Jajaja, esta vez Absemaje no la pegó. XD Aunque sería genial, me prendiste el coco para hacer otro fic, aunque ya esperaré al próximo manga, a ver como sigue y tomarlo desde allí. Mi cabeza imagina tantas versiones. Esta es la mas "light" la que más clara se me presentó, verán que es muy sencilla. Bueno, espero que les guste.
¡Disfruten!
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¿Resolución del problema?
-.-.-.-
-.-.-
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Sullivan tenía un problema moral...
¿Saben cuando una persona tiene que debatirse entre decir una verdad que puede que lastime a todo el mundo, y una mentira que mantendrá las cosas en paz? Sí, esa clase de problema moral.
Sullivan estaba confundida. Por una parte, si las cosas funcionaban, se liberarían de la maldición, no habría ningún problema, las mujeres de su pueblo nunca se enterarían de la verdad y podrían ser libres... Si no funcionaba... Bueno, tendría que vivir con las miradas recriminadoras de todo mundo. Eso, y cuando los visitantes decidieran tomar el asunto por sus manos, las cosas se saldrían de control.
Porque ella estaba segura de que ellos venían para encargarse de ese asunto. Sullivan no era estúpida, ¿por qué otra razón alguien iba a entrar en el bosque? En ese mismo sentido, era obvio que algunos de los integrantes de ese extraño equipo tenían una procedencia fuera de lo normal. De hecho, en eso pensaba cuando los dejó entrar. Nunca se le ocurrió que uno fuera un demonio, dudaba de si era algo en realidad sobrenatural... Pero Sullivan tenía un presentimiento. Si fueron capaces de entrar, eso significaba que no eran humanos ordinarios. Tenía una corazonada y... Y bueno, Ciel Phantomhive era un chico que había captado completamente su atención.
Sacudió la cabeza. Ese chico parecía tener muchos problemas. Al igual que ella, que estaba sometida bajo un contrato que solo les traía desgracias. Hablando de ironías. Sullivan no era ni idiota ni masoquista como para querer navegar en esas aguas turbulentas.
En cuanto al mayordomo... Era un ser extraño. Parecía estar muy apegado a ese humano, a esa "alma" como sabía se referían los seres espirituales a las personas. Pero bueno, ella no podía hablar mucho de esa situación. Ese mayordomo también le gustaba. Era atractivo, aunque muy maleducado para su gusto. Más bien ¿impertinente? No le convencía esa actuación de mayordomo perfecto. Pero esperaba que lo fuera mientras estuviera bajo su poder. Había una posibilidad de que el demonio no aceptara su manera de solucionar las cosas y quisiera solucionarlo por sus propios medios...
Tonterías. Si hasta ahora le había seguido la corriente, significaba que quería tener la fiesta en paz. Había estudiado ese hechizo, la ceremonia se llevaría a cabo perfectamente. Sebastián quedaría muy agotado porque requería mucha magia, así que se quedarían unos cuantos días más. La ceremonia iría bien, todo estaría perfecto, tendría algunos días de diversión con el conde y el mayordomo, y luego, podrían vivir sus vidas felices y contentas, algo escondidas de igual manera, pero si las cosas salían bien, hasta podrían visitar el mundo exterior. No es que las mujeres del pueblo estén muy dispuestas a visitar a los humanos comunes después de las historias que escuchábamos, pero al menos tendremos esa oportunidad.
Sí, todo iría perfecto. Y mientras ellos estuvieran allí, Sebastián haría esos magníficos dulces de chocolate. Ohh, después de que todo esté bien, Sebastián podría darle la receta a Wolfram. Sí, se dijo mientras se convencía a si misma, todo irá viento en popa.*
Sullivan estaba en el salón, simplemente observando la gran sala, acomodada para visitas que nunca recibía. Debería conseguir una casa más pequeña. Aparte de las fiestas tradicionales de Wolfsschlucht, y las ceremonias del equinoccio**, nunca había reuniones ni nada...
Wolfram interrumpió sus cavilaciones, alegando que iba a llevarla al comedor, ya que la cena estaba lista.
- ¿Qué es lo que está planeando, ama Sullivan?- preguntó dudoso. Esos visitantes le daban mala espina, simplemente quería deshacerse de ellos, sobre todo de ese mayordomo. No entendía qué quería hacer su señora con él, y eso no le gustaba.
-Nada malo, Wolfram, no te preocupes. Si todo sale bien, podríamos liberarnos de la maldición-. Uno de los más grandes inconvenientes que tenía era su sirviente. Él no creía que su plan funcionara, y tenía ciertas bases para pensarlo, pero ella debía intentarlo de todas maneras.
-No estará implicando que...
-¡Por supuesto que sí! Por eso es que lo necesito , necesito mucha magia y...
-¿Y qué pasará conmigo?- preguntó enojado el sirviente. No era posible que su ama fuera tan inconsciente. Le hubiera gustado discutir más el asunto, pero Sebastián interrumpió con una tos, ya que preparando el comedor había escuchado la voz del sr. Wolfram enojado. Eso confirmaba sus sospechas. La situación tenía sentido, aunque por otro lado, había cabos que atar.
- Todo saldrá bien Wolfram- finiquitó la chica. El hombre la alzó en sus brazos y la llevó al destino, aunque seguía dudoso sobre lo que planeaba la chica.
Sebastián se frotó la barbilla en un gesto pensativo. La chica decía que todo saldría bien, pero lo dudaba. Tendría que encargarse el mismo del problema si esto resultaba mal, pero necesitaba la orden de su amo para esto. Esperaba que recuperara la memoria pronto...
La cena fue tranquila. Sin nadie para acompañar a la chica, esta comía de igual manera que siempre- sin modales- mientras sus dos sirvientes la acompañaban en la tarea. De repente, Finny entró en la habitación emocionado, ya que Ciel había recuperado la memoria y exigía ver a Sebastián. Este volteó su vista para pedirle permiso a Sullivan, la cual accedió, con un recordatorio de lo que tendrían que hacer en la noche. Sebastián asintió y Finny miró confundido a la chica sin saber a lo que se refería, pero ambos se dirigieron al cuarto donde estaba el amo.
Desde que salieron al pasillo, notó a un grupo de personas aglomeradas en la puerta de la habitación: los sirvientes. Bard se estaba quejando porque quería entrar, pero Finny les negó diciendo que él no los reconocía propiamente, y que solo quería ver a Sebastián. Todos asintieron, sabían que tenían que esperar, pero estaban esperanzados, ya que si el joven había recordado al mayordomo, posiblemente los recordaría a ellos pronto. Sebastián apoyó esas esperanzas, más por educación que por otra cosa, antes de entrar con delicadeza en la habitación.
Lo primero que su vista divisó fue al chico en medio del colchón con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Parecía estar molesto por no poder ver. Aunque Sebastian podría jurar que estaba enojado por la situación en general.
- Sebastián. ¿Eres tú?- preguntó el joven descruzando sus brazos.
-Sí, joven amo, aquí me encuentro.
- ¡¿Podrías tener la decencia de comportarte como se debe?! ¡Y explicarme qué es lo que esta pasando! ¡¿Qué hacemos aquí?!- empezó a gritar enojado el chico-. Mis memorias están confusas, lo último que recuerdo fue nuestro contrato, algunas memorias al azar y un viaje largo. Ese chico dice ser mi sirviente y alega que tengo trece años. Y de paso ¡no puedo ver! ¡¿Por qué tengo el presentimiento de que todo esto es tu culpa?!
-Joven amo- dijo el mayordomo mientras se sentaba en una esquina y tomaba la mano del joven. Este cerró su boca un momento, esperando que se explicara el hombre-. Estamos en una misión de la Reina. Alemania. Había unos ataques de algo que parecía ser un "hombre lobo" en las afueras de un pueblo. Eso estaba preocupando a su Reina, así que estábamos solucionándolo.
Ciel frunció los labios.
- Parece que no nos está yendo muy bien. ¿Qué le pasó a mi ojo? ¿Por qué lo tengo vendado?- preguntó algo molesto. Esa situación, el no saber lo que estaba pasando, era indudablemente fastidioso. Estaba que pateaba a Sebastián, algo le decía que todo era su culpa, así que apartó su mano, hastiado.
Sebastián sonrió por la mala actitud de su amo y le explicó:
- Estábamos investigando en el bosque, cuando el miasma del hombre lobo nos afectó...
-¿Nos? -preguntó Ciel confundido-. Un demonio como tú, ¿herido por un hombre lobo? ¿Acaso son reales?- preguntó maliciosamente. Aunque la situación le daba mala espina, y no le hacía ninguna gracia. Si se estaban enfrentando a algo que su demonio no podía combatir, no sabría qué hacer. Escuchaba como Sebastián respiraba pesadamente (en lo que parecía contener un suspiro) antes de explicarle la situación. Lo que pasó en el bosque, y lo que pasó después. También compartió sus sospechas, y el joven asintió comprendiendo la gravedad de la situación.
- Ya veo... Siento que recuerdo, pero es como una nebulosa sobre mis memorias. ¿Cuando recordaré todo lo sucedido?
- En un día o dos, según la bruja.
- Bien. ¿Aceptaste ser el mayordomo de esa bruja para salvarme? Qué idiota eres. ¿No sabes que no puedes tomar ninguna decisión sin mi consentimiento?
-Siento diferir, joven amo, pero como mayordomo de la mansión Phantomhive, es mi deber tomar las decisiones si mi señor se encuentra en un estado de incapacidad. Si las decisiones son para su beneficio, y hasta que se recupere.
Sebastián sonreía ampliamente mientras el chico chasqueaba la lengua. No estaba seguro de en qué momento le había dado tantas confianzas a ese demonio, pero le molestaba el tono de impertinencia en su voz. Aunque... no era tanto como... molestia. No, no estaba molesto con la situación, sino con el no poder recordar por qué la situación no le parecía molesta, considerando que no lo soportaba en el inicio. Habían pasado tres años y medio. Quería dedicarle una mirada llena de odio pero ese estúpido vendaje no se lo permitía. Suspiró.
- ¿Vas a aceptar su plan? ¿Qué pasa si no funciona?- dijo mientras volteaba su mirada hacia donde suponía estaba el demonio. Ya era suficientemente malo no tener sentido de la profundidad cuando estaba con su parche normalmente, pero lo único que veía en esos momentos era oscuridad, junto a esos estúpidos recuerdos de ese mes, acechándolo en todo momento. Él era...
-Eso... eso sería una situación desagradable ¿no cree?- Pero como siempre, Sebastián necesitaba una orden para llevar a cabo los cometidos por su amo. Le parecía gracioso que Ciel preguntara por lo que tenía planeado hacer. Sin duda estar herido le confundía el cerebro, ya que él no era la clase de persona que preguntaba sobre lo que harían los demás.
Ciel frunció el ceño. Estúpido demonio. Sabía por qué lo hacía. Él mismo se sorprendió de haberle preguntado, pero bueno, lo que quería saber en ese instante era si su mayordomo tenía un plan. En serio tienes el cerebro revuelto Ciel, Sebastian siempre tiene un plan. Al igual que él, siempre parecía tener una idea en la mente. Pero Ciel se encontraba herido, sin conocimiento de la situación, y como el mismo Sebastián dijo, en momentos de desequilibrio mental el mayordomo principal debía tomar las decisiones que a su amo le convinieran. Pero el amo siempre era quien movía la pieza. Sonrió maliciosamente, mientras estiraba su mano en señal de autoridad.
-Es una orden, Sebastián. Si su plan no funciona, dale fin tu mismo. Mata a ese hombre lobo.
- Si, mi señor***- dijo mientras se inclinaba, por mera costumbre a pesar de que el chico no podía verlo.
Ciel masajeaba sus sienes mientras se recostaba completamente en el colchón.
- El es mi jardinero. Hay una sirvienta y un cocinero. Son extremadamente torpes. Lizzy es genial con la espada. Circenses. Undertaker...- Sebastián sonrió al escuchar que Ciel recuperaba la memoria.
-¿Quiere que deje a los demás entrar? Están ansiosos por verle.
Ciel batió su mano en un ademán descuidado, concentrado en recuperar todas sus memorias. ¿Un tal Ronald? ¿McMillan? ¿Maurice Cole? ¿Profesor Sebastián? ¿Qué? Distintos nombres, distintos recuerdos, se colaban en su mente, haciendo que le doliera. La mayoría eran recuerdos dolorosos ¿Por qué me lastima ver a una de las del circo morir?, Estúpido Shinigami, después de lo que le hizo a Madam Red. Los recuerdos venían sin discreción... Había algunos felices. Una velada con Soma y Lizzy, algo que parece ser un campeonato ganado... ¿Pascua? Cierto, ha pasado mucho tiempo.
Al salir el mayordomo de la habitación encontró los ojos brillantes de todos los sirvientes, y con un suspiro los dejó entrar. Todos estaban emocionados y lo último que Sebastián escuchó fueron gritos desde la habitación. El joven amo sufriría una jaqueca con esa cantidad de estímulos.
Se encontraba caminando por un pasillo, cuando al cruzar en la esquina se encontró con la joven en sus globos de bruja. Ella chocó con él y cayó al suelo torpemente. Sebastián agarró su barbilla en un gesto pensativo y sonrió maliciosamente.
- Debería tener más cuidado, señorita- dijo mientras le levantaba del suelo y la colocaba en sus brazos.
Sullivan resopló ligeramente. Él estaba jugando con ella, pero era divertido. Y bueno, ¿no era lo que ella quería? ¿Algo de diversión? Pero si tenía que ser honesta, le gustaría jugar con Ciel Phantomhive. Pero Ciel Phantomhive no estaba dispuesto, el mayordomo sí, y él si parecía dispuesto a jugar con ella.
La llevaba en brazos al salón especial, porque imaginaba que llevaría a cabo el plan de la niña en ese instante.
- ¿Sabes qué sería perfecto? -Sullivan interrumpió la tranquilidad del momento con su voz cantarina.- ¡Otro masaje!- dijo mientra su cara se adornaba con una sonrisa pícara.
-Usted no aprende, ¿verdad, señorita...?
-No, parece que tengo muy mala memoria- dijo mientras inspeccionaba la mejilla del mayordomo con su dedo.
Era perfecto. Demasiado. Por eso era obvia su carencia de humanidad. Esos pómulos altos, ese cabello que parecía seda, esos ojos marrones rozando el rojo... Era mucho, para cualquier persona. Y Sullivan no se sentía atraída hacia eso en particular.
Bueno... Eso era falso. Decir que no temblaba cuando el mayordomo posaba su mirada en ella era mentira. Pero, tanta perfección. ¿Sonaría idiota si decía que no le atraía sobremanera? A ella le gustaba...
Eso no importaba. Jugueteaba con el pelo del mayordomo mientras rozaba con el dedo su nariz. Durante unos minutos se desconectó de la realidad, pensando. Solo pensando. En ella, en lo que tenía que hacer...
Sebastián lo estaba viendo todo desde un punto de vista más terrenal. Tener a la niña jugueteando con su rostro era incómodo, aunque le divertía la expresión perdida que tenía la chica en su rostro. Como si cargara un mundo en sus hombros, lo que probablemente era verdad. Sebastián la miraba a los ojos intensamente, esperando que dejara de tocarle el rostro.
La chica se dio cuenta de sus acciones y se detuvo inmediatamente. Sus mejillas se sonrojaron y miró hacia otro lado algo molesta. Sebastián rió levemente, y Sullivan volvió a posar su mirada en él.
- ¿Adonde vamos?- susurró la pregunta, en vista de que Sebastián había tomado un camino sin su consentimiento.
Sebastián se detuvo.
- ¿No se supone que haríamos una ceremonia para erradicar al hombre lobo?
-No es erradicar- corrigió Sullivan hundiendo su nariz en el cuello del hombre.- Y no será en ese salón. Tiene que hacerse afuera.
Sebastián tembló al sentir la nariz fría de la joven en su cuello, pero no dijo nada. Cargarla a ella y a esos globos era tarea complicada, menos mal que la chica era pequeña. Tiene once años.
- ¿Necesita algún complemento extra?
- Solo tu presencia... Y tu magia-. Sullivan alzó la mirada y sonrió a Sebastián. Este le devolvió la sonrisa, y ambos rieron. Sullivan porque la situación le parecía extraña. Le daba cierta esperanza de que todo saldría bien. ¿Qué podría salir mal cuando estás en los brazos de un mayordomo-demonio riendo? Sebastián reía porque la situación le parecía divertida. Los humanos eran seres tan extraños. Interesantes, tan... contradictorios. Ella rechazó sus avances en el cuarto y sin embargo estaba allí, tentando al demonio. Había una ambigüedad moral que le recordaba en extremo a Ciel, y no había nada que le gustase más a Sebastián que su amo, el cual era otro ser extremadamente interesante.
Pero el momento no podría durar para siempre. Wolfram volvió a interrumpir la escena, haciendo que Sullivan tratara de salirse de los brazos del hombre, y que Sebastián afianzara su agarre.
Parece que alguien es muy posesivo con su ama...
Sullivan le hizo una seña con la cabeza y Wolfram frunció el ceño y se dirigió a un lugar apartado, fuera de la mansión.
- Puedo preguntar ¿adónde se dirige?-. La chica afianzó su agarre en el cuello. Sebastián tenía el presentimiento de que de ser humano la chica le hubiera dejado sin aire.
- A un cobertizo cerca de donde vamos a ejecutar el hechizo- dijo llanamente, algo decaída.
- ¿Por qué?- preguntó Sebastián por mera educación. Sullivan volteó la vista y soltó una escueta explicación sobre deberes que tenía que hacer, que ninguno de los dos se creyó.
Ya en las afueras de la mansión, la chica preparó un altar con la ayuda de Sebastián, y le obligó a quitarse la ropa para dibujar unos símbolos en su cuerpo. Sebastián hizo rodar los ojos y la chica sonrió mientras posaba sus manos más tiempo del requerido en la espalda y el pecho del hombre, pero siempre evitando la parte central del cuerpo masculino frente a ella. Sebastián carraspeó y ella le sonrió.
- ¿No ha pensado que no es bueno tentar a un hombre, considerando que en sus libros dice que vivimos... empujados por la lujuria? - dijo Sebastián mientras daba esas miradas que pueden atravesar el cuerpo y llegar al alma.
Eso hizo que la chica temblara por un momento, pero suspiró y recobró la compostura.
- Por supuesto que no. Tú eres mi sirviente, por el momento. Yo soy quien tiene absoluto control de la situación-. La chica sonrió ampliamente y Sebastián miró hacia otro lado evitando que la chica viera como rodaba los ojos. Tenía una suerte para encontrase con jóvenes malcriados y necios.
Cuando la chica parecía haber terminado de preparar todo, Sebastián preguntó:
- ¿En qué puedo ayudarle, entonces?
- No debes hacer nada. Básicamente, tú serás un transformador de energía. Como un canalizador. En términos llanos, yo pasaré la magia por ti, y tú la incrementaras, pero yo tendré control del resultado de ese proceso. En teoría- susurró más para si misma, pero Sebastián pudo escucharla.
Él tomo una posición seria por unos momentos.
- ¿Qué pasa si esa teoría no se cumple?-. Le miró de manera fija, y la chica arrugó el ceño.
-No estoy segura. Podrías develar tu verdadera forma, sobreexcitarte y cansarte o simplemente la "conexión" podría fallar. Aparte de eso no creo que pase nada, al menos nada sin resolución. Y que quede claro que si no funciona en esté momento lo repetiremos hasta que funcione- dijo mientras se colocaba las manos sobre la cintura.
-Dirá, hasta que mi señor esté recuperado.
Sullivan suspiró y dijo:
- Sí, eso también. Lo repetiremos hasta que funcione o Ciel se mejore... Lo que suceda primero.
Sebastián sonrió divertido. Si esas eran las consecuencias de esto, entonces no estaba tan mal. Nunca había escuchado acerca de ceremonias de hechiceras que tuvieran a un demonio como catalizador de energía. Era gracioso, y aun así, muy interesante. Ojalá funcionara, para ver cuál era el resultado de esto.
La niña se colocó detrás de él, e inclinó su cuerpo en una posición específica, ambos estaban en el suelo. Sebastián pudo divisar un cobertizo... Y fue lo último que vio ya que su visión se tornó negra. Sentía como cientos de agujas atravesaban cada parte de su cuerpo. La joven estaba casi flotando mientras profería palabras en una idioma extraño y trataba de concentrarse lo más posible. Hubo una explosión de energía, un rugido, un aullido, varios gritos que parecían venir de la boca de Sebastián, y tanto Sullivan como Sebastián estaban preocupados por lo que había pasado.
Algo alejado de allí, Ciel Phantomhive gritaba todo lo que sus pulmones podían. Lo recordaba todo. ¡Sabía que el idiota de Sebastián tenía la culpa!
Los ojos le dolían de las lágrimas contenidas por sentir todas las emociones de un solo golpe. Que maldita sea. Por mucho temple que tuviera, sentir de repente la muerte de Madam Red, la muerte de Doll, la traición de Undertaker... Ya le dolía la cabeza de tanto recordar.
Se quitó las sabanas de encima y las vendas de los ojos. Ya he descansado un día, sería más que suficiente. Se levantó y se bajó de la cama, decidido a buscar al idiota mayordomo.
De esta no se salva. ¿Dónde está? Ciel caminaba descalzo por los pasillos, con solo una bata como ropa, algo desorientado. Revisaba cada puerta que encontraba. Sentía que estaba perdido y eso le fastidiaba.
Encontró a los sirvientes en la cocina -ni idea de como había llegado allí- y se alejó lentamente, con toda la tranquilidad que su estado de enojo le podía otorgar. Sabía que si ellos lo veían iban a obligarle a seguir descansando.
Llegó al otro lado de la mansión, protestando por lo increíblemente grandes que eran algunas casas, cuando un grito demoníaco llenó el ambiente.
¿Ese era...? No, eso es imposible. Porque Sebastián no podría...
El grito sonó durante más tiempo, y Ciel reconoció el timbre de voz de su mayordomo en el. Corrió todo lo que sus pies le daban hasta llegar adonde había escuchado el grito.
Ese maldito mayordomo se las verá conmigo.
El sonido parecía provenir de afuera, así que Ciel se dirigió al exterior sin importarle ensuciarse los pies, con el único deseo de encontrar a Sebastián y reclamarle, porque por su culpa había pasado un día sin ver, rememorando de golpe todo lo sucedido en su vida, dolor por el que no debería pasar nadie.
Al salir vio una escena que casi lo desploma en el suelo. Tuvo que detenerse un momento y tomar aire.
Sullivan y Sebastián estaban en el suelo. A Sebastián una aura negra lo rodeaba, como él sabía que era su verdadera forma mientras que un cobertizo 20 metros hasta allá parecía completamente destrozado.
- ¡Sebastián! ¡¿Qué pasó?!- gritó enojado mientras se acercaba a un jadeante y en forma humana Sebastián.
- Joven amo, yo...
- Puedo resolverlo, puedo resolverlo- se encontraba diciendo Sullivan, más para si misma.
-Qué. Pasó.- demandó saber Ciel, esta vez de manera más calmada, pero igual de furiosa.
Sullivan tragó saliva.
- Imagino que ustedes ya lo sabían... Wolfram es el hombre lobo. El contrato establecía que por las piernas de mi antecesora, los descendientes de las brujas y del hombre lobo estarían en una relación de ama-sirviente, y el las protegería, a cambio de residencia.-. Tomó un momento para respirar mientras se quitaba esa cosa de la cabeza y se acomodaba los cabellos-. Pero cuando la sangre se fue diluyendo, cada vez que ellos tomaban la forma del lobo, estaban fuera de control. Ataca cualquier cosa que le parezca una amenaza. Alguien entrando al bosque, alguien desobedeciendo mis órdenes, y últimamente, algo que sea diferente a mi. Lo hace inconscientemente porque el contrato ya no controla sus acciones- gimió mientras se cubría la boca con la mano y las lágrimas empezaban a salir de sus ojos.
Ciel y Sebastián se miraron brevemente, el chico sin saber qué hacer de momento. Se encontraba pensando en la situación, mientras Sebastián se colocaba sus prendas rápidamente, algo consternado, mientras esperaba las órdenes de su amo... Cuando empezaron a sonar gritos en el pueblo.
- No, no-. Sulivan alzó la vista, y más lágrimas caían de sus ojos-. Temía que esto pasaría pero no pensé...
-¿Que temías que pasara?- preguntó Ciel más calmado mientras se acercaba, se arrodillaba a su lado y colocaba una mano en su hombro.
La chica no encontraba la manera de que el aire llegara a sus pulmones. Se batía de adelante hacia atrás, tratando de tranquilizarse. Se abrazaba a sí misma mientras gemía quedamente.
- Que con si el hechizo no se ejecutaba de la manera correcta, lo único que haría es llenar al lobo con más poder y entonces...
-Ni siquiera los amuletos podrían contener al lobo de atacar a las habitantes de Wolfsschlucht- completó Sebastián dándose cuenta de la situación.
Más gritos sonaban en el pueblo. Ciel se levantó del suelo, y tomando una decisión, ordenó:
- Sebastián, ¡mata al hombre lobo!
- No, no...- Sullivan gritó, enojándose. Esto no se supone saldría así. Ella podía controlarlo. Ella podía... Ese era su sirviente, la persona que le había cuidado todo el tiempo, el que solo no pudiera controlarse en esa forma... Ella lo lograría. Ella sellaría esa naturaleza de él, y podrían ser todos felices. El tiempo no avanzaría tan lento y las habitantes no tendrían tanto tiempo de vida, pero vivirían más felices, todos serían libres.
- Sí, mi señor-. No...¡no! Sullivan exclamó un conjuro, y una oscuridad resplandeciente en forma de brazo sujetó a Sebastián.
- No puedes asesinar a mi mayordomo- gritó Sullivan histérica.
- ¿Pero tú si puedes atacar al mío?- preguntó irónicamente Ciel mientras le sujetaba los brazos, lo que distrajo un momento a la chica, logrando que Sebastián escapara.
Sullivan dejó caer los brazos a sus lados, en señal de darse por vencida. Ciel se relajó también y le dijo:
- Está bien. No tienes porque sentirte apegada a un simple mayordomo, y menos cuando él...- No pudo terminar de hablar porque a la chica la cubrió un aura mágica. Atrajo con un movimiento de mano a los globos y, controlándolos a voluntad, se dirigió a perseguir al demonio.
Ciel estaba petrificado, cuando escuchó las voces de sus sirvientes detrás de él. Habían escuchado ciertos gritos que venían de fuera, y cuando Mey-Rin avisó de que el señorito no estaba en la habitación, todos decidieron salir a ver qué pasaba.
-¿Qué pasó?, pregunta Emily- interrumpió Snake, que había llegado primero.
- Nada, chicos. Pero... Preparen todas nuestras cosas, y traten de llegar a la salida del pueblo sin tomar las vías principales. Nos iremos pronto- ordenó mientras corría persiguiendo a Sullivan y a su mayordomo-. No se preocupen por mi, Sebastián se encargará de todo- soltó mientras corría, evitando que los sirvientes fueran a rescatarlo y salieran heridos en la batalla.
No, en definitiva, los servicios de Sebastián no valen mi alma.
Los sirvientes se quedaron unos minutos mirándose confundidos entre sí, pero poco después se dirigieron a cumplir las órdenes de su amo.
Órdenes eran órdenes, y a pesar de que no entendían lo que sucedía, y de que su amo estaba corriendo en paños menores por ahí, tenían la fe de que el mayordomo resolvería la situación. Ya que, Sebastián era el que resolvía cualquier problema que aquejara a la mansión Phantomhive, y al conde. ¿Verdad?
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*Hay algo conmigo... Siento que no debe haber ningún "dicho" que no se haya inventado en ese entonces... Por eso no suelo hacerlo en primera persona. Y estaba pensando en ello mientras escribía la frase, y recordé que en esos siglos iniciaron las conquistas y eso, probablemente fue el auge de la frase, y me dio muuucha risa. Es algo tonto, solo lo comparto con ustedes... porque soy así, calensenlo. XD
**No es una historia de brujas si no hay celebraciones del equinoccio. XD
*** ¿Les gusta el "Yes, my lord"? Pues no se los daré, chupen, chupen. :D
N/A: He de recordarles que esta idea es muy sencilla. Aunque creo que les sorprenderé un tanto en el próximo. Vendrá una capítulo más (que creo que será más largo) y sería todo. Hay drama, llanto, y hasta escenas de pelea. Espérenlo. ;)
Gracias a todos por leer. Se los agradezco mucho. Gracias a Ertal77 por el beteo.
Si quieren que en el próximo cap utilice el "Yes, my lord" tendrán que darme bastantes reviews. :)
Nos vemos. ;)
