Capítulo 2:

Cuando Will llegó a la escena del crimen Crawford le esperaba junto a la puerta.

—Ven por aquí, Will. Hemos intentado no tocar nada. Los padres fueron asesinados en la sala y su hijo en su habitación.

Will asintió mientras le seguía y le iba dando el resto de los detalles. Beverly estaba sacando fotos en la cocina mientras Jimmy y Brian estaban miraban por el lugar intentando no alterar nada.

—¿Por dónde prefieres empezar, Will?—preguntó su jefe.

—¿Cómo los encontrasteis?

—Un vecino llamó a la policía. Les dijo que cuando no escuchaban al matrimonio discutir y amenazarse oía la música del muchacho a todo volumen así que fue a quejarse y se encontró con esto. —Crawford miró su libreta y la guardó en el bolsillo- Vino para decirles que quería un poco de paz y se encontró la puerta abierta y a los Roberts en la cocina con dos tiros en el pecho. Al hijo lo encontramos después en su habitación.

—¿Y que fue esta vez? ¿La música o una discusión? —preguntó mientras se ponía unos guantes.

—Las dos. Escuchó una pelea entre los padres y después la música.

Al entrar en la habitación del muchacho lo encontró tumbado en el suelo boca abajo llevaba los cascos en el cuello y el cable enrollado alrededor. El ordenador aún seguía encendido y en salvapantallas iban apareciendo fotos del muchacho con sus amigos.

En una de las paredes había un gran póster de un grupo de Rock con la cara pintada de blanco y negro y ropa de cuero. Leyó el nombre y no le dijo absolutamente nada. Hacía mucho que no escuchaba ningún disco nuevo y aun más que no iba a ninguna tienda a buscar música o películas. ¿Cuándo fue la última vez que hizo algo de eso?

—¿Que estaba escuchando?—preguntó Will de pronto.

Crawford abrió la boca como si fuera preguntarle qué importancia tenía aquello, pero volvió a cerrarla.

En aquel momento Jimmy decidió asomar la cabeza en el cuarto.

—Yo creo que los padres cabrearon al mocoso y este los mató. — Crawford lo fulminó con la mirada.

—¿Y luego que, Jimmy? Dio vueltas sobre sí mismo se mareó y se mató de la caída.

—Es solo una teoría, pero puede que tuviera un amigo y...

—Sabes que, Jimmy. Tú deja las teorías a los matemáticos y dedícate a buscar pruebas. ¿Quiero esto despejado ya? Fuera.

Jimmy se marchó no sin antes dedicarle una última mirada a Will. Ya, Will conocía aquella mirada bien. Él era el bicho raro. El que se dedicaba a los perfiles. Para algunos una especie de historiador que rellenaba los huecos con lo que se inventaba para otros un tío al que se le iba la cabeza tanto como a los psicópatas y más que guiarse por las pruebas y la intuición lo guiaba la experiencia.

—La música... Lo de la música era solo para ayudarme a entrar en la situación.

—No lo sé. No tengo ni idea de lo que escuchan los críos hoy en día. Creo que algo de New metal o algo así. La lista de reproducción está en el ordenador. La paró la policía cuando llegaron.

—¿Falta algo?

—Hasta que no lo revisemos no podremos saberlo con certeza. Voy a hablar ahora con los chicos.

Cuando se quedó a solas Will miró a su alrededor, miró cada detalle en el cuarto. Las marcas de un vaso en la mesa, los papeles, la postura del cuerpo y fue hasta la cocina donde estaban sus padres al otro lado del mostrador. Las salpicaduras de sangre llenaba la pared a sus espaldas y parte del frigorífico. Si se fijaba bien se notaba que habían quitado algo de la puerta de la nevera. Tal vez una pegatina, una tarjeta magnética.

A Will le parecía la típica familia con hijo adolescente que cena en su cuarto y pasa más tiempo con sus amigos y encerrado en su habitación con su ordenador y su música que con sus padres. Discusiones; posible divorcio en ciernes y sin embargo el marido por la postura había intentado protegerla. Eso es lo que intuía sin cerrar los ojos. Volvió a la habitación del muchacho y movió el ratón con su mano enguatada viendo la lista de reproducción. Tampoco fue capaz de reconocer ninguno de los grupos. Dio al play y retrocedió un paso impresionado por lo alto que estaba.

Cerró los ojos y se concentró en los latidos de su corazón. El muchacho se levantó del suelo y volvió a sentarse en la silla del ordenador con los cascos puestos. A través de la puerta de su habitación se escuchaban los gritos de sus padres. El muchacho subió el volumen y se ajustó los cascos y siguió con sus cosas.

Will salió de la habitación y salió de la casa viendo como la pareja se gritaba movían las manos haciendo aspavientos.

Cerró la puerta de la casa y salió al pasillo. Se vio tocando el timbre y esperar antes de que le abrieran la puerta. Tal vez le conocían, tal vez le esperaban.

Vio al matrimonio y los siguió hasta la cocina. Confiaban en él. Esperó a tenerlos juntos tras el mostrador y sacó el arma. Veía el miedo en sus rostros. Sentía que tenía el poder para decidir quien vivía o no y hoy no iba a vivir nadie.

El primer disparo se lo llevó ella. Su marido se puso en medio y les disparó a los dos, pero Will no se marchó. Caminó buscando a alguien más. Ellos solo habían sido el aperitivo antes del plato fuerte. Lo encontró sentado mirando el ordenador. No había oído nada. Tiró del cable y le miró a los ojos forcejea con él y lo agarra retorciendo el brazo. Enreda el cable alrededor de su cuello y lo ahoga mientras ve como se le escapa la vida. Will sonríe, sonríe mientras el muchacho se escurre de entre sus brazos y cae al suelo. Va hasta la cocina y recoge algo de la puerta.

Cuando la visión de Will regresa al presente esta temblando. Borra la sonrisa de su rostro y se maldice mientras ve como las imágenes del salvapantallas muestran cuanta vida había en aquel adolescente. Él en un camping, haciendo Skate, celebrando un cumpleaños en la cocina.

Will creyó ver en aquélla foto lo que faltaba en la puerta de la nevera.

Alguien tocó su hombro y se dio la vuelta a punto de sacar el arma.

—Tranquilo, Will. Soy yo.—gritó Crawford sobre el estruendo de la música. Apartó a Will y paró la música.—¿Qué has visto?

Will le contó lo que había percibido sobre el asesino y le contó sobre la foto de la nevera:—¿Creía que esperarías fuera?

—Y eso hicimos, pero llevas aquí casi dos horas, Will. ¿Estás bien?

—¿Dos horas? Sí... Estoy bien. Tengo que marcharme. —¿Dos horas? ¿Cómo había sucedido algo así?

—¿Quieres que te acerque a algún sitió?

Will negó con la cabeza y se apartó de Crawford antes de salir del edificio. En su prisa por salir de allí tropezó contra una mujer.

—Perdone... No la vi...—Comenzó a disculparse hasta que vio a la periodista pelirroja. —Señorita, Lounds.

—Señor, Graham. —Le saludó ella con una falsa sonrisa. —Me imaginó que ha salido de la casa donde han asesinado a esa familia.

—Buenos tardes. —La respondió dando por zanjada aquella conversación, pero ella se volvió a poner en medio.

—Eso es todo lo que tiene que decir.

Will la apartó y continuó andando sin prestarla atención. Cruzó la carretera y una furgoneta lo esquivó por poco. No quiso mirar atrás no deseaba volver a ver a aquella mujer.

Sin tiempo para ir a comer ni descansar después de pasar dos horas en aquella casa fue directo a la consulta del doctor Lecter. Disculpándose de nuevo por haber salido aquella mañana sin terminar de desayunar empezó a contar como había sido su mañana hasta llegar a lo que le preocupaba.

Esta vez ha sido extraño. No solo por las dos horas en las que no recuerdo que pasó. El chico estaba en el suelo y de pronto pensé que ni recordaba la última vez que había ido a ver una película o escuchado música y…

—¿Y qué crees que tiene malo pensar en ti en aquel momento? Podría ser también una forma de evadirte de lo que estabas viendo.

Will negó con la cabeza.—No era eso. Era como si no me importara...

—Pero te importa, Will. Sino no sacarías el tema.

—¿Me importa?—Se recordaba sonriendo mientras los mataba. La sensación de no tener que esconderse y la paz por haber hecho lo que deseaba hace tanto tiempo.

—¿Cómo te sentiste cuando pensaste en ello, Will? ¿Cuando en el cuarto de aquel muchacho pensaste en otra cosa que no tuviera que ver con su muerte?

Will no pudo evitar una mueca de disgusto al recordarlo: —Culpable.— Su voz sonó rasposa.

—¿Por qué?

—Porque sabía que un segundo después, cuando cerrara los ojos y empezara a ver como los mataban a él y a sus padres me vería haciéndolo a mí.

—Will, mírame. —Graham obedeció manteniendo la vista en sus ojos un segundo antes de apartarla.—¿Los mataste? —preguntó con firmeza.

—No...Pero...—Will se tapó los labios con la mano y se revolvió incomodo en el sillón. Hannibal le dio tiempo para que hablara. —lo vi... Me vi allí sobre ellos. Matándolos…

—Lo imaginaste, Will.

—Ya lo creo. Una imaginación muy vivida.

Hannibal se inclinó en su asiento hacia él.—Hasta donde yo sé Will, imaginar no es lo mismo que hacerlo.

—¿No lo es? Pero si es así porque no puedo evitar sentir como si fuera culpa mía.

—Para eso estoy aquí, Will, para ayudarte a no sentirte mal.

Ambos se miraron en silencio mientras la última frase de Hannibal parecía propagarse por la habitación, pero realmente para ninguno de los dos aquellas palabras tenían el mismo significado.

Hannibal se levantó y Will hizo lo mismo.

—¿Quieres quedarte a cenar y ver una película?

—Lo dices por lo que acabo de contarte. Es una tontería en realidad era solo algo que pensé.

—Lo digo porque te considero mi amigo y cenar y compartir el tiempo es algo que hacen los amigos, Will. ¿Quieres quedarte a cenar y ver algo?

Por un lado no le apetecía estar con nadie más. Se había acostumbrado a estar a solas o con sus perros y a veces el trato con los demás lo agobiaba, pero hoy tampoco quería estar solo. No quería despertar de repente andando en sueños por mitad de una carretera o algo peor. —Supongo… Sí. Sí, estaría bien. Gracias.

—Acompáñame a la cocina y preparare algo mientras hablamos. ¿Vino o cerveza?

Le sirvió algo frio de beber y cocinó mientras Will lo miraba ir y venir, apoyado en la encimera, mientras preparaba la cena. Todavía no habían decidido que ver, pero al menos parecían tener un gusto parecido en cuanto al cine.

—Seguro que no quieres que te ayude, Hannibal. Puedo cortar algo o freír algo.

—No, Will. Hoy eres mi invitado. Ya cocinaras para mí la próxima vez. —Hannibal cogió un cuchillo del cajón y comenzó a cortar unas zanahorias.

Will sonrió.

—¿Qué encuentras tan divertido, Will?

—Pensaba que si la próxima vez me toca cocinar a mi solo sabré como abrir un par de latas. No creo que me acuerde de más.

—¿Cómo es eso? No has cocinado nunca para ti.

Will se retiró del mostrador y comenzó a caminar por la cocina:—No realmente. A veces incluso me olvido de comer.

—¿Cuándo fue la última vez que saliste con alguien, Will? —

—Pensé que es eso lo que tú y yo estábamos haciendo esta noche. Peli y cena suenan como una cita para mí—Will sonrió tímidamente.

Hannibal se río consiguiendo confundir a Will. —Alana tenía razón.

—¿Qué quieres decir?

Lecter dejó el cuchillo sobre la mesa y movió el plato para vaciarlo en la sartén.—una vez me dijo que cuando querías evitar un tema flirteabas.

—Yo... —Will se sonrojó y sus palabras se atropellaban queriendo explicar que solo bromeaba.

—Tranquilo, Will.

—Entonces. ¿Qué película te apetece ver?

La noche paso tranquila entre conversaciones durante la cena y cuando terminaron Will insistió tanto en que le dejara fregar los platos que Hannibal le dejó. Escogieron ver "El rey Arturo" y se sentaron en el sofá uno junto al otro.

Will estaba un poco nervioso al principio, pero consiguió relajarse mientras veía la película tanto que fue quedándose dormido hasta caer sobre el hombro de Hannibal.

El doctor lo miró fijamente sin saber que pensar. Una parte de él quería ser su amigo mientras la otra quería abrirlo para saber cómo funcionaba, para saber qué era lo que movía su cerebro y lo hacía especial para él. Hannibal se apartó y le quitó los zapatos dejando que se tumbara sobre el sofá antes de taparle con una manta.