Hola de nuevo! ya veo que el primer capítulo tuvo buen público, e incluso un review.

Y quiero aclarar a la persona que dejó ese bello review, que Sarada al principio debe mostrarse fría y seria, por lo menos ante Boruto, es parte del drama que quiero darle a la historia. Pero en realidad ella es un rol de canela con un pasado triste, al igual que otros más. Así que no desesperes, lector. Me encanta Sarada siendo amigable y eso es lo que pasará... aunque su manera de ser fría tenga un pequeño propósito más adelante.

Aquí dejo el Cap. 2, espero que dejen review con comentarios ;)

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¿Demonios?

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En el mundo humano que se encuentra muy ligado al mundo espiritual, llamamos Ejecutores a aquéllos que se encargan de castigar a las almas oscuras en su forma original y llevarlas de nuevo al lugar a dónde pertenecen, alejándolos de las almas humanas.

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Nunca había tenido la convicción de llegar tan temprano a la escuela, él solía ser de los que llegaban tarde, pero esa mañana estaba decidido en averiguar lo que había pasado. Se había apresurado a vestirse y ni siquiera se detuvo a peinarse bien. Tomó su mochila y casi corrió hacia la puerta principal; Sin embargo, el sonido de platos y sartenes en la cocina lo detuvo… además del olor.

–¿Qué haces despierta tan temprano? –Dijo Boruto asomando su cabeza a la entrada de la pequeña cocina.

–Desayuno. –Respondió en seco su hermana, con una sonrisa en la cara. –No pensé que fueras de aquellos alumnos puntuales y aplicados.

Boruto hizo una cara de rezonga, pero el olor a huevos fritos hizo rugir su estómago. Se ruborizó un momento porque Himawari lo escuchó.

–Eso no te importa…– Comentó él.

–Siéntate, ya está servido. –Le dijo Hima con una sonrisa.

Y se había esmerado en eso. Había dos platos repletos de un desayuno que lucía espléndido. La barriga de Boruto rugió de nuevo… no estaba acostumbrado a desayunar de ese modo (sólo un cereal o incluso comida para microondas), aunque una pizca de nostalgia le punzó el pecho.

Sin decir más, tomó asiento y comenzó a comer. Estaba delicioso.

–Pensé que ni siquiera sabrías cocinar. –Dijo Boruto con la boca llena.

–¿Por eso compraste toda esa comida congelada? –Se rió la chica. Boruto puso los ojos en blanco. –Aprendí a cocinar hace mucho, he practicado bastante.

–¿Ah si?

–Claro. Yo era la que le preparaba la comida a mamá y… –Himawari se detuvo al percatarse de mencionar a su madre.

La reacción de Boruto fue inmediata. Su mirada cambió y se desvió al plato de comida. Himawari se encogió en el asiento y comenzó a buscar algunas palabras para cambiar de tema, pero Boruto no se lo permitió. Se levantó de la mesa, tomó su mochila y se llevó consigo un trozo de pan antes de salir.

–H-hermano, espera…

–Me voy a la escuela. –Dijo secamente antes de cerrar la pueta.

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Se había enroscado en su butaca de la escuela, apenas había un par de personas en el aula. Estaba sumergido en sus pensamientos, sabía que la llegada de Himawari traería consigo recuerdos que había querido olvidar desde hace tiempo como la situación de su madre y la previa muerte de su padre. "Rayos" Pensaba mientras sacudía la cabeza e intentaba concentrarse en otra cosa.

En eso, la puerta del aula se abrió y Sarada Haruno entró por ella. Boruto se tensó con nervios y ella al verlo hizo lo mismo. Sarada se forzó a mantener una postura calmada y se acercó lentamente a su banco mientras era fijamente observada por ese insoportable chico rubio. Le dio la espalda y tomó asiento, sin perder la postura.

–Tenemos una charla pendiente. –Le susurró él a la espalda. Sarada tardó en responder.

–No sé de que hablas.

–No te hagas la tonta, sabes de qué hablo.

–A veces los adolescentes con las hormonas alborotadas suelen tener alucinaciónes– Argumentó ella. Eso lo hizo enojar.

–No me vengas a dar explicaciónes estúpidas… no te hagas la lista.

Ya estaba recargado en su butaca todo lo que su cuerpo le permitía, hablando como si se contaran un secreto.

–No lo entenderías… –Dijo secamente Sarada.

–Pruébame.

–Deberías mantenerte alejado… –Murmuró la chica.

–¿Alejado de qué? ¿De los monstruos que intentan matarme? Pff—Le escupió con sarcasmo.

–No… me refiero a mí. –Soltó Sarada, girándose a medias para mirarlo solo con el rabillo del ojo. –Mantente alejado de mí, Boruto Uzumaki.

Algo en sus ojos lo hizo retroceder, y estuvo a punto de darle un escalofrío. La duda y algo de miedo se quedaron plasmados en su cara por un rato, pero cuando pensó en decirle algo más, su amigo Mitsuki ya había entrado al aula y venía directo a él para saludarlo como todas las mañanas.

–¡Hey, que hay, Boruto! –Le sonrió Mitsuki.

–Hey… hola Mitsuki. –Respondió Boruto, dándo un último vistazo a Sarada, que había vuelto a su fingida postura irritante.

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El profesor Shino estuvo hablando por horas y horas sobre historia, y para ese entonces la mayoría de los alumnos estaban concentrados haciéndo otras cosas en vez de prestarle atención. Boruto estaba muriendo de aburrimiento, sentía que el cerebro se le derretiría lentamente y le saldría por las orejas. Terminó por hacer garabatos ridículos en la hoja trasera de su cuaderno, y sin darse cuenta, había dibujado un renacuajo con tinta negra. Lo miró por unos momentos, miró la espalda de Sarada y advirtió en su nuca el pequeño resplandor del rosario debajo de su blusa.

"No caeré con explicaciónes tontas", pensaba al momento de apretujar la hoja en sus dedos.

Arrancó un pedazo, lo hizo bola y se lo lanzó con frustración a Sarada en la cabeza. Ella lo notó pero no hizo nada. Y le lanzó otra y otra bola más, bastantes para ser precisos, una más grande que la anterior, hasta que se acabó su hoja de cuaderno. Cuando le lanzó la última, ella reaccionó ya sin paciencia y se giró para mirarlo a los ojos, enojada.

–¡Ya basta! –Le susurró con furia.

–¿Basta de qué?... No se de qué me hablas. –Respondió Boruto de un modo arrogante, imitando su forma de hablar.

Sarada se ruborizó un poco y segundos después, su ira aumentó. Tomó aire para decir algo, pero Mitsuki los interrumpió.

–¿Algun problema? –Dijo el chico con curiosidad.

La chica se detuvo a mirarlo un segundo, respiró hondo y sorprendió a ambos muchachos mostrando una adorable y amigable sonrisa hacia Mitsuki.

–Ninguno. –Le dijo de forma refrescante. –Sólo el idiota de tu amigo.

Boruto se atragantó por el comentario. Y Mitsuki se contuvo para no soltar una carcajada.

–Si… suele ser idiota muy seguido. –Le siguió la broma el chico de cabello claro.

Sarada amplió más su sonrisa, soltó una risita cómplice y se giró de nuevo a sus apuntes. Ahora era el chico Uzumaki el que sentía rabia. Miró a Mitsuki con ojos asesinos y el otro no pudo hacer nada más que reírse por lo bajo, apuntándole con el dedo en señal de que lo habían dejado en ridículo.

–Puede que me agrade más que tú. –Dijo Mitsuki como un secreto.

–Cállate. –Le cortó Boruto, con los cachetes hinchados.

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El timbre sonó y todos los adolescentes saltaron y comenzaron a salir como locos por la puerta. Incluída Sarada.

–Hey, Boruto, iremos a comer hamburguesas al centro, ¿Vienes? –Le preguntó Inojin.

–Eh… no creo que pueda hoy, lo que pasa es que… –Decía mientras veía como Sarada escapaba entre la gente. –Tengo que ir a casa, mi hermana me espera.

–Oh, ok.

Antes de que le respondieran, el rubio ya había salido disparado. Cuando pudo localizar a Sarada entre la multitud, esta ya iba a una distancia increíblemente alejada, así que tuvo que correr para alcanzarla. Ella lo evadía, cruzaba la calle y el la seguía, volvía al otro lado y él la seguía, y ese juego ridículo duró unos minutos más en el camino hasta que:

–¡Deja de seguirme! –Le gritó ella.

–Lo haré hasta que me digas lo que quiero saber. –Le retó él con la mirada.

Hubo un minuto de silencio, hasta que Sarada se dio por vencida y suspiró.

–Supongo que no te mantendrás alejado de mí... –Le dijo ella con mirada cansada.

–Eso veremos cuando termines de hablar.

–¿Incluso si cambiara tu manera de ver el mundo?

El rubio se sorprendió ante el comentario. ¿En realidad estaba listo para oír cosas que tal vez cambiaran su vida?... de todos modos no podría olvidar el encuentro de ayer con aquél monstruo aunque quisiera, en cierta forma su vida YA había cambiado.

–M-me arriesgaré. –Soltó al fin.

–¿Eres tan molesto como para seguirme a casa? –preguntó pesadamente.

–Tengo toda la tarde libre. –Le dijo con sarcasmo. –Así que comienza a hablar.

Sarada miró un pequeño parque a su izquierda, caminó hacia una banca sin decir nada y tranquilamente se sentó. Boruto la siguió y se puso de pie frente a ella, con los brazos cruzados (como si le estuviera dando un regaño).

–La criatura que te atacó ayer era un demonio. –Le soltó sin más.

–¿¡Qué!? –escupió Boruto.

–Un demonio. ¿Sabes que son los demonios, no?

–¡Claro que sé lo que son! Pero… esa cosa parecía un monstruo no un demonio.

–Era una clase muy rudimentaria de demonio. Tal vez piensas que todos tienen cuernos, alas de muerciélago o colas puntiagudas, pero no es así. Hay muchas clases de demonios, y la mayoría del tiempo cada clase tiene una forma física específica, así que…

–¡Espera, espera, espera! –La interrumpió Boruto alzando las manos. –¿Qué rayos estás diciendo?

–Oh... lo siento. Cuando hablo de demonios y espíritus mi boca se echa a andar sola.

–Me estás asustando… Dices que ese renacuajo gigante que quería comerme ayer era un demonio, ¿cierto?

–Sí.

–Y que hay… muchos más como él por ahí, ¿Cierto?

–Sí.

Sintió como se comenzaba un escalofrío en su espalda.

–Y… cuando esa cosa me golpeó, por un momento mi cuerpo se paralizó. –Se tocó el brazo izquierdo mientras hablaba, y Sarada lo miró con sorpresa. –¿Por qué?

–¿Te tocó y no quedaste inconsciente? –Preguntó con interés. Boruto negó con la cabeza. –Mmm… normalmente, cuando un demonio de ese tipo te toca, absorve tu energía vital… y uno de ese tamaño debió de haberte dejado inconsciente por almenos 15 minutos. –Se tocaba la barbilla con los dedos, especulando. Alzó la vista y un Boruto la miraba con horror. –De hecho, debo admitir que me sorprendió el hecho de que pudieras verlo.

–¿Verlo? Osea que… normalmente no podemos verlos.

–Así es. Sólo pocas personas pueden ser capaces de verlos, aunque no es raro que tu puedas…–Susurró al final, pero siguió. –Ese demonio había estado rondando la escuela todo el día, tuve que esperar a que no hubiera nadie para hacerlo aparecer.

–¡Es verdad! Tú… tú rebanaste a esa cosa con una katana. ¿¡Qué rayos fue eso!? –Le apuntó con el dedo.

–Debo confesarte, Uzumaki, que yo cazo demonios desde hace algunos años. –Dijo Sarada, mientras se acomodaba los lentes.

El chico se quedó atónito, en shock. Pero ahora que le había dicho la verdad, no tenía caso dejarlo todo ahí, así que decidió seguir.

–Los demonios consumen la energía vital de los humanos desde que existimos. Algunos incluso matan para conseguir almas humanas; A causa de eso, algunos humanos que tenemos la habilidad de verlos y sentirlos, somos los responsables de devolverlos al mundo a donde pertenecen. –Sacó a relucir el rosario plateado que llevaba escondido y lo tomó en sus dedos. –Ese es mi trabajo como ejecutora… devuelvo las almas de los demonios al mundo oscuro.

Boruto segía en shock, se llevó las manos al pelo y se restregó la cara con ellas. Comenzó a caminar en pequeños círculos, procesando la información.

–¿Ahora cómo dormiré de noche? –Susurró con la mirada perdida.

–Uzumaki. Ahora es el momento en el que decides irte y olvidar esto para bien. –Dijo Sarada, mirandolo de manera seria. Se giró hacia ella. –Ya te lo dije, no tiene nada que ver contigo… no puedes hacer nada al respecto.

¿Tenía razón?

La chica de los anteojos rojos se puso de pie, caminó hacia él y puso una mano en su hombro.

–Tienes buenos amigos, y una familia… concéntrate en ellos.

Boruto la miró sorprendido. Sarada le sonreía levemente, como si le diera un sabio consejo de amigo a amigo, con un deje de nostalgia en en él. La joven retiró su mano y comenzó su marcha, dejándolo solo en medio del parque con un remolino de pensamientos en su cabeza.

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Se había pasado toda la tarde caminando sin rumbo, pensando en todo lo que había dicho Sarada. Nunca había tomado en serio el hecho de que los demonios en realidad existieran, y de la nada una chica linda con complejo de doble personalidad le confirma que es real.

Pateaba una pequeña piedra desde hacía un par de cuadras. Casi había llegado al edificio donde estaba su apartamento, podría verlo desde afuera. Pateó la pierda lo más lejos que pudo y miró a la ventana… la luz estaba encendida, Himawari estaría ahí. Resopló pesadamente antes de subir las escaleras hacia su casa, abrió la puerta y atravezó el pasillo principal a pesar de que su hermana lo llamó desde la sala.

–No molestes. –Le dijo antes de cerrar la puerta de su cuarto.

Si tiró en su cama y miró el techo.

"concéntrate en ellos" , le había dicho. Y sus ojos se habían llenado de una extraña …¿Tristeza?

¿Qué mierda pasaba con esa chica? ¿No le estaría diciendo mentiras para mantenerlo alejado? Recordó su pequeña sonrisa con empatía.

Un simple pensamiento se presentó de lleno en la cabeza del adolescente: Haruno Sarada… ¿Tendrá algún amigo?

Se llevó las manos a la cara y se sacudió con frustración, era ridículo que estuviera pensando en esa chica. Se revolvió de nuevo y acabó tirado de lado, mirando ahora su puerta. Observó el color de la pared, lo gastada que estaba la manija y… unas latas que no estaban ahí antes.

–¿Pero qué… –Se levantó de golpe. –¿Pintura?

Salió de su habitación de una forma exagerada, con el ceño fruncido y un enojo ridículo que surgió de la nada.

–¡Himawari! –llamó a su hermana.

–¿Boruto? –Contestó ella con preocupación, seguía entretenida en la sala.

–¿Qué rayos significan estas latas de pintura? –Le reclamó desde su cuarto.

–Bueno, sólo pensé que sería bueno renovar el color de tu habitación.

–Renovar… –Dijo apretando los dientes.

Se dirigió a la sala en busca de aquella molestia. Le había dicho claramente que tenía un sistema, que ni se le ocurriera cambiar nada. Al asomar su cabeza a la sala, Himawari estaba sentada en la alfombra en medio de una manualidad. Boruto se sorprendió al ver lo que hacía. Había un estante de madera imporvisado al fondo de la habitación, y la chica tenía una caja en sus piernas con algunas velas, varas de incienso y otras cosas. Pero lo peor era que en sus manos sostenía dos marcos con las fotografías de dos personas… sus padres.

–Hermano. –Dijo Hima sorprendida de su actitud agresiva.

–¿Qué… demonios crees que haces? –Le dijo de manera áspera, con ojos encendidos.

–Boruto, tranquilo. –Le dijo la chica nerviosa. –Es sólo un pequeño altar.

–¿Acaso te pedí que lo pusieras? ¡Claro que no!

–¡Te portas como un niño! –Le reprendió Himawari. –Son tus padres.

–Sí, y están muertos. –Soltó fríamente Boruto. Himawari se tensó al comentario.

–Es sólo… para rendirles honor de vez en cuando… –Intentó explicarse, bajando el tono de su voz.

–No me importa para qué sea. –Boruto cruzó la habitación y comenzó a desmantelar el altar de manera brusca. –¡No quiero un maldito altar en mi casa!

–¡Hermano! –Chilló Himawari, abrazando las fotos fuertemente. Su hermano se detuvo, pero la furia en él seguía brotando.

–¿¡Acaso crees que quiero ver sus rostros todos los malditos días!? –Le gritó desconsideradamente, sin mirarla, con los puños cerrados. –¿Tenerlos recordándome a cada segundo que siguen estando muertos?

Cuando al fin miró a su pequeña hermana, ésta estaba al borde del llanto. Ese corte de cabello y esos ojos de preocupación sólo le irritaban más, era como su madre lo miraba. No podía soportarlo un momento más. Salió disparado de hacia la salida.

–¡Boruto! –Lo llamó Himawari. –¡Espera!

El muchacho azotó la puerta.

Ya sin Boruto frente a ella, la chica miró los retratos de sus padres sobre su regazo, y lentamente unas pequeñas lágrimas caían en el cristal. Su madre con el cabello corto, sonriente, y su padre con sus ojos azules llenos de alegría como siempre. Boruto era la viva imagen de su padre.

–M-mamá, Papá, lo siento…–Sollozó a solas. –Mi hermano aún no lo entiende…

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Mientras corría hacia algún lado, la ira que sentía se volvía lentamente en aquélla desgarradora tristeza que pensó que jamás volvería a recordar. ¿Cómo se atrevía a traer todo eso a su casa? Sabía que sería un problema el traerla consigo, ¿Cómo es que ella podría tomárselo tan a la ligera? Después de lo que su madre hizo… después de que su padre los dejara solos sin más.

Ah, cierto, para ella siempre fue más sencillo. Tenía toda la atención del viejo todo el día, cuando llegaba a estar con ellos.

Se limpió con frustración la única lágrima que logró salir. Era ridículo que se pusiera de ese modo sólo por un par de retratos, pero no podía evitarlo. Respiró profundamente un par de veces antes de poder calmarse.

Había acabado tirado sobre un área con césped, al lado de un arroyo en medio de la ciudad.

Se sentó cruzando las piernas y se quedó así por unos minutos más.

–¿Boruto?... ¿Eres tú? –Preguntó alguien a sus espaldas. Él se giró.

–¡Sarada!

La joven iba sobre una bicicleta, de esas que tienen una canasta al frente, y llevaba algunos víveres en ella. Se veía diferente sin el uniforme, con jeans azules y una delicada blusa de color rojo, además de que su cabello no estaba peinado, caía sobre su espalda y se apreciaba lo largo que era.

–¿Qué haces por aquí? –preguntó ella.

–Ah… pues… –No sabía que contestar. –Sólo quería despejar mi mente.

–Ya veo. –Sonrió ligeramente la joven. –De hecho, iba en camino a comprar un poco de calamar, ¿Me acompañas?

–Eh… ¡Claro!

Y caminaron uno al lado del otro por algunas cuadras, Sarada llevaba la bicicleta a su lado.

–Me pareció demasiado raro ver a un chico tirado al lado del arroyo. Digo, paso por aquí casi todos los días y nunca había visto a nadie que "despejara su mente" en un lugar como ese –Soltó una risita. Bouto suspiró.

–La verdad es que… no sé como llegué ahí. Yo sólo quería caminar, tu sabes. –Sarada lo observó con algo de preocupación. –Mi hermana vino a vivir conmigo y… no sé como tratarla. Hace 3 años que no vivíamos juntos.

Sarada se tensó ante la noticia, de una manera extraña.

–Tu hermana… –susurró.

–Mejor hablemos de otra cosa. –Dijo él, poniendo sus brazos detrás de su cabeza. –¿Cómo va el trabajo de cazar demonios?

Sarada se detuvo en seco, junto con la bicicleta. Había ignorado a Boruto y su mirada se dirigió a un edificio abandonado que había a su derecha.

–Hey, ¿Estas bien? –preguntó el muchacho. Sarada corrió sin avisar. –¡Hey! ¡Espera!

Dejó la bicicleta recargada sobre el muro y se sumergió en la entrada sin puerta. Boruto dudó por un momento, pero aún así la siguió. Era una estructura vacía, casi en total oscuridad y con vigas de acero y madera rotas por todos lados. Pudo notar cómo Sarada sacó de su bolsillo una especie de anillo y rápidamente se lo puso en un dedo.

–Puedes irte si quieres. –Susurró ella, buscando a una criatura en las sombras. –Puedo hacer esto sola.

Llevó su mano a la altura de su boca, casi pegada a sus labios y susurró lentamente algunas palabras al anillo.

"Christ Cross…" o algo así.

La sortija brilló y apareció lentamente una katana en su mano, aquélla que usó esa vez.

–Ahí está. –Dijo Sarada en un murmuro. Boruto siguó su mirada pero no pudo captar nada en tanta oscuridad. –Es más oscuro de lo que creía…

–¿Eso qué significa? –Preguntó el muchacho.

–Que debemos tener cuidado. Se arrojará a nuestros rostros como si tratara de quitárnoslos, así que estate alerta. –Buscó otra cosa en su bolsillo y se la arrojó. –Toma. Si no quieres irte, por lo menos sé útil… cuando yo te lo diga, enciendes un trozo de madera o algo, ¿De acuerdo?

–Bien. –apretujó el encendedor en su mano.

Sarada corrió unos metros antes de saltar hacia lo que debía ser el segundo piso. Unos sonidos crujientes surgieron sobre ella y la batalla comenzó. El ente demoníaco sabía que esa chica era aquella que lo cazaría, y reaccionó de inmediato. Mientras Boruto revolvía los escombros en sus pies para encontrar un palo de madera, la lucha se tornaba cada vez más intensa, chispas salían de vez en cuando y podía ver instantes parpadeantes de cómo una extraña sombra atacaba a su compañera. Y ella contraatcaba con una fuerza demencial, cortando madera de las paredes e incluso algunos escombros de concreto.

Fue sorprendente la manera en que podía hacerlo, nadie nunca podría saltar tan alto o golpear algo tan fuerte… era como si tuviera poderes sobrehumanos.

–¡Boruto, prepárate! –Le llamó Sarada.

–¡Sí!

Sacó chispas del encendedor un par de veces, y acercó la llama a la madera. Apenas iba tomando fuego cuando un sonido fuerte vino de arriba, junto con un gemido de dolor de Sarada. Vió el momento en el que ella caía desde el segundo piso a una pila de cajas rancias.

–¡Sarada! –Dijo corriendo a donde ella estaba.

–¡No!... el fuego, concéntrate en el fuego. –Lo cortó ella, poniéndose de pie con solo algunos rasguños.

Había dejado caer la tabla hace un segundo, y cuando se giró para tomarla, una gran sombra lo acechaba desde cerca. Tenía forma humana y avanzó hacia él demasiado rápido, quedando a un centímetro de su cara. Boruto se paralizó y sintió un hueco en su estómago al ver claramente como aparecía un "rostro" en la cara del hombre sombra. Tres grandes ojos espeluznantes y una boca diabólica lo miraban fijamente. Sentía que no podría moverse. Pensó en cómo se comería lentamente su rostro.

–¡Déjalo en paz! –Sintió como Sadara lo jalaba del cuello de su camisa para arremeter con su espada contra el demonio.

Acertó por poco en uno de sus brazos, salpicando luz. La criatura soltó un chillido que aturdió a Boruto y se concentró de nuevo en la chica. Él se había quedado en el suelo, con escalofríos constantes y los gritos de Sarada mientras luchaba con el demonio lo hicieron volver a la conciencia. Rebuscó ciegamente el encendedor en el suelo y cuando por fin tomó la madera y la encendió, Sarada había sido lanzada de nuevo contra una pared.

–¡Ven, maldita cosa! ¡Cómete el fuego! –Gritó Boruto con rabia.

El edificio se iluminó y la criatura chilló de nuevo. Al fondo, Sarada se ponía de pie con cara de alerta.

–¡Corre, Boruto! ¡Atacará a la luz! –Le advirtió la Ejecutora desde lejos.

"Mierda", pensó. Y logró soltar la tabla encendida justo antes de que la criatura chocara con ella. Sintió como voló por el aire y un segundo después caía rodando al suelo. Gruñó por el dolor.

Alcanzó a ver cómo la criatura acorralaba el fuego para apagarlo con apuro, y el cómo Sarada se arrojó a ella desde el segundo piso.

–¡Shanaroooooo!

Gritó una palabra en otro idioma y cortó a la sombra por la mitad. Una luz lo cegó por un momento. Parpadeó para despejarse y Sarada estaba de rodillas junto a la madera con fuego, algo agitada y con un poco de sudor en la frente.

Pudo jurar que durante un segundo sus ojos brillaron en un color rojo.

Cerró los ojos al apoyarse sobre la katana, y sacó el rosario plateado. Comenzó a rezar como aquélla vez.

Boruto se puso de pié lentamente y se acercó a ella si cuidado, sin importarle interrumpir su ritual. Sarada abrió los ojos y lo miró (habían vuelto a ser negros).

–¿Puedo preguntarte algo? –Le soltó Boruto con semblante serio.

–Eh… supongo. –Dijo confundida la chica.

–¿Tienes amigos?

Los ojos de Sarada se abrieron de la sorpresa, aunque Boruto no bromeaba. Tenía que preguntárselo, tenía que hacerlo. Quería saber si aquella chica que luchaba con demonios era capaz de tener por lo menos algún amigo, si era capaz de tener unos segundos de vida normal.

Sarada se encogió, ruborizándose ligeramente al momento en el que desviaba su mirada al suelo, sin decir nada.

–Ya veo… –Susurró Boruto.

Alargó su brazo, ofreciéndole su mano. La chica levantó la mirada aún más sorprendida.

–Bien. –Le sonrió Boruto, de una manera refrescante. –Seré tu amigo, entonces.

Sarada abrió aún más los ojos y lo miró por unos cuantos segundos. Soltó una suave carcajada al final, tomando la mano del chico.

–Tomas demasiados riesgos, Boruto Uzumaki.