Debí haber escrito algo relativo a Apolo antes :v Cómo me está gustando escribir esto.

Capítulo 2
El oráculo de Apolo

El dios caminó por el pasillo hasta percibir el resplandor de la hoguera que ardía perenne en el sitio cercano al asiento de la Pitia en el centro de la habitación, amplia como la anterior, pero cargada de mucho más misticismo.
Cuando traspuso el umbral, ya las sacerdotisas estaban arrodilladas en el suelo esperándolo.
-Bienvenido seáis, mi señor, saludó la más joven.-Os esperábamos. Vuestro regreso ha sido esperado desde hace muchas lunas.
-Entonces supongo que sabías que no regresaría solo, ¿no es así?, expuso, sin mover ni un músculo.
La muchacha calló, temiendo ser imprudente y contrariar a su amo.
-Está bien, la tranquilizó él, mientras suavizaba la expresión,-Quizás era el Destino.
-Desde hace algunas semanas percibimos un cambio en vuestro destino. Es un placer que estéis acompañado de nuevo. Esperamos sinceramente que seáis feliz esta vez.
-¿Dónde está Arsínoe?, preguntó, dándole un vistazo al salón y notando que la sacerdotisa no estaba donde debía estar, sentada en el centro de la habitación, sumida en su trance.
-Está esperándoos en la fuente Castalia. Creyó que ibais a daros un baño antes de entrar.
-Ése es vuestro trabajo. Ella debe estar siempre aquí y lo sabe. Traedla inmediatamente, ordenó.
Dos de las muchachas salieron corriendo en dirección al pequeño lago en busca de su compañera.
Cuando llegaron la vieron alimentando a los cisnes que nadaban tranquilamente en el lago.
-¡Arsínoe!, la llamaron, mientras caminaban presurosas hacia ella.
La muchacha levantó la cabeza al oír que la llamaban. Sus hermosos ojos celestes parecían reflejar todos los misterios del cosmos, aún velado por la ceguera, lo que aunado a su cabellera negra cual ala de un cuervo, le daba la apariencia de una princesa o una diosa.
-¿Sucede algo?
-El señor ha regresado. De prisa, regresa al oráculo antes de que te metas en problemas. Nosotras nos encargaremos de purificar su cuerpo si él así lo desea. Date prisa...
La joven se recogió las enaguas y se apresuró hacia el lugar donde se supone que debía estar. Al llegar, se echó a los pies del dios.
-Lo lamento, ¡oh, soberano Apolo! No quisiera dejar la labor que me has encomendado, pero sabes que después de tener una visión siempre necesito salir al aire libre. Así pues eso fue lo que hice. Por favor, perdonadme.
La expresión insondable del dios mutó en una de leve interés. Tan leve que fue apenas perceptible.
-Así que has tenido una visión. ¿Qué te ha mostrado el Destino?
-Es...la joven ciega titubeó,-...es sobre...
-Dímelo. Por horrible que sea debe cumplirse y yo debo saberlo.
-Fue sobre...fue sobre...vi...,-suspiró y se tranquilizó un poco.-Vi a la Señora de las Fieras asaetear a un rebaño de ovejas. Ninguna salió gravemente herida salvo un carnero de los jóvenes. No comprendo...
El rostro de Apolo palideció
-No debes comprender, titubeó.-Al menos esto no. ¿Has tenido alguna otra visión?
Arsínoe asintió. Su sexto sentido le decía que había algo que había alterado al dios. Aunque no podía verlo, podía sentirlo. Algo en aquella visión lo afectaba de alguna manera.
-Hace algunas semanas vi que un blanco cisne era herido por una flecha con punta de oro. Eso sí pude comprenderlo. Eros volvió a hacer de las suyas con vos, ¿no es así?
-Así es, suspiró.-Y esta vez lo ha hecho bien. ¿Eso es todo?
La joven pitonisa asintió y regresó a su lugar tranquila.
Apolo regreso por donde había venido, con una horrible opresión en el pecho.
-No voy a poder cumplir la promesa que te hice, murmuró por lo bajo.-A no ser que esa flecha sea metafórica y no física. Espero que lo sea, murmuró, entrando en la habitación con cuidado.
El joven se había dormido, agotado por las emociones del día y el largo viaje. Su rostro había adquirido la plácida expresión del sueño y su pecho se agitaba suavemente. Loxias se tendió con cuidado en la cama, y acercó su cuerpo al de Mu. Recostó la cabeza en el pecho del joven. Oír el latido rítmico de aquel corazón aumentó su angustia y se levantó bruscamente. Salió de la habitación pisando fuerte y salió a la superficie. Su ánimo se hallaba perturbado por las revelaciones que le había hecho la sacerdotisa, y porque sabía que no podría evitarlas. Sus pies lo condujeron hasta la fuente Castalia. Las tranquilas aguas le recordaron a otro de sus amores, la hija de Aqueloo que se había zambullido en aquellas aguas para huir de él.
Suspiró.
"¿Acaso no podré tener una relación que no termine mal alguna vez?", pensó, apesadumbrado.
Ciertamente, su ánimo había dado un vuelco en las últimas horas. Se sumergió para realizar el rito de purificación. No duró mucho. Sentía que su energía negativa ensuciaba la fuente, por lo que salió de ella. Confrontar a su hermana no era la solución. Aquello no desaparecería la profecía del oráculo. Él mejor que nadie lo sabía.
-Solo podré esperar a que pase, se lamentó, recargando su cuerpo contra una de las columnas, y deslizándose lentamente hacia el suelo. Levantó la mirada hacia el firmamento, y una lágrima rodó por su rostro.-Al menos me queda el consuelo de que mi hermana no saldrá de esto impune.
Las lágrimas de Apolo atrajeron la atención de otra diosa. Una diosa que lo conocía bien y que sentía su dolor como propio. La hija de Febe, de cabellos y ojos negros como la noche, se sentó en el suelo y tomó la cabeza del dios, colocándola sobre su pecho, en un ademán consolador. Él abrió los ojos al sentir el contacto. Un suspiro se escapó de su garganta.
La titánide acarició aquellos cabellos con ternura.

-¿Qué es lo que te inquieta, hijo mío?, susurró con tono maternal
-Ártemis romperá la promesa que hizo sobre la cabeza de mi padre de no molestarnos. Lo herirá. Y no puedo hacer nada por evitarlo. ¿Por qué no puede dejarme en paz?
Leto frunció el ceño.
-¿Ha sido el oráculo el que te ha mostrado que eso sucederá?
-Así es. Sé que la profecía no dice que él morirá, pero...no quiero que sufra ningún daño.
-Entonces si él no se volverá un súbdito de Hades no temas. Ve con él. Y si vas a poder curarlo, no pasará nada. Si sabes que no podrás evitarlo no ganas nada preocupándote.
Loxias suspiró.
-Comprendo a Ártemis, madre. Sé que debe ser horrible ver a tu hermano sufrir un desengaño amoroso tras otro. Pero no es justo que ella sea quién arruine mi felicidad. Y no hay manera de que lo comprenda.
-Quizás el castigo que sufrirá sea suficiente para que escarmiente. Recupera ese ánimo, hijo mío. Descansa. Ya verás cómo todo irá bien.
Él sonrió, agradecido.
-Gracias, madre querida. Ella le besó la frente y lo dejó marchar.
Ya más tranquilo regresó a sus aposentos. Se encontró con el joven sentado en la cama, esperándolo.
-¿Ya has despertado?, preguntó metiéndose debajo de las pieles que tapaban la cama.- ¿Sucede algo?, añadió, viendo la suspicacia en los ojos de Mu.
-Lo mismo te pregunto a ti. ¿Sucede algo malo?
-No es nada. La Pitonisa tuvo una visión no muy agradable y no me ha sentado bien. Es todo, explicó tratando de besarlo. Mu esquivó sus labios.
-¿Es sobre mí, verdad?
Apolo entrecerró los ojos, calibrando si decírselo o no.
-Es sobre mí, ¿verdad?, insistió Mu, inquieto.
-Sí, admitió solamente.
El joven se aferró a sus hombros. El miedo en su mirada lo decía todo.
-¿No hay manera de evitarlo?, preguntó.
El dios negó con la cabeza, mientras lo empujaba sobre el colchón. Seguidamente, colocó su cabeza sobre el torso del ariano. Sus manos empezaron a jugar con el largo cabello rubio del joven.
-No, no puede evitarse, explicó.-Por eso no ganaremos nada preocupándonos por ello. Lo que tenga de pasar, pasará.
A continuación, besó con pasión aquellos labios, tratando de olvidar el entuerto. Mu se desasió de su contacto.
-¿Quieres decir que no te preocupa?, se rebeló.
-Me preocupa…pero no puedo hacer nada para evitar que suceda. Por eso prefiero no preocuparme más de lo necesario. No es signo de que no me importe, ¿entiendes?, dijo, sosteniéndole la barbilla,-es solo que hasta yo sé que los designios del oráculo no pueden ser evitados.
El joven se refugió en el pecho del dios.
-¿Te arrepientes de esto?, le dijo éste, con tono grave.-Todavía podemos volver atrás. Esto va a suceder de todas formas, pero…si no quieres verme después de esto…. Si quieres regresar al Olimpo con Athena, lo entenderé, manifestó, apartando la mirada.
Mu se sintió conmovido.
-Tú…renunciarías a mí…¿Por esto?, inquirió.-¿Dejarías que otra de tus relaciones se arruinara…voluntariamente?
-¿Qué otra opción me queda? Siempre hay algo que sale mal. Y siempre es por mi culpa.
.-Pero tú no serás feliz, expresó, sentándose sobre los talones.
-Quizás sea hora de que acepte que nunca podré ser feliz en materia sentimental y deje de intentarlo.
-Pero todos merecen ser felices. Hasta los dioses.
La sonrisa del dios se tiñó de tristeza.
-Ojalá fuera tan simple, se recostó sobre la espalda.-es tu decisión.
-No me echaré atrás. Te dije que sería tu compañero y así será, se levantó y le acarició la cara,-No tienes por qué temer por mí. Soy un santo de Athena, ¿recuerdas? Estoy acostumbrado a vérmelas con dioses.
-¿Estás seguro de esto, Mu? ¿Totalmente seguro?
-Si no te preocupes, todo estará bien. Ya verás.
Apolo sonrió y lo besó. Esta vez, el tibetano no apartó el rostro, al contrario se dejó llevar. La temperatura empezó a subir conforme empezaban a danzar entre las sábanas, pero como siempre, el joven no le permitió al dios concretar el acto. Tan solo lo dejó jugar un poco con él.
-¿Llegará el día en que me dejes?, preguntó con voz ahogada.
-Seguro que sí. Si sigues portándote así talvez tengas tu recompensa pronto, sonrió.
-¿Quieres decir que quieres que esto continúe a largo plazo?
-Pues claro, sonrió el joven.-Sería ingenuo pensar que te aburrirás de mí tan pronto, ¿o no?
Los ojos de Febo brillaron con picardía.
-Solo te haré una prohibición mientras estemos aquí. No te acerques al oráculo. Es terreno sagrado vetado a los mortales. Las sacerdotisas son las únicas que tienen permitido traspasar esos límites. Es lo único que te prohibiré.
-Sí, señor, como ordene, contestó, con coquetería, siguiéndole la corriente mientras se le subía encima e iniciaba otra ronda de caricias. Aquella experiencia era nueva para él, y algo le decía que lo mejor sería disfrutarla mientras durara. Atrapó los labios del dios entre los suyos. Se entregaron a la pasión durante unas horas hasta que el sueño los cobijó con su manto.
Al día siguiente, después de despertar, el dios se quedó mirando al hombre a su lado por un momento. Se veía tan inocente así dormido. Y debajo de esa inocencia se escondía una personalidad muy interesante. Era tranquilo, pero sabía hacerse respetar cuando llegaba el momento. En ese momento, dormido boca arriba con los rubios cabellos desparramados sobre la almohada parecía un muchacho indefenso. Decidió dormir un poco más y se arrastró hasta pegar su cuerpo al de Mu. Lo abrazó, enredando sus píernas en las del muchacho y apoyó la barbilla en el pecho del ariano. Cerró los ojos con un suspiro de placer y se volvió a entregar a los brazos de Morfeo.
Algunas horas después el otro joven despertó. Lo primero que vio cuando sus ojos se acostumbraron al ambiente, fueron los cabellos ígneos del hijo de Zeus, los cuales le hacían cosquillas en la nariz. Constató que el dios dormía profundamente. Cuando movió las piernas se dio cuenta que estaban enredadas en las piernas de su amante divino. Se movió con cuidado para desenredarlas y se deshizo del contacto con suavidad, mientras sustituía su pecho por una almohada. Apolo suspiró en sueños, sin despertarse.
Mu se levantó con cuidado y se vistió. Salió de la habitación, camino a la superficie. Cuando salió al pasillo que conducía al oráculo, dio unos pasos vacilantes en dirección a la gruta, movido por la curiosidad. Pero se detuvo a tiempo recordando la conversación de la noche anterior.
Negó con la cabeza.
-No, se dijo.-No puedo hacerle esto a Apolo. Ya tiene suficiente preocupación.
Salió a la superficie y se dedicó a curiosear los alrededores de la gruta. Así llegó al bosquecillo de laureles que rodeaban Castalia y a la misma fuente. Vio a los cisnes dormidos hechos un puño con la cabeza debajo del ala. Levantó la vista al cielo. Por la posición del Sol determinó que no pasaban de las ocho y media de la mañana.
-Todavía es temprano, determinó. Se inclinó sobre el agua de la fuente y esta reflejó su rostro limpiamente. Sintió algo frío que le pasaba por los tobillos y bajó la vista con alarma. Se sintió algo inquieto al constatar que se trataba de una serpiente. El reptil se enredó entre sus pies, deslizándose con lentitud, olfateándolo con la lengua, antes de perderse entre la maleza.
-Supongo que no es raro que haya serpientes en un lugar así, se dijo, respirando hondo, mientras se internaba en el bosquecillo, atraído por la atmósfera que se desprendía de él.
Al pie de algunos laureles vio grupos pequeños de jacintos. Sonrió, recordando el origen de esta flor y su relación con Febo. Más adelante creyó oír un aullido largo y profundo, como el de un lobo. El animal en cuestión apareció detrás de uno de los árboles. Mu lo miró con cautela. Sabía que los lobos solían cuidar las moradas de ciertos dioses. Y este de seguro estaba consagrado a Apolo Licio. El canino gruñó amenazadoramente.
El joven retrocedió con cautela sin dejar de mirar al animal a los ojos y preparado por si éste atacaba.
-No retrocedas así. Eso lo provocará más, oyó una voz. Al volverse se encontró con una joven que iba vestida con un peplo blanco y sencillo.-Anda,-le chistó al lobo.-Vé a hacer tu trabajo perro holgazán, o le diré al amo que andas por ahí espantando a los huéspedes.-¡Anda!, taconeó el suelo. El animal le dirigió una última mirada amenazante al santo dorado y se perdió entre los árboles.
-Gracias, agradeció.-¿Qué fue eso?
-Se supone que él es el encargado de guardar al oráculo. Como nunca te ha visto se ha puesto agresivo. Fue bueno que no lo atacaras. Está consagrado a Apolo Licio.
-Lo supuse, comentó él.-También vi a una serpiente hace rato.
-Ah sí. Ella es la mascota de Arsínoe, la Pitonisa. La rescató de un nido abandonado. No hace nada.
-No creí que el lugar fuera tan hermoso, comentó-Está cargado de tanto misticismo...
La sacerdotisa sonrió.
-Qué bien, eres perceptivo. Sí, este lugar es muy especial. Seguro no los viste, porque llegaste por vía aérea, pero hay muchos delfines por aquí. Quizás puedas decirle que te lleve a la ensenada. El soberano Apolo trajo muchos de los animales que le son consagrados aquí. Ya viste a los cisnes y al lobo. La serpiente anda tranquilamente por ahí. Y los cuervos deben estar por despertar. Vamos a la fuente antes de que esto se convierta en un concierto de graznidos.
-¿Puedo preguntarte algo?, interrogó el tibetano.
-Por supuesto, contestó ella.-¿Qué quieres saber?
-Creí que todas las sacerdotisas de Apolo tenían el don de la adivinación, comentó.-¿Es así?
-Hubo un tiempo en que sí. Pero la virgen cazadora mató a varias. Y Arsínoe quedó ciega por culpa suya. Así que ahora nosotras no tenemos ese don. Tan solo Arsínoe lo posee. Pero siempre puedes llamarnos pitias. La diferencia es que solo ella puede predecir el futuro.
-¡Sínope!, se oyó una voz autoritaria. La sacerdotisa se echó al suelo inmediatamente.
-Buenos días, mi señor, saludó con reverencia en la voz.
-¿Qué estás haciendo?, inquirió con tono altivo
-Llevaba al joven Mu a la fuente Castalia.
-Bien. Vuelve a tus labores, expresó con tono siempre altivo, adelantando la cabeza de su amante para depositar un beso en su frente.
La sacerdotisa asintió y se retiró prudentemente.
-Así que has estado dando una vuelta por los alrededores. ¿Qué te ha parecido?
-Me gusta mucho el lugar, dijo, sinceramente.
El dios se sintió dichoso al escuchar aquello y la dicha borró los últimos vestigios de preocupación que pudiera haber experimentado anteriormente. Lo cogió de las manos y lo condujo hasta la fuente.
-¿Quieres purificarte conmigο?, preguntó.-¿O prefieres observar?
-Quiero ser purificado. Pero primero me gustaría ver cómo lo hacen contigo.
-Buena elección, aprobó el dios.
Caminó hasta el borde de la fuente mientras se quitaba la tela que le rodeaba las caderas, quedando completamente desnudo. A continuación lo tomaron de los brazos y lo ayudaron a entrar en la fuente. Apolo dejó que el agua lo fuera cubriendo gradualmente hasta estar completamente sumergido en la fuente. Caminó por el fondo de ésta hasta emerger del otro lado del lago. El cabello le chorreaba contra el pecho. Dos sacerdotisas se apresuraron y le ungieron el cuerpo con aceite deslizando las manos de manera experta por toda la anatomía del dios, hasta que la piel de éste brilló por efecto de la sustancia. A Se sentó en la orilla y desde ahí le hizo una seña a Mu. Éste se desvistió con vacilación.
-No tengas miedo, repuso.-Solo toma aire y sigue caminando hasta la otra orilla. No vas a ahogarte, le confió.
El joven asintió y dejó que lo ayudaran a entrar. Afianzó bien los pies en el fondo y empezó a caminar, dejando que el agua lo fuera cubriendo poco a poco. Cuando el agua le llegaba hasta los hombros tomó una larga bocanada de aire. Cerró los ojos y dejó que el agua lo cubriera por completo. Abrió los ojos y se encontró con una masa de agua que lo rodeaba por los cuatro costados. Sintió una opresión en el pecho que le indicaba que ya le faltaba el aire. Pero hizo caso omiso y siguió caminando hasta que vio los pies del dios sentado a la orilla.
Al salir se sentó también en la orilla.

-¿Cómo te sientes?, le preguntó el pelirrojo.-¿Te sientes mejor?

-De hecho sí, más ligero, constató, con sorpresa. El dios arqueó una ceja mientras se cubría la cadera con la tela.
-Así estás mejor, dijo, acariciándole el rostro.-¿Verdad?
-Sí, ahora estoy mejor.
-Ven aquí. Hay algo que quiero enseñarte.
-¿Ahora vas a enseñarme las ruinas del oráculo, verdad?

-Solo ven, interrumpió, con cierta impaciencia. El santo dorado le rodeó el cuello con los brazos.

-¿Me parece a mí o estás algo de mal humor?

Apolo puso los ojos en blanco.

-Ya, no seas paranoico. Solo sígueme.

Caminaron en silencio hasta que las ruinas comenzaron a hacerse visibles. Los restos de la períbola rodeaban las ruinas. Pasaron por las ruinas de los tesoros. El camino serpenteaba subiendo por la montaña hasta los restos del templo. En lo alto se podía notar lo que quedaba del estadio donde se realizaron los juegos Píticos.

Mu volvió la cabeza en varias direcciones. Las ruinas, de piedra gris se alzaban desafiando el tiempo, envueltas en un aire especial.

.-¿Esto está justo encima del oráculo verdad? El aire se siente diferente….como más místico, expuso mientras acariciaba las ruinas con reverencia.
-Así es. La gruta del oráculo está justo debajo, comentó, caminando alrededor, vigilando.
-Llévame a la costa, comentó, cogiéndole la mano y jalándolo.-Sinope dice que aquí hay delfines.
El dios lo jaló y lo sostuvo contra su pecho.
-¿Quieres nadar un rato, umh? No sabía que los carneros podían nadar, bromeó.
-No seas malo. Anda llévame. Si me llevas, talvez te deje manosearme más tarde.

-Eso es chantaje, se quejó.
-¿Y no te gustaría? Es lo que quieres, ¿no?
-Eres un caso perdido, comentó Apolo con fingido fastidio. Pero se dejó llevar. Para acortar el trayecto se teletransportó a varios metros de donde la olas rompían contra la tierra.
El joven se acercó a la playa pero inmediatamente fue retenido por el dios.
-No te alejes. Quédate donde pueda verte, le recomendó.
-Tranquilízate, no me va a pasar nada, se río Mu, mientras se soltaba y salía corriendo.

Apolo suspiró con pesadez y lo siguió. Cuando sus pies tocaron las aguas ya empezaban a verse las aletas de los delfines contra la superficie.

-¿Vas a quedarte ahí?, lo llamó el joven rubio.
-Claro que no, sonrió forzadamente. Hizo a un lado la tela que cubría su cadera y se metió en el océano. Los delfines empezaron a nadar en torno a él entre chillidos y saltos.
-Te hacen caso, señaló el ariano, con sorpresa-Delfinio
-Por supuesto que me hacen caso, alardeó.-Yo soy el señor de Delfos, recuerdas?, dijo, acariciándole la nariz.

-Me encanta cuando fanfarroneas, afirmó.

El dios esbozó una gran sonrisa que le iluminó el rostro.

-Por fin te contentas, suspiró Mu,-ya, no te preocupes tanto por eso.
Los ojos del dios relampaguearon con sorpresa.

-¿Tú sabías?

-¿Te han dicho alguna vez que eres como un libro abierto? Se te nota mucho cuando estás molesto, repuso Mu echándole los brazos al cuello y plantándole un beso en los labios.

Apolo abrió los ojos con sorpresa, pero no tardó en responder al beso. Adelantó los dientes y dio una ligerísima mordida antes de colar la lengua entre los labios del joven y darle un beso feroz que le robó el aliento a Mu y lo dejó jadeando.

-Oye…ten paciencia…¿quieres? Todavía no es de noche….
-Yo te necesito…ahora, exigió, echándole la cabeza hacia atrás y dándole un chupetón fuerte en el cuello.

El ariano trastabilló, sorprendido por el ímpetu mostrado por su compañero. Los delfines dejaron de rodearlos y tomaron distancia, como respetando la situación. Mu dio un mal paso y resbaló, cayendo sentado sobre el suelo, mientras salpicaba a su alrededor. Un delfín se colocó inmediatamente debajo suyo y lo sacó a flote. El dios se agachó inmediatamente, con preocupación.
-¿Estás bien?
-Sí, solo me duele ahí atrás, comentó, aludiendo a sus nalgas. Contrólate un poco, ¿quieres?
-De acuerdo, cedió.-Me controlaré por ahora. Pero no creas que podrás esquivarme por siempre, se río.
-Podrías tratar de hacerlo, dijo, mientras empezaba a correr.
-¡Vuelve aquí, Mu!, exclamó, tratando de atraparlo.
-¡Atrápame si puedes!, se burló.-¡Vamos, camina!
-¡Vuelve aquí!, exclamó, corriendo detrás de él.-¡Mu!

Qué cosas las que se me ocurren a mí. Lindo, lindo.

Los designios del oráculo son completamente inevitables. Puede tratarse de evitar, sí, pero de una u otra forma, el oráculo se cumplirá. Por ejemplo, está el caso de Paris...a Hécuba se le dijo que daría a luz una antorcha que destruiría Troya, por consiguiente, Paris fue abandonado en el Ida. Eventualmente regresó a Troya y el oráculo se cumplió. Se le dijo a Acrisio que un nieto suyo lo mataría, por lo que encerró a su hija en una habitación oscura. Cuando se enteró de que ella estaba embarazada, los metió a ella y al bebé en un baúl y los abandonó en el mar. No sirvió de nada. Años después, Perseo mataría a su abuelo. Edipo fue abandonado acerca del oráculo que lo destinaba a matar a su padre y casarse con su madre. Mató a Layo y se casó cón Yocasta. Atlas sabía que un descendiente de Perseo lo engañaría, por lo que no quiso tratos con el héroe. Luego el héroe Heracles, descendiente de Perseo por parte de madre, lo engañó para que le consiguiera las manzanas de las Hespérides. Por tanto, solo queda esperar que el oráculo se cumpla, porque ni siquiera los dioses pueden evitarlo.

Las ruinas del templo de Apolo son, quizás, uno de los mayores atractivos de Delfos. El santuario del dios está compuesto por el templo, el oráculo, y un estadio y un teatro sede de los juegos Píticos, que se realizaban cada cuatro años. También había tesoros, es decir, edificaciones que servían de depósito de exvotos de distintas ciudades. El de Atenas fue el único que se restauró.

En tiempos en que el oráculo era muy solicitado, había varias pitias o pitonisas prediciendo el oráculo. Tanto en Delfos como en otros templos del dios. Después la cantidad disminuyó hasta ser solo una. La sacerdotisa estaba sentada en un trípode en una pequeña gruta. El hecho de que se intoxicaba con los vapores que emanaban de la fuente Castalia y eso era lo que le permitía ver el futuro es un mito urbano de índole histórica, no hay registros veraces de tal comportamiento.

Hay varios personajes míticos de nombre Arsínoe. (gr. Ἀρσινόην) La que tomé como referencia aquí es una hija de Leucipo y Filodice, hermana por tanto de las mujeres de los Dioscuros. Tuvo una hija con Apolo que se llamó Eriopis y que fue la mujer de Oileo. Por tanto fue madre de Áyax Oileo. ¿Porqué ciega?, se preguntarán. El motivo del poeta ciego o del adivino ciego son motivos clásicos. En el primero está Homero, que hasta donde se sabe, podría no ser más real que Aquiles o Héctor. En el segundo está, por supuesto, Tiresias, al que Hera cegó en un arranque de cólera. Zeus, en compensación le dio el don de la profecía. A menudo las personas no videntes pueden percibir cosas que las personas videntes no, porque ven el mundo de una manera distinta, lo que a menudo les da una sabiduría especial.
Sínope (gr.
Σινώπη) es una hija del río Alceo a la que Apolo, influenciado por Afrodita y Eros, raptó y la llevó desde Beocia hasta Paflagonia. Le dio un hijo al dios, llamado Sirio, que llegó a ser rey de la tierra que en su honor se llamó Siria.
La fuente Castalia se supone que se llama así a causa de la ninfa homónima, (gr. Κασταλία) hija de Aqueloo que se sumergió en sus aguas para escapar de las atenciones del hijo de Leto. La fuente está consagrada a las Musas.

La inmersión significa purificación. Los asistentes al oráculo y los participantes de los juegos píticos debían lavarse en la fuente antes de hacer nada. Los jóvenes que participaban en éstos juegos se cubrían el cuerpo de aceite para protegerse del polvo y los mosquitos.

La Señora de las Fieras o Potnia Theron (gr. Ποτνια Θηρον) era una diosa adorada en Creta en tiempos previos a la civilización griega. De ella se desdoblan varias diosas de la religión olímpica como Athena, Ártemis, Afrodita o Deméter. Más tarde, "Potnia Theron" se volvió un epíteto de Ártemis en su calidad de la diosa de la caza, pues ella es la "dueña" de los animales. Los que leyeron Χριστός και θεοί, probablemente recuerden que yo dije que Ártemis, a diferencia de Apolo, no posee el atributo adivinatorio de las deidades solares o selénicas. La característica selenica de Ártemis es ésta, pues la Luna es a menudo tomada como la dueña de la vida, la que controla la vida. Ártemis es la dueña de las fieras. Es una diosa de culto pequeño en comparación con su hermano, pero tiene esta característica importante. Y como juró no separarlos ni dañarlos y no lo va a cumplir le va a ir muy feo :v

Adelanté la aparición de Leto.

Leto (gr. Λητώ "el olvido") Es una hija de los titanes Ceo y Febe. Zeus pretendió a su hermana Asteria, pero ésta escapó de él transformándose en la isla Ortigia, donde luego nacería Ártemis. Entonces, el dios cambió de objetivo. Cuando Hera se enteró que el hijo que daría a luz Leto sería más amado por su padre que Ares, se puso celosa. Y se le ocurrió impedirle a Leto parir en tierra firme o isla alguna. La idea era que la incapacidad de parir le provocara la muerte o a los hijos que llevaba en su vientre. Entonces cuando le llegó el momento de dar a luz, anduvo errante buscando un lugar donde poder hacerlo. Cuando ya llevaba nueve días con dolores de parto, las demás diosas se compadecieron de ella y engañaron a Hera para que le permitiera a Ilitía ayudar a la titánide a dar a luz. Primero dio a luz a Ártemis. Luego, ésta le ayudó a cruzar a nado hasta Delos donde dio a luz a Apolo. Ambos gemelos son grandes protectores de su madre y la defendieron de varias injurias e intentos de violación. Apolo mató a Pitón para vengarla (en algunas versiones, perseguía a Leto mientras ésta erraba por el mundo) En otras etimologías, Leto significa "la oscura" por lo que es significativo que sus hijos estén tan relacionados con grandes fuentes de luz como la Luna y el Sol. Leto era la diosa principal de la Licia anatolia. Su santuario, el Letoon cerca de Janto, unía la confederación licia de ciudades-estado. La gente de Cos también reclamaba a Leto como suya. Una medida de una diosa Leto tan primordial puede reconocerse en su padre titán, cuyo nombre, «Ceo», lo vincula con la esfera del cielo de polo a polo; y su madre, cuyo nombre, «Febe», "la brillante" es precisamente el epíteto «pura» y «purificadora» de la luna llena. . Con su hermana Asteria, fue venerada como diosa de la noche y alternativamente de la luz del día.

Licio (gr. Λυκιος) significa "matador de lobos" Apolo recibía éste epíteto como dios de los pastores. Por eso se le consagran los lobos.

Pitio (gr. Πυθιος) El dios recibe este título como asesino de la serpiente dragón Phyton, una hija de Gea, la cual tenía la posesión del oráculo antes de que Apolo lo reclamara. Para lograrlo, tuvo que matar a la criatura. Por esto, el templo recibe el nombre de Pitión, el dios el epíteto de Pitio y sus sacerdotisas el nombre de pitias o pitonisas. En otras versiones, el joven dios mató a esta criatura para vengar a su madre que era perseguida por ésta. Por esto se le consagran las serpientes, animales relacionados tanto con la curación como con la adivinación.

Delfinio (gr. Δελφινιος) significa "del útero" Éste epíteto lo ata fuertemente a Delfos. En algunas versiones, la serpiente a la que tuvo que matar para tomar posesión de Delfos y la que perseguía a Leto son criaturas diferentes, una macho y la otra hembra. Una era Python y la otra era Delphine. Otra versión dice que el dios se transformó en delfín para atraer barcos hacia el oráculo y convertir a los tripulantes en sacerdotes. Por lo tanto, los delfines le son consagrados. El templo también recibe el nombre de Delfinión.

"Soberano" En el himno homérico a Apolo a este dios se le llama "soberano Apolo" en su calidad de señor del oráculo de Delfos.

Además de los animales anteriormente mencionados se le consagran halcones, ratones, cornejas, cuervos, cigarras, corzos y por supuesto, los cisnes. También se lo relaciona con los grifos, los híbridos de león y águila.

Como siempre, pueden visitar mi Facebook para ver imágenes de referencia :3 Y a Leto que ya tiene su versión también ;)

Fiu, fiu :3 Qué genial, verdad?

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