DISCLAIMER: Esta historia está basada en el universo creado por J.K. Rowling y los personajes pertenecen a ella.
RE-EDITADO 05/FEBRERO/2015
Minerva McGonagall, una mujer dotada de una mente brillante y audaz, se encontró considerando seriamente su cordura; frente a ella tenía a James Potter con la misma apariencia con la que lo conoció años atrás, la única diferencia era la mirada, de antaño con una chispa de diversión, ahora se encontraba confusa. El chico en cuestión tenía la mandíbula desencajada y la mente hecha un desastre. Una cosa era el pasado, ¿pero el futuro? El dolor de cabeza empezó a aumentar cuando trató de buscar una explicación lógica y entonces se le vino a la mente la imagen de un hombre alto, viejo, con una larga barba blanca y lentes de medialuna con los cuales siempre le observaba en sus tiempos de Hogwarts, usualmente con una sonrisa bien disimulada. Dejó de intentar hilar pensamientos y decidió continuar con el mismo camino que recorría antes de encontrarse con McGonagall.
—Será mejor que valla con Albus, él sabrá dar con alguna respuesta —dijo como despedida pero Minerva lo detuvo.
—El profesor Dumbledore actualmente se encuentra en su despacho, pero está ocupado resolviendo unos asuntos, será mejor esperar… ¿Enserio no tienes idea de lo que haces aquí? —McGonagall preguntó con cautela. Pasado el impacto inicial se le vinieron a la mente recuerdos de lo revoltoso que era en sus años en la escuela y, buscando una explicación lógica, temió que el chico hubiera hecho una broma que salió mal y de alguna forma lo envió al futuro… Se tensó, de ser así, le acababa de decir que había muerto y eso explicaría su confusión.
—De verdad no tengo idea de lo que está pasando, mis recuerdos son difusos pero te prometo que no es ninguna broma Minerva —.
—Entonces tendremos que interrumpir al profesor Dumbledore, este asunto tiene más prioridad. Será mejor que camines rápido, lo último que necesitamos es que algún maestro te reconozca antes de saber lo que sucede —y sin más, se encaminó a paso rápido rumbo al despacho del director.
A pesar de la urgencia de McGonagall, no pudieron evitar retrasarse durante el trayecto gracias a James. Al chico lo embargaba la nostalgia y exclamaba a todo pulmón cada vez que reconocía algo del castillo o veía algo cambiado, ciertamente era una suerte que se encontraran en vacaciones y el castillo estuviera casi desierto. Poco después, por segunda vez en el día a McGonagall casi le da un infarto y se detuvo en seco, haciendo que James se estrellara con ella.
—Cuidado profesora, mi cara vale oro, ¿qué pasa?... —James se dio cuenta del porqué de la reacción de su maestra y sonrió de manera sincera por primera vez desde que llegó a esa época, —Lily… —susurró mientras abrazaba a la chica con fuerza, sin querer dejarla ir y le plantaba un tímido beso.
Frente a ellos estaban Lily Potter y Sirius Black, su esposa y mejor amigo correspondientemente. Lily era chica con el pelo rojo oscuro, largo y espeso, pero tenía unos ojos verde esmeralda que hechizaba al que los viera de frente, muy hermosa.
Sirius por otra parte era un chico algo alto para la edad que tenía en ese entonces, con el pelo un poco largo, negro, unos ojos grises y sonrisa petulante. Estaba tan feliz James que no le importó verlos como los conoció a la edad de 11 años en el expreso de Hogwarts, lo único que quería era estar con ellos, saber que no pasaría esto solo.
— ¿Qué, a mí no me darás mi beso? — dijo una tercera y alegre voz perteneciente a Sirius interrumpiendo el abrazo de los Potter. James volteo inmediatamente al reconocer esta voz, se había olvidado por unos minutos de que su mejor amigo estaba presente, su mente se había centrado en Lily, sonrió y le siguió el juego acercándose como si lo fuera a besar.
— ¡Cálmate Cornamenta!, aun no cambio de lado —contesto riendo, — ¿Qué dirá la profesora McGonagall? ¡Pensara que deje de ser el mujeriego más empedernido de Hogwarts! ¡Mi reputación! — esto lo dijo en un tono algo dramático lo que provoco que estallaran las risas en sus amigos, la profesora sonrió un poco pero nadie lo percibió.
—Calma Canuto, estamos en vacaciones, o eso creo porque el castillo está desierto, aparte estamos algo alejados de la época en donde tenías reputación. Por cierto, ¿Cómo llegaron aquí? — pregunto James intrigado, la profesora McGonagall agudizo el oído, había decido no intervenir en el intercambio de los chicos.
—No tengo ni la más remota idea Cornamenta, para serte sincero, de no haber encontrado a Lily hubiera tenido un ataque de pánico —.
—Todo es muy extraño James… Pregunté a los cuadros la fecha y estamos a 25 de Julio de 1991, es decir, casi 10 años desde… ¿Qué es lo último que recuerdas? —preguntó Lily con angustia en la mirada.
—Supongo que lo mismo que tu recuerdas Lils… —.
—Morir… —Lily no pudo soportar más y estalló en lágrimas, lágrimas que reflejaban todo lo perdido aquella noche de Halloween, la noche en que perdió a su marido, murió defendiendo a su hijo y su bebe… —Harry… —susurro con anhelo hacia McGonagall mientras James la abrazaba también con lágrimas en sus ojos.
—No te preocupes Lily, Harry está bien, pero lo mejor será que Albus les dé los detalles —McGonagall prefirió no contarles el resto de la historia, prefería que el viejo director fuera el que les explicara la situación de su hijo.
—Pero entonces si Lily y yo recordamos haber muerto, —James comenzó tratando de recomponerse un poco, recordar su muerte le hizo traer a su cuerpo la angustia que sintió por su familia aquella noche —¿qué pasa contigo Canuto? —.
—No estoy muy seguro, mi cabeza está hecha un desastre —Sirius evitó mirar a los ojos a sus amigos, ciertamente su mente era un fiasco en ese momento, pero claramente podía recordar como en su furia, persiguió a Peter sin pensar en demasía y las cosas salieron mal, se avergonzó de sí mismo, un impulso lo había llevado a la muerte.
—Será mejor que ordenen los tres sus ideas mientras vamos con el profesor Dumbledore, será más fácil llegar a alguna conclusión cuando le expliquen su situación —finalizó McGonagall nuevamente evitando dar información, ella conocía muy bien el destino de Sirius Black y esperaba no tener que ser ella quién se los revele, aunque captó algo en la mirada del chico qué la hizo preguntarse si realmente no recordaba nada, prefirió no decir nada. Continuaron su camino en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
Finalmente arribaron a la oficina del director, la gárgola que la custodiaba se hizo a un lado en cuanto McGonagall proporcionó la contraseña y subieron la escalinata de piedra. Al llegar a la puerta la profesora llamo dos veces, después de unos cuantos segundos un suave "Adelante" se escuchó e ingresaron en caravana. La oficina era una habitación ovalada muy grande, llena de objetos extraños, una chimenea que parecía encendida, un escritorio frente a la puerta y delante de este había unas sillas, básicamente como la recordaban. James y Sirius se sentaron en las sillas frente a Dumbledore sin recibir invitación. El viejo director se encontraba claramente sorprendido pero logró recomponerse en instantes.
—¿A qué debo esta peculiar visita? —preguntó examinándolos a través de sus lentes de media luna.
—Esperaba que tú nos respondieras esa pregunta Albus —dijo James un poco exasperado.
—Lo que quiere decir James, es qué no tenemos la menor idea de lo que está pasando —regañó Lily con la mirada a su marido, —todo es muy extraño, lo último que recordamos James y yo es haber muerto para luego despertar aquí, en un Hogwarts de 10 años en el futuro —finalizó Lily su breve explicación.
—Nuestro futuro, no el de ellos, más bien su presente, nuestro pasado… ¡Arg, olvídalo! La cabeza me está matando —dijo Sirius con expresión adolorida.
—¡Como sea! —James exclamó, —lo importante aquí es saber qué pasó con Harry —dijo sin darle muchas más vueltas al asunto de su "viaje", lo cual, su cabeza agradeció.
—La situación James, es que todo es importante —dijo Albus con voz calmada y un brillo en los ojos, —pero entiendo su situación de querer saber lo sucedido al pequeño Harry. Verán, la noche del 31 de Octubre de 1981, Voldemort los atacó y aparentemente los asesinó, otro error que cometió aquella noche y ustedes son la prueba de ello; después de pelear con ustedes, intentó matar al pequeño Harry por las razones que ustedes ya saben, la cuestión fue que Voldemort subestimó una de las ramas más poderosas de la magia y se llevó a sí mismo a la destrucción —.
—¿Entonces Harry está vivo? —preguntó Lily para confirmar lo dicho por McGonagall.
—Así es, el pequeño Harry sobrevivió —.
—Cuando dijiste, intento matarlo… ¿A qué te refieres? —preguntó James con cautela.
—Voldemort le lanzó la maldición asesina a Harry, pero el hechizo rebotó —.
—¿Entonces el cachorro sobrevivió a una maldición asesina? ¡Merlín! —exclamó con sorpresa y alivio Sirius.
—Pero cuando te referías a que Voldemort se llevó a sí mismo a su destrucción ¿quiere decir que está muerto? —preguntó Lily que no le había pasado desapercibida el hecho de que el viejo director evitase usar la palabra muerte.
—No creo que le quede la suficiente humanidad para considerarlo vivo —contestó con sinceridad Dumbledore.
—Eso quiere decir que volverá… —James afirmó con un hilo en la voz, la guerra les había quitado mucho y era un alivio que estuvieran en tiempos de paz pero ¿cuánto tiempo duraría la tranquilidad?
—Así es, eventualmente me temo que regresará —.
—¡Mierda! —exclamó Sirius abatido ante la mirada desaprobadora de McGonagall.
—Eso significa que la profecía… Mi bebé tendrá qué… —la chica pelirroja derramó lágrimas mientras James la abrazaba con ternura, él prefería evitar pensar en el hecho de que su hijo, ahora de casi 11 años, tenía que enfrentar al mago más terrible que hubiera conocido.
—No tenemos el por qué entrar en temas oscuros en estos momentos, cuando llegue el momento, si llega, hablaremos, por ahora volvamos a su peculiar situación. —los centró Dumbledore —Me temo que no tengo respuestas para su situación, es la primera vez que ocurre algo así en la historia aunque supongo, y permítanme recordarles que mis suposiciones pueden ser bastante acertadas, qué no existe ningún tipo de maldad en el hecho de que se encuentren aquí, no creo que su llegada sea producto de alguna maldición ni tampoco creo que sea por error, simplemente alegrémonos pensando en que la vida y la magia les otorgó una segunda oportunidad —Albus tenía una sonrisa verdadera en su cara mientras observaba a sus antiguos alumnos, los cuales tenían aún miradas preocupadas.
—¿Pero qué se supone que tenemos que hacer? ¿Estudiar de nuevo? —preguntó Sirius con un tono de horror a lo último, tratando de suavizar el ambiente.
—Me temo que sí, tendrá que estudiar de nuevo señor Black —contestó Dumbledore con una chispa de diversión en la mirada.
—Y una gran oportunidad de mejorar las notas que tuvo en el pasado Black, ciertamente su calificación en Pociones dejó mucho que desear y esperaré lo mejor de usted en Transformaciones —le comentó McGonagall con mirada severa.
—Ah sí… Pociones… Una asignatura de lo más difícil y complicada, si me lo preguntan, a veces incluso puede sacarnos de nuestras casillas —dijo Dumbledore como quien no quiere la cosa y con una clara sonrisa de diversión en su rostro.
—Pero si empezamos nuestros estudios este año, significa qué… —dijo Lily con una sonrisa en aumento en su rostro.
—¡Vamos a asistir con Harry a Hogwarts! —finalmente exclamó James y abrazó más fuerte a Lily.
—Esto será divertido… —lo dijo Sirius con una sonrisa maliciosa que hizo a McGonagall lamentar su suerte.
—¿Cuándo podemos ver a Harry? Imagino que Remus lo debió de haber criado como un gran chico —preguntó con añoranza Lily.
—Un gran chico y mucho me temo que un come-libros como Lunático —Sirius lo dijo con una mirada decepcionada.
—¿De qué estás hablando Canuto? Es mi hijo de quien hablamos, obviamente es más Merodeador que come-libros—.
—Pues tu mujer también es come-libros y ya sabes, genes de madre, criado por Lunático… —dijo Sirius como si explicara lo obvio.
—Oh no… —dijo James como si se diera cuenta de un hecho terrible.
—Cierren la boca ustedes dos —Lily les dirigió una mirada que hizo a los Merodeadores achicarse en sus asientos. Dumbledore miraba la escena con un dejo de tristeza, lamentablemente ese no fue su destino, pensaba.
—Harry se encuentra viviendo con sus tíos maternos —Dumbledore les reveló la verdad y el ambiente cambió inmediatamente. James y Sirius se encontraban estupefactos y Lily triste pero algo esperanzada.
—¿Por qué no Remus? —Sirius fue el primero en hablar.
—Mucho me temo que Harry tenía que quedarse con su familia debido a que la protección que lo salvó aquella noche, se mantiene como un hechizo de sangre y el lugar más seguro para él, eran sus tíos —explicó tranquilamente Albus.
—Pero mi hermana lo trató bien ¿no? —preguntó Lily con súplica en su voz. Hacía mucho tiempo que se había distanciado de su hermana y la relación se terminó de romper después de la muerte de sus padres, sabía que Petunia le guardaba mucho rencor, pero esperaba que no se lo transmitiera a su hijo, lamentablemente dudaba que eso sucediera. Albus Dumbledore permaneció en silencio mientras la miraba intensamente, eso confirmó sus sospechas y se abrazó de James mientras volvía a derramar lágrimas.
—Es por su bien… —dijo Dumbledore dirigiéndoles a James y a Lily una mirada de disculpa. Ellos lo entendían, después de la guerra el peligro hacia Harry debió crecer por Mortifagos que buscaran represalias y el viejo director lo refugió con la única verdadera familia que le quedaba, pero eso no lo hacía menos doloroso para Lily ni disminuía la rabia que estaba creciendo en James.
—Será mejor que se retiren y descansen un poco, mañana será un nuevo día. Imagino que no existirá problema que duerman en la torre de Gryffindor, aunque llegado al momento, serán sorteados de nuevo. —dijo el viejo director con voz suave pero firme. Ninguno de los tres reclamó y salieron del despacho rumbo a la sala común, cada uno sumido en sus propios pensamientos.
—¿Crees que estará todo bien Albus? —McGonagall no pudo evitar cuestionar.
—Me temo Minerva que el hecho de que estén aquí, es un misterio más grande de lo que podemos deducir en estos momentos, con consecuencias que pueden ser tanto buenas, como malas. Lamentablemente sólo el tiempo lo dirá —.
—Espero no pienses que me crea eso Albus, nunca has sido alguien que se quede de brazos cruzados —McGonagall contestó escéptica, el director le dirigió una sonrisa enigmática.
—Dejemos ese tema para otro momento. Veras Minerva, un viejo amigo me ha pedido un peculiar favor…
Los tres chicos se encontraban en la sala común de Gryffindor, sentados en el sofá frente a la chimenea, el calor que emanaba del hogar les hacía ponerse nostálgicos, lo que no ayudaba su humor. Sirius, sin poder evitarlo más, se levantó y empezó a caminar de un lado a otro. James, sin sentirse particularmente interesado en ver a su amigo volverse loco, volvió a tratar de hilar pensamientos. Le llevó cerca de 15 minutos poder relajarse y acomodar su mente con toda la información recabada durante el día. Además, estaba el hecho de que los recuerdos antes de su muerte, seguían difusos. Lily, a su lado, tenía una expresión molesta fija en Sirius, por lo que anticipándose a su posible reacción, le lanzó una mirada de advertencia al chico, lamentablemente Sirius no la vió.
—¡¿Podrías parar de una vez Black?! —explotó Lily, Sirius, frunció el cejo y se sentó a mirar por la ventana. James se le quedo viendo fijamente a Lily. — ¿Tengo algo en la cara o porque me vez así James? —pregunto Lily ya cansada.
—No, nada Lily. Solamente dime ya que te pasa y no me digas que nada porque te conozco Evans —ahora fue turno de James fruncir el cejo esperando la respuesta de su esposa. Lily, al ver que no tenía salida decidió sacar sus pensamientos.
—Es que estoy preocupada por la vida que ha llevado Harry, esta con mi hermana y yo la quiero mucho pero recuerda que odia todo lo relacionado con la magia. Aparte de eso estoy pensando que si no sabe de la magia y vive como Muggle seguramente lo visitara un profesor ¿No?, entonces, tenía pensado que le pidiéramos a Dumbledore ir también nosotros. —finalizo Lily, había hablado muy rápido, sacando sus pensamientos y la idea que se le había ocurrido. Sirius soltó la carcajada a lo cual Lily se molestó y le dijo — ¿A ti que te sucede, no dije nada gracioso? —se puso de pie, volteo a ver a Sirius y puso las manos en la cintura.
—Calma Lily, no me rio de lo que dijiste en sí, más bien lo que es gracioso es que te pongas así por esa idea—se defendió Sirius y contuvo la risa para evitarse problemas.
—Ya Canuto, lo mejor será que te calles —intervino James intentando evitar que Lily explotara de nuevo, Sirius balbuceo algo así "Como sea" y se dio la vuelta para continuar viendo hacia el exterior. Lily se sentó nuevamente en el sillón y James se dirigió a ella —Lily, para serte sincero, es una idea bastante difícil de llevar a cabo, dudo que Dumbledore la apruebe—finalizo James. Cuando vio que Lily se puso de pié y se fue molesta rumbo a las habitaciones de las chicas, volteó hacia Sirius con cara confundida.
—No me mires, si tú no entiendes a tu esposa, no me pidas que la entienda yo. La verdad es que me reí por lo tonto que sonó la idea, digo, se supone que ella es la lista y nosotros los que hacemos planes dementes, piénsalo Cornamenta, lo "agradable" que sería la visita a Harry, algo así como "Harry eres un mago y ¿ves ese chico enclenque igual a ti? Es tu padre, ¿la chica pelirroja? Es tu madre, yo soy tu padrino y todos vamos a estudiar felices en Hogwarts". Sí, ciertamente sería hilarante su reacción, eso si no piensa que estamos dementes —dijo Sirius.
—O nos odia por dejarlo 10 años… Entiendo tu punto Canuto, pero dudo que tu risa fuera lo ideal para expresarte —.
—Tienes razón Cornamenta, por poco me asesina y no me emociona la idea de morir dos veces en un mismo día —.
—Entonces sí que moriste… Tienes que contarme a detalle lo que te sucedió, quería preguntarle a Dumbledore pero todo lo de Harry mantuvo mi cabeza ocupada. —Sirius evitó la mirada de su amigo por lo que James, soltando un suspiro, se puso de pie y empezó a subir la escalera de caracol, —¿vienes? —.
—En un rato —Black continuó mirado por la ventana mientras se sumía en sus pensamientos los cuales terminaron tornándose difusos gracias al dolor de cabeza que tenía desde que llegó. Decidió subir a dormir y, con un poco de suerte, encontraría a James dormido y evitaría contarle el cómo murió, aunque dudaba que pudiera evitar el tema mucho tiempo. Sin duda serán unos largos años, pensó mientras subía las escaleras.
