No al plagio
Capítulo uno: Imposible l
—¡Hermione, abre la puerta! —Los golpes contra la puerta se podían escuchar en toda la casa.
No iba a hacerle caso. Solo quería dormir y no despertar nunca o despertar para darme cuenta de que todo eso era una horrible pesadilla y que Harry tocaba la puerta de mi cuarto como un cavernícola, porque tenía que contarme algo súper problemático de su inexistente relación con Ginny.
—Herms, por favor… solo quiero estar contigo. Eres mi hermana, ¿recuerdas? Sé que todo esto es difícil y yo quiero apoyarte así como tú lo hiciste conmigo todos estos años —podía escuchar su voz quebrada por la impotencia por estar del otro lado de la puerta y solo rogaba a Merlín que lo callara, porque estaba a punto de ceder—: Hagamos las cosas juntos como antaño. Tú y yo. En serio, ¡abre la maldita puerta de una vez!
—Harry Potter debes entender que no todo gira a tu alrededor y que cuando alguien quiere estar solo, tienes que dejar estar solo. —Lo sentía, pero no podía permitir que me viera en ese estado. No debía mostrarme débil ante el mundo, mucho menos con Harry. Si me veía así, se hundiría más en la culpa cuando la culpa de todo eso la tenía Voldemort.
—Está bien. Aunque necesito salir de una duda que me está carcomiendo —dijo; era muy chistosa la forma en la que puerta amortiguaba su voz. Por lo menos ya no tenía ese tono de borrego a medio morir que me chantajeaba—: ¿Por qué él de entre todos los hombres que había en esa sala?
Empalidecí. ¿Cómo le daría una buena explicación sin involucrar a Ébano en todo?
—Hablemos en otro momento; estoy muy cansada —me excusé—. Déjame por favor.
Tenía que pensar en algo.
—¿No se supone que eres la bruja más inteligente? —se dejó oír la voz de loba.
—Ahí está la responsable de tantas mentiras.
—A mí no me cargues a tu muerto. El cachorro tiene razón necesitamos compañía, no podemos estar solas todo el tiempo. No porque tú me caigas bien dejo de ser una criatura oscura, necesito contacto con otros seres vivos para mantener a raya mi lado sádico —contestó en tono mandón; le hizo daño estar tanto tiempo en compañía de la Sra. Weasley en las vacaciones pasadas—. Además, nos conviene que él sepa lo que te hizo Greyback. Tienes que hablarle con la verdad y contarle sobre tu maldición, el niño-que-vivó no es tan despistado es un auror en entrenamiento y sé que tiene sospechas de tu condición actual.
—¡Ya lo sé! Aun no quiero que lo sepa. No estoy preparada para hablarlo con él. ¡No quiero su lástima!
—Querer que estés bien no es lástima, es amor. Y él tiene mucho amor para ti: Eres necia, berrinchuda e inmadura en estos momentos.
—Gracias por el apoyo que recibo de ti —musité con molestia—. Ni porque somos una me apoyas.
—Yo sí sé reconocer mis errores y pedir ayuda cuando es necesario —contestó ignorando mis palabras—. Un ser oscuro se mueve conforme a lo que le conviene, y en esta ocasión nos conviene tener un aliado. No basta con que Lupin y Kingsley lo sepan porque no son cercanos a nosotras. Ocupamos a alguien que sea parte de nuestra manada y Harry lo es.
—Ya, ya, no quiero…
Quedé a medias, ya que me regresó a la realidad un gran estruendo: Potter había tumbado mi puerta a punta de varita.
—¡Qué mierda te pasa! —dije entre asustada y enojada.
—¿Que qué me pasa? ¡¿Qué diantres te sucede a ti?! ¡Te quedaste callada por más de 20 minutos y por más que te gritaba no se escuchaba nada! Pensé… pensé que… —me gritó hasta perder la voz.
—Tienes que decirle, Hermione. No puedes hacerle esto, en vez de procurar su bien lo estás poniendo peor —susurró en mi mente, Ébano.
—Pensé que te estabas haciendo daño —murmuró soltando un suspiro de cansancio.
Muy bien. Le haría caso a Ébano aunque no estuviera segura de hacerlo; mi instinto me decía que no, pero había caído en la trampa de esos esmeraldas que me miran con determinación y que decían que no se irían de ahí hasta obtener las respuestas de todas las preguntas que rondaban en su cabeza.
—No soy tan estúpida, Harry.
— Yo no diría lo mismo.
—¡Cállate! —Casi le gritaba a Harry en la cara por culpa de la loba.
—Hay cosas que no son fáciles de contar y de afrontar, Harry. Sobre todo por lo que ha acontecido estos días.
—¿Lo dices por lo que nos estás ocultando desde hace meses?
—¡Te lo dije! ¡No es tan retrasado como parece!
—No es posible que sepa.
—A lo mejor no sabe pero se las huele —sentenció la loba.
—¿Cómo sabes...? —pregunté sin poderlo evitar.
—Se vuelve fácil después de siete años de convivencia —comentó burlón—. Ya te lo dije antes: podrás engañar a los demás, pero no a mí. Sé que hay algo que estás escondiendo… y me duele que no me tengas confianza —dijo con un toque de tristeza en su voz.
—No es falta de confianza... es no querer involucrarte en mis dramas.
—¿Tus dramas? Hermione, llevo metiéndote en mis dramas desde que nos conocimos. Creo que es justo que yo también esté metido en los tuyos.
¿Es lo que quería? Bueno:
—Harry yo... yo... yo soy un... licántropo.
Cayó el silencio en el cuarto; era tanto que se podía escuchar con claridad el ruido que hacia el clan Weasley en la cocina.
—¿Qué? —preguntó; seguía con su cara de póker.
—Que soy un licántropo. —Me estaba divirtiendo de lo lindo, ya tendría otro momento para burlarme de él.
—¿Cómo fue posible? —preguntó en un hilo de voz.
—Ron —dije con sequedad—. Él estaba distrayendo a Nagini y en un movimiento perdió el equilibrio cayendo de espaldas. Fue cuando llegué con Neville, quien mató a la serpiente gracias a esa distracción, y me acerqué a Ron para curarle sus heridas —guardé silencio un segundo—. Pero no me di cuenta que Greyback había visto todo y que esperó a que Neville se fuera para atacarnos —tragué pesado—: sentí que algo se acercaba y volteé a ver qué era… Reaccioné muy tarde: sólo alcancé a empujar a Ron quedando yo a merced del lobo hambriento que se prendió de mi hombro provocándome un dolor horrible.
—¿Y Ron? ¿Qué hizo? —Harry no podía creer lo que yo le estaba contando sumándole que las dos personas involucradas eran sus mejores amigos y no le contaron nada no le contaron nada.
—Él al ver que era Greyback solo… solo corrió sin mirar atrás a pesar de que yo le gritaba por ayuda.
—Prepárate para una explosión, huelo la ira crecer en su interior.
—Te dejó sola.
—Así es. No sé qué fue lo que lo llevó a hacerlo, pero esa es la razón por la que nuestra relación ya no es la misma. Lo perdoné... aunque las cosas ya no volverán a ser como antes.
—¿Sabe que eres una loba?
—No. Me encargué de modificarle esa escena en su mente. Él recuerda dejarme sola cuando Greyback y yo estábamos en un «duelo».
Otra vez guardó silencio; quería hablar pero solo boqueaba como pez. Se entendía: era mucha información para un solo rato; en su lugar estaría igual.
—Dios mío, no puedo creerlo. Es demasiado. —Mientras hablaba se iba acercando a mí y tuvo que sentarse en la orilla de la cama para poder procesar todo.
—Perdón —dijo después de unos minutos. Por cosas como esa era débil ante Harry. Era la única familia que me quedaba: mis papás no contaban, ya que fue tan potente el obliviate que les realicé que terminó por ser irreversible. Sabía que estaban bien y había aurores cuidándolos; era lo único que podía hacer por ellos.
—No tienes que pedirlo, tú no tienes nada de culpa. Yo decidí apoyarte aun sabiendo las consecuencias que podría traer esta decisión.
—Lo digo también por dejarte sola todo este tiempo sabiendo que algo no andaba bien en ti y esperar a que tú quisieras contármelo.
No pude evitar soltar una risa divertida provocando confusión en mi pequeño hermano.
—Ya sabes cómo es Hermione Granger, Harry. —Seguí riendo y él también se unió.
—Entonces… esa es la razón por la que te ibas de «misión» cada mes por tres días.
—Sí —contesté y su rostro mostró—. Vamos, Harry, aprovecha mi buen humor.
—¿Es buena? —Lo miré extrañada por no saber qué se refería y enseguida agregó—: La loba. ¿No sufres lo que Lupin sufre con cada transformación?
—¿Por qué no le preguntas a ella? —dije divertida.
—¿A ella? ¿De quién hablas?
—Sí, Harry. Pregúntale a mi loba, se llama Ébano.
—No creo que sea buena idea preguntarle. ¡Cuando sea luna llena me atacará! —refutó Harry.
—No estás entendiendo. Pregúntale ahorita mismo…
—¡Ya necesitábamos un poco de diversión después de un mes de estar amargadas! —gritó eufórica Ébano.
—¿Qué diablos? —exclamó brincando asustado al escuchar la otra voz que salió de mí.
—Bueno Harry te presento a Ébano, Loba ya conoces al cachorro.
—Es un placer poder darme a conocer ante ti joven Potter. He esperado ocho meses para eso.
Si escuchar las dos voces salir de un solo cuerpo lo afectó, ver que cuando Ébano habla mis ojos cambian a un zafiro violeta intenso terminaron por desmayarlo.
SS&HG
Todo era tan ridículo.
Cuando debería de estar enterrado tres metros bajo tierra estaba muy vivo en mis habitaciones de Hogwarts preparándolas para compartirlas con un tercio del Trio de Oro. Puse los ojos ante las ironías de la vida:
—¡No puedo creer que hasta para morir tengo mala suerte! Esa chiquilla debió dejarme donde estaba, no tenía ningún derecho en evitar lo que yo tanto anhelé por años desde la partida de Lily: mi muerte.
El mundo quería mandar en mi vida y esa escuincla sabelotodo no era la excepción. ¿En qué momento de mierda le di permiso de salvarme de una muerte segura en la casa de lo gritos? ¡En ningún momento lo hice! Era una entrometida de primera esa chiquilla... Aunque debía admitir que había algo en ella que me intrigaba últimamente, omitiendo los cambios espectaculares que hizo su cuerpo —no tenía por qué mentir en ese hecho, obviamente no tenía que saberlo y podía decir que era lo único bueno que traía nuestro «matrimonio»—. Esa pequeña rata de biblioteca no poseía la misma inocencia que le conocí cuando pisó por primera vez Hogwarts, la que vi cuando fui al bosque a protegerlos de Black y que al final los protegí de Remus o cuando la vi en el gran comedor al ser atacado por Minerva o después de que le di mis recuerdos a Potter. Incluso, apostaría a que en el momento en el que me fue a rescatar de las "garras de la muerte" —volví a rodar los ojos, —entre mi duermevela noté que su mirada había cambiado extremadamente en unas horas. Empero, nada se compara al cambio de su mirar que pude observar en los últimos dos citatorios del Ministerio. Aunque debo recalcar que la mirada que marcó la diferencia entre las demás fue el día de la selección de parejas en la sala del juzgado del Ministerio.
"El Ministerio había a utilizado un cáliz para sortear a las parejas, éstas eran totalmente compatibles, 100% confiable. Se depositaron en el cáliz todos los expedientes de los jóvenes que eran legalmente adultos así como también los expedientes de los adultos que eran solteros y viudos con una edad límite de 60 años, edad en la que todavía le quedan 20 años más para poder procrear y cuando, sorprendentemente, se vuelven más fértiles las mujeres y potentes los hombres. La mayoría susurraba al verme entre las filas, las mujeres rogando a Merlín que yo no les tocara por esposo y los hombres hablando de lo que no conocen y se sienten con el poder de hablar. Vi rostros conocidos, entre ellos a Luna Lovegood que al verme me dedicó una sonrisa soñadora y se volvió a perder en su mundo —algunas cosas no cambian, —ella fue emparejada con un joven de mi casa, Theodore Nott, quien logró huir de las filas del Señor Oscuro antes de que lograran marcarlo… su papá fue el que pagó con un vida un precio que estaba dispuesto a pagar por todo lo malo que había provocado en la vida de su hijo. Otras de las personas que vi fue a Neville quien fue emparejado con Hanna Abbot, pobre niña no sabe lo que le espera a lado de ese explota todo. —Pensé mientras le dedicaba una pequeña sonrisa marca Snape a la pareja que al mocoso casi le da un infarto al verla. —En fin, todo iba excelente, no hubo ningún contra tiempo y la sala se fue vaciando rápidamente. Aunque no todo dura para siempre, tranquilad y rapidez no duraron mucho. Todo debido a la reacción que causó el hijo de Lily cuando fue sorteado con una Slytherin, Daphne Greengas. Es poco decir que la pequeña Weasley pegó el grito en el cielo ante la decisión, sobre todo porque ella fue la siguiente y fue emparejada con Blaise Zabini a quien la prensa encontró un día antes dándose la mayor fiesta de su vida en un prostíbulo siendo participe de una mega orgia y en la fotos se puede apreciar cuando el muchacho tenía empalmado a un buen mozo griego, absolutamente todo quedó fotografiado e impreso en el Profeta del día de hoy. Aunque, hablando con la verdad, eso no fue lo que se llevó la noche. Lo realmente impresionante fue cuando la empollona de Granger atravesó las puertas de la sala como si fuera la reina de Inglaterra y todos nosotros sus viles súbditos. ¡Y no quedó en eso! La ratita, con paso decidido y con la barbilla por delante, se acercó hasta mí y ante todos se atrevió a "marcarme" como suyo. —Fue el momento más humillante de mi vida y juré hacerle pagar por ello —. Al llegar a mi altura, sin decir una sola palabra, trató de agarrar mi mano izquierda, —mis reflejos no la dejaron hacer el movimiento por completo, pero como yo seguía en medio de la confusión, ella solo levantó su mirada conectándola con la mía y no pude negarle seguir con su cometido; —y colocó un anillo de compromiso. Lo siguiente que hizo fue agarrar mi mano derecha y hacer que yo le colocara un anillo a ella en su mano izquierda. —Toda la sala estaba en un profundo silencio, ni a Weasley se le escuchaba quejarse. Yo no salía del asombro por haberme dejado mangonear, una vez más, por esta chiquilla impertinente. Y para rematar, dijo las palabras que nos sentenciaron a cadena perpetua:
—Con el poder que me ha otorgado el Ministro, nos declaro, ante todos estos testigos, marido y mujer. —En ese instante una luz brillante salió de los anillos de compromiso envolviéndonos a Granger y a mí con su resplandor. Antes de que desapareciera pude sentir cuando un peso extra se instaló en mi dedo anular. Un anillo de matrimonio inquebrantable. Estoy jodido, tremendamente jodido. —Puede besar a su esposa, Sr. Snape. —Terminó la declaración con un beso hambriento sobre mis labios.
En ese momento el cáliz expulsó dos expedientes más: el de Granger y el mío. Imposible…"
Sentí una corriente eléctrica en mi espina dorsal al recordar ese fatídico día. Pero bueno, tengo muchas pociones muy importantes por entregar y no tengo tiempo como para andarlo gastando en la tortura más grande mi existencia, mi esposa. —Otro escalofrió hace de las suyas ante esa abominable palabra. — ¿Acaso no dicen que en el matrimonio hay mucho tiempo para conocerse? Por favor, ¡puras idioteces! Desgraciadamente estoy envuelto en esa mierda. Me hice una nota mental de averiguar más sobre esa escuincla más tarde… al cabo tenemos un para siempre de por medio.
~.~
Le apliqué un enervate a Harry para poder seguir con la plática indeseada.
— ¿Qué rayos? —dijo el despertar.
—No vuelvas a desmayarte, Cachorro. Pon la atención debida o tendré que usar otros métodos para que entiendas lo que tenemos que contarte y te aseguro que tales métodos no son para nada agradables. —Es verdaderamente curioso ver como el ser que se enfrentó a Voldemort temblar ante la voz de una Loba inofensiva. —¿Inofensiva? Ni tú te la crees. —Se burló en mi mente.
— ¡Está bien no es necesario que lo hagas! —replicó apresuradamente al imaginar qué haría Ébano con él.
—Muy bien, Harry. No tenemos mucho tiempo y es mucha información. Una vez más te repito que todo esto tiene que quedar entre nosotros tres.
—Ni lo dudes, hermanita. Lo único que pido es que entiendas que es difícil para mí verte como dos personas, sin ofender Lob… Ébano. Por lo tanto, tendrás que tenerme mucha paciencia para que dejes de ser sólo Hermione ante mis ojos y se vuelvan Ébano-Herms.
—Eso es lo de menos, Ébano se encargará de ayudarte en eso. —Finalicé el tema con una sonrisa maliciosa. —Como ya viste no soy una mujer lobo normal. La mayoría de los libros habla de la maldición como tal, al grado de que llegas a odiar a tu parte lobo (lo que provoca que la gente tenga pavor a los hombres lobo) y es cuando las trasformaciones en cada luna llena son se vuelven dolorosas. El lobo desquita su odio contra ti, por no aceptarlo, en esos días. Empero, nunca te dicen que cuando dejas de ver la maldición licantrópica como maldición, ésta actúa a tu favor. Ya que tú aceptas a tu parte lobo y él te acepta a ti, por lo tanto todos los poderes mágicos que tenga el lobo te los ofrece por voluntad propia y todo tu poder mágico se los cedes de igual forma. Se crea una unidad, se vuelven equipo y se vive mejor con la licantropía en la venas. —Me detuve un poco para que terminara de digerir esta parte. —Esa es la diferencia entre Lupin y yo. Él aún no ha aprendido a aceptar a Lunático en su totalidad, se ha estancado desde que el último merodeador, Sirius, murió y no ha avanzado nada en los años que han transcurrido. Ébano y yo en estos meses lo hemos estado ayudando para que su relación mejore. Aunque nos está tomando tiempo sacar de su berrinche a Lunático por todos los años que Lupin lo tuvo encerrado… ese es otro tema muy aparte que sólo Lupin tiene derecho a contar. Bueno prosigo, yo acepté a Ébano desde el primer día sin darme cuenta. Después de que Greyback me mordiera y me dejara el piso pensando que estaba muerta. La realidad era que el veneno me había paralizado y estaba sufriendo los cambios, me estaba regenerando a una velocidad increíble. Pude sentir cómo Ébano iba tomando forma dentro de mí, sentí cuando se hizo un espacio en mi mente, cuando mis pulmones y otros órganos comenzaron a adaptarse a las dos esencias que se estaban volviendo parte de un solo cuerpo. Fue un proceso doloroso, pero extraordinario. Aprendí cosas que me faltaban por aprender y llené los espacios vacíos que mi curiosidad por las criaturas mágicas habían creado con el paso de los años viviendo en el castillo. Entiendo que tu duda sea por qué elegí a Snape como esposo antes de que el cáliz lo hiciera y eso también tiene explicación. — Señalé, entrecerrando los ojos y dejando que un poco de reproche se notara en mi voz. —La Luna y Ébano tienen toda la culpa en esto, fue algo que realmente yo no escogí…
"Mi primera conversación con Ébano fue entre polvo y sangre. Me dolía todo el cuerpo. No sabía qué estaba pasando a mi alrededor pero sí sabía lo que me estaba pasando a mí… la escuchaba zumbar en mi cabeza.
—Estás despierta, —afirmó lo que antes percibía como un zumbido en mi mente, —no temas, no te haré daño. Sé que nunca contemplaste esto y que es algo difícil de entender, pero lo que te tiene que quedar claro es que ya no se puede hacer absolutamente nada. Me llamo Ébano y a partir de hoy formo parte de ti y aprovecho que no estás en condiciones para hablar o para pelear para explicarte lo que tienes que saber.
Solo pude asentir y eso me provocó un pinchazo horrible en la nuca.
—En primer lugar, tienes que aceptarme y mi presencia no te será dolorosa. Muchos son convertidos en contra de su voluntad y no dejan que su lobo les explique la situación. En segundo lugar, no somos parásitos, tenemos un cuerpo que se puede manifestar y no solo cuando hay luna llena sino que podemos movernos como nos plazca en cualquier momento que deseemos, somos poderosos y nuestra fuerza puede jugar a favor de ustedes, humanos, y viceversa. Mi presencia puede parecer lo peor porque así nos han pintado, empero somos la mayor ventaja que pueda tener un ser humano. Y por último, podemos manejar varita y magia no verbal en estado licántropo. Eso es la base de todo lo que te tengo que aclarar.
Es un poco grotesco sentir como se mueven mis labios y escuchar una voz que no es la mía, pero al mismo tiempo lo es, salir de ellos.
—Ahora bien, no disponemos de mucho tiempo en este momento. Cuando estemos seguras te explicaré todo lo que falta, pero en este instante tenemos que irnos de aquí. Nuestra pareja… puedo oler a nuestra pareja desde aquí… —se interrumpió a ella misma—. Está en peligro de muerte. Pude reconocerla al terminar nuestra fusión.
Y fue como si me sacaran del limbo en el que me encontraba, todo volvió a tener sentido, las explosiones a mi alrededor volvieron a escucharse junto a los hechizos que pasaban por donde me encontraba, había mucho humo e inhalé profundamente… pude notar que mi olfato percibía de forma muy clara un olor a sándalo, menta y a pasto cortado bañado con un toque metálico. Sangre. ¡Era sangre! Y mi cuerpo reaccionó ante la alarma de perder lo que la Luna le había dado como regalo. Ébano había tomado el control total de mi cuerpo y me sentí cedérselo, el dolor que hace unos segundos sentía desapareció dejando en su lugar la fuerza que la Loba había mencionado.
Movió mi cuerpo y aceleró el paso. Todo pasaba muy rápido ante mis ojos, empero el olor nunca desaparecía, al contrario se hacía más fuerte. Cuando me di cuenta estaba a unos metros del Sauce Boxeador. Pude ver como mi brazo con varita en mano se alargaba y como salía un encantamiento de mis labios dando en el lugar exacto que paralizaba al Sauce dejando la entrada libre hacia la Casa de los Gritos. Era una sensación muy extraña el estar consiente cuando alguien está manejando tu cuerpo, no es como la maldición Imperio en ella no puedo hacer nada más que ver, empero aquí tengo la certeza de que en el momento que yo decida puedo volver a tomar el control de mi cuerpo; entramos y corrimos lo más rápido posible. Al atravesar la puerta de uno de los cuartos, lo primero que notó Ébano fue que en este lugar el olor se acentuó al tal grado que se hizo insoportable, no por el bello olor sino por el temor, paranoia y ansiedad que creó el olor a sangre. Era demasiada lo que se olfateaba.
—Es por aquí. —Se escuchó la voz de Ébano quebrada en medio del silencio.
Mi cuerpo temblaba, yo no quería acercarme, lo que quería era salir corriendo de aquí, me daba miedo lo que podía encontrar a unos pasos y sumando lo que Ébano me transmitía, este momento se volvió el más traumático de mi vida.
En medio de todas las emociones un flash llegó a mi mente y empalidecí más de lo que ya estaba: recordé quién era la persona que estaba aquí, en la casa. ¡No puede ser él, Ébano! Es totalmente imposible que el hombre que has escogido como nuestra pareja sea el hombre que más me odia en esta vida. No podía salir del shock que me había dejado tal revelación. Mis pies volvieron a moverse en dirección del cuerpo tirado que se vislumbraba en el cuarto, cerca de las ventanas. Pedía a gritos huir del lugar, pero mi cuerpo no quería cooperar, estaba empeñado en seguir las órdenes de Ébano y no puedo negar que sentía desesperación por saber que él estaba bien.
—Sigue vivo, —mencionó al ya estar cerca del cuerpo—. Puedo escuchar sus latidos, son muy lentos ¡tenemos que actuar rápido!
—¿Crees que pueda resistir? —Le pregunté y al segundo se oyó el aleteo de un ave grande y su sollozar. Era el fénix de Dumbledore, quien se posó en el pecho de Snape para derramar sus lágrimas en las heridas que habían dejado Nagini y Voldemort cuando lo atacaron cobardemente.
—No es suficiente con lo que ese pajarraco le está haciendo. Cerró las heridas pero el veneno está en sus venas, hay que hacer algo antes de que sea tarde.
—Mmm… —El quejido venía de Snape—. De… déjenme… quie… —No pudo continuar por la tos que le atravesó en ese momento.
—Calla, mi amado pocionista. Te ahogarás con tu sangre.
—Váyanse… —Fue lo último que dijo Snape antes de caer inconsciente.
—¿Qué haremos Ébano? ¡Por Merlín! No quiero ser testigo de una muerte, aunque sea un mortífago ese hombre me dio clases por muchos años y no puedo… no puedo verlo así, es horrible. No importa lo que hizo, nadie merece una muerte de esa forma. —Estaba a punto de caer en un ataque de nervios y ella pudo percibirlo.
—Antes que nada debemos mantener la calma porque así no ayudamos en nada. Y por lo que tenemos que hacer no tienes de qué preocuparte, tengo una idea. Requerirá de casi toda nuestra magia pero lograremos alejarlo por completo de morir."
(Capítulo editado a la mitad)
Besos, inesUchiha.
