1. The Deeper Sleep.
La ventisca golpeaba su rostro con pedazos de hielo y copos de nieve. El aire estaba tan frío que parecía cortar su piel. Estaba empapado, sentía como su corazón latía muy lentamente con el dolor metiéndose bajo su piel, lo mantenía paralizado. No era consciente de que estaba siendo arrastrado, pero podía percibir la gruesa capa de nieve. Hizo un inmenso esfuerzo para entreabrir sus ojos y mirar el cielo nublado que se extendía por encima de su cabeza alcanzando a notar la espalda del hombre que lo arrastraba. Llevaba un arma en el hombro.
Terminó por perder la lucha, quedando inconsciente. Iba a morir.
Cuando se esta inconsciente el tiempo transcurre de manera diferente. Si han pasado muchas horas puede sentirse como apenas un parpadeo. Eso fue lo que sintió en el momento que comenzó a abrir los ojos, sus párpados se sentían pesados y seguía siendo arrastrado hacia el oscuro mundo de la inconsciencia. Al menos ya no sentía que el frío se clavaba en su cuerpo. Movió los brazos, levantando las palmas de sus manos hacia su rostro.
Estaba tan confundido, pero lograba recordar su brazo izquierdo no era de metal, nunca antes había tenido algo así. Los médicos rodeaban su camilla, la intensa luz encima de su cabeza le cegaba. No estaba bien. Nada estaba bien.
Extendió su brazo izquierdo rodeando la garganta de uno de los hombres con bata blanca, apretando con fuerza el cuello entre sus dedos de metal, no tenía tacto. ¿Qué le habían hecho? ¿Era un monstruo? Intentó sentarse en la cama para bajarse de ella, gritando sin escuchar las palabras de las otras personas que le rodeaban. Luchando porque le soltaran.
- ¡¿QUÉ ME HAN HECHO? ¿QUÉ ME ESTÁN HACIENDO?! -Exigió saber mientras se desgarraba la garganta gritando. Uno de los médicos. Lo reconocía de algún lugar. Se acercó hasta la camilla con una jeringa en la mano, poniendo una mano sobre su pecho, empujandolo contra la superficie de metal.
- Todo estará bien...-murmuraba la voz áspera.
Abrió los ojos de forma sorpresiva, respirando agitadamente con la frente perlada de sudor. Le tomó unos cuantos segundos darse cuenta de quién era, qué estaba haciendo y dónde estaba. Miró alrededor notando lo oscuro que se encontraba la habitación casi vacía del edificio.
Nunca dormía. Era imposible para alguien como él. Sin embargo, si se concentraba lo suficiente y cerraba los ojos, podía desconectarse por completo del mundo confuso y borroso que le rodeaba, era una manera de dejar que su cerebro tuviera algo de descanso aunque a veces se perdía tanto en su inconsciente que escenas e imágenes que no lograba comprender regresaban a él y lo torturaban. Le hacían sentir que era otra persona.
'Hoy tengo una misión.' Repetía en su mente.
El soldado se puso de pie. Se acercó hasta la mesa sucia, uno de los pocos objetos que había en el lugar, en el centro de la espaciosa, desgastada y gris habitación, leyendo por encima las notas de los periódicos de la semana. Estaba en New York, en Estados Unidos, era Enero 16 de 1970. Tenía 36 horas para asesinar a Howard Stark el CEO de Stark Industries. Sus ojos se detuvieron en una noticia que destacaba en las páginas del diario.
"Esta noche, se llevara a cabo la inauguración y posterior fiesta del nuevo complejo para investigación tecnológica de Stark Industries. Se espera la asistencia de importantes miembros de la comunidad científica y la presentación por parte de Howard Stark de los avances en el campo armamentista."
Stark no estaba siendo cauteloso, ni escondiéndose, al contrario era llamativo. Era algo que se notaba en la amplia sonrisa que mostraba mientras posaba en las fotografías que aparecían en los periódicos y revista, a veces junto a su distinguida esposa. Ese hombre podía ser descuidado, pero él no lo era. No iba a confiarse cuando se trataba de uno de los fundadores de S.H.I.E.L.D., si no actuaba con suficiente cautela, la misión podía quedar comprometida.. Su mirada se desvió hasta una imagen donde estaba el hijo de su objetivo, pasando los dedos de metal sobre el papel del diario.
- Anthony Edward Stark...-murmuró para si mismo. En el interior de su cráneo pudo escuchar los ecos de granadas detonando, los gritos de hombres taladrando sus timpanos y el familiar sonido de la detonación de las armas de fuego.
Se cubrió los oídos con ambas manos, cerrando los ojos, intentando enterrar esa perturbación o lo que sea que fuera, en lo más profundo de su cerebro. Su pecho subía y bajaba con cierta rapidez mientras el corazón latía de forma acelerada, golpeando desde el interior de su pecho.
"Buck..."
Escucho una voz familiar murmurando esa palabra desconocida.
- ¡NO! -un gruñido brotó de entre sus labios, su puño de metal se estrelló en el muro que se encontraba más cerca, agrietando el concreto frágil por el paso del tiempo. Y poco a poco los sonidos comenzaron a desaparecer, su mente volvió a quedar en silencio, dejandolo a él y sus propios pensamientos.
- ¿Está bien? -preguntó la voz sorprendida del agente de HYDRA que le estaba acompañando en esa misión.
- Sí, tenemos que irnos -Ordenó en ruso, el idioma que le era familiar. Le lanzó el periódico con el anuncio del evento de Stark.- Empieza la misión.
Tomó la mochila, en la que llevaba distintas armas, municiones, antes de salir del departamento. Abandonando el edificio casi en ruinas, amparado por el comienzo de la noche, subiendo al asiento de copiloto del automóvil negro que habían estado usando.
- ¿Listo para hacer cumplir las ordenes del señor Pierce? -preguntó el agente.
Cargó las municiones en el fusil Dragunov, pudo escuchar el sonido del arma una vez que las municiones estuvieron montadas de forma correcta en el interior de la recámara.
- Hail Hydra.
- ¡Stark, escuchame! -exigía Peggy Carter en voz alta, siguiendo a su amigo Howard Stark que se movía de un lado a otro en el camerino montado de forma provisional en la amplia recepción. Lo conocía desde hacía tantas décadas. No podía simplemente dejar que se expusiera ante las camaras, en público y sin protección, ignorando los peligros a los que estaban expuestos.
- Ya te escuche, Peggy -dijo mientras acomodaba una fina corbata alrededor de su cuello.- Pero si nos estamos acercando a terreno peligroso, es mejor saber quién es nuestro enemigo.
- ¿Y volverte una carnada es tu forma de ayudar a S.H.I.E.L.D.? -preguntó la mujer manteniendo las manos sobre sus caderas.- Piensa en Maria, piensa en Anthony.
- ¡Porque estoy pensando en ellos es que debo hacerlo! -sus manos golpearon la superficie de la mesa.- Si la organización está comprometida como sospechamos...tenemos que exponerlos, Peggy. Por nuestras familias, para saber en quien podemos confiar.
Carter lo entendía. Hasta hace unos días pensaba que su vida había tenido un propósito y que había sido el construir S.H.I.E.L.D. y que dejaba unos cimientos sólidos para garantizar la seguridad del país, de las futuras generaciones. Eso era lo que ingenuamente había creído hasta unas semanas atrás cuando Stark había entrado en su oficina, advirtiéndole de un fallo en las comunicaciones que le había llevado hasta una serie errores en la seguridad, de puertas traseras y mensajes encriptados que le hacían sospechar que existía un topo entre ellos.
Desde ese momento ambos habían comenzado a llevar a cabo sus propias investigaciones. Hasta el momento solo se encontraban en callejones sin salida. Aun así, tenía un mal presentimiento.
- Por lo menos deja que un par de agentes te acompañen. Algunos de los que sabemos que son confiables, Howard -intentó convencer al hombre quien solo negó con un movimiento de cabeza antes de acomodar sus mangas y ponerse un elegante saco de color gris mientras terminaba de anudar su corbata, sonriendole a su amiga de tantos años.
- Estaré bien, Peg. Hemos logrado salir de situaciones peores. -Le dio a la mujer una suave palmada en el hombro derecho, besando su sien antes de la salir de la estrecha habitación. La agente Carter suspiró pesadamente, escuchando el alboroto que se armó en el exterior una vez que el inventor salió a iniciar el evento.
Llevo una de sus manos hasta su oído derecho, encendiendo la comunicación con los agentes que la acompañaban.- Mantengan sus posiciones y vigilen atentamente a Stark, no quiero ninguna sorpresa.
"Como ordene, Directora Carter." Fue la respuesta de sus subordinados.
Se quedó de pie en el centro de la habitación mientras veía su perfil en el espejo que habían mandado a traer para Howard. Los años no transcurrían sin dejar su huella, ya no era una joven agente que intentaba abrirse paso en el difícil mundo del espionaje. Aun buscaba salvar el mundo cada que fuera necesario, pero ahora era una esposa, madre y una mujer poderosa. El peligro al que se exponían también había cambiado, era cada vez más peligroso.
- ¿Qué harías tú, Steve? -murmuró solo para ella. Trayendo a su mente el recuerdo del Capitán Rogers, el amor de su vida y cuya perdida aun le provocaba una profunda tristeza.- Primero me llevarías a bailar, luego encontrarías la forma de resolverlo.
Salió del cuarto de servicio, manteniéndose en el grupo de personas que formaban la comitiva de Stark, admirando el don de palabra y el encanto de su amigo quién con los años había madurado. Aun seguía siendo un hombre atractivo, seguía actuando como un playboy a la menor provocación, pero siempre tomaba en serio la seguridad de su familia, de su trabajo que era tan importante para el avance de la humanidad. Tenía que asegurarse de que no iban a perderlo.
La inauguración se llevaba a cabo en un escenario amplio, bien iluminado y al descubierto. Lo mejor era hacer el trabajo a distancia. Se agazapó, apoyando una rodilla en la superficie de la azotea, dejando los brazos sobre el borde mientras sostenía el fusil ruso.
- Mantén el auto en el callejón, encendido. Esta misión esta a punto de terminar -dijo en ruso con voz áspera y baja, sin ningún rastro de emoción a través del comunicador.
"Afirmativo." Respondió la voz del otro agente. "Confirme posición, Soldado."
- Estoy en posición -murmuró aun en ruso.- Y voy a proceder.
Una brisa helada movió su cabellera castaña, asomó el ojo a través de la mira del fusil. Podía ver claramente su objetivo, hablando desde un podio a la audiencia de invitados y prensa que se reunían para la celebración. Algo en el rostro del hombre provocó un pinchazo de dolor en el fondo de su cerebro que se volvió un ligero zumbido. Su dedo titubeó en el gatillo del arma. No perdió de vista ningún movimiento de Howard Stark, esperando el momento hasta que el hombre salió de detrás del podio. Tensó la mandibula sus dedos aferrandose con firmeza al fusil.
Oprimió el gatillo.
A través de la mira observó cómo la bala se impactaba en el pecho de Stark, no en el corazón como hubiera deseado. Una oleada de panico comenzó a extenderse entre el publico que comenzó, algunas personas se alejaron del tumulto, otros parecían estar gritando por ayuda y algunos más que se acercaban al podio. Una mujer de mediana edad se movió con rapidez entre las personas, sosteniendo a Howard para que su cuerpo no golpeara el suelo.
El Soldado se estaba preparando para un segundo disparo y terminar el trabajo, cuando la mujer giró el rostro mirando directamente en su dirección. El ligero zumbido se volvió un agudo sonido que amenazaba con hacer reventar su cabeza. Tenía la sensación de familiaridad, de que estaba olvidando algo importante.
