-¿Cuando iremos de compras para la fiesta? Es en una semana.
A mitad de año, los del último grado hacían una fiesta en la playa La Push. Eran geniales. Había fogatas, música a todo volumen, saltábamos de acantilado, y lo mejor de todo, había cientos de litros de alcohol. Este año éramos nostros los anfitriones. Jacob y James eran los supervisores de todo, y eso los hacía sentir como reyes.
Si lo veías de cierta manera, en esta fiesta era donde las clases sociales eran más marcadas. Estas cosas eran para populares; claro que algunos ñoños tenían el atrevimiento de venir, pero siempre terminaban siendo arrojados por el acantilado en sus lindos trajes de nacimiento. Así que la mayoría ni siquiera asomaba la cabeza por ahí. Y se lo agradecíamos, las ratas de biblioteca eran unas aguafiestas.
Todos los chicos del instituto, y tres chicas, me rogaron ser mis acompañantes. Y como era de esperarse les dije un enorme y rotundo no. Nadie era lo bastante digno de mi compañía. Tal vez, y si se portaba bien, iría con Jacob. Creo que era lo indicado. Era el capitán del equipo de Basketball y yo la chica más guapa y popular. Tal vez estábamos un poco obligados a ir juntos. Y realmente podía ser peor, Jacob era un tipo bastante genial.
Rata Cullen fue el primero en pedírmelo. No lo hizo en público, y le agradecí mentalmente por eso. Cuando me hablaba y había mas gente al rededor, era lo más vergonzosa del mundo. Fue al final de la cena de hace dos semanas. Nos estabamos por ir, y yo estaba llevando las bandejas de bocaditos dulces a la cocina para poder escapar. Tonta fui al creer que me había librado de Edward. El retrasado, me siguió con tasas de té en la mano, acercándose hasta mi.
FLASHBACK
-Bella- me llamo con voz tímida.
Resople. No quería contestarle, pero si no lo hacía iba a segur fastidiando. Era mejor que el maldito me dijera lo que quería de una vez.
-¿Qué?- le dije molesta.
Cuando no había nadie, no me molestaba en ocultar mi desagrado por él. Por eso, el aprovechaba cuando estábamos con nuestros padres para fingir que éramos mejores amigos y hacer cosas como tocarme el brazo o ponerme la mano en la cintura cuando va a pasar. Pero ahora, podía ser natural con él. Y eso era como quitar un peso enorme de mis hombros, al menos por unos segundos.
-Me preguntaba si tu...si quizás...yo...tu...nosotros- dijo tartamudeando como tarado mientras miraba al piso-. ¿Te gustaría ir a la fiesta de la playa conmigo?
¿QUEEEE? ¿ESTABA DE JODA?
No puede ser que estuviera hablando enserio. ¡Por el amor de Dios! El niño había conseguido una beca en Harvard, se supone que es listo. Y que sabría que prefiero tomar acido antes que estar cerca de él. ¡Definitivamente iba a perder la beca! Si fuera inteligente se daría cuenta que ni en mil años saldría con él.
Camine lentamente hasta Edward y lo tome de la corbata negra que se había puesto. El me miro asustado, pero había un deje de esperanza en sus ojos. ¿Este tipo estaba drogado? ¿Enserio pensaba que lo iba a besar? La forma en que sus labios comenzar a ir hacia delante me dio la respuesta. Si, el muchachito estaba bastante drogado.
-Preferiría tener sexo con un tipo leproso antes que salir contigo- le dije de la manera más fría que me salió. Luego lo solté y salí de la cocina.
FIN DEL FLASHBACK.
Todavía no podía creer que él hubiese hecho eso. ¿Es que acaso Edward no tenía ni un poquito de dignidad? ¿Ni siquiera una mísera migaja de respeto por sí mismo? Eso era realmente penoso.
-No lo sé Alice. Cuando tú quieras- respondió Rose sin darle mucha importancia mientras se llevaba algunas palomitas a la boca.
Estábamos mirando "Dirty Dancing" y este era el momento crucial de la película donde Patrick Swayze levantaba por los aires al la esbelta Jennifer Grey yo todo el mundo se enloquece. Nunca entenderé la manía de Rosalie por ese film. La veíamos una y otra vez, y la chica jamás se hartaba. Un día juro que destruiré el CD. La verdad que la película me tenía cansada. Mire a Alice que cuidadosamente le pasaba a las uñas de mis pies una especie de esmalte fortalecedor con calcio o no sé qué carajo, no le entendí muy bien cuando me lo decía. Todos los viernes íbamos a casa de alguna a comer porquerías y mirar una peli, mientras Ali nos hacia manicura y pedicura como solo ella sabía hacerlo. Para que pagar un salón cuando tienes a un duende entretenido que te lo hace en la comodidad de una cama. Mi pequeña y alegre amiga me tendió un bol de vidrio muy bonito repleto de esmaltes de todos los colores existentes en el mundo, y de todo tipo. Craquelado, con brillo, barnizados, con pequeñas formitas de papel laminado dentro y todas esas cosas. Podía ser muy coqueta pero de pintura para uñas no sabía un carajo. Para eso tenía a Alice.
-Escoge un color- murmuro sin mirarme, soplándole a mis uñas.
Comencé a revolver. No había ninguno que me llamara la atención, pero no era algo que se pudiera tomar a la ligera. Todos mis atuendos hasta el próximo viernes tenían que combinar con mis uñas. Comencé a repasar mentalmente una y otra vez toda la ropa que había en mi inmenso vestidor pensando que color no me complicaría tanto la vida. Rosa...tenía bastantes cosas rosas que podía combinar. Pantalones, tacones y blusas. Si, era un buen color. Lo tome y se lo tendí a mi amiga, ella siguió sin levantar la mirada cuando lo tomo.
-Bella ¿Edward ya te invito a la fiesta?- pregunto Rosalie mirándome de reojo.
La habitación quedo por completo en silencio, que solo se perturbaba con la pelicula. La rubia me miraba a mí, yo a ella, y no podía ver a Alice pero estaba segura que ahora si dejo de prestarle atención a mis pies.
Ellas sabían que odiaba hablar de él. Mencionarlo me daba más jaqueca que tomar diez litros de alcohol. La pequeña insinuación de su persona ya me ponía con un humor de perros y me hacia querer matar a todo el que tenia adelante.
¿Qué mierda pasaba con Rosalie?
No hablar de Edward Rata Cullen no era una opción, era una regla. Un límite inquebrantable para mi, así como las mil tipas con las que se acostó Emmett lo eran para ella. Había miles de temas para hablar. La nueva nariz chueca de Jessica Stanly, el asqueroso atuendo de Lauren Mallory, o como los atletas aventaron en ropa interior a Eric Yorkie el estacionamiento del instituto. Tantos temas de conversación interesantes, pero no. A la niña se le tiene que ocurrir hablar de la Rata. A veces Rosalie podía ser tan odiosa, incluso más que las Denali.
La batalla de miradas continuaba. La rubia me miraba arrogantemente, un gesto que la hacia parecerse mucho a su hermano Jasper, yo a su vez la miraba con odio. Creo que si las miradas de furia fueran cuchillas, Rosalie tendría mas agujeros que un puto colador, Alice seguía en su lugar, quieta como una estatua. Rose volvió a meter la mano en el cuenco de vidrio para tomar otro diminuto puñadito de palomitas para llevárselos a la boca, el cuenco que sería el objeto que provocaría su muerte.
-Lo hizo- su pregunta sonó mas bien a afirmación. Claro que lo hizo.
-Si- respondí agriamente, odiándola con todas mis fuerzas. Su sonrisa se hizo más grande.
¡Maldita teas, rubia odiosa!
-Tal vez...- murmuro Alice bajito, casi en susurro.
Ambas dirigimos la atención al duende que se miraba nerviosa las manos.
-Ve con ciudad Alice- le advertí con los dientes apretados. Si decía otra mierda como la de Rosalie iba a partirles algo en la cabeza.
Ella me miro asustada ante mi tono. Si es que era posible, la chica parecia haberse vuelto más pequeña en ese segundo, mientras me miraba asustada. Yo jamás era brusca o mala con ella, pero la muchacha sabia que si le hablaba de esa manera, era porque su vida literalmente corría peligro.
-Tal vez...tal vez no sea tan malo que Edward te allá invitado a la fiesta- concluyo. De la nada Rosalie estallo en carcajadas estruendosas.
Ya está. Me voy. ¡Hijas de perra! Iba a buscarme nuevas amigas. Todas se moririan por obtener un puesto junto a mí, no sería muy difícil encontrar dos chicas más leales y menos boconas. Realmente no podía creer lo que había dicho, me esperaba cualquier cosa menos eso. Creí que ella era mi amiga y me defendería con uñas y dientes de la malita rubia endemoniada a la que se le había dado por joderme el día de chicas. Un montón de palabras comenzaron a surcar por mi mente. Traición, ex- amiga,...homicidio.
Estaba a punto de levantarme e irme, totalmente indignada cuando Alice hablo.
-Espera. Escúchame.
Una gran parte de mi mente me decía que la ignorara y que me fuera al diablo, que no las necesitaba. Pero la otra parte, esa que las amaba con locura, me rogo que me quedara un segundo. Decidí hacerle caso. Jamás podría suplantarlas. Eran mis hermanas.
-Habla- dije con recelo.
Alice se enderezo en su lugar. Como si estuviera preparándose para algo. Soltó aire lentamente mientras cerraba los ojos. Cualquiera podría decir que estaba exagerando. Pero en realidad era algo bastante normal. Yo suelo ser poco racional cuando me pongo furiosa.
-Podrías...podrías invitarlo.
¿Enserio? ¿Enserio? La mire incrédula. Yo era una buena amiga. Si quería mis tacones de Gucci, se los prestabas; si quería mis perfumes de Dior, se los daba; si quería salir a perseguir chicos, iba con ella. Yo era una excelente persona. Así que... ¿Porque mierda quería verme sufrir?
Hasta mi parte que las quería, decidió mandarlas al carajo. Eso era el nivel más bajo de traición. Como si yo fuera y me acostara con Jasper, el único chico que había hecho que su cabeza explote. O como si tuviera sexo con Emmett, el novio de Rosalie. O pero, como si fuera a una barata de ropa con otras chicas.
-Me largo.
Como si hubiera un recorte debajo de mi, casi salte lejos de la cama. Estaba tan molesta que ni siquiera me molesta en tomar mis zapatos. Que se los quedara. Me valía mierda. Camine hacia la puerta con rapidez, pero antes de que llegara al umbral Alice ya estaba de pie, tomándome de la muñeca para que no me fuera. ¿Es que acaso quería segur fastidiándome? Porque si era así, me iba a olvidar de todos nuestros años juntas y le iba un fuerte golpe en la cara.
-¿Podrías esperar un segundo?- me suplico con los ojos de cachorro.
Oh no, eso no. La maldita sabia que con eso me tenia comprada. Joder. Era lo más tierno del mundo, tan dulce y malvado a la vez. Alice debería sor política. Con esa cara engaña a cualquiera
-Alice...
No era conocida por mi buena paciencia. Esperar cinco minutos ya me ponía irritable. Mas si era un tema tan molesto como la Rata Cullen. Pero aquí estaba Ali dando vueltas como si fuera un perro a punto de echarse. Ya con decir que lo invitara, la había cagado. Pero por algún extraño motivo me intrigaba lo que tuviera que decir. Tal vez por eso no me fui. Dudo que fuera porque ella me estuviera agarrando la muñeca, era tan pequeña que sin problemas podría arrástrala hasta la puerta.
-Tu invítalo- al ver mi cara de odio levanto la mano libre, indicándome que me contuviera de matarla, algo que se me estaba haciendo difícil-. Dile que si quieres ir con el después de todo. Finges que te diviertes. Lo dejas un momento solo, le dices...- lo penco un instante-...le dices que tienes que hablar conmigo. En ese segundo los chicos van, le dan la paliza de su vida y le dicen de tu parte que no te vuelva a molestar.
Silencio.
O yo estaba muy mal de la cabeza o esto sonaba a un buen plan. No era tan malo si lo veías de una manera muuuuy retorcida. Supongo que el niño se merecía que le dieran un par de ligeros golpes. Tal vez así me dejaría en paz de una vez por todas. Pero eso quería decir que tenía que hablar con el de manera voluntaria. Tendría que pasar por años de terapia para poder superar eso. Me estremecí ante la idea de que tal vez el creía que era un comienzo de relación y se le ocurriera tocarme en algún momento. Pero, joder, Alice tal vez tenia razón. De hecho, tenía razón casi siempre. No importaba que en un momento pareciera que el plan fuera a explotar en tu cara, al final todo salía exactamente como ella quería. El que quiere celeste, que le cueste. El problema es que esto iba a costar demasiado.
Creo que Alice se dio cuenta de que lo estaba pensando un poco, porque sonrió y me soltó. La angurrienta de Rosalie seguía comiendo palomitas, como si nuestro deje de discusión fuera una película. Era como Pandora.
-Mmm...Esa idea no esta tan mal- comento la rubia mientras miraba a Alice con aprobación.
Las mire a ambas. Estaba a punto de atentar contra todo lo que creía. Yo, Isabella Swan, iba a rebajarme hasta el suelo y a dejar que el ñoño de ñoños tuviera el privilegio de llevarme a una especie de cita. Es decir, al final de la noche Edward tendría su merecido y todo eso, pero realmente no quería pasar con el más tiempo del que estoy obligada diariamente. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Y yo estaba muy desesperada. Mi subconsciente también lo estaba pensando, y tampoco le agradaba mucho la idea. Pero todo sea por una buena causa.
-Pero tengo que hablarle- dije casi sollozando. No quería.
-Parece que si- me respondió la rubia bastante entretenida.
La mire molesta. Era tan fácil para ella sacarme de mis casillas. Tan fácil. Y también para mí sería muy sencillo asfixiara con una de las horrendas almohadas que Alice se trajo de su viaje a Francia. Esas cosas eran enormes. Solo tena que ponerla sobre su cabeza, acostarme encima y dejar que la magia pase. Ahora yo estaba ideando mi propio plan. Y se veía tan tentador.
-No te rías Rosalie. No es gracioso
-¿Enserio? Porque a mí me parce hilarante.
Ya está. La mato. Me moví hacia ella pero Alice me detuvo. La maldita rubia ni siquiera tenía el descaro de disimular la risa. Con amigas asi nadie quiere enemigos. Y eso que parecía tan buena cuando era pequeña.
-¡Rosalie!- la regaño la duende-. Ignórala.
Ahora si me defendía. Gracias Alice. Aunque técnicamente ella estuvo de su lado primero.
-Yo no lo sé...
-Es el plan perfecto. Edward jamás le dirá nada a sus padres. El chico te ama demasiado.
-Alice, yo...
-Tú hazlo. Te prometo que va a salir bien.
Esa noche mientras las chicas dormían, yo no podía dejar de pensar en el dichoso plan.
Parecía algo bastante razonable y cuerdo, pero realmente no quería pasar tiempo de "calidad" con la Rata Cullen. Todas las decisiones que había tomado en la vida habían sido con el propósito de evitar una gran catástrofe como esta. Y la condenada igual me alcanzo.
¿Y qué pasaba si el plan no funcionaba? ¿O si los chicos me dejaban plantada en el momento crucial y yo tenía que volver con Edward y fingir que lo adoraba? ¿Y si no funcionaba y el sigua insistiendo? ¿Qué pasaba si el desgraciado me besaba?
Dios, no. La idea me hizo querer revolcarme en el colchón tirado en el suelo en el que dormía. Alice había corrido su enorme cama para dejar lugar a tres colchones de una plaza que formaban un cirulo, donde todas estábamos acostadas. Si Edward me besaba yo me suicidaba. No me permitirá a mi misma vivir con el recuerdo de su boca sobre la mía, me acecharía como un león a su presa y no me dejaría vivir en paz.
"Hazlo." dijo mi subconsciente adormilado "Solo así te libraras de el"
Holaaaa, yo solo lo sigo y que sea lo que Dios quiera XD
Besoooos
