Mika, siempre digo que en ff se puede hacer de todo si lo haces bien. Los personajes son perfectos para esto.
Raga... habrá gentecilla. Todos tendrán su parte, o al menos lo intentaré.
Gorgino, CBustos96, aquí está vuestro capítulo. ¡Espero que os guste!
Regina Wayne
Debía pasar del mediodía cuando abrió los ojos. Mallory se lo había vuelto a hacer. Para muchos ella era sólo la heredera rica de un hombre rico que a su vez había sido un heredero rico. No era de extrañar que alguien así faltase a sus obligaciones. Me incorporé sobre la cama y la puerta no tardó en abrirse. Mallory entró, con la bandeja del desayuno, y un suave aroma a café llenó la habitación.
_ Buenos días, señorita Wayne. _ Saludó, dejando esa bandeja frente a mí.
_ Me has apagado el despertador. _ Le recriminé.
_ Es mi trabajo, señorita Wayne. _ Me dijo, alzando una ceja.
_ ¿Tu trabajo?
_ ¿Me permitiría ser familiar por un instante?
_ Puedes ser familiar siempre que quieras, Mal._ Le espeté.
_ Regina… antes de fallecer, el señor Wayne y la señorita Kyle me hicieron prometer que cuidaríamos de ti. Quizá no pueda impedir que la hija de Batman y Catwoman patrulle las calles como su padre, pero perdóname si intento que sigas viva y no mueras por un mal bostezo.
Mallory rara vez me hablaba con tanta familiaridad. A pesar de ser para mí como la madre que perdí, ella seguía insistiendo en seguir comportándose como parte de mi servicio. Eso debía ser producto de la influencia de Alfred, su padre.
_ Dime que no has vuelto a dejar dormir porque esta noche vas a volver a presentarme a alguien._ Dije, dejándome caer sobre la cama._ No tengo interés en tener novia.
_ Lo cierto es que sólo quería que descansase… pero ya que lo menciona.
_ A veces te odio, Mallory…
Emma J. Quinzel
Lo cierto es que la actitud de mi madre me preocupaba. Aunque la quería con toda mi alma, me temía que el regreso de Batgirl había arruinado lo que habían sido muchos años de terapia. Lo que me llevaba precisamente a aquel pequeño rincón de la ciudad. El letrero que rezaba "Jardín Botánico de Gotham", había sido devorado por una maleza exuberante que parecía impedir el paso a cualquiera.
Sin embargo, como muchas otras veces, a mi paso se abrió, como una cortina, y yo avancé con delicadeza, tratando de no pisar ninguna de las plantas que allí se encontraban. Era un lugar muy familiar para mí. A fin de cuentas, hasta un par de años antes, mi habitación se encontraba a pocos pasos.
Tras la muerte de mi padre y el internamiento de mi madre, la tía Pam, o como ella prefería ser llamada, Hiedra, me había acogido y había ocupado su tiempo en encargarse de mi educación. El aroma floral llenaba el ambiente. Era agradable. En especial cuando una se acostumbraba a él.
_ ¡Mi pequeña Emma!
La voz de Hiedra me ayudó a encontrarla, sentada sobre un pequeño asiento, con la forma de una flor roja. Sonreí, sin poder evitarlo. Me acerqué corriendo y la abracé. Era la única humana con la que Pam había tenido contacto desde hacía años.
_ Buenos días, Tía Pam._ La saludé, entre sus brazos.
_ Pensaba que Harley también vendría a visitarme.
_ Debería… pero me tiene preocupada. Al ver la vuelta de Batgirl… se inquietó. Está, obsesionada… con que me vengue.
_ Es natural. Todos los que se enfrentaron a Batman acabaron mal. Y lo pagan con sus hijos.
_ Tú no acabaste mal._ Comenté.
_ Bueno… Yo le ayudé. El espantapájaros iba a quemar mis plantas y… bueno… nos asociamos. Y batman consiguió que me dejaran el jardín botánico. Decidí sentar la cabeza… Alguien tenía que estar fuera de la cárcel y del psiquiátrico para cuidar de ti.
_ Y te doy las gracias todos los días._ Reconocí._ No sé qué habría hecho sin ti.
_ No tuviste una infancia común, pero hice cuanto pude para que estuvieras segura.
A diferencia de mi madre, Hiedra parecía no haber envejecido con el tiempo. Decían que las plantas eran antioxidantes y ella era el mejor ejemplo de ello.
_ ¿Qué hago con mi madre?_ Le pregunté.
_ Bueno… yo preguntaría a quien pagaba los cheques._ Dijo, pidiéndome que me sentase._ La habitación en la que internaron a tu madre no es barata. Lejos de los peligrosos… con espacio para ella.
_ ¿No te encargabas tú?_ Pregunté.
_ Emma… ¿Te parezco la clase de persona que acumula riquezas para eso?
_ No… la verdad es que no.
_ Industrias Wayne se ocupaba de tu madre. No tengo ni idea de por qué. Pero supongo que su presidenta, Regina… lo sabrá. Deberías hablar con ella.
¿?
Pues vaya mierda. Tenía un concierto y el gilipollas de mi padre me llamaba desde la cárcel. Eso no era precisamente un planazo de fin de semana. Si el funcionario no se daba prisa iba a llegar tarde. Aunque… supongo que es normal que te cacheen cuatro veces cuando llevas el pelo malva y tanto acero inoxidable en el cuerpo como yo.
Me senté en mi sitio y tomé el teléfono, mirando al hombre encogido y aterrado que estaba frente a mí. No, no le tengo cariño a mi padre. A fin de cuentas se lio con mi madre en un bar de carretera y la dejó tirada. Cuando hizo una pausa en la que dejó de temblar, finalmente me decidí a hablar.
_ ¿Qué coño quieres?_ Pregunté, mirándole a sus ojos apagados.
_ ¿No te lo imaginas? ¿No ves las noticias?_ Preguntó, mirándome.
_ No hasta que salga yo en ellas._ Dije, altiva. Tenía claro que iba a ser una estrella.
_ Eres una ingenua, como tu madre._ Bufó._ No me extraña que testificase contra mí. Al final no la indemnizaron, ¿Verdad?
_ No. Por supuesto que no.
_ ¿Y no te gustaría que lo hicieran? Sé que eso es lo que quieres, Ariel. Fama y fortuna.
_ Francamente, no quiero que la gente me siga recordando por ser la hija bastarda del espantapájaros._ Le escupí.
_ Sí… supuse que dirías eso._ Jonathan Crane soltó una risa nerviosa._ He estado trabajando en algo… una nueva toxina.
_ No tengo intención de matar a la gente de terror, gracias.
_ Pero querida… esta no es para eso…
Lo admito, sentí curiosidad.
Regina Wayne
Acababa de llegar a la oficina. Lo admito, ser la directora de industrias Wayne era difícil. Tenía tantas filiales y subcontratas que me resultaba casi imposible llegar a darme cuenta de hasta qué punto alcanzaba. Mi padre había hecho crecer la empresa hasta unos límites que resultaban aterradores. Era por la tarde, y no esperaba ninguna reunión.
Sin embargo, cuando entré en mi despacho había un hombre esperándome. Estaba de pie, apoyándose en su paraguas. Daba la sensación de llevar allí un buen rato. No me gustó el brillo de sus ojos azules. No era la primera vez que nos veíamos.
_ No recuerdo haberle dado cita, señor Cobbelpot._ Dije, tratando de mantenerme serena.
_ Señorita Wayne, como usted bien sabe, si alguien quiere algo, a veces tiene que saltarse los intermediarios.
_ Killian…_ Me dije, permitiéndome tutearle._ Quisiera recordarle que industrias Wayne no está interesada en escalar en la carrera armamentística. Hace mucho que abrazamos… otros proyectos.
Quizá no estuviese ante Oswald Cobblepot, pero su sobrino era igual de desagradable que él… o incluso más.
_ No venía por eso, señorita Wayne. Pensé que ambos estaríamos preocupados por cierta criatura que vuelve a sobrevolar nuestro espacio aéreo. Batgirl es mala para el negocio.
_ Los pingüinos no vuelan, Cobblepot. No te preocupes por eso.
_ No tiene gracia, Regina.
_ Lo siento… se me escapó._ Mentí._ Si me disculpas, tengo una cita así que…
Emma J. Quinzel
Me sorprendió que Regina Wayne aceptase verme. Pensé que la directora de una gran compañía no se preocuparía por algo tan banal como mi problema. Sin embargo, al entrar encontré a la mujer de espaldas, observando el ventanal.
Vale Emma, sube la vista, que esa falda le haga un culazo no es relevante en ese momento. Se giró y el rostro resultó ser tan bueno como el trasero o mejor. Eso y el escote que dejaba entrever la blusa desabotonada por poco la rematan. Sin embargo, estaba allí por su madre.
_ Deduzco que estás aquí por Harleen._ Dijo, sentándose frente a mí._ ¿No va bien su recuperación?
_ ¿Me lee la mente?_ Pregunté, mirándola.
_ Soy muy intuitiva._ Dijo, con voz perceptiva.
_ Me preocupa que recaiga ahora que… Batsy ha vuelto. Bueno… ella la llama así._ Le dije, preocupada._ Temo que puede recaer del todo.
_ Mira… esto es lo que haremos. Sé que es importante para ti. Intentaré buscar un psicólogo que pueda hacerse cargo.
_ No… no es eso. Yo creo que necesita… salir y… no sé… tomar un poco el aire… quizá… olvidarse de mi padre.
Regina me sonrió, mostrando sus dientes blancos. Tenía una sonrisa preciosa.
_ Me parece muy tierno que te preocupes así por tu madre._ Me cogió de la mano._ Haré lo que pueda por ayudar. Este es mi número. Llámame cuando te hayas decidido.
Me dio su tarjeta y la examiné. Una multimillonaria quería ayudarme. Aún no me lo creía. Me adelanté y le di un abrazo. Quizá la abracé con demasiada fuerza.
_ Lo siento…_ Dije, en un murmullo.
Harley Quinn
Emma no parecía dispuesta a cumplir mi venganza. Mr. J había muerto por culpa de Batman, y ahora alguien llevaba su seña y la llevaba por bandera. Llevaba sola en casa todo el día. De un lado a otro. Y sin embargo, cuando llegó el correo, me sobresalté. Había un paquete a mi nombre. De Jonathan Crane. El espantapájaros solía ser buen amigo de Mr. J, a veces. Finalmente alguien que odiaba a Batman tanto como yo. Alguien que podía entenderlo.
Abrí el paquete y me encontré con dos jeringuillas de unos vivos colores verde y rojo. Junto a ella había una nota. La tomé y observé la nota que había con ellas. Y una risa, enfermiza y enloquecida, escapó de entre mis labios. Mr. J iba a ser vengado, con Emma… o sin ella.
Regina Wayne
Emma parecía una chica de lo más normal. No tenía sentido preocuparme por ella. Estaba claro que no era como… su padre. Lo aparté de mi mente, pues las horribles risas aún estaban en mi cabeza. Debía olvidarme del Joker. Había muerto. Eso era lo importante.
Me coloqué bien la capucha y me subí al batmóvil. En ese momento pensaba en que, quizá, debería dejar de trabajar sola. Mi padre tenía a Robin, pero yo estaba sola. Y quizá por eso me sentía tan cansada, tan vacía. Pero no tenía a nadie con quién contar.
El batmóvil aceleró por las calles de Gotham a toda velocidad. Y sin embargo, sabía que era yo misma la que debía controlarlo todo desde las alturas. Pulsé un botón y salí despedida. Con la batgarra salí despedida hacia una azotea. Escuché un grito y aterricé frente a un altercado. Había varios delincuentes, imitadores de los secuaces de Joker. No tardé en reducirlos. Pero mi error… fue relajarme después.
No presentí el bate hasta que fue demasiado tarde. Me dieron en la nuca y me desplomé. Cuando abrí mis ojos, me encontré atada de pies y manos a una silla. Elevé la vista, y mis ojos se toparon con los de Harley Quinn. Se abrieron de sorpresa, al ver que los estragos de la edad habían desaparecido por completo de su piel.
_ ¡Batsy, Batsy, Batsy! ¡Volvemos a vernos! ¡Y esta vez vas a pagar por lo de Mr. J!
Lo cierto es que cualquiera diría que lo que Harley estaba diciendo eran las locuras de una mujer enfermiza que estaba obsesionada con vengarse de mi padre con causar el máximo dolor posible a la figura de Batman, y en asegurarse de que desapareciese para siempre. Sin embargo, y por desgracia, por más que quisiera me era imposible negar algo. Algo muy importante, de hecho.
Efectivamente… la que había acabado con la vida del Joker había sido yo.
Ragamuffin... sólo quiero decir que este ya era el plan.
