EDICIÓN: 01/10/2016

N/A:

ñañañaña estoy aquí de nuevo se que es pronto pero no pude evitarlo

Anna: estas bien? O.o

Kyo: si por qué? ^^

Anna: que mosca te pico para que actualizaras tan rápido? Sólo espero que no vaya a ser un asco de capitulo ¬¬

Kyo: T.T que grosera y yo que me esmeré. Tenía la venita KHR! todo lo que daba así que no pude evitar escribir la continuación y más al ver que recibí comentarios. Sinceramente no pensé que tendría alguno por que como dices apenas subí esta historia ayer.

Anna: ya que ¬¬

Kyo: por qué te ves decepcionada?

Anna: es que había comprado esto para castigarte por no cumplir el plazo (Kyo se asoma y ve centenas de latas de chile, dagas, un látigo, un tiro al blaco, ratas, cucarachas, torturas del medievo... )

Kyo: ¿dabas por hecho que no terminaría verdad? (con la cara azul de espanto)

Anna: (suspiro) ya que tendré que esperar un poco más para usarlo ¬¬

Kyo: Hiiie! Bueno les dejo aquí el capítulo. Algunos me preguntan quién es Nina por lo que ahora sabrán quien es... NO ME MATEN esto es un 1827 al fin y acabo.

Anna: pero si no se sienten satisfechas las amenazas de muerte, las bombas molotov y otras cosas más son bien recibidas ^^ (con sonrisa radiante).

Kyo: Anna-chan TAT

OPENING:

Tada Rin Toshite por Kishidan Kyodan & The Akeboshi Rockets

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ENDING:

New Born por Miwako Okuda

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Rating: T

Disclaimer: KHR pertenece a Akira Amano-sensei (por el momento ¬¬)


OJOS AJENOS

By: White Aconite

Capítulo 2:

Ojos grises.

Una mañana tranquila en comparación del ajetreo del día anterior: su hermano cerrando negocios, su abuelo y Xanxus encargándose de la corporación; Kyoko, Haru y Gokudera seguramente estaban presentando los exámenes finales del instituto y es que estaban a un paso de ingresar a la universidad.

La calma prevalecía en la habitación de Tsunayoshi quien se encontraba despierto desde muy temprano. Desde que despertó de su sueño no había vuelto a dormir por culpa del remolino de emociones que se cernían sobre él.

Cansado de estar en la cama decidió pararse temprano, raro en él ya que al tener un sueño pesado por las mañanas era todo un reto levantarse... obviamente Reborn se encargaba de sacarlo con métodos un tanto rudimentarios. Agradecía que su tutor estuviera en Italia atendiendo un encargo del Noveno porque sabía que una vez que se cumpliera los tres meses de reposo tras la operación, los métodos espartanos de su maestro serían diez… no, mil veces peor de lo que ya eran.

Suspiró al imaginarse lo que le aguardaba mientras recorría los pasillos del edificio. Quería salir a los jardines o al solario, cualquier lugar que no fuera el enorme edificio del hospital; no era temor sólo desagrado. Pronto atravesó las puertas que daban al exterior y se encaminó por el sendero que conducía a una laguna artificial llena de bancos para descansar.

Era un tranquilo y bello panorama, el verdor de los sauces llorones que se erguían alrededor de la laguna, el tranquilizador sonido del agua que lanzaba la fuente, los jancitos de acuáticos que se extendían sobre su manto, el olor de los tímidos narcisos blancos que nacían en las orillas, el trinar de las aves y los graznidos de algunos patos y cisnes que vivían ahí.

Sin duda su familia había hecho un buen trabajo remodelando el hospital, y es que hace poco la corporación Vongola había dado un gran paso invirtiendo en la industria farmacéutica y médica; en la agenda estaba la construcción y equipamiento de hospitales, acondicionamiento de lugares para la investigación, entre otras cosas más. A decir verdad, Vongola era la principal firma de inversionistas del país y bajo su poderío dominaban la industria mercantil externa, empresas financieras y las manufacturas. Inclusive el gobierno pedía la opinión de las cabezas de Vongola para algún proyecto. Realmente era todo un imperio, y como todo imperio poderoso también tenían enemigos.

Tras el atentado que le arrebató sus padres, Tsuna vivió el resto de su primaria y el instituto medio en casa bajo las enseñanzas de Reborn. No fue hasta el instituto superior que recibió la autorización de su abuelo para acudir a una escuela pública, ignorando los reclamos de su hermano.

A pesar de la ceguera, Tsuna procuraba valerse por sí mismo. No era aplicado en clases, pero por lo menos su nivel no era tan mediocre por las técnicas poco ortodoxas de Reborn, pero para gracia de todos, si fallaba los exámenes no era por desconocer el contenido, sino por errores que se podrían considerar torpes: responder en el orden erróneo, olvidar poner el nombre, equivocarse al interpretar las instrucciones, eso sumando una dificultad extra al hacer sus exámenes escritos en braille… no es de extrañar el haberse ganado el apodo de Dame-Tsuna. Ahora que lo pensaba, el haber entrado en la Universidad de Namimori Daigaku era considerado casi un milagro, un milagro que atribuía a un hermano sobreprotector y al resto de su familia.

Se aproximó a un banco blanco que estaba debajo de un árbol, un lugar perfectamente tranquilo para reflexionar y para sacarse unas ideas raras de la cabeza, pero no todo va como uno planea. Al acercarse por atrás vio un bulto en el banco, tal parecía que era una persona dormida en tan impropio sitio. Iba a alejarse para no molestar, pero la curiosidad le hizo aproximar.

Por un momento se le olvidó respirar y el rubor se asomó en sus mejillas. Se maldijo mentalmente por no haberse ido al mismo tiempo que trataba de recordar desesperadamente cómo era mover las piernas y salir corriendo. Ahí el objeto de sus deseos… ¡No! Era sólo un extraño que daba la casualidad de parecer al chico con el que había soñado… y sólo por haberlo soñado no significaba que algo iba a pasar en la realidad ¡No seas torpe, dame-Tsuna!

Recobró el sentido, y lentamente trató de caminar hacia atrás por donde había caminado… mala suerte, Tsuna no vio la rama que estaba justamente detrás de él. El crujido despertó al azabache, quien se reincorporó para mirar molesto al castaño quien se debatía si pedir perdón o usar sus piernas para correr, aunque lo tuviera prohibido por el tratamiento.

–Perdón no quise molestarlo –recibió una mirada fulminante como respuesta estremeciendo al pobre castaño. No simplemente era hostil, era rencorosa… casi como si le odiara.

– ¿Qué haces aquí?

– ¿Perdón? –por un momento sonó como si el azabache le conociera confundiendo aún más a Tsuna. El moreno pareció captar sus pensamientos y luego suspiró como si usara toda su voluntad para hablar con el castaño y no golpearlo.

–¿Eres idiota? Te hicieron una operación apenas hace dos días ¿no? Ni siquiera deberías caminar– el hablar con él puso nervioso al castaño.

–¿Cómo sab…?

–Regresa a tu habitación – interrumpió – y déjame sólo. La presencia de los demás me fastidia.

Frialdad… así describió la actitud del moreno hacia a él. Le dolió oír eso, pero algo en su interior le empujó a preguntar el porqué de su desprecio como si realmente le importara la opinión de ese foráneo. Era como querer permanecer un rato más con el moreno pese a la bienvenida.

–Disculpe, no le conozco pero pareciera como si no le agradase, ¿Hice algo para disgustarle? –preguntó dudoso. El azabache le miró con indiferencia pensando cómo contestarle.

–¿Acaso debes agradar a todos? –expresó con sorna en una mueca cruel.

–¡No me refiero a eso! –Exclamó el menor – ¿Cómo es que sabe que tuve una operación hace dos días? Mi familia y mis amigos son los únicos enterados y usted claramente no está en ese círculo además… - usted entró a mi habitación sin permiso quería decir, pero las palabras murieron en su boca. Era absurdo pensar en ello, no imaginaba una razón válida para tal acción y con semejante personaje parecía que no haber lógica para sus acciones.

Pronto el silencio rodeo a ambos. Tsuna estaba mudo y bastante nervioso por haberse dirigido a tan amenazadora persona y el moreno parecía estar completamente disgustado con el menor. Una mirada llena de despreció fue lo que ganó Tsuna, quien quería salir de inmediato de ese lugar. De pronto un pequeño canto quebrantó el ambiente hostil que ahí se respiraba sacando a ambos de su trance.

–Hibari, Hibari…

–¿Cómo? –se preguntaba de donde venía la pequeña vocecilla que parecía acercarse. De pronto sintió como algo pequeño y tibio se posaba en su cabeza.

Llevó una mano para cerciorarse de lo que era y sintió un plumaje suave al tacto. El ave salió de su cómodo y cálido sitio para posarse en los hombros de su dueño mientras seguía cantando entusiasmadamente.

Vaya que había sido oportuna el canario porque la mirada de resentimiento de su dueño desapareció por una perpleja. El más alto había entrenado a la avecilla para que supiera cuidarse por sí misma, eso significaba que no acercaba a desconocidos fácilmente, incluso nunca se había posado en…

–¿Es tuyo? –preguntó el castaño sacándolo de sus cavilaciones.

–Si –contestó un poco cortante.

–Sorprendente –dijo mientras extendía su mano hacía el ave.

Éste vio la invitación y no dudó en posarse en su mano. Su amo tenía un aura que despedía seguridad y protección, no negaba sentirse a gusto con él, pero ese chico tenía una atmosfera cálida y amable.

–Me gustan los animales, pero no podía cuidar de ellos – sonrió al recordar algo – mi perro lazarillo era el que me cuidaba en vez de yo a él. Ha sido el único tipo de mascota que he podido tener.

Estaba tan encantado por el canario que reposaba en su mano acurrucándose que se había olvidado de la hostilidad de otro, pero al observar otra vez esos ojos grises volvió a la realidad en la que el moreno le odiaba.

–Me tengo que ir –anunció regresando el ave a su dueño. Al depositar a la pequeña ave en la mano de su dueño, hubo un ligero contacto que hizo enrojecer al castaño.

–¿Puedo volver a este lugar? – ¡oh rayos! Eso se debió haber quedado en sus pensamientos, pero su boca lo había traicionado.

La respuesta estaba clara para quien pudo distinguir el sonrojo que el menor se esmeraba por disimular.

–No –eso sin duda devastó al menor. No lo iba a negar, por fuerzas que estaban lejos de su comprensión le agradaba estar cerca del pelinegro… pero sólo eso.

–Bueno me voy, Adiós Hibari –se despidió erróneamente del ave desconociendo que aquel nombre era de su dueño y no de la mascota. Sin embargo, la naturalidad con lo que lo dijo y el leve tono de tristeza hicieron recordar al azabache lo mucho que odiaba a ese castaño… sino hubiese sido por él…

"Adios Hibari…"

Cómo odiaba esas palabras, las últimas que le oyó decir.

Sin saberlo, Tsuna llevaba una parte de la persona que Kyoya una vez amó.


Iba algo desanimado… bastante, mucho… Le lastimaba que el moreno le tratara así. Quería una explicación de tal comportamiento: meterse a su habitación a mitad de la noche para acariciarle de forma íntima siendo desconocidos. Luego se recordaba que era una tontería darle importancia y trataba de enterrar esos pensamientos aunque una parte suya se mantuviera curiosa.

–¡Juudaime! –gritaba a todo pulmón Gokudera aliviado por ver a su futuro jefe a salvo.

–¿Gokudera-kun qué haces aquí? ¿No deberías estar presentando los exámenes finales?

–No se preocupe por mi rendimiento académico Juudaime. Me he asegurado de tener la máxima calificación- le responde algo orgulloso –una vez acabado el examen vine rápidamente hacia acá para hacerle compañía, pero al no verlo en su habitación pensé que algo malo le había pasado.

–No te preocupes Gokudera-kun, sólo salí a caminar. Tanto tiempo en la cama va a hacer que se entuman las piernas –Gokudera iba a replicar, pero una mano se posó sobre su hombro.

–Maa, maa, aun así, deberías descansar Tsuna. Recuerda que no es bueno por el momento el esfuerzo físico –dijo un pelinegro con tez bronceada y ojos color ámbar. Era alto para sus veintidós años y su cuerpo estaba en buena forma pese al trabajo de oficina.

–¡Yamamoto! –exclamó feliz de ver a su amigo.

–¡Tú maldito fanático del beisbol no hables así como así al Juudaime! –reclamaba Gokudera bastante cabreado.

–Maa, maa –reía enfureciendo más de ser posible al albino –… y bien Tsuna ¿Cómo me veo? –preguntó señalándose con un dedo.

–Bastante bien, un poco diferente a como te había imaginado pero muy apuesto –contestó el castaño.

–Me avergüenzas Tsuna –reía el moreno. Esperaba oír un reclamo de Gokudera pero éste se quedó en silencio.

–Me alegra verte, ser un secretario para mi abuelo no ha de ser fácil –comentó recuperando la atención de Yamamoto.

–Sí lo tengo difícil, pero lo tomo como una preparación para cuando tú tomes el puesto cuando se retire el noveno.

–¡Oi, friki del béisbol inútil! Ni creas que te cederé el puesto de mano derecha del Juudaime –contestó el albino recuperando esa personalidad llena de energía que le caracterizaba mientras tomaba al moreno de la camisa.

–Chicos calma –era inútil, esos dos siempre se llevarían así para dolor de cabeza de Tsuna –aún pienso que Giotto-niisan es el más indicado para el puesto en vez de mí.

–Eso no es cierto Juudaime. Respeto a su hermano, pero todos coincidimos en que usted es mejor para liderar una gran empresa como lo es Vongola –se apresuró a decir Gokudera.

–Tiene razón. Ese asunto de los lazos de sangre no tiene importancia, nada nos cambia la idea de que el próximo décimo seas tú, Tsuna.

No evitó suspirar, ahí estaba otra vez esa incertidumbre. Sabía de sobra el peso que se cerniría en sus hombros, ¿pero alguien tan torpe que comete errores insignificantes realmente podría sacar adelante lo que por muchas generaciones su familia había logrado? Sinceramente prefería dejarlo a manos de Giotto o Xanxus aún si no tenían la sangre de la familia Vongola.

–Joven Tsunayoshi que bueno encontrarlo despierto –volteó para toparse con un hombre mayor canoso y bigote. Caminaba un poco encorvado y tenía su cara llena de arrugas como prueba del tiempo.

–Souma-sensei.

–Ya que estas despierto y con energías ¿Qué te parece si te hago la revisión? Así podrás irte con tus amigos de inmediato –dijo el amable anciano.

–Sí, así ya no tendrás que pasar más tiempo en este lugar, sin ofender sensei – se disculpaba Yamamoto.

–Si Juudaime ya no tendrá que volver a este lugar –secundó sin tacto Gokudera.

Algo agitó el corazón del castaño ¿irse? Eso significaba ya no volver a ver al moreno de ojos grises. Repudiaba el hospital, pero sentía que irse sin siquiera saber el nombre del azabache era algo que odiaba más.

Oh Dios, había perdido la cuenta de las patadas mentales que se había hecho en las últimas horas; ¿qué era? ¿una adolescente con su primer amor?

–¿Juudaime? ¿Pasa algo? –dijo interrumpiendo el debate mente versus corazón de Tsuna.

–No pasa nada Gokudera-kun –contestó tratando de simular que estaba bien para no preocupar a sus dos amigos, cosa que no logró –sensei hágame el chequeo por favor.

–Sígame por aquí ¿ustedes dos pueden esperar un momento en la habitación del joven Tsunayoshi? –no les quedó más que obedecer pese a que les intrigaba la reacción de Tsuna.


Entró al consultorio del médico el cual estaba completamente limpio y ordenado, obvio en una persona cómo él con tantos años de servicio. Se recostó en la camilla esperando pacientemente que el doctor checara el estado de sus ojos. Estaba sumiso en sus pensamientos acerca del moreno... un desconocido que le trataba fatal sin saber la razón.

Bufó.

Gran elección.

Simplemente se superó en su marca de torpeza en sentirse atraído hacia alguien así.

Estaba comenzando a pensar que era masoquista por querer saber más, cada vez más de él ¿Por qué lo odiaba? ¿Por qué había hecho lo de la anterior noche?

Pero la misma pregunta que se hizo esa noche regresó a su mente.

"Nina ¿Quién eres?"

Porque la respuesta parecía venir con ese nombre. Sino ¿Por qué el azabache sabía cuándo había sido su operación? ¿Por qué estaba merodeando en un hospital? Un escalofrío sacudió al castaño cuando un pensamiento atravesó su mente cosa que notó el médico.

–Joven Tsunayoshi ¿Ocurre algo?

–¿D-de quien… de quien son las corneas que recibí? ¿Quién fue la persona que las donó?

–Mmm… como es mi profesión no puedo revelarlo joven Tsunayoshi.

–Por favor, necesito saberlo –rogaba el castaño con una desesperación que se reflejaba en sus ojos.

–Por favor relájese. No es bueno para su estado el alterarse.

–Por favor, necesito saber sensei.

El doctor no parecía convencido de decirle del todo al castaño, no era ético, pero viendo su estado parecía que algo había pasado

–No puedo revelarle el nombre, pero sí puedo decirle que fue una paciente que fue traía aquí herida de gravedad hace más o menos 5 días. Me acuerdo porque ese día vino Kyoko y su hermano por una fractura en su pierna. No sé muchos detalles porque no fui su médico, pero a pesar de que se internó y se hizo todo lo posible, la chica sufrió una muerte cerebral. Fue hace 3 días que sus familiares aceptaron desconectarla y donar algunos órganos de la chica... bueno sólo fueron las corneas ahora que lo pienso -reflexionó sobre ese hecho al cual no le había dado importancia– joven Tsunayoshi, no debe preocuparse, la chica ya no tenía salvación y quedaría en estado vegetal por siempre y, en mi opinión meramente personal, a eso no se le puede llamar vida. Además, su familia dio el consentimiento, por eso no debe sentirse culpable –cada palabra sonaba haciendo eco en el interior de Tsuna asimilando lo mejor posible la información.

–Ese día… con ella… ¿había un joven de cabello negro y piel pálida? –preguntó en un casi susurro.

–Mmm ahora que lo menciona, ese día que fue internada la acompañaba un joven muy apuesto. Estoy casi seguro que era su novio ya que estaba algo desolado cuando se decidió desconectarla –dijo mientras trataba de recordar sin percatarse del rostro que ponía Tsuna.

Salió rápidamente con dirección al exterior haciendo aún lado los gritos del médico que no podía alcanzar al castaño para traerle de vuelta. Podía escuchar el palpitar de su corazón acelerarse por la adrenalina que corría por su cuerpo, su respiración era arrítmica y sus manos sudaban.

"Miedo."

Un sentimiento que ganaba terreno en el corazón del décimo Vongola.

Era cierto que tenía miedo por conocer el motivo del odio del moreno, por saber que la persona amada del azabache había muerto terminando donándole sus corneas… sin embargo, había un miedo aún mayor que cobraba forma: el miedo de saber que esos sentimientos por ese desconocido eran ilusiones impuestos por un fantasma.

Caminando a toda prisa llegó al mismo sitio donde había dejado al moreno quien observaba el paisaje… no, su mirada lo transportaba a algo más lejano, algo tan querido que el moreno no se percató de la presencia del castaño hasta que este se puso enfrente de él. Observó que al menor le faltaba la respiración y estaba agitado.

–¿No te dije que no volvieras? –preguntó frío e indiferente.

–Ne-necesito saber… -ya no quería preguntar, pero sus labios se movían, temía escuchar la respuesta a la pregunta que estaba por formular –las corneas que recibí… ¿Tú conocías a esa persona?

Eso hizo enfurecer aún más al azabache. Ira, odio, desprecio… todos esos sentimientos se arremolinaron en su interior haciendo que se lanzara hacia a Tsunayoshi a quien derrumbó en el suelo.

–Tú tienes sus ojos, los ojos de alguien a quien quise. No sabes cuánto te desprecio por llevar sus ojos mientras ella está muerta y tú disfrutando del privilegio de respirar –tomó la barbilla de Tsuna haciendo que el menor lo encarará –Te odio a ti como no tienes idea, desearía que tú murieras.

Lentamente le soltó dejando a un Tsuna paralizado y con una mirada perdida y perturbada. El moreno podría terminar todo ahí, sucumbir ante su furia y odio… a regañadientes recordó que un asesinato pasional estaba fuera del plan trazado y sería contraproducente. Hibari se reincorporó para tomar sus cosas del banco y retirarse antes de que su sed de venganza le hiciera matar al castaño… venganza, era algo que iba a llevar a cabo contra las personas que lastimaron a Nina y nadie lo iba a detener.

Dejó a Tsuna sólo sobre el pasto mientras este trataba de contener el dolor que sentía su pecho. Era como tener un hueco que no te deja respirar, un vacío terrible, una tristeza desoladora. Se levantó y caminó sin rumbo fijo tratando de calmar ese suplicio que amenazaba con devorarlo. Un dolor multiplicado por dos.

–¡Juudaime! –oyó a lo lejos pero no quiso voltear para que sus amigos le vieran con ese rostro angustiado y atormentado.

–¡Tsuna! –sintió como unos fuertes brazos le giraban para toparse con ese rubio de ojos naranjas ¿Qué ha pasado? –preguntó espantado al ver las traicioneras lágrimas que corrían por sus mejillas.

Tsuna no contestó. Si abría la boca sabía que soltaría un terrible alarido como un animal herido; en vez de eso hundió su rostro en el pecho de Giotto para no revelarle esa pesada tristeza a sus dos amigos que se hacían presentes. Lloró hasta terminar con la última de las lágrimas de ese amor que terminó antes de siquiera empezar.


Notas finales del capítulo:

N/A: me he dado cuenta de algo, sin querer el primer título tiene dos significados: el que Tsuna vuelve a recuperar la vista y el otro... bueno dejare que hagan especulaciones.

Anna: hiciste llorar a Tsuna (super estrangulamiento)

Kyo: A...Anna..chan... es..esp..era (con los ojos blancos)

Anna: más te vale componerlo después

Kyo: coff coff (recupera) si a eso iba pero no me dejaste acabar. Hice este capitulo un poco cruel para Tsuna pero desde aquí comenzara realmente la relación de estos dos. Aquí un pequeño preview.

-Tsuna ya que Reborn se ausentará una temporada quiero presentarte a tu nuevo guardián. Entra Hibari-kun -dice amablemente Timoteo.

-"Hibari, imposible tras estas 3 semanas... no puede ser el"

-Un gusto conocerlo por primera vez -acentuó esas tres últimas palabras - mi nombre es Hibari Kyoya.

Era cierto que no le conocía, pero no hacía falta ser un experto para darse cuenta que el semblante de Hibari decía:

-"Si llego a saber que trabajaría para ti no hubiera aceptado este empleo"

La vida realmente le estaba jugando una mala, pero muy mala broma.

Kyo: ¿qué tal? planeaba hacerlo sólo drama, pero pondré un poco de comedia para ir preparando el plato fuerte. Además, como se han dado cuenta voy a incluir un 8059! ^^ (hace fiesta), no sé si un XS, pero si quieren sugerir parejas adelante.

Anna: bueno espero que no me decepciones ¬¬ ¿en dos semanas?

Kyo: dame 2 semanas y media, no se tú pero empezamos semana de examen y mis materias son un dolor en el traseroT.T

Anna: tzk ¬¬** (guarda las cosas de tortura)

Kyo: bueno otras se preguntan que desición tomo Kyoko para arrepentirse pero dejare que especulen pero digamos que el tiro le salió por la culata así que me despido gente, acepto sugerencias, críticas y todo lo que se les ocurra (si es un Hibari mucho mejor *¬*).

Chao chao ^^