Se que algunos piensan que esto demuestra que Blaine no ama demasiado a Kurt, pero, desde mi punto de vista, es todo lo contrario.
Aunque claro, si esto les molesta no soy nadie para obligarlos a leer...
Y por cierto, esta historia no será exclusivamente Top!Kurt. Y, decidí hacerlos one-shots semi relacionados el uno con el otro.
:)
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Kurt no se queja, ama su relación con Blaine, pero todo es tan diferente. Todos los días aparece algo nuevo y si bien lo entusiasma pensar todas las cosas que podrían hacer con Blaine, también lo aterra siquiera pensar que sucedería si algo sale mal.
Hoy decidieron que sería su primera salida al Central Park- o mejor dicho, su primera salida al mundo exterior, donde todos estarían observándolos y juzgándolos.
El castaño negó con la cabeza. No podía pensar de esa manera. Él amaba al moreno, se tiraría de la terraza de un edificio por él. No dejaría que nada se interponga en su relación.
Con una sonrisa tomó la manija de la canasta y la pasó por su brazo. "Bien, vamos a tener ese día de campo" dijo con un aplauso.
El moreno lo miró extrañado pero sonrió, mostrando todos sus dientes.
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"¿Qué te parece por aquí?" gritó Blaine desde la cima de una pequeña agrupación de rocas que se encontraba debajo de un gran árbol.
Kurt sonrió y sacó el mantel de la canasta, extendiéndolo en la superficie de la roca. Se sentó sobre el y largó una risa cuando su sumiso se sentó sobre él.
"¿Qué haces? Bájate" dijo aún riendo. Blaine sacó su lengua pero se sentó a su lado.
"¿Qué te parece si antes de almorzar jugamos un poco?" preguntó el moreno con una gran sonrisa mientras se levantaba.
"¿Qué rayos?" dijo Kurt.
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Si alguien dudaba el amor de Kurt hacia su prometido, están totalmente equivocados. Y si no le creían, las manchas de césped en sus pantalones son prueba suficiente.
El castaño se paró y comenzó a sacudirse, aunque era en vano ya que esas manchas no saldrían tan fácilmente.
Blaine se encontraba actualmente con un par de niños y su mascota, un pastor alemán. Kurt todavía no entendía como en menos de media hora había convencido a los pequeños niños de que jugar con él era una buena idea.
El moreno tomó la pelota del hocico del canino y la arrojó con todas sus fuerzas, los niños y el perro comenzaron a perseguirla.
Blaine miró hacia donde se encontraba Kurt y saludó con su mano. Kurt rió y devolvió el saludo.
Eran estos los momentos donde Kurt podía imaginar la casa, los niños y la mascota con la persona que más ama.
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El castaño comenzó a sacar los diferentes platillos que había preparado para el día: sandwiches, pequeñas tartas de verduras, una pie de manzana y jugo de naranja.
"¿Sabes?" dijo Blaine mientras tomaba uno de los emparedados. "Esto me gusta. Ya me había olvidado la última vez que estuve aquí"
"La noche que rompimos" dijo Kurt mirando los cuadrados del mantel.
"¿Qué?"
"La última vez que yo estuve aquí fue cuando nos separamos" explicó Kurt. "No sentía que era un lugar tan agradable luego de eso"
El moreno se mordió el labio inferior. "Lo siento tanto señor"
"No, Blaine, déjalo ir. Sucedió hace tiempo" dijo el ojiazul mientras pasaba un brazo por sus hombros y lo acercaba a su cuerpo.
"Arruiné tus primeras experiencias en Nueva York..." susurró.
Kurt lo silenció. "Tal vez" dijo. Cuando vio como se desplomaron sus brazos continuó. "Pero eso no importa, ¿Y sabes por qué?"
El ojimiel negó con la cabeza mientras una lágrima caía por su rostro. "No señor"
El castaño sonrió y limpió su rostro con una servilleta. "Porque ahora puedo experimentar muchas más cosas, contigo a tu lado" terminó de decir y lo besó suavemente en los labios.
Blaine asintió lentamente antes de mirarlo a los ojos. "Te amo señor"
"Y yo a ti bebé"
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Esa noche, Kurt se encontraba mirando el techo. Blaine estaba a su lado roncando suavemente, aunque el moreno lo negara con su vida.
El castaño lo encontraba adorable. Giró su cabeza y le sonrió a la silueta apenas visible gracias a los pequeños rayos luz que provenían de la calle.
Y fue ese el momento donde Kurt comprendió que no había nada diferente en su relación. Este pequeño trato que habían acordado días atrás era prácticamente insignificante, porque al final de cuentas, eran las mismas personas que antes. Sus mañanas siempre iban a ser apuradas, con besos cortos y tal vez con demasiado café para gente normal. Y sus noches serían su momento de relajación. Donde podrían ser ellos mismos y tener esas sesiones donde hacían el amor lentamente, demostrando todo su aprecio hacia el otro.
Con un suspiro, se recostó a su lado y tomó con delicadeza su mano, acariciando con su pulgar el brazalete de cuero.
El moreno respiró profundamente y se acurrucó a su lado.
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Es corto pero no quería forzar la escritura. Espero que les haya gustado!
