Nota de la autora: La verdad es que no pude esperar para subir el siguiente capítulo jonjonjon
Hatori: Esa nueva risa que adoptaste es sencillamente estúpida
Yuki: Suenas como puerco sinceramente
Sumine: Y una mierda Yuki!
-Te digo que sí- Yusuke dio un pequeño golpe en la mesa- esa muchacha tenía gran poder espiritual. No te podría decir cuánto obviamente lo estaba ocultando, pero aun así en cuanto se acercó a mí las ondas eran tan fuertes que por un momento no pude respirar.
-Eso no es posible Yusuke, de haber un humano así Enma lo sabría- comentó Kurama calmadamente.
-Solo estas alucinando- dijo Hiei desde su puesto en el árbol.
-No, no lo hace. Su poder fue tan grande que tuve que retroceder. Creí que iba a rostizarme o algo así- Kuwabara tembló un poco.
-Bueno, no creo que sea posible, pero si ambos lo dicen, lo mejor será investigar a esta chica.- Kurama se levantó de la banca del parque mientras sacudía su ropa.- ¿Alguna idea de dónde vive?
-No, solo sabemos que su nombre es Kagome Higurashi- contestó kuwabara mientras se levantaba siguiendo a los demás.
-Entonces es sencillo, el templo Higurashi- dijo Hiei mientras comenzaba a brincar entre los árboles.
Kagome estaba sentada en la sala de la cocina cuando una gatita le empezó a lamer la pierna.
-Ya kirara, dime ¿tienes hambre?- le preguntó mientras la levantaba en brazos y le preparaba algo de comer. Se escuchó un maullido detrás de Kagome.- Tu déjame Buyo que tu comida ya te la di tragón, por eso estas tan gordo vete por ahí a corretear ratones o algo- con eso el gato se dio la media vuelta y salió por la puerta algo dolido que su ama no lo consintiera tanto. Kagome dio un suspiro- creo que eh sido demasiado dura con él, ya le compensaré con postre después. De todas formas ahora tengo que preparar la comida- Bajó a Kirara y empezó a cocinar, en cualquier momento llegarían sota y Shippo de la casa de uno de sus amigos y entonces tendrían hambre.
Eran las seis y media cuando por fin alguien tocó la puerta.
-Souta, te he dicho que no salgas sin tus llaves, ¿qué pasaría si llegas y yo no estoy para…abrirte?-Kagome se quedó con las últimas palabras en la boca, cuando al abrir la puerta se encontró con dos de los hombres más guapos que había visto en su vida. "Pero si podrían ser hasta demonios, me recuerdan a Sesshomaru…espera…¡pero si son demonios!" Kagome se quedó estudiando un momento los demonios que tenía enfrente, no sabía de qué tipo eran, pero eran fuertes…muy fuertes. Uno le sacaba por lo menos una cabeza, tan hermoso que parecía mujer, de cabello largo y del color de las rosas, con ojos verdes y facciones dulces. El otro era de su estatura, quizá un poco más alto, de cabello negro con ojos amenazadores y se mantenía atrás un poco más cuidadoso. Entonces decidió hacerse pasar por una adolescente corriente y antes de dejarlos pasar redobló las barreras que tenía. La suya, de kirara y la del pozo.
-Oh vaya, ¿en qué les puedo servir?- dijo Kagome sonriendo.
-Oh Kagome, lo siento pero les he contado a mis amigos que he conocido a una muchacha muy bonita en la escuela y ya que ambos están solteros te han querido conocer- Kagome no reconoció la voz, pero en cuento se acercó reconoció las ondas. Llamas azules. La mirada que el joven demonio de cabellos negros le envió no pasó desapercibida a los ojos de Kagome.
-Ya, entiendo, pero en estos momentos no estoy buscando una relación Yusuke. ¡Oh!, pero que mala anfitriona, bueno al menos pasen- Mientras decía esto, Kagome se alejó de la puerta y dejó pasar a los cuatro chicos.- ¿Tienen hambre? Acabo de prepara la comida.
-Ah yo sí linda Kagome, me encantaría comer lo que has preparado- Kuwabara se sentó en la mesa mientras sonreía abiertamente.
-Hey- se escuchó en forma de gruñido.
-Perdóname Hiei, yo no estoy coqueteando con ella solo quiero comer un poco. No me digas que no tienes hambre ¿eh?- le preguntó Kuwabara, aunque su voz sonaba con un tono de burla su expresión era del terror más profundo.
-Sí Hiei, relájate que yo también tengo hambre- dijo Yusuke mientras se sentaba al lado de Kuwabara.
-Bueno pues qué le vamos a hacer, lo mejor será aceptar la oferta- Kurama se sentó. -Por cierto señorita Kagome perdóneme por no haberme presentado antes, mi nombre es Suichi Minamino. El que se encuentra allá es Hiei.- Dijo Kurama mientras señalaba con la cabeza al otro demonio.
-Hmp- fue todo lo que se escuchó por parte de Hiei mientras se cruzaba de piernas.
-Bueno pues un placer. Mi nombre, aunque ya lo saben, es Kagome Higurashi- Kagome se dedicó a servir la mesa y todos comenzaron a comer.
-Vaya kagome, pero si puedo venir a comer a tu casa todos los días, ¡esto está delicioso!- exclamó Yusuke mientras acababa con su plato.
-Lo mismo por mi parte- gritó Kuwabara mientras acababa con su tercer plato.
-Yo no me tomaría tantas libertades, pero debo decir que la comida está deliciosa.- Kurama se enderezó un poco mientras miraba fijamente a Hiei y todos voltearon a verle esperando su comentario.
-Está bien- Dijo mientras terminaba el plato, en una voz demasiado baja y sin embargo todos lo escucharon.
En ese momento se escucharon las voces de unos niños fuera de la casa y la puerta principal abriéndose.
Kagome no tuvo tiempo de reaccionar. Antes de que pudiera poner la barrera de Shippo, los cuatro hombres lo habían sentido. Shippo reaccionó posicionándose delante de Sota y mostrando sus pequeños colmillos a los dos demonios intrusos. Kirara, que hasta el momento se había quedado al margen de todo, se transformó y voló al lado de Kagome para recogerla e interponerse justo a tiempo entre Yusuke y Shippo.
-¡Detente!- Gritó Kagome mientras creaba un campo de fuerza entre su familia y los intrusos. La perla de Shikon, que antes pasara desapercibida, ahora brillaba ferozmente.
Yusuke ni si quiera lo pensó. No era la primera vez que se enfrentaba a una barrera y su reigan de seguro la rompería fácilmente. –Como si fuera a…- antes de terminar la frase y poder disparar el reigan, un rosal de Kurama le impidió el paso y lo golpeó ferozmente en el estómago mandándolo a volar de regreso detrás de sus compañeros.- ¡Kurama!
-Estúpido- fue todo lo que dijo Hiei mientras era retenido en el piso por una espada.
-Si hubieras atacado- comenzó Kurama quién estaba aprisionado contra la pared por unas garras que sacaban veneno y estaban dispuestas a atravesarle el cuello si se movía. –Todos estaríamos muertos. –Terminó Kurama mientras se arrodillaba frente a su opresor.
Un gruñido de un perro se escuchó resonar en todo el templo.
