Presentación

Este escrito participo de un concurso de cuentos cortos, en la segunda ronda, la consigna a seguir era inspirarse en una canción y utilizar el género de Romance… Espero que les guste Mena

Canciones utilizadas para inspirarme a realizar esta historia...

Yo te extrañare, Tercer Cielo

Un día te veré, Tercer Cielo

Utilice estas dos debido a siento que logran representar muy bien todo lo que siente el personaje hacia su mujer, sin más dejo la historia plasmada aquí abajo.

Felicidad escrita con tinta...

Las cenizas de la fogata hacían evidente la presencia de una antigua llama ya consumida, a causa del descuido de un hombre que yacía dormido.

Peter víctima del cansancio cayó en un profundo sueño sin ser conciente de como la tinta era absorbida en papeles. Los mismo que hace tan solo una hora atras había escrito con tanto cariño, ahora se encontraban manchados.

Los truenos gruñeron con fuerza y a los segundo un manto en formas de gotas caían sin parar en el pequeño poblado. La casa humilde de nuestro protagonista, se vio víctima nuevamente de goteras, que debido a la vieja construcción, se hacían evidente cada vez que el temporal azotaba.

El agua cayendo de forma sutil por las mismas, se encargó de despertar al hombre, que al ver las cartas en la que tanto empeño había puesto, mojadas entro en desesperación.

Levantándose de forma abrupta de su silla, toma las cartas y las lleva a la fogata que ardía en la chimenea, más al ver que dé está sólo quedaban cenizas, saca unos fósforos de su bolsillo tratando de reanimarla.

Al ver las llamas elevarse, coloca las hojas humedecidas al borde de esta en un intento de que el calor les llegará de forma rápido pero no tanto para que se quemaran.

Fue sólo así que una vez que su preocupación se desvió de los mensajes, noto la lluvia que azotaba su hogar. Dejando salir un suspiro, resignado se levanta y arrastrando sus pies, por los viejos pisos de madera, se dirige hasta la cocina. Tomando varios recipientes comienza a esparcirlos por el lugar, llenando su casa de un incesante sonido.

Agobiado se sienta en su sillón de cuero café y centra su vista en las amarillentas hojas por varios segundos. Al saber que de nada sirviria quedarse ahí sentado sin hacer nada, se levanta y se acerca hasta su escritorio. Del primer cajón saca unas hojas en blanco y tomando su lapicera, un regalo de un antiguo cumpleaños que ya no recordaba, se dispone a escribir.

Día 127

Querida Elena:

Los días pasan con tortuosa lentitud, ya ni siquiera el efímero recuerdo de tu rostro llena el vacío con el que me veo obligado a vivir. El ver como mis cartas hacia ti, fueron víctimas del agua y sus textos son sólo manchas de tinta inexplicables, me lástima porque se que no soy capaz de poner nuevamente en palabras todo lo que siento.

Por más que lo intenté ese sentimiento que horas atrás plasme fue borrado, y hora me veo obligado al igual que un escritor que pierde sus líneas, narrar un nuevo capítulo en donde tu eres mi protagonista.

La lluvia sirve de compañía para el peculiar hombre que se mantiene escribiendo en vela durante toda la noche.

Las consecuencias del cansancio invaden a Peter en forma de dolor de cabeza. Entre abriendo sus ojos café, con pereza, le da la bienvenida a un nuevo día. Como es costumbre, se levanta y estirando sus brazos se dirige a la cocina.

Encendiendo la cafetera se entretiene mirando por la ventana, los desastres que hizo el temporal. Hasta que el sonido del aparato le avisa que su bebida está lista.

Tomando su taza color negro, vuelve a caminar en dirección a su oficina mientras esquiva los recipientes de agua que yace a sus pies, sin la mínima intención de quitarlos. Los colores aún grisáceos del cielo advertía que la lluvia continuaría.

Tomando nuevas hojas de su cajón hace lo que con los años se había vuelto una costumbre. Acción a la cual ya había olvidado de donde o cuando se había originado.

Día 128

Mi amor, te llamo amor porque eres la personificación de lo que esa palabra tan importante conlleva. Te volviste la respuesta a mis preguntas, la dueña de mis sueños en las noches, el aire que respiro y el deseo por el cual me levanto. No sabes lo difícil que es mantener mi promesa, el sólo pensar en eso mi mano tiembla provocando que la escritura se vuelve indescifrable por algunos segundos.

Pero a pesar de todo trato de calmarme, sé que no te gustaría ver como mi juramento se ve roto como los otros, así que respiró y vuelvo a escribirte con el corazón en la palma de mi mano.

Ayer soñé que te vi, tal vez la lluvia se encargó de traerme tu recuerdo de forma más tangible, porque logre distinguir ese hermoso vestido de encaje blanco, lo recuerdas ¿Verdad? Aquel que lucias en una de las primeras veces que nos vimos.

Estabas tan hermoso con tu cabello suelto permitiendo que el viento se entretenga con él, como si se tratará del más hábil peluquero. Eras mi ángel, y aún lo sigues siendo por eso mismo debo cumplir mi promesa, tan sólo así podré volver a verte.

Los días pasan y las cartas continúan, Peter escribe como si el alma se le fuera en ello, hasta que llega un día en particular, un día especial, el mismo que tanto tiempo ha estado esperando llega.

Como cada mañana se levanta y con una taza de café caliente como compañía, se dispone a escribir.

Día 365

Amada mía el momento tan esperado por ambos ha llegado, por fin la hora de verte se hace presente.

He decidido ponerle un tiempo a todo este sufrimiento pero por favor no me culpes y mucho menos te culpes a ti.

Mi Elena esta fue y será mi decisión, y estoy feliz con ella, si con eso te vuelvo a ver con claridad, el sacrificio abra valido la pena.

Hoy esta se convertirá en nuestra última carta mi amor, ya no harán falta, ahora mis palabras te las susurrare al oído mientras disfruto hacerte el amor como cuando éramos jóvenes.

Lo recuerdas ¿Verdad? Los momentos en que te escapabas de la casa de tus padres y venías corriendo a mis brazos, un pobre que tan sólo podía ofrecerte un amor eterno e incondicional.

Realmente perdóname Elena si ciertas palabras se ven borrosas, pero la felicidad en mi es tanta, que no puedo evitar que pequeñas lágrimas escapen de mis ojos.

Te amo, y es tanto mi amor por ti que sobrepasa la promesa que nos hicimos aquella noche.

Después de tanto tiempo he decidido pasar la barrera que nos divide, pedí permiso en mis sueños desde lo profundo de mi alma y se me ha concedido. Hoy las puertas del cielo se me abran y vos en forma de Ángel venís en mi busca, ya no debo esperar más, tan sólo te pido una última cosa, cuando nos veamos y unamos nuestras manos, viste el vestido que utilizaste en nuestra boda, ese tan bello con encaje blanco.

Me despido amada mía pero tan sólo será cuestión de horas antes de que seamos capaces de vernos nuevamente a los ojos.

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Un hombre recorre las embarradas calles del pequeño pueblo, su cabello despeinado y su larga barba le da un aspecto desaliñado, pero nadie repara o mejor dicho ni siquiera se molestan en fijar su mirada en él.

Este hombre se había convertido en un fantasma viviente o mejor dicho una persona sin alma, que vagaba por el pueblo sin remedio existente para su tristeza.

Entre las voces de los vecinos que se van volviendo cada vez más distante Peter llega al lugar deseado.

Mirando con inmenso amor la lápida en donde guarda reposo eterno su esposa, saca un arma vieja del bolsillo de su saco dice –Llego la hora mi amor.

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El estruendo de un disparo retumba entre las casas de los pobladores, los curiosos enseguida dejan sus quehaceres a media y van corriendo así la dirección de donde había provenido semejante ruido.

Al llegar observan con una mezcla de tristeza y lástima a Peter Terrence ya ver sin vida sobre la lápida de su mujer, Elena. Al igual que la dulce mujer este hombre se iba con en sólo deseo de volverse a ver.

Fin