intervenido, lo más seguro es que, en lugar de despertar en su cuarto de hotel, lo habría hecho en un lugar extraño, probablemente peligroso y acompañada de su última conquista.

Aunque, visto en perspectiva, realmente preferiría mil veces ese escenario que el que le aguardaba afuera de esas cuatro paredes. Por Dios, ¿por qué demonios le recriminó todo eso a Loki? El asunto ya era pasado. ¿No? No existía razón para revivirlo. ¿O sí? No. No. No. Todo ese maldito mes era historia. La propuesta era historia. Las noches de sexo eran historia. Todo era historia. ¿Y por qué seguía doliéndole el pecho cada vez que pensaba en ello? ¿Por qué tenía sueños con Loki como protagonista, sueños en los que no era nada más que su sirvienta sexual? ¿Por qué sentía a veces la necesidad de gritarle en la cara? ¿De golpearlo? ¿De abofetearlo? Maldita sea.

No. No era pasado. Y lo más seguro es que nunca lo sería. Ese infame mes sería una sombra permanente, un fantasma deambulando, una pregunta que taladraría su cabeza sin misericordia cada vez que viera al Dios del Caos. ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ?! Se alejó del escusado, recargando su espalda y cabeza en la puerta corrediza de la regadera. Era la verdad, la realidad. Tapó su cara con sus manos, las lágrimas escapando de sus ojos sin restricción. Nada volvería a ser como antes. Nunca volvería a ver a Loki como su amigo, sólo su amigo. Ahora era el hombre que jugó con ella y sus sentimientos. No podría olvidar, mucho menos perdonar, porque si había dicho todo lo que dijo anoche era porque su coraje contra el asgardiano aún no disminuía.

Gruñó furiosa, cansada, impotente. Su relación con Loki, su hermosa relación con Loki, estaba arruinada y ni siquiera sabía por qué. ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ?!


Loki debía admitirlo: si había alguien en este patético planeta capaz de rivalizar su ingenio, ese era Tony Stark. Ambos eran los únicos que continuaban de pie en este juego de póker que llevaba, si no se equivocaba, dos horas de duración. La Viuda Negra, el Soldado del Invierno y el Capitán Rogers observaban el juego mitad interesados, mitad aburridos después de que fueran hilarantemente vencidos en las primeras rondas. Potts hablaba por su teléfono tratando de conseguir entradas para algún espectáculo que acontecería esa noche, mientras Happy revisaba en una tableta electrónica los horarios de las funciones.

Le dio un último vistazo a su mano, cogió su vaso de whisky y bebió un trago con una media sonrisa triunfal adornando sus facciones. Stark arqueó una ceja escéptico, bajó su vista a sus cartas, las inspeccionó y sonrió de la misma manera. Ridículo humano, ¿en verdad se creía capaz de ganarle o únicamente estaba presumiendo? Por supuesto que estaba presumiendo. Una mano mejor que la suya era imposible tenerla. Sólo necesitaba el momento indicado para mostrarla

- Buenos días – saludó la estridente voz de Thor, irrumpiendo en el gigantesco casino del hotel.

Loki levantó su cabeza en dicha dirección, topándose no sólo con el ruidoso de su hermano, sino también con Foster y…

- La cruda estuvo buena, ¿no, Darcy? – soltó en tono burlón el billonario.

El asgardiano hizo poco caso al semblante pálido y repleto de culpa de la muchacha, concentrando su atención en Tony y su peligrosa boca.

- Supongo que por eso llevas los lentes oscuros – arremetió Darcy, sentándose al lado de Rogers, estratégicamente lo más lejos de Loki.

- Touche – masculló Tony, bajando sus cartas sobre la mesa destapadas. Tres reinas y un comodín – Se finité, Dios del Engaño.

Loki entreabrió su boca sorprendido, al tiempo que Tony se reía en todo lo alto y tomaba las falsas monedas del centro de la mesa con ayuda del encargado del juego.

- Vaya, eso no me lo esperaba – admitió Loki.

- Como yo tampoco me esperaba que ustedes dos desaparecieran solitos a tan altas horas de la noche – comentó Tony, apuntando con su cabeza en la dirección de Darcy.

Antes de que todas las miradas se posaran sobre Darcy, quien acababa de ponerse aún más pálida, si es que eso era posible, Loki colocó sus cartas sobre la mesa de golpe, ganándose la atención de todos. Cuatro ases. ¡Cuatro ases! Tony pestañeó varias veces incrédulo, al igual que el resto de los Vengadores, Jane, Darcy, Pepper y Happy. Loki sonrió con sorna.

- ¿Cómo… qué… cuándo… - tartamudeó Tony, mientras el encargado pasaba las monedas del lado de Iron Man al del Dios de las Travesuras - ¡Trampa!

- Pruébalo – lo retó Loki, cruzando sus brazos sobre su pecho con superioridad. Stark abrió y cerró su boca estupefacto, para después señalar a su amigo acusadoramente.

- Algún día caerás, Cuernitos – advirtió Tony – Sólo espera y verás.

- Esperaré, pero realmente dudo verlo – comentó Loki con cierto tono de superioridad.

- ¡Muy bien! ¡Conseguí los boletos! – anunció Pepper Potts con el celular en su oído y su mano izquierda cubriendo la bocina, interrumpiendo efectivamente cualquier respuesta que Tony estuviera a punto de pronunciar – La función es a las ocho en punto, ¿quién quiere venir? Rápido, que tengo a la señorita en la línea.

Natasha y Steve alzaron sus manos.

- ¿De qué hablan? – inquirió Jane completamente perdida.

- El show de Cirque Du Soleil – respondió Natasha. Jane abrió los ojos como platos y levantó su mano entrelazada con la de Thor, quien la volteó a ver extrañado.

Darcy se encogió de hombros y levantó su mano también. Un par de horas de malabarismos y saltos probablemente la harían sentir mejor. Probablemente.

Pepper asintió y pidió siete boletos.

- Y digo yo, ¿para qué vienes a Las Vegas sólo a ver espectáculos? – cuestionó Tony, causando que Pepper rodará los ojos – Las Vegas es sobre diversión. Apostar, beber, acostarte con tu mejor a…

La boca de Tony continuaba moviéndose, mas no emitía ningún sonido, hecho que el billonario parecía ignorar, pues seguía platicando a sus anchas.

- De todos tus trucos, creo que este es el mejor – habló Clint, al tiempo que Natasha y Steve asentía en apoyo.

- Gracias, agente Barton – agradeció Loki, mientras Tony se percataba por primera vez que sus amigos no lo escuchaban.

- ¿Cuánto durará? – preguntó Pepper tras terminar con su llamada. Al lado de ella, Tony hacía gestos raros y señalaba acusadoramente a Loki de nuevo.

- Acepto sugerencias – indicó el Dios del Engaño con una traviesa sonrisa.

- Un día sin Tony Stark suena como un buen prospecto – ofreció Natasha, ganándose una incrédula mirada de parte del aludido.

- Sin duda alguna – admitió Loki maliciosamente – Un día será entonces – y con un tono menos juguetón y más de advertencia, añadió - Veamos si es suficiente para que aprenda a cerrar la boca.

La expresión boquiabierta de Stark pronto se tornó en una de comprensión y finalmente en una de resignación. Sacó su celular del bolsillo de su saco, oprimió rápidamente una serie de botones y le ofreció el aparato a Happy para que lo leyera.

- "Tour por Las Vegas, libre de alcohol. La limusina está afuera esperándonos" – recitó Happy, al tiempo que Tony sonreía con superioridad.

- Muchas gracias, pero me parece que con el "tour" de anoche quede satisfecho – habló Loki, poniéndose de pie – Nos vemos a las ocho para el espectáculo.

Y sin decir nada más, se alejó de la mesa con rumbo al lobby del hotel.

- ¿Cómo va a entrar al show si no le compré boleto? – cuestionó Pepper extrañada.

- Con mi hermano, el cómo es una pregunta que nunca debe hacer, lady Pepper – señaló Thor.

Pepper asintió con la cabeza en actitud de comprender. Tras años de convivir con Tony Stark, era tiempo de que eliminara la pregunta ¿cómo…? de sus conversaciones. La historia le había demostrado que era preferible quedarse con la duda.

Y mientras los Vengadores y acompañantes se ponían de acuerdo en que atracción visitar primero, Darcy se puso de pie y siguió los pasos de Loki fuera del casino, esperando que el hombre no hubiera decidido desaparecer como acostumbraba. Por suerte, lo halló de pie frente a los ascensores, aguardando pacientemente a que las puertas de alguno se abriera. Se aproximó a él a paso lento, sin saber exactamente que decir o hacer. ¿Gracias por evitar que me acostara con un desconocido? ¿Perdón por restregarte en la cara tus errores? Suspiró. Demonios, esto sería difícil.

- Hey - masculló Darcy, colocándose al lado de Loki. El jotun giró su cabeza en su dirección, sus labios curvándose en una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.

- Darcy - dijo en tono de saludo, regresando su vista al elevador expectante.

Con el cerebro efectivamente en blanco, Darcy permaneció en silencio, un silencio pesado y asfixiante que únicamente fue roto por la campana que anunciaba la llegada del ascensor. Las puertas se abrieron de par en par, permitiendo la salida de un ruidoso grupo de chicas que no paraban de reír. Loki ingresó al aparato y Darcy no dudó en seguirlo. Necesitaban hablar, a no ser que el Dios del Engaño prefiriera que el suceso se sumara a la larga lista de temas prohibidos entre ellos. Loki arqueó una ceja confundido, sus ojos fijos sobre ella.

- Quería que habláramos sobre lo que ocurrió anoche - comenzó Darcy. El hombre hizo el ademan de abrir la boca, no obstante Darcy fue más rápida - Quiero agradecerte. Si no fuera por ti, lo más seguro es que terminara acostándome con ese idiota - bajó la mirada avergonzada - No soy la mejor versión de mi misma cuando tomo de más - inhaló una bocanada de aire - Y hablando de eso, también quería disculparme por lo que dije. Yo... yo no...

- No hay necesidad de disculparte - la interrumpió Loki con serenidad - Tú misma lo has dicho, el alcohol no es precisamente un incitador de las virtudes humanas... o divinas, si hablamos de Thor. En tal estado de intoxicación, sería justo decir que no estabas consciente de tus actos y mucho menos de las palabras que proferías, por lo tanto, no las produjiste con dolo y no hay razón por la que tenga que disculparte por ellas.

- Supongo - soltó Darcy intranquila por la calma con la que Loki reaccionaba - aun así... creo que deberíamos de hablar sobre ello y...

El Dios del Engaño posó su dedo índice sobre sus labios, callándola de inmediato. Sonrió ligeramente, se acercó a ella y le dio un dulce beso en la frente. Acto seguido, la vio a los ojos, al tiempo que acariciaba la mejilla de Darcy con la yema de su dedo.

- No vale la pena que nos exaltemos con temas irrelevantes como ese - apuntó Loki - Olvidémoslo y sigamos adelante.

- Pero... - habló Darcy no muy contenta. ¿Irrelevante? ¿Así catalogaba lo sucedido entre ellos antes de que Angerboda apareciera en escena? ¿Como un tema irrelevante? Bueno, si había dicho que no era nada más que una agradable compañía para él…

No… no, no, no, no. De ninguna manera volvería a eso. Ese mes era historia. Angerboda era historia. Loki era su amigo y todo volvería a ser como antes. Era hora de que continuara y dejara el pasado atrás. Ella no era el tipo de persona que se la pasara lamentándose por los rincones, anclada a hechos pasados. De nada servía eso; se trataba de una mera pérdida de tiempo y esfuerzo. Lo que importa es el presente, el aquí y el ahora, ese preciso momento en que los dos se encontraban en el mismo elevador solos.

Curvó sus labios en una pequeña sonrisa.

- Entonces… ¿piensas encerrarte en tu cuarto todo el día? – cambió el tema la mujer. Optó por no prestar atención al inexplicable alivio que inundó la mirada de su acompañante - ¡Estamos en Las Vegas, Loki! ¡La capital del entretenimiento! No permitiré que regreses a casa sin que nos hayamos subido a todas las atracciones por lo menos una vez. Además, ¿quieres perderte al famoso Tony Stark callado por un día? ¡Será increíble!

- Hilarante diría yo – corrigió Loki con calma – Sin embargo, no me apetece departir más tiempo del necesario con los Vengadores. Disfruta tú de las atracciones y nos veremos a las ocho para el espectáculo.

- Para ser el Dios de las Travesuras eres muy aburrido – lo molestó Darcy, cruzándose de brazos. Loki arqueó una ceja impresionado, sus labios curvados en una sonrisa de incredulidad.

- Disculpa, ¿qué dijiste? – la retó Loki, dando un paso hacia ella.

- Que deberían de darle tu título a al alguien más… divertido – respondió Darcy con una amplia sonrisa en la boca.

Loki sonrió entre burlón y despectivo, sus ojos brillando con el estímulo del desafío. Cogió a Darcy del antebrazo derecho y ambos desaparecieron del ascensor sin dejar huella de su presencia.

Con el pasar de las horas, Darcy bien habría podido sentirse culpable de haber incitado la parte juguetona de Loki, no obstante, era incapaz de percibir un mínimo de remordimiento. El Dios del Engaño había aprovechado el largo tour para realizar bromas, desde pequeñas hasta monumentales, en contra de desconocidos y especialmente en contra de sus acompañantes. Entre las más memorables se encontraban los diez minutos que pasaron Steve, Jane, Thor, Tony, Clint y Bucky atrapados en la montaña rusa del hotel New York New York; la gigantesca ola que por poco hunde las góndolas en las que viajaban Thor, Jane, Tony y Pepper en el Venetian; y ver a Bruce siendo perseguido por los peces en el túnel del acuario del Mandalay Bay; sin contar el épico momento en que las ropas de todos los Vengadores se transformaron en trajes de bailarina de ballet a penas pusieron un pie de regreso en el Bellagio, minutos antes del espectáculo del Cirque Du Solei para el que habían comprado boletos. No fue extraño que Loki desapareciera al instante y reapareciera tiempo después, una vez que todos se hubieran cambiado en sus respectivos cuartos y la función ya hubiera comenzado.

Las risas y la cercanía de Loki durante todo el día le ayudaron a Darcy a olvidar lo ocurrido la noche anterior, por lo menos hasta que la presentación concluyó. Fue entonces que todo volvió de golpe a su cabeza, no sabía si gracias al efecto del alcohol que consumió durante la función o al pequeño e inocente comentario con el que Tony rompió su largo silencio de horas. "Y ahora es el momento en que Cuernitos y la chica taser desaparecen inesperadamente para encerrarse toda la noche", dijo, mientras caminaban del auditorio al bar del hotel. El codazo que Pepper le propinó en las costillas y el hecho de que su vestimenta cambiará nuevamente fueron suficientes para que el genio, billonario y filántropo se callará por el resto de la noche por propia voluntad. Sin embargo, el daño ya estaba hecho, y cualquiera lo podía notar por la visible distancia que tanto Darcy como Loki tomaron uno del otro por el resto de la noche. Darcy casi podía asegurar que Tony ahora era víctima de las miradas acusadoras de sus compañeros y amigos, mas era poca la atención que la joven le prestaba a ello. No, prefería concentrarse en el menú de tragos del bar y en pedir cualquiera que le resultara extravagante o desconocido.

- Escuché por ahí que no te la has pasado muy bien últimamente – habló la inconfundible voz de Bucky a sus espaldas. Darcy levantó su repleta copa de un líquido entre azul y verdoso de la superficie de la barra, antes de darse la vuelta sobre su asiento y encarar al Soldado del Invierno.

- ¿Eso dicen? – cuestionó Darcy, fingiendo demencia y con una amplia sonrisa – Pero si los últimos meses han sido los mejores de mi vida.

- Me imagino – asintió Barnes.

- Si me dieran la opción de repetirlo, lo haría – bromeó Darcy, tomando un trago de su bebida y sin prestar atención a que su nivel de alcohol comenzaba una vez más a rascar el límite de lo peligroso.

- Por supuesto – apoyó Bucky – No hay como un loco entrometiéndose en tu cabeza para sentirse vivo.

- Tú sabes de lo que estoy hablando – soltó, al tiempo que chocaba su copa con el tarro de cerveza de su acompañante.

Darcy mentiría si dijera que en ese momento su juicio estaba completamente nublado por el alcohol. No, aún tenía un poco de conciencia, la suficiente para notar la fija mirada de Loki sobre ella desde el otro lado del bar y la necesaria para considerar los posibles escenarios que sus siguientes palabras podrían provocar. Desde una repetición de lo acontecido la noche anterior, hasta una completa indiferencia de parte del Dios del Engaño. Darcy no sabía que buscaba con eso, pero la pequeña parte consciente de su cerebro rezaba por una reacción intermedia. Gritos, palabras, un beso, una noche en la que se pudieran olvidar de todo lo ocurrido. ¿Quién lo sabía? Una cosa podía llevar a otra. Y si en el peor de los casos, Loki decidía no reaccionar, bien podía disfrutar de una buena noche de diversión con el Soldado del Invierno.

- ¿Sabes?, estoy aburrida – expresó Darcy, dejando su copa detrás de ella sobre la barra - ¿Qué te parece si nos vamos de aquí?

El semblante de Bucky palideció levemente y toda sonrisa desapareció de sus labios. Acto seguido, ladeó su cabeza hacia atrás, sus ojos cayendo efectivamente sobre la mesa donde Loki platicaba en ese momento con Stark, simulando de manera excelsa que no se había percatado de su interacción.

- Eso depende – indicó Bucky, devolviendo su mirada a la mujer – No quiero terminar como el juguete de un dios nórdico otra vez.

- Ah, no te preocupes – lo tranquilizó Darcy – Loki y yo sólo somos amigos.

- Bueno, si puedes certificar mi seguridad… - sonrió de nueva cuenta el soldado – Cuenta conmigo.

- Bien – dijo Darcy – En mi habitación. Iré yo primero y después tú me sigues. Puedo prometerte que Loki no te tocará ni un pelo, sin embargo, el Capi es otra cosa.

- Ni que lo digas – bufó divertido Barnes, lanzando una rápida mirada a la mesa que compartían Steve, Thor, Jane y Natasha.

Darcy le dio una palmada en el antebrazo, para después dirigirse a paso lento a la puerta. Cierto, se sintió un tanto decepcionada cuando, al pasar al lado de Loki, el hombre la ignoró olímpicamente, no obstante, cuando Bucky llegó sano y salvo a su cuarto quince minutos después, la sensación de decepción se transformó en un vacío que no tardó en carcomerle el corazón. Probablemente habría sido una mejor idea despedir a Bucky, dormirse y dar por concluido ese día, mas Darcy estaba demasiado dolida e intoxicada como para reflexionar sobre las posibles consecuencias de lanzarse sobre el soldado y unir su boca a la suya.

Horas después, mientras Barnes dormía apaciblemente a su lado, la castaña contemplaba el cielo raso de la habitación en un estado total de letargo. Sentía su cuerpo completamente inerte e incluso se le dificultaba respirar. No pasó mucho tiempo antes de que sus ojos se inundaran de lágrimas, lágrimas que recorrieron sus mejillas silenciosamente hasta quedarse dormida. El descanso le duró poco, pues sus acostumbradas pesadillas no tardaron en molestarla, consiguiendo que la mujer optara por levantarse de la cama y pasar la madrugada viendo videos estúpidos en Youtube. No fue hasta cerca de las nueve de la mañana que el Soldado del Invierno empezó a estirarse en la cama y abrir los ojos. La plática se limitó a bromear sobre los sucesos del día y la noche anterior, antes de que Bucky se introdujera al baño, dejando a Darcy de nuevo sola. Minutos más tarde, el hombre salió del baño vestido y con el cabello húmedo, se despidió de Darcy con un beso en la mejilla y una promesa de verla en el restaurante para desayunar y se dirigió a la puerta.

Por un efímero momento, Darcy pensó ingenuamente que con ello esa noche terminaría y podría dejarla atrás, borrarla si era posible de su memoria, sin embargo, la suerte no estaba de su lado desde hace un buen tiempo. El leve grito ahogado que Bucky soltó al abrir la puerta, mandó la atención de Darcy al punto. Sus ojos se abrieron como platos, el aire se escapó de sus pulmones de golpe y su rostro palideció. Ahí, de pie, al otro lado de la puerta y con una mano arriba en actitud de haber estado a punto de tocar la puerta, se encontraba Steve. La inicial mueca de sorpresa en su rostro pronto se transfiguró en la tensa máscara que el hombre solía usar al enfrentar a un enemigo.

- Buenos días, Darcy – saludó Steve con sus ojos clavados en los de Bucky – Bucky.

- Steve – pronunció Barnes con un casi imperceptible temblor en la voz.

- Acompáñame un momento – dijo prácticamente como una orden.

Acto seguido, giró hacia la derecha y desapareció del umbral de la puerta y con ello de la visión de Darcy. Bucky maldijo entre dientes y fue tras su amigo, cerrando la puerta de la habitación detrás de él.

Y sin saber qué hacer o cómo actuar, Darcy permaneció estática en su lugar, incapaz de mover un solo dedo.


Frunció el ceño extrañado, su atención dividida entre el cuaderno de apuntes de la Doctora Foster, que ella misma le había entregado minutos atrás, y el incómodo encuentro que acontecía pisos arriba entre Darcy, el Capitán y el soldadito de pacotilla. No cabía duda de que el tino del Vengador había sido preciso; aún no sabía que lo había llevado al cuarto de Darcy esa mañana, pero el jotun agradecía a cualquier dios involucrado en ello y se reprendía mentalmente por no habérsele ocurrido primero a él. Sin embargo, y a pesar de lo entretenido que fuera observar mediante un doble a Darcy sufrir un ataque de pánico y a Rogers llevarse a su querido amigo al techo para (esperaba) más que "platicar", la mirada de Jane Foster estaba sobre él, en espera, y sinceramente era un poco trabajoso seguir el hilo de sus intrincadas anotaciones sino se concentraba por completo. Así que dejó al buen Capitán Rogers arreglar el asunto que lo había dejado despierto toda la noche y releyó la última página. Al parecer, cambiar los datos erróneos que le había señalado un par de días atrás, le permitió a la mortal ver el problema del Bifrost desde otra perspectiva, y no cabía la menor duda de que era interesante. Concluyó su lectura, cerró el cuaderno y se lo entregó a la mujer, quien simplemente tomó su vaso de jugo de naranja y bebió un trago.

- ¿Puedo preguntar a que se debe todo esto? – cuestionó Loki, cruzando sus brazos sobre su pecho, genuinamente interesado.

- Me gustaría escuchar tu opinión – respondió Jane con simpleza.

- ¿Usted, Jane Foster, desea escuchar MI opinión? – preguntó incrédulo - ¿Por qué?

- Bueno, tuviste razón con esos números – señaló Jane evidentemente incómoda.

- ¿Y? – pronunció Loki en tono burlón.

- Y no hagas esto más grande de lo que es – puntualizó Jane exasperada – Comprendo que nuestra relación no es la mejor, pero por encima de todo soy una científica capaz de aceptar cuando necesita una nueva perspectiva. Por eso Tony y Bruce se unieron al proyecto y por eso quiero ofrecerte que te unas.

- ¿Perdón? – dijo Loki, sin saber exactamente que más decir.

- Entiendes mi investigación y conoces del tema mucho más que yo – expuso Jane – Tú ves las cosas desde otro punto de vista y creo que eso podría ayudarme.

- ¿Está consciente de lo que me está pidiendo, doctora Foster? – inquirió Loki divertido.

- Demasiado – soltó Jane con cierto enfado – No me hace feliz y presiento que a Erick no le agradará nada, sin embargo, estamos hablando de algo mucho más grande que nosotros.

- Ustedes los humanos son la especie más extraña del universo – expresó Loki – No obstante, la idea suena tentadora. Muy tentadora. En especial si considera todas las implicaciones que tendría el hecho de que unos simples mortales consigan emular el uso del Bifrost – tomó su taza de café entre sus dedos – Permítame reflexionarlo, porque aunque usted y el doctor Banner no serían un problema, el doctor Selvig no es una de mis personas favoritas y Stark y yo diferimos mucho en cuanto a nuestra definición de "ciencia".

- Supongo que ambos serán un problema – apoyó Jane –, pero podemos intentarlo. Pasarás una temporada en Asgard, tiempo suficiente para que todos nos hagamos a la idea.

- Parece que Thor confunde la expresión "Lo pensaré" con "Por supuesto, ¿cuándo nos vamos?" – comentó Loki, ensartando con su tenedor un pedazo de tocino. Jane asintió en acuerdo, una mueca de diversión en su rostro.

- Está muy ilusionado con eso – señaló Jane.

- Y me gustaría decir que lamentaré romper su gigantesco corazón, pero en verdad disfruto verlo sufrir – habló Loki, provocando que la astrofísica frunciera el ceño – Estoy bromeando, doctora. Si quiere trabajar conmigo, debe acostumbrarse a mi sentido del humor.

- Mientras sólo sean bromas – masculló Jane, antes de tomar un nuevo sorbo de su jugo.

- Siempre son bromas – intervino Thor al sentarse al lado de Jane en la mesa con una bandeja repleta hasta desbordar de comida – Estos llamados buffet son increíbles. Toda la comida que puedas comer sin restricciones. Es como una comida diaria en Asgard – se acomodó en su silla y cogió un panecillo de la bandeja – Siempre he creído que aquí en Midgard son muy avaros en lo que a la cantidad de los alimentos se refiere.

- No es ser avaros – corrigió Loki –, es tener autocontrol, algo que tú y tus queridos amigos no conocen.

Thor se limitó a encogerse de hombros despreocupado, al tiempo que comenzaba a atacar su desayuno. Loki arqueó una ceja, regresando su vista a la novia de su hermano, quien simplemente veía a Thor con una extraña combinación de amor y pena ajena.

- En verdad, doctora Foster, entre usted y la señorita Potts, no sé quien tiene peor gusto – indicó el jotun.

- Si de gustos hablamos, yo realmente me preocuparía por Da… - comenzó Jane.

- ¡JANE! – irrumpió en la conversación Darcy, salida de la nada y con una expresión angustiada - ¡Baño! ¡Ahora!

Y sin esperar a que Jane, o cualquiera de los otros dos ocupantes de la mesa, pudiera decir algo, agarró a la científica del antebrazo y prácticamente la arrastró en dirección a los sanitarios, dejando detrás de si a un par de confundidos asgardianos, quienes únicamente se voltearon a ver desconcertados.


- ¡Darcy! – exclamó Jane una vez que entraron en el baño y la joven la soltó para revisar si eran las únicas en el lugar - ¡¿Pero qué te sucede?!

- ¡Es terrible, Jane! ¡Horrible! ¡Y todo es mi culpa! – inició Darcy en cuanto se aseguró de que nadie las acompañaba en el lujoso baño público del restaurante del hotel.

- ¿De qué hablas? – preguntó Jane sin comprender absolutamente nada.

Darcy recargó su espalda en la pared más cercana, se tapó la cara con las manos y trató de tranquilizarse con ejercicios de respiración que en nada le ayudaban. Acto seguido, se destapó la cara y se echó para atrás el largo cabello.

- Me acosté con Bucky – informó Darcy en tono lúgubre. Jane abrió la boca sorprendida, sus cejas arqueándose incrédulas.

- ¿Qué? – pronunció - ¿Cuándo?

- Anoche – respondió Darcy en el mismo tono de voz.

- ¿Y cuál es el problema? Ya lo habían hecho antes, ¿no? – señaló Jane aún más confundida.

- ¡El problema es que esta mañana Steve encontró a Bucky en mi cuarto! – expuso Darcy, poniéndose de nuevo histérica - ¡En este momento debe de estar golpeándolo o algo parecido! ¡¿Te das cuenta, Jane?! ¡Acabe con una amistad de casi un siglo! ¡¿Puedes creerlo?! ¡Soy una persona despreciable! ¡Y ya los busqué por todas partes y no los encuentro! ¡Es como si se los hubiera tragado la tierra, Jane! ¡Tengo que hablar con Steve! ¡Todo fue mi culpa! ¡Bucky…

- ¡Darcy, tranquilízate! – la interrumpió Jane, posando sus manos sobre sus hombros. La joven inhaló profundamente y exhaló con lentitud, sus ojos perdiéndose en los mosaicos del suelo – Ahora. Comencemos por el principio. Te acostaste con Bucky anoche después del espectáculo – Darcy movió la cabeza afirmativamente – Esta mañana Steve los encontró – asintió de nuevo – Ahora deben de estar platicando…

- O peleándose – aventuró Darcy.

- …en alguna parte del hotel, ¿no es así? – concluyó Jane sin prestar atención a la intromisión de su amiga.

- Si – masculló en voz baja.

- Muy bien – apartó sus manos de la castaña - Una vez establecido eso, mi única duda es, ¿cuál es el problema? – Darcy la volteó a ver contrariada y abrió la boca con la intención de hablar, mas la astrofísica fue más rápida – Seamos sinceras, Darcy. Jamás has sido el tipo de persona que le importe lo que los demás piensen de ti o de tus decisiones. ¿Por qué ahora de repente te preocupas por lo que Steve pudiera pensar? Y a eso debemos añadir que Steve y Bucky son amigos desde hace más de ochenta años. El hecho de que uno se haya acostado con la amiga del otro no va a destruir su amistad, ni los llevará a los golpes, en especial si hablamos de Steve. Fuera de batalla, el hombre no mata ni a una mosca, Darcy.

- Pero… - intentó hablar la muchacha.

- Así que, ¿cuál es el verdadero problema? – cuestionó Jane, cruzando sus brazos sobre su pecho y mirándola como una madre a su pequeña hija.

Darcy abrió la boca, mas pronto la cerró de nuevo pues no sabía cómo explicar lo que sentía. Se encaminó a los lavamanos y contempló su reflejo en el espejo.

- No debí hacerlo - murmuró Darcy en un tono que Jane apenas percibió. Sus ojos comenzaron a lucir vidriosos en la imagen frente a ella - No debí acostarme con Bucky - se volteó, dándole la espalda a su reflejo y apoyando las palmas de sus manos sobre la superficie de los lavamanos - Fue horrible, Jane. Una de las cosas más estúpidas que he hecho en mi vida.

- ¿Por qué? Recuerdo que la primera vez no hiciste otra cosa que presumir lo bueno que Bucky era en la cama - rememoró Jane - Hasta dijiste que era un dios...

- ¡Ese es el problema! - exclamó Darcy abrumada - ¡Yo ya estuve en la cama con un dios!

La astrofísica realmente no necesitaba escuchar nada más. Comprendía a la perfección lo que le sucedía a su amiga, sin embargo optó por mantener su opinión hasta el final y permitir que la castaña se desahogara. Por su parte, Darcy bajó su mirada al suelo, notando el picor que las lágrimas le causaban en los ojos. ¿Acaso no podía pasar un solo día sin que terminara llorando?

- Todo el tiempo estuve pensando en él - confesó - En sus manos, en su piel, en su voz, en todo. Pero no era él y yo solo quería que fuera él. Que fuera Loki - alzó su cabeza y secó las comisuras de sus ojos con la manga de su chamarra. Acto seguido, lanzó un hueca carcajada que retumbó en las paredes - Estoy arruinada, Jane. Loki me arruinó para el resto de los hombres. Ya no podré divertirme con nadie sin pensar en él, sin desearlo a él. Estoy arruinada.

Jane suspiró con tristeza, se acercó a la muchacha y la abrazó. Ésta no tardó en regresarle el abrazo y hundir su cabeza en el cuello de la científica.

- Es sólo que... no lo entiendo, Darcy - expuso Jane, mientras acariciaba la espalda de la joven rítmicamente en una acción que esperaba fuera reconfortante - Tú amas a Loki y es obvio que él siente algo por ti. ¿Por qué no simplemente intentan ser una pareja?

- No - negó Darcy, moviendo la cabeza de un lado al otro vehementemente, al tiempo que se separaba de su acompañante - Loki y yo no funcionamos como... algo más. Ya lo intentamos y no funcionó.

- Si, pero eso fue antes, cuando Angerboda estaba presente... - inició Jane.

- No, incluso antes de que Angerboda metiera su cuchara, lo nuestro no servía - indicó Darcy - Loki y yo sólo podemos ser amigos. Es lo único que nos sale bien. Y en verdad no quiero perder eso por tonterías. No quiero, Jane.

Dicho eso, Darcy se aproximó a Jane y la envolvió en un fuerte abrazo. La mujer la rodeó con sus brazos, internamente poniendo en duda el razonamiento de su amiga.


Thor intercambiaba su vista de la comida, que reposaba sobre la mesa delante de él, a su hermano, quien releía por enésima vez los apuntes de Jane, haciendo caso omiso a su más que evidente escrutinio.

- Entonces… - habló Thor, colocando sus cubiertos sobre su plato de huevos revueltos.

- ¿Si? – pronunció Loki sin apartar sus ojos del cuaderno en sus manos.

- Mañana me voy a Asgard – puntualizó - ¿Has tomado alguna decisión ya?

- No – respondió Loki con simpleza, por lo que Thor sencillamente cruzó sus brazos sobre su pecho frunciendo el ceño.

- ¿Siquiera lo has considerado? – cuestionó Thor con cara de pocos amigos.

- No realmente – admitió Loki sin tapujos.

- Loki – suspiró Thor exasperado.

- Tengo cosas más importantes en las que pensar, Thor – indicó Loki, pasando una página del cuaderno para leer la siguiente – Como la absurda propuesta que tu querida mujer me ha hecho esta mañana.

- Eso no es excusa – apuntó Thor – Prometiste que lo pensarías.

- No recuerdo tal cosa – expresó Loki con fingida demencia. El Dios del Trueno separó sus labios con un reclamo en la punta de la lengua.

- Buenos días – saludó Steve, acallando efectivamente a Thor y ganándose la atención de Loki, quien lo volteó a ver expectante - ¿Han visto a Darcy? Necesito hablar con ella.

- Estuvo aquí hace unos momentos – señaló Thor – Estaba muy alterada y se llevó a Jane al cuarto de baño.

- Bueno, supongo que la esperaré – señaló Steve, sentándose a lado de Thor en el lugar que momentos antes ocupara Jane.

- Lo veo un tanto preocupado, capitán - comentó Loki con curiosidad disimulada - ¿Acaso ocurrió algo?

- Nada de importancia - respondió Rogers.

- ¿Y el sargento Barnes? No lo he visto esta mañana - cuestionó Loki.

El Capitán América arqueó una ceja en actitud de sospecha, percatándose enseguida del verdadero interés detrás de las preguntas del Dios del Engaño. Quiso pensar en una respuesta lo suficientemente astuta como para dejar a Loki insatisfecho, mas su atención en seguida se concentró en Darcy y Jane, quienes caminaban a paso lento hacia la mesa. Tan sólo ver el semblante cabizbajo y los ojos hinchados y rojos de su amiga fue necesario para saber que la joven había estado llorando. Por un instante consideró posponer esa platica para otro momento, sin embargo, era necesario que ambos conversaran sobre lo ocurrido; razón por la cual, el capitán se puso de pie, llamando de esa manera la atención de Darcy. La castaña abrió los ojos como platos e hizo el ademán de escapar, pero Jane fue mucho más rápida al agarrarla de los hombros y dirigirla sin escalas a la mesa.

- ¿Podemos hablar? - preguntó Steve en cuanto las dos mujeres alcanzaron la mesa. Tanto Thor como Loki voltearon a ver a las recién llegadas. Si Rogers se percató de la veloz mueca de preocupación que surcó la cara de Loki, actuó como si no hubiera visto nada.

La respuesta de Darcy fue un ligero asentimiento de cabeza. El rubio asintió de la misma forma, se dio la media vuelta y empezó a caminar hacia el lobby del hotel con Darcy siguiéndolo de cerca. Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos de cualquier oído indiscreto, Steve se detuvo y encaró a la muchacha, quien lo sorprendió con una inusitada expresión defensiva.

- En mi defensa y la de Bucky, los dos somos lo suficientemente adultos como para saber que hacemos - señaló Darcy - Bueno, él algunas décadas más que yo, pero ese no es el punto. El punto es que soy una mujer adulta, soltera y libre que puede acostarse con quien quiera, cuando quiera y...

- Darcy, eso ya lo sé - la interrumpió Steve con cierto rubor en las mejillas. Realmente le costaba mucho trabajo imaginar a Darcy como una mujer. Para él era su amiga, casi como una hermana - No tengo ningún problema con las decisiones que tomes en cuanto a... ese tema. Como bien lo has dicho, eres libre de hacer lo que quieras.

- Entonces... ¿no golpeaste a Bucky? - inquirió Darcy.

- ¿Por haber olvidado las múltiples veces que le pedí que se mantuviera lejos de ti? - habló Steve - No. Bucky también es un adulto y sabe lo que hace. Lo único que quisiera entender es por qué.

- ¿Por qué? - repitió Darcy, ladeando la cabeza confundida - Bueno... no sé cómo explicarlo, pero los seres humanos tienen ciertas necesidades, ya sabes, como comer o respirar. Una de ellas es el sexo...

- Eso también lo comprendo a la perfección - intervino Steve, el rojo de sus mejillas aumentando - Entiendo el concepto del sexo sin compromiso. No lo apruebo, pero lo entiendo. Supongo que mi pregunta aquí sería, ¿por qué Bucky? Pensé que estabas enamorada de Loki, ¿no habría sido una mejor y más lógica opción?

Darcy observó al hombre como si de un profeta se tratará. ¡Por supuesto que habría sido una mejor y más lógica opción... si la última vez que ella y el Dios del Engaño estuvieron juntos en una cama no hubiera terminado tan mal. Las palabras "una agradable compañía" resonaron crueles en su cabeza.

- Loki y yo sólo somos y seremos amigos, Steve - puntualizó Darcy secamente - y le agradecería al mundo si no volviera nadie a meterse en el tema.

Y sin decir una palabra más, Darcy giró sobre sus talones y se alejó del capitán, encaminando sus pasos al elevador. No, hoy no tenía ganas de soportar a nadie.


Para aprovechar sus últimas horas en Las Vegas, Jane, Pepper y Bruce optaron por dar un recorrido en el Jardín Botánico del Bellagio, paseo al que se unieron Darcy, Steve, Thor y Loki, mientras el resto disfrutaba del casino. Darcy habría preferido hundirse en su mullida cama de hotel y no salir de ahí hasta que el avión estuviera listo para despegar, mas la idea no le pareció en nada a Jane, la cual le devolvió el trato de la mañana al llevarla casi a rastras al lugar. Ignorando el fastidio inicial, la joven pronto se vio encantada con los exuberantes colores de algunas flores y ni que decir de la aterciopelada voz de Loki, que le servía de enciclopedia ambulante. El asgardiano se había ubicado a su lado a penas pusieron un pie en el Jardín y hecho su tarea personal instruir a Darcy sobre cada espécimen que se exhibía allí. Y por supuesto que la muchacha no se negaría a disfrutar ese pequeño momento de cercanía.

- Thor quiere que lo acompañé a Asgard – soltó Loki de la nada, mientras Darcy admiraba una flor de brillante color azul. La mujer giró su cabeza para encarar la calmada faz de su acompañante. ¿A Asgard?

- ¿Para? – inquirió Darcy sorprendida. Esa debía de ser la primera vez que Thor hacía algo como eso.

- Al parecer, habrá una fiesta en honor de Sigyn y mío – explicó Loki, reiniciando su caminata –, para agradecernos por haberlos salvado del control de Angerboda.

- Vaya, eso suena… bien, supongo – opinó Darcy, alcanzándolo rápidamente - ¿Y piensas ir?

- Aún no lo decido, aunque la idea de volver a Asgard no es algo que me entusiasme en demasía – expuso Loki – Claro que sería entretenido verlos agradecerme por una vez en su existencia.

- Creo que deberías de ir – consideró Darcy, causando que Loki arqueará una ceja en su dirección – Oye, es una fiesta, lo que significa comida gratis y posibilidad de regalos. Y bien puede ser una oportunidad para limar asperezas. Ya sabes. Con tus padres.

- Dudo que algún día pueda "limar asperezas" con los reyes de Asgard – expresó Loki –, en especial con Odín.

- Como dice el buen Justin Bieber, "nunca digas nunca" – apuntó Darcy.

- ¿Estás consciente de que antes de él, personas con mayor capacidad intelectual pronunciaron esa frase? – inquirió Loki con cierto asco.

- Si, pero ninguno de ellos sale a diario en las noticias por cada estupidez que hace – argumentó Darcy – Lo que me recuerda a mi hermosa, hermosa televisión. ¿Sabes qué extraño de ella? Los reallity shows. Jane los tiene prohibidos en su casa desde que Thor se obsesionó con esos tipos que subastan y compran bodegas. ¿Puedes creer que incluso quiso ir a una de esas subastas? Casi convence a Steve de acompañarlo.

- Interesante – dijo Loki – Una anécdota más para ridiculizar a mi hermano en caso de asistir a esa fiesta.

- Creo que cerraré mi boca antes de que escribas un libro y lo publiques – bromeó Darcy – Pero hablando en serio, ¿qué te parece una película?

- ¿Perdón? – cuestionó Loki sin comprender.

- Hoy en mi casa para festejar mi triunfal regreso – aclaró Darcy, rogando porque no se notará su nerviosismo – Tú y yo, como en los viejos tiempos.

Loki detuvo sus pasos atónito. ¿En verdad acababa de invitarlo a pasar una velada solos en su apartamento? Examinó la expresión de la joven en busca de algo que le indicará lo contrario, mas, al no encontrarlo, sonrió.

- Considérelo una cita, señorita Lewis – asintió Loki, causando que una gigantesca sonrisa se formara en los labios de su acompañante.

Las horas de vuelo entre Las Vegas y Nueva York le resultaron a Darcy interminables. El Dios del Engaño se había negado a acompañarlos en el avión y ambos quedaron de verse en el departamento de ella en cuanto llegará, hecho que mantenía a Darcy entre nerviosa, impaciente y ansiosa. Sería su primera vez solos desde… bueno, desde esa innombrable noche.

Alrededor de las nueve de la noche, la limusina de Tony dejó a la joven frente a su edificio, no sin que antes Jane le diera varias indicaciones de seguridad y la hiciera prometer que le llamaría si ocurría algo extraño mientras estaba sola. A penas había cerrado la puerta detrás de ella y soltado su bolsa sobre la barra de la cocina, cuando escuchó un golpeteó contra la superficie de madera. Extrañada y preguntándose quién sería a esas horas de la noche, fue hacia la puerta y la abrió. De acuerdo, estaba esperando a Loki, pero encontrarlo ahí en el pasillo, tocando su puerta, como si necesitaría permiso para entrar o necesidad de anunciarse, le provocó una incómoda sensación en la boca del estomago. ¿Por qué no simplemente se apareció como siempre? ¿Por qué no aprovechó la oportunidad para asustarla y luego burlarse de ella como solía hacerlo cada noche? ¿Por qué no se paseaba por el lugar como si le perteneciera tal y como acostumbraba? La respuesta era clara y cayó sobre Darcy como una balde de agua fría: porque ya nada era como antes y, seguramente, nunca lo volvería a ser. Haciendo a un lado todo pensamiento oscuro, Darcy sonrió, permitiendo que Loki entrara al departamento. Ambos se sentaron en el sillón y fue cuestión de unos minutos para que Darcy encontrara una buena película que ver. La conversación no tardó en darse y no fue difícil que la mujer olvidara por completo el suceso de la puerta o el hecho de que el jotun se había sentado exactamente en la orilla opuesta, permaneciendo estático en todo momento, como si estuviera concentrado en no moverse del punto bajo ninguna circunstancia.

El cansancio de las largas horas de vuelo, aunado a lo poco que durmió la noche anterior, poco a poco sumió a Darcy en un estado de somnolencia conforme la película avanzaba. Si le preguntaran, no habría podido indicar el instante preciso en que sus parpados se cerraron. Tampoco habría sido capaz de explicar su reacción al despertar. No era extraño que se quedara dormida mientras observaba una película o cualquier programa con Loki. Mucho menos le extrañaba que el Dios de las Travesuras se esperara hasta el final para apagar todas las luces, cargarla entre sus brazos, llevarla a su recámara y recostarla sobre su cama. Incluso admitiría que varias veces se hizo la dormida por la única razón de sentir el calor de Loki tan de cerca o porque sencillamente le daba pereza caminar del sillón a su cama. Estaba acostumbrada a eso. Le encantaba. Y, a pesar de ello, en cuanto sintió entre sueños las manos de Loki tocándola, no pudo contener el grito de terror, ni detener su mano antes de que abofeteara de lleno en la cara al asgardiano.

El tiempo aparentó detenerse al instante, Darcy pasmada contemplando con horror a Loki, y este con la cara volteada, sereno, con sus labios cincelados en una fina línea y sus fríos ojos vacíos. A continuación, se puso de pie con parsimoniosa lentitud, sin posar una sola vez su mirada sobre Darcy.

- Disculpa si te asuste, no fue mi intención – se excusó Loki con una tranquilidad que heló la sangre de la muchacha – Será mejor que me marche. Nos vemos mañana.

Y sin decir una palabra más o aguardar a que Darcy dijera algo, desapareció frente los atónitos ojos de la joven.

Una vez que su cerebro logró comprender lo sucedido, la castaña se llevó una mano a la boca, mientras las lágrimas se precipitaban de sus ojos una vez más. Tenía razón: ya nada era como antes y nunca lo volvería a ser.


Era un hombre de paciencia y lógica. Después de las crudas palabras de Darcy durante su primera noche en Las Vegas, había pasado varias horas convenciéndose a sí mismo de que el único culpable de lo acontecido era la exorbitante cantidad de alcohol que la joven había consumido. Se repitió una y otra vez como un mantra que Darcy no pensaba aquello y que ya lo había perdonado por sus faltas. Cuando, a la mañana siguiente, la mujer lo trató como si nada e incluso intento disculparse, vio sus pensamientos confirmados. Lo difícil vino esa noche, al verla retirarse del bar acompañada de Barnes y sentir sus presencias juntas durante toda la noche. Poco le faltó para encaminarse a la habitación de Darcy con el objeto de matar al impertinente soldadito y dejarle en claro a la joven que era suya y solamente suya. No obstante, el poco sentido común que aún le quedaba lo contuvo, recordándole que Darcy no era en ninguna manera suya y, por lo tanto, no tenía ningún derecho de meterse en su vida o en sus decisiones. El ameno paseo en el Jardín Botánico y la inesperada invitación a su casa para ver una película, le hizo creer ilusamente que todo había quedado atrás y que sería cuestión de tiempo para que su relación con la castaña regresara una vez más a las vías de las que se descarrilara meses atrás. Para asegurarse de ello se propuso comportarse de la mejor manera posible. Tocó la puerta al entrar, mantuvo una distancia propia y obvió olímpicamente los fugaces recuerdos que aparecían en su cabeza, rememorándole sucesos acontecidos en ese mismo sillón de muy poca inocencia.

Sin embargo, no importaba cuanto quisiera engañarse, nada estaba bien entre Darcy y él, y la realidad no tardó en hacerse presente en forma de bofetada en cuanto trató de cargar a la mujer para llevarla a su cuarto tal y como acostumbraba hacer en el pasado. Le costó demasiado autocontrol no explotar frente a su "amiga", mas una vez que estuvo lo suficientemente lejos de allí, en medio de un desconocido bosque, se dio a la tarea de descargar su furia en contra de cuanto árbol, arbusto o ser viviente se le cruzará en el camino. No, nada estaba bien. Absolutamente nada estaba bien. Le hubiera gustado culpar a Angerboda, pero sabía bien que él único culpable era él. Él, su estúpida ceguera y su maldito orgullo. Ni siquiera Darcy guardaba culpa alguna. No, la mujer era solamente una víctima más de él, una persona más a quien le destruyó la vida, alguien que simplemente merecía algo mejor.

El sol comenzaba a salir por el horizonte cuando se hizo presente en el Punto del Bifrost en Nuevo México. Los agentes de S.H.I.E.L.D. que iban de un lado al otro detuvieron sus pasos para observarlo caminar hacia Thor, quien, parado al centro de la marca en la arena, hablaba con Sitwell, al parecer, sobre la duración del viaje. El Dios del Trueno no tardó en notar su presencia y lo recibió con una gigantesca sonrisa y un golpe en la espalda. La idea de regresar a Asgard seguía sin gustarle. El prospecto de enfrentarse a Odín, a Frigga y a la horda de imbéciles amigos de Thor mucho menos. Sin embargo, necesitaba salir de ese endemoniado planeta de inmediato. Poner, como dicen los mortales, "tierra de por medio" entre Darcy y él. Probablemente, era lo que ambos requerían. Espacio y tiempo para reflexionar, para temperar las emociones que amenazaban con hacerlo explotar en cualquier momento.

Sitwell se despidió con un apretón de manos de Thor y el rubio no perdió tiempo en pasar su brazo detrás del cuello de su hermano en la pantomima de un abrazo. Loki rodó los ojos, preguntándose si no terminaría arrepintiéndose de aquello, al tiempo que la potente voz de Thor llamaba a Heimdall y el remolino de colores que era el Bifrost atravesaba el cielo y los rodeaba, llevándolos de regreso al lugar que ambos solían llamar hogar.


Y después de casi un año (estamos a tres días de que se cumpla), ¡aquí está un nuevo capítulo!, que espero les haya gustado y haya valido la espera. Ahora algunos anuncios:

- Primeramente, quiero pedir disculpas por la tardanza. Ha sido un año un poco difícil, pero parece que ya todo está regresando a su lugar. También quiero agradecerles a todos su paciencia y su apoyo a lo largo de estos meses; en verdad son una parte muy especial de mi vida y no sabría que hacer sin ustedes.

- Dados los acontecimientos de las últimas películas (Thor 2, Capitán América 2 y Guardianes de la Galaxia) creo que es justo decir que esta historia está oficialmente fuera del canon, porque simplemente me es imposible adaptarla a tantos sucesos (me niego a aceptar la muerte de Frigga, Thanos y El Otro murieron a manos de Loki y aún no me recupero de lo ocurrido en el Soldado del Invierno). Por supuesto que hay ciertas cosas que puedo meter sin alterar la historia (¡Coulson y su equipo!), así que esperen apariciones sorpresas.

- A partir de hoy habrá fecha de actualización que ustedes podrán encontrar en mi perfil. Para ser más prácticos quítenle o súmenle dos días en promedio.

- Volveré a responder a los comentarios, aunque es posible que me tarde un poco en hacerlo.

Sin nada más que decir, nos vemos pronto (en verdad, pronto; no volveré a tardarme un año).

Adiós ;)