CAPÍTULO 2: DESCUBIERTA
(Gin)
Ya me pareció raro que se desmayara, pero peor fue luego: se incorporó de repente, con la mirada perdida y el pelo cubriéndole parte del rostro.
Emitía un reiatsu extraordinariamente potente y, a continuación, se formaron corrientes de aire a su alrededor, haciendo que no me pudiera acercar a ella. Acto seguido, su cuerpo empezó a brillar con una luz azulada cegadora.
La luz fue perdiendo intensidad, al igual que las corrientes de aire. En ese momento, pude apreciar algunos cambios en su físico: su pelo castaño se había vuelto de un rojo intenso, al igual que sus ojos verdes, que ahora brillaban como rubíes. A pesar de que su rostro seguía teniendo un aspecto angelical propio de la niña que era, su expresión se había endurecido considerablemente, haciéndola parecer más adulta.
Entonces, se abalanzó sobre el cuello de su agresor. Deduje que le estaba mordiendo, a juzgar por la cantidad de sangre que empezó a salir disparada en todas direcciones.
¿Eso significaba que Mizuhime era una vampira?
Me acerqué a ella usando el shunpo, pero antes de que pudiera tocarla, se giró y me lanzó una mirada llena de rabia. Sus labios estaban manchados de sangre y dejaban ver unos largos y afilados colmillos. Todo en conjunto, hacía que su inocente rostro ahora me pareciera aterrador.
Me miró, evaluándome. ¿Pretendía morderme?
Soltó al shinigami que, hacía un momento, había estado a punto de forzarla y se puso en pie. Aunque pueda parecer mentira, llegó a intimidarme, pero no me moví ni un solo centímetro. Entonces, se tambaleó suavemente y cayó desmayada sobre mí.
Pensé que lo más apropiado sería llevarla a mi casa, y así podría hablar con ella. Antes de nada, limpié como pude parte la sangre que la cubría, para no levantar sospechas si nos cruzábamos con alguien. La cogí en brazos y me puse en camino.
Mientras caminaba con Mizuhime a cuestas, noté una mirada penetrante en mi nuca: alguien me seguía.
-Nunca lo habría dicho: Gin Ichimaru se preocupa por alguien – sonó una voz detrás de mí.
No necesité girarme. Ya sabía de quién se trataba.
-Capitán Aizen, ¿qué hace siguiéndome?
También estaba el capitán Tosen con él, apartado y con cara de pocos amigos. Era evidente que no tenía intención de hablar: simplemente estaba allí observando la situación. Aizen se acercó más a mí.
-Noté a Shinso, así que pensé que debía pasar algo para que la utilizaras. Y, ¿cómo te encontramos? Cargando con una chica – dijo arqueando una ceja, mientras miraba a Mizuhime, – y eso que pensaba que eras incapaz de interesarte por nadie…
Su forma de decirlo no me hizo mucha gracia, pero debía mantener las apariencias.
-No lo malinterprete: Mizuhime es mi subordinada, el último fichaje de mi división. No me apetecía que la mataran el primer día – añadí con una sonrisa irónica.
Suspiró.
-Bueno, entonces me quedo tranquilo. Te recuerdo que, si finalmente decides unirte a mí, saldremos pronto del Seiretei, y no conviene que haya nada ni nadie que te ate aquí.
-Puede estar tranquilo: lo único que intento es evitar que maten a una joven promesa. Me da la sensación de que tiene un gran potencial…
Pronuncié esa última frase basándome en la escena que acababa de presenciar: la pequeña Mizuhime era, sin duda, una vampira y su poder era abrumador.
Al ver la reacción de Aizen, me arrepentí de haber dicho tales palabras.
-En ese caso, quizá interesaría que estuviera en nuestro bando, ¿no crees? – dijo él, con una sonrisa de complicidad.
-Aún tengo que asegurarme de que así sea: no me gustaría que se hiciera ilusiones para luego llevarse un chasco.
En realidad, no me apetecía que una criatura inocente como esa chica se viera envuelta en los planes de Aizen. Por mucho que fuera una despiadada vampira, no dejaba de ser una niña.
-En ese caso, ya me tendrás informado.
Sonrió satisfecho y se marchó, pero Tosen no se movió.
-¿Pasa algo? – le espeté.
-Esa chica apesta a sangre y no precisamente la suya.
-He atravesado con Shinso al shinigami que la estaba atacando. Es lógico que esté cubierta de su sangre.
-No me refería a la sangre que la cubre. Hablaba de su sangre: es como si estuviera mezclada con la de otra gente.
-Eso es absurdo. ¿Cómo va a estar su sangre mezclada con la de otros? – repliqué, tratando de proteger el secreto de mi subordinada.
-No lo sé, pero te aseguro que lo averiguaré – respondió Tosen con firmeza.
Dicho esto, echó a andar y desapareció de mi campo de visión. Yo seguí caminando en dirección a mi casa, abrazando el pequeño cuerpo de Mizuhime. Me sentía como si ella fuera la hermanita que nunca tuve. He de reconocer que me cautivó desde el primer momento en que la vi.
Llegamos a mi casa. Abrí la puerta con una mano, mientras sujetaba a Mizuhime con la otra. Avancé hasta llegar a mi habitación y la dejé caer sobre mi cama. Me tumbé junto a ella y traté de dormir. Cuando estaba a punto de conseguirlo, Mizuhime se giró y me abrazó. Presionó su rostro contra mi pecho, y fue entonces cuando me percaté de que estaba llorando mientras murmuraba en sueños "lo siento".
La estreché entre mis brazos, tratando de reconfortarla y pronto dejó de llorar, dando paso a un sueño tranquilo.
¿Cuándo me había vuelto tan blando?
