Una mañana en compañía mi enemigo

Jessica & Shidou


No importaba cuántas veces lo viera, simplemente seguía sin creerlo pese a que lo estaba viendo. Era más que obvio que lo adoraba en verdad, pero su miedo al rechazo le impedía verlo. No importaba cuántas veces estuviera con él, siempre se sentía pequeña sí pensaba en las otras chicas con la que él vivía.

Jessica Bailey era una excelente miembro de DEM, de eso no había duda, pero su manera de relacionadas con el mundo simplemente era un fiasco. Nunca pudo volver a tener novio, jamás pudo llevar una vida tranquila como cualquier adolescente debido a su don por la que Westcott la escogió, y peor aún, jamás tuvo la oportunidad de ser feliz como lo era hoy en día.

Sí, era libre en cierta forma ya que su única misión era espiar la residencia donde los espíritus residían, pero eso no significaba que fuera feliz, al menos no al inicio de su misión. Tuvo que pasar por mucho antes de tomar el valor de ir enfrente e intentar tomar la vida del chico cuya forma de ser le resultaba molesta como dulce.

¡Ahí estaba de nuevo! ¡Esas emociones saliendo a flote por cada vez que pensaba en él! No importaba las veces que sus ojos se cruzaran con los suyos, simplemente no podía dejar de soñarlos. Ella soñaba cada día desde aquella vez el despertar a lado y que esos ojos ámbar le mirasen con cariño, que le susurraran buenos días mientras intentaba luchar para no seguir enamorándose de alguien tan perfecto como lo era él.

¡No! No era correcto; era imposible que ellos se llevaran bien. Eran enemigos a fin de cuentas, un día deberían tomar una decisión y cuando la tomaran, los dos se irían por rumbos distintos, él se iría por un rumbo distinto. La dejaría sola, triste y con un corazón roto; el día que se separen, bueno, simplemente ya no estarían juntos…

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella.

Y sin embargo, él estaba en su casa, en su habitación, a escasos centímetros de ella demostrando que seguían juntos.

—Vine a ver cómo seguías—la sencillez con la que habló pasaría desapercibida por cualquier otra persona, pero Jessica no era otra persona y sabía que él estaba preocupado—. ¿Te sientes mejor? ¿O prefieres que llamemos al médico?

—No, no es necesario—contestó nuevamente, pero esta vez sintiendo un fuerte dolor en su vientre.

—Jessica…

—En verdad no es necesario llevarme a un médico.

—No quiero que te pase nada, tonta.

—Mira quién lo dice.

Shidou formó una sonrisa tras ver que esa actitud terca seguía muy presente en su amiga. Ya iban para dos semanas desde que se reencontraron y una bella amistad se había formado o al menos, así lo veía él.

—Hay una buena razón por la que un adulto debe aprender a cocinar, pero por lo visto tú ni siquiera has podido aprender eso—masculló él mientras tomaba asiento junto a su espía quien se recostó nuevamente sin dejar de verlo—. Dime, ¿ya has pensado en la propuesta que te hice?

—Lo he hecho, no hay duda, pero por el momento no pienso traicionar a DEM—contestó ella con seriedad.

—Nunca te pediría eso.

—Lo sé.

Shidou se levantó de la cama y caminó en dirección de las ventanas para abrir esas cortinas que oscurecían la habitación de la bella dama quien al recibir los rayos del sol en su rostro no pudo más que quejarse. ¿Por qué él buscaba torturarla de esa forma? ¿Tan mala era ella para ser sometida ante semejante castigo?

—Eres la reina del drama—las risas no se hicieron esperar; ambos amaban esta rutina que tenían de unos cuantos días para acá y que les ayudó a ganar confianza en su relación—, sí no tienes nada, lo mejor será que te vistas.

—¿Por qué no vienes a hacerlo? —en ese momento Jessica hizo una jugada que el pobre Itsuka no esperaba y del cual no se encontraba preparado—. ¿Cuántas veces has soñado con ver los senos de una chica? —la voz de la muerte se volvía más sensual a la vez que ella dejaba ver cómo únicamente su brazo derecho evitaba que cierta parte de su cuerpo fuera vista sin su autorización.

—Eres de lo peor, pero fue mi error el haberte dicho en aquella ocasión lo que más me gustaba de las chicas—aceptar su "error" simplemente era una lección más para no hablar de más.

—Sí, creo que debiste pensarlo mejor antes de decir eso.

—Lo sé, lo sé; pero solo para recordarte, he visto los pechos de todas ellas y me sorprende que Miku y Muku te ganen.

—¡Pervertido!

Como si de un juego se tratase, Jessica buscó asesinar a Shidou usando su almohada mientras cubría su cuerpo con la sábana de su cama. La escena era graciosa e incluso se podía interpretar como una escena típica de parejas, aunque esté no era el caso.

Ya calmados, los dos bajaron a la planta baja. El rostro de la mayor de inmediato se puso rojo por la pena que sentía, pero esta vez no se debía a la compañía del chico, sino a lo poco que había remodelado su "casa". Desde que llegó, únicamente su habitación había sido acondicionado o al menos, parcialmente.

La primera ocasión en que Shidou llegó a aquel lugar donde ella dormía, terminó topándose con un área sucia y descuidada que decía mucho del estado mental de la mujer. Sostenes tirados en cada rincón, bolsas vacías de comida y latas de cerveza en la cama era lo que podía observar a simple vista, sin mencionar la pequeña montaña de vestidos que se hallaba afuera del armario.

No sintió pena en un inicio, pero tras ver como el chico la ayudaba, sintió asco de su forma de ser por lo que también se le unió. Ahora su habitación era decente, todo gracias al tonto chico que tenía que como amigo, pero eso no significaba que su vergüenza disminuyera. Sabía que debía comprar cosas, por lo que le pediría un día que la acompañara a ver muebles y de paso, disfrutar un rato a solas antes de matarlo.

—¿Y vas a aprender a cocinar? —preguntó Shidou, tomando dirección a la cocina mostrando el mandado que había traído.

—¿A qué viene eso? —Jessica sospechaba que algo se traía en manos, pero al ver su cocina, notó los cambios—. No me digas que me vas a enseñar a cocinar… ¡Ja! ¡Lee mis labios! ¡Nunca!

—Pensé que querías ser la mejor de todo DEM—susurró él, lo que provocó que ella se molestara aún más.

—Se-Seré la mejor, ya lo verás, tan pronto sepa las debilidades de todas y las venza, Westcott me tendrá que poner como su mejor miembro—sus palabras buscaban sonar fuertes, pero en el fondo sabía que jamás podría vencer a Ellen, ni mucho menos podría acabar con la fama que Takamiya Mana se había hecho—… sí, su mejor miembro—dijo en voz baja mientras desviaba su mirada a otro lado.

Shidou soltó un suspiro. Nuevamente había tocado una fibra sensible ella y el ambiente se puso más tenso entre los dos.

—Oye—dijo ella sin siquiera verle.

—¿Sí?

—Creo que aprender a cocinar no me vendría mal—Jessica entendía que no era normal nada de esto, pero le agradaba y por eso quería continuar—. No quiero que me vuelva a doler el estómago por mal pasarme, pero no creas que hago esto porque me guste, ¿entendiste?

«Lo que me faltaba, una Tsundere como Ellen»

Lejos de ahí, una mujer de ojos amatistas se hallaba en una cama grande. Ellen Mathers ostentaba el título de la maga más fuerte, pero no estaba preparada para la broma que su mente le jugó.

—¡¿Por qué soñé nuevamente que Itsuka Shidou me cargaba?! —exclamó ella toda roja para después soltar un estornudo anormal—. ¡Maldita sea! ¿Acaso estás hablando de mí, Itsuka Shidou?... ¡Espera! ¿O acaso estás pensando en mí? ¡No! ¡No! ¡Esos pensamientos son malos! —ella pronto se desplomó en su cama donde miró su teléfono el cual pensaba tomar con duda solo para terminar desechando esa idea que tenía—. D-Después le pido los reportes a Jessica.

Regresando con la espía, esta se vio adentrada en el arte culinario por parte del chico. Tal era su desinformación que casi quemaba la cocina con una estufa eléctrica.

—Mejor aprendamos a realizarnos un sándwich—dijo Shidou mientras sostenía un extintor pequeño en su mano.

—Esto es una perdida de tiempo—afirmó ella—. Mejor me quedo con las sopas instantáneas.

—Te vas a volver a enfermar, no es correcto consumirlas cada vez que tengas hambre.

—Podría ir comer a otro lado si ustedes no fueran demasiados y si no se quedaran unos en casa como tú.

—No siempre salgo con ellas, ¿Lo sabes?

—Tenía entendido que las llevabas a una cita para enamorarlas y toda esa cosa cursi.

—¿Celosa?

Los ojos de Jessica se abrieron de golpe tras eso último. Una fuerte ira la invadió por dentro y de un rápido movimiento logró poner al chico en el suelo, con escasos centímetros entre rostro y rostro.

—¿Crees que soy una mujer celosa? —preguntó ella esperando la respuesta que él le diera.

—Lo eres—respondió sin miedo de ella.

Jessica estaba decidida a asesinarlo en ese momento por tal falta de respeto, pero entonces el dolor en su vientre regresó. Maldijo su hábito de comer sopas instantáneas y se desplomó encima del chico quien arroja fuera su extinto para atraparla y darle así una sonrisa que logró enojarla aún más.

—¿Deseas seguir aprendiendo a cocinar? ¿O prefieres que vayamos por comida chatarra?

—Te odio.

—Lo sé.

Como odiaba estar equivocada. Siempre era lo mismo, alguien más venía y de alguna forma le hacían darse cuenta de lo errada que se hallaba y eso, en el fondo, siempre la llevó a la locura. Ella deseaba ser perfecta, deseaba serlo, pero nunca encontraba formas para hacerlo.

Sonrió con cierta falsedad. No deseaba que él se diera cuenta de que se estaba sintiendo mal y no por un dolor de estómago, sino por otras cosas más personales.

Ya de pie, los dos regresaron a la pequeña clase que él le estaba impartiendo. Aún siendo uno de los mejores miembros militares de DEM, se dio cuenta de que le hacía falta demasiada práctica en el mundo real. Su primera comida, un simple huevo estrellado, salió mal y eso la frustraba.

—No fue tan malo—comentó él intentando que ella se sintiera mejor.

—¿Puedo intentarlo de nuevo? —preguntó, pero esta vez más seria que antes.

—¿Te encuentras bien? —Shidou estaba preocupado ya que notó un ligero temblor en las manos de Jessica, lo que lo preocupó e incluso le hizo reflexionar sobre lo que dijo hace rato—. Sí deseas, yo…

—¡Jessica Bailey no va a fracasar este día! —exclamó ella mientras un aura parecida al fuego la envolvía solo para después ver directamente al chico apuntándolo con el dedo—. ¡Créeme que voy a prepararte el mejor huevo para que veas lo buena que soy! ¡No pienso fracasar! —para Jessica esto era el todo o nada, no podía derrumbarse si lo pensaba y cómo dijo antes, ella sería la mejor de todos.

Pasaron las horas, con el tiempo ella perfeccionó sus habilidades muy rápidamente, aún cuando estas se encontraban muy lejos de las de Shidou, había logrado preparar un huevo que a simple vista parecía bueno, pero al probarlo, estallaban los sabores en la boca.

—¡Es delicioso! —exclamaba el Itsuka contento.

—Sabía que podía aprender a hacerlo, solo necesitaba pulirme un poco—respondió ella para soplarse las uñas en señal de orgullo por su trabajo y esfuerzo—. ¿Qué sigue?

—Irme, las chicas están preocupadas y Tohka está esperando para que pruebe la comida que ella y Origami preparan—él mostro su teléfono donde se apreciaba una imagen enviada por Kotori quien veía la intensa lucha entre ambas chicas por darle una buena comida.

—Malditas… —Jessica detestaba admitirlo, pero esas dos chicas se veían asombrosas en dicha imagen—. Bueno, entonces mañana te veo, ¿verdad?

—Entonces nos vemos—respondió para ir a la salida.

Para Jessica todo esto era extraño, pero agradable; si lo pensaba, como siempre lo hacía, se daba cuenta de que el chico se había vuelto muy especial para ella, y aunque le costara admitirlo, sentía celos de las chicas quienes acaparaban su atención.

Entendía que no debía relacionarse con él, pero ya no le importaba nada, ni siquiera si Ellen llegase un día y le diera la noticia de que el benevolente Isaac Westcott se cansó de ella despidiéndola y diciéndole que es una fracasada. ¡Al demonio con todos en DEM! Nadie la respetaba desde su derrota a manos de Mana, cómo si en verdad conocieran el alcance de la joven como para dar su opinión.

Ella ya no quería seguir con esas ataduras, sin embargo, estaba destinada a llevarlas por su orgullo. Pasar tiempo con Shidou le había ayudado bastante por más que quisiera negarlo, pero su vida le pertenecía a DEM, y ella nunca podía traicionarlos, en especial porque su maldito orgullo no la dejaba.

—Como me gustaría pasar más tiempo contigo—susurra ella en voz baja escuchando el sonido de alguien llamando a la puerta—. ¿Shidou? ¿Acaso se te olvidó algo?... ¿O a caso deseas verme una vez más? —dice ella en un tono juguetón, acomodando su cabello para que el chico viera su belleza.

Ella estaba dispuesta a lucir linda, en especial para él.

Ya en la puerta, se miró a un espejo que se encontraba en la pared para verse un poco. Estaba lista para molestarlo y de paso bromear con él sobre su evidente regreso, pero lo que no se esperaba, era encontrarse con alguien a quien hace tiempo no veía… La causante de sus desgracias era quien tocaba a la puerta.

—¿Jessica?

—Oh… Takamiya Mana.

Las dos estaban frente a frente, sintiendo como el aire comenzaba a tensarse a su alrededor.

—Me arrepentiré por esto—ella no estaba segura si estaba loca, o si mente intentaba idear una forma ingeniosa de vengarse de la chica que la llevó a la desgracia, pero estaba segura de que estaba condenándose a pasar un mal rato—. ¿Deseas pasar y tomar algo?

—S-Seguro—responde Mana pasando a lado de ella—. Es bueno saber qué estás bien.

—Lo mismo digo.

Parecía que el destino quería jugar con ellas dos. Tal vez era un buen momento para volver a hablar con su antigua camarada, pero entendía que esto sería mucho para ella, pero si podía conversar… Bueno, de todos modos no estaba segura de nada, en especial si ella sabía su misión y venía a encararla por eso.

—Te he extrañado, Jessica.