Voces frías
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Una perla.
Alguna vez él le había dicho que era un regalo sólo para ella, y se lo dijo con una sonrisa que nunca encontrarías dentro de una arena en la cuál morían en promedio ocho personas al día. Era un lindo recuerdo que ahora se veía borroso y parecía también lejano gracias a la infinidad de sucesos que se presentaban.
"Hará cualquier cosa para hundirte", había dicho Prim.
Y era horrible el confirmar que era cierto.
Cada vez que lo miraba a través del cristal, su cuello palpitaba. Cada palabra que le escuchaba pronunciar de sus labios le hacían pensar que no provenían de aquél chico que alguna vez conoció. Su voz era idéntica, exactamente la misma, pero de alguna forma no lo era.
Había llegado un acuerdo con Haymitch antes de ir a la arena por segunda vez, lo habían pactado. Pero el hecho de iniciar una revolución pareció ser más importante que salvar la vida de otro chico más. Eso era frustrante.
Y no era frustrante gracias a la decisión que los rebeldes habían tomado de sacarla a ella, que se vayan al diablo los rebeldes, junto con el Capitolio, no le importaba eso. Era realmente frustrante porque si todo aquello no hubiera sucedido, ella no o hubiera sabido…
¿Por qué tuvo que darse cuenta a esas alturas?
¿Por qué necesitó que sucediera todo eso para que surgiera su verdadera preocupación por él?
¿Por qué necesitó perderlo en escencia para que se diera cuenta de lo que sentía?
No era amor, eso lo sabía. No era tan valioso como lo que existía entre su madre y su padre, no era tan profundo; Sin embargo, no podía darse la excusa de decir que era nada.
–Debí haberte amado mucho…
Fue la frase que la hizo derrumbarse por dentro. Pero fue más desgarrador que su voz la hubiera dicho, la voz que solía decir cosas maravillosas de ella algún tiempo atrás.
Ahora, en aquél momento, se sentía más fría. Una voz fría y sin sentimientos, justo como la de ella al decir frente a las cámaras un millón de veces que lo amaba con locura.
