Cada movimiento y palabra expuesta con distinguida y manipulada elegancia.
Esa mujer era importante y él lo sabía, pero ya bastante experiencia tenía para tratar a las mujeres y ella no representaba inconveniente alguno. Ya podía adivinar el final de esa velada, así como la celebración de la noche siguiente por la firma obtenida.
Y él, Ranma Saotome, era artista marcial de fama mundial, con cuarenta y ocho copas y medallas, cuya carrera estaba sujeta a cierta agencia que le proporcionó las herramientas para que emergiera en el mundo de la fama y las artes marciales sin mucho esfuerzo.
La agencia le costeaba los viajes, las habitaciones en hoteles lujosos, y a cambio él debía utilizar su rostro para promocionar cuánto producto le pusieran en frente, ya sea en propagandas publicitarias o en comerciales televisivos, representando a su agencia en torneos de gran escala y asistiendo a los programas y entrevistas, al menos eso le exigía el contrato.
Se había convertido en un artista marcial invicto, ya todo el mundo sabía que no había sido derrotado una sola vez. Y no sólo eso, resultaba además que su atractivo le había resultado atrayente a tantas celebridades, que las revistas generalmente llevaban su nombre y rostro en la portada con un título similar cada vez.
Estaba en la cima. Todos lo sabían. Era un hombre codiciado por las mujeres, envidiado, admirado por muchos y el centro de los medios de televisión.
Por eso, aquella noche en aquel restaurante lujoso, sabía que obtendría lo que quisiera en aquella cita porque era él quién establecía los límites, quién adivinaba los movimientos de su acompañante y sus respuestas, así como adivinaba que se moría porque se la llevase a algún motel e hicieran el amor. Todo esto lo sabía, lo intuía con certeza y le ofrecía confianza y ¿por qué no? cierta comodidad.
Le sonreía coqueta, y cogiendo los palillos con sus dedos finos de uñas postizas y anillos de oro, comentó:
-Veo que lo que leí en la revista "Imagen" tiene toda la razón - pronunció la americana de ojos claros y rubia cabellera ondulada, de pestañas largas y rubor artificial.
Ranma levantó la copa de vino y le dedicó una sonrisa beatifica, entrecerrando la mirada, le preguntó en un perfecto inglés:
-¿A sí?... ¿Y qué decía en la revista?
La americana volvió a soltar los palillos, se encogió de hombros y mirándolo fijamente, apoyó ambos codos sobre la mesa y entrelazo los dedos sus manos, para apoyar encima su rostro sonriente en un gesto de extrema coquetería.
-Que tienes "algo".
Ranma frunció levemente el ceño y rió guturalmente unos segundos, para luego preguntarle aún conservando su sonrisa:
-¿Algo?
-Sí, tienes "algo" - reafirmó la mujer riendo suavemente- quizás en tus ojos grises, o en la forma en que expresas, ¡Qué se yo! ...sólo tienes algo que hace que las mujeres se sientan atraídas hacia ti- Ranma amplió su sonrisa y bebió un sorbo de vino sin despegar la mirada de ella, quién agrego- No por nada la prensa siempre anda tras de tus relaciones. Es algo que siempre da que hablar y que los está volviendo ricos, ¿sabes?
Ranma soltó una carcajada animada, y se acomodó mejor. Ella continuó con una sonrisa ahora extraña:
-Ya se ha perdido la cuenta de con cuántas mujeres te han pillado.
Todavía sosteniendo la copa de vino, entornó los ojos y le sonrió negando con la cabeza.
-Por favor, no pienses así de mí, Madde. Tú mejor que nadie debes saber que lo se publica en las revistas no es siempre verdad - hizo una pausa, y agregó- Aunque... -rió levemente y ella también lo hizo, entonces aprovechó- ¿Sabes? Creo que este lugar es un poco aburrido- y echó un vistazo al resto de restaurante, y como pensó, varias miradas estaban puestas sobre ellos. Volvió a mirar a su acompañante y descubrió en ella cierto brillo en la mirada.
Sonrió simplemente, y ella en respuesta, le devolvió la sonrisa...
A la noche siguiente, efectivamente estaba celebrando. Había conseguido la firma y la agencia estaba satisfecha con él.
Durante toda la velada numerosas mujeres se le habían insinuado, pero él había preferido ignorarlas a todas.
La americana de la noche anterior resultó insaciable, parecía igual de acostumbrada a tener una vida sexual activa que él y también dominaba tantos trucos como él mismo. No sabía con exactitud cuánto había dormido, pero sí podía asegurar que no habían sido más de cuatro horas. No podía negar que había sido divertido, muy divertido, pero había decidido que esa noche al menos dormiría lo necesario.
Estaba sentado frente a la barra, al medio de sus amistades quiénes reían y bromeaban entre sí, y él, por mera simpatía obligatoria, reía también.
Siempre prestaban atención a lo que él decía, siempre pendientes a donde se dirigía, qué comía y qué bebía. Literalmente parecía que el mundo girase a su alrededor, y lo cierto es que a él ya le empezaba a incomodar.
Llevo el vaso de licor a sus labios y bebió su contenido de un trago.
En ese momento una palma se posó sobre su hombro, llamando su atención. Él vio de reojo la mano delgada decorada por anillos. Suspiró con desgana y se dio vuelta para encarar a la nueva mujer...
Se encontró con una mujer esbelta de ojos castaños, melena del mismo color. Traía una sonrisa y parecía segura, muy segura de sí.
-Disculpa, pero estoy ocupado en estos momentos - le dijo él en un tono suave que quiso ser cortés y le dedicó una sonrisa incómoda, antes de volver a girar sobre su asiento dándole la espalda.
Uno de los hombres silbó y dijo: Wow, tú sí que eres popular, ¡Eh, Saotome?! Qué envidia me das.
Ranma iba a contestar cuando la voz de la mujer se le adelantó:
-¿Me vas a decir que no me reconoces, Ranma?
Frunció el ceño, y volvió a encarar a la mujer que ya no sonreía, parecía ahora más bien ofendida.
-Disculpa... ¿Te conozco? - pronunció, confundido. Ahora que la miraba mejor, sí hallaba en ella cierto aire familiar, pero su memoria parecía indispuesta a asociar a esa mujer con sus recuerdos pasados.
-¡Vaya, Saotome! ...Vivimos años bajo el mismo techo y ahora, que vistes bien, tienes fama y fortuna, parece que se subieron los humos a la cabeza... Lo suficiente para olvidar de donde provienes - contestó ella, serena e indiferente, antes de beber un poco del vaso cuadrado sostenido en su mano derecha.
"Vivimos años bajo el mismo techo"; la frase caló hondo, y entonces supo reconocer en ella a la adolescente ambiciosa y calculadora que formó parte de su vida hace tiempo...
-Nabiki - pronunció sorprendido y en un tono inseguro, como queriendo equivocarse.
Ella le sonrió y asintió.
-Tanto tiempo, cuñadito -no le dio tiempo para contestar, y añadió- Apenas supe que el "gran Ranma Saotome" estaba aquí quise venir a saludar.
Vio cómo ella ladeó la mirada y parecía divertida con lo que veía. Por instinto, Ranma se fijó también y notó cómo sus compañeros cuchicheaban entre sí... al parecer el "Vivimos años bajo el mismo techo", también había calado hondo en ellos.
Apretó sus labios y volvió a mirar a la divertida que volvía a beber de su vaso con tranquilidad hasta vaciar su contenido.
-Debemos salir afuera- sentenció. Le quitó de la mano el vaso vacío vacío y lo dejó encima de la barra junto al de él.
Seguidamente, la tomó de la muñeca derecha y echó a andar con ella, evadiendo parejas de baile, uno que otro borracho, y bajo la mirada atenta de cientos de ojos puestos en ellos.
La brisa nocturna los golpeó de lleno en el rostro apenas abandonaron el local. Ahí hacía un calor agobiante, y el cambio de temperatura fue demasiado brusco.
Nabiki se soltó del agarre y escondió sus manos en los bolsillos de su abrigo, siguiéndolo en silencio hasta una banca en la vereda entre el estacionamiento y el local.
Se sentaron, y entonces él preguntó en un tono extraño:
-¿Qué haces aquí?
-¿Eso es todo lo que tienes que decirme, cuñadito? ...No te he visto desde hace... humm.. cinco, ¿seis años? Quizás más, y ningún abrazo o un "Hola Nabiki! ¿Cómo estás? ¿Qué tal te ha tratado la vida?" ¿O algo así? - dijo ella fingiendo estar ofendida -Hombre, no esperaba que derramases lágrimas por mí, pero... no sé, al menos creí que eramos amigos sabes, todas esas veces en que te chantajeaba y todo eso... ¡Qué tiempos, ¿no?! - habló risueña.
-Ja ja - rió sarcástico y sin gracia, sonriendo de medio lado y sin mirarla añadió - Claro, qué tiempos aquellos en los que me dejabas la billetera vacía.
Nabiki soltó una carcajada y lo golpeó en el hombro.
-¡Vamos!-habló de buena gana- También te ayudé en varias ocasiones con mi hermanita, ¿O ya no recuerdas?
Ranma frunció el ceño levemente y por primera vez desde que se habían sentado ahí se volvió para mirarla... quizás porque no esperaba que se nombrara tan pronto.
-¿Qué haces aquí?- preguntó desviando el tema.
-Terminé mi carrera universitaria, y festejamos con los chicos con un viaje a Los Ángeles -sonrió mirando al frente- Es genial esta ciudad. Me encanta este ambiente. Lástima que sólo me quede una semana - suspiró, pero volvió a sonreír- Sé que te mueres por preguntarme por Akane, Ranma. No tienes por qué disimular conmigo, soy gran la gran Nabiki Tendo, ¿Recuerdas?... - lo miró y con una sonrisa de orgullo añadió- ...Lo sé todo. Imagino que debe ser difícil para ti, quizás aún no la olvides y las sigues amando en secreto ...-y aportó con malicia- como en ese entonces.
Ranma rió como si se le hubiera contado un chiste, y negó con la cabeza para clavar sus ojos grises en los castaños que tenía delante observándolo con suspicacia y desconcierto.
-No, no, te equivocas, Nabiki - dijo él conservando su sonrisa y miró al frente- Es cierto que tengo cierta curiosidad, pero no demasiada. No más curiosidad de la que tengo por saber cómo está mi madre y el odioso de mi padre, o de cómo está Kasumi o el tío Soun, y bueno, todos los que conozco. No Hay un interés en especial por saber de Akane. No la amo, pero sí admito que la amé hace mucho. Fue mi primer amor, ¡Cómo olvidarla! , pero no siento por ella más que un cariño lejano- volvió a mirar a su acompañante, quién lo oía atentamente y lo observaba con mayor suspicacia.
Sólo un torpe o un desesperado le hubiera confesado en antaño, un secreto a Nabiki Tendo, así que aquella era la única confesión que había oído en toda su vida y la verdad era que no sabía cómo responder. Si contestar con escepticismo y picarlo un poco más, o asentir y creerse todo lo que se le ha dicho... se inclina por lo primero.
-¡Por favor! - exclamó ella sonriente - Huelo a mentira aquí. Sin embargo, parece que el tiempo me ha vuelto más bondadosa y gentil... - Ranma entorno los ojos ante aquello, y ella, fingiendo no haberlo visto, continuó- ...Así que te contaré qué tal está mi hermana.
Ranma sonrió negando con la cabeza nuevamente y se cruzó de brazos. Nabiki continuó:
-Ella vive en Tokyo. Se fue poco después que tú. Hubo un gran escándalo ese día...- hizo una pausa rememorando aquella tarde calurosa en que la sala de estar se llenó de llanto y de gritos -... pero al final se fue. Nadie entendía por qué Akane se negaba a impartir clases en el dojo. Nunca creímos que eso pasaría, tú ya sabes, ella amaba las artes marciales, pero de un día para otro las dejó- hizo una nueva pausa y se fijó en el hombre a su lado. Él estaba serio, inmutable, oyendo cada palabra suya con atención. Nabiki volvió a mirar al frente, se encogió de hombros y continuó- Bueno, la cosa es que está en Tokyo, según tengo entendido comparte un departamento con una amiga suya. No sé si tiene novio. Casi no llama a casa, ni siquiera nos escribe. Supe que estaba estudiando una carrera, cuyo nombre no recuerdo ahora, y que seguramente está trabajando allá. Todos pensamos que en cuanto terminara su carrera volvería a Nerima, pero no lo hizo - suspiró y alzó el rostro al cielo nocturno y estrellado - Y fuera de eso, nadie sabe más de ella.
Él no le respondía. Asimilaba la información y parecía meditarla profundamente porque no retiro la vista de la muralla del local frente a ellos, y tampoco dio muestras de querer contestar o asentir aunque sea.
A Nabiki se le quitaron las ganas de fastidiar a su acompañante, así que habló:
-Kasumi se casó con Tofú hace dos años, y está embarazada. Tía Nodoka y Tío Genma viven a unas cuadras de nuestra casa y parecen felices. Shampoo se marchó a China junto a Mousse, y Ukyo sigue atendiendo su restaurante como siempre. Creo que aún espera por ti -rió levemente y continuó- humm...¡Ah! y Ryoga, bueno.. él sigue perdido.
Se levanto de la banca, y él advirtió su movimiento, por lo que le dirigió una mirada interrogante.
-Ya me voy. Seguramente me echan de menos ahí dentro. Por cierto ...- dijo fijándose en la marca que tiene impreso el lado del bolsillo de su chaqueta de cuero negra - esa marca es carísima... y yo te di mucha información - sonrió amplia y maliciosamente- Creo que merezco un pago, ¿No crees, cuñadito?
Ranma suspiró y negó con la cabeza, recuperando la sonrisa.
-Tú nunca cambias, ¿Eh , Nabiki?
La mujer le guiñó el ojo de derecho y elevó los hombros como queriendo decir "Así soy, ¿Qué le voy a hacer?".
-Lo siento, pero no. Aquí hace frío y no pienso enfermar por un capricho tuyo.
-Vaya, es verdad que el dinero vuelve tacaña a la gente - murmuró ella alzando la ceja derecha- Bueno... Te veo algún día... o eso espero -le sonrió y dio media vuelta dirigiéndose a la entrada del local. Sin embargo, se detuvo a medio camino y se dio vuelta para divisar al hombre sentado en el mismo sitio, con las manos entrelazadas y en actitud dubitativa -¡Por cierto! -elevó la voz para que él pudiera escucharla. Volteó a verla y ella continuó- Sería bueno que volvieras a Japón de vez en cuando. Tu madre dice siempre lo mucho que te extraña y te saca en conversaciones. Así que ve a saludarla, ¿Quieres? Que el dinero y la fama no te hagan olvidar de donde provienes, cuñadito - le dedicó una última sonrisa y siguió su camino en dirección al local.
Ranma enseñó una sonrisa socarrona, y se acomodó en su sitio en la banca.
-Así que en Tokyo... -murmuró quedo, y rió guturalmente encogiéndose de hombros y echándose hacia atrás.
La brisa se acentuó y de pronto lo inundó una calma indescriptible. Ahí solo, oyendo lejano el bullicio del local, con los ojos pegados en la inmensidad de un cielo estrellado, se concebía tranquilo y hasta contento.
Akane... el nombre le sabía a pasado, pero por más que quisiera, su memoria no le armaba el rostro de aquella mujer.
Sólo recordaba características de ella, las más apreciables. Como que tenía ojos color castaño y cabello negro con tonos azulados, y que además tenía una sonrisa encantadora, pero no podía crearse una imagen de ella por completo.
Recordaba también que era torpe e ingenua, que la cocina no se le daba bien, ni tejer, ni nada que fuera digno de una ama de casa. Recordaba que golpeaba como ninguna, pero sin embargo su fuerza era comparable con su sensibilidad y delicadeza, a veces era tierna y siempre de sentimientos puros, de corazón gentil y bondadoso, y de fuerte temperamento.
Pero por más que enumerara las cualidades de ella, no podía dar con su rostro ni rememorar sus expresiones. Las mismas que solían divertirle tanto en antaño cuando conseguía hacerla enojar...
¡Mph! ...Akane Tendo...
Por algún motivo, la pasada plática con su 'cuñadita' le había causado cierta gracia y le había prendido el ánimo de un modo inexplicable.
Se irguió en la banca, escondió las manos en los bolsillos de su chaqueta y se dirigió nuevamente al local con una sonrisa adornando su rostro maliciosamente.
El sol le pegaba de lleno en el rostro. Frunció el ceño y también los labios, y se llevó por inercia la mano derecha a los ojos para girar sobre sí huyendo de aquel resplandor cálido y enceguecedor.
Sin embargo, ya había despertado y no tuvo más remedio que abrir los ojos encontrándose con la misma muralla blanca que le daba la bienvenida cada día.
De los labios se le arrancó un quejido y seguidamente un breve suspiro.
-¿Ya despertó, señorita? - le preguntó en francés una voz varonil, muy grave y muy profunda. La misma a la que está tan acostumbrada a oír.
Se incorporó. Las suaves sábanas se deslizaron por su pecho, cubriéndole sólo de la cintura para abajo al sentarse. No le importó que él la viera, no experimentó pudor alguno. Era normal.
Se restregó el ojo derecho y luego, llevó ambas manos a su larga cabellera enredada y desordenada, y con voz soñolienta preguntó:
-¿Qué hora es?- también en idioma francés, un perfecto francés.
-Faltan dos minutos para las diez de la mañana, señorita -contestó él, habiendo revisado el reloj de plata.
-¿Para qué hora hiciste la reservaste los pasajes? -preguntó esta vez en un tono autoritario. Ya estaba del todo despierta.
-Para las cuatro de la tarde, señorita.
-Bien. Repasemos. Tú te llamarás Kyo... ¿De acuerdo? -el hombre de vestir elegante y facciones de aristócrata asintió- Yo nunca estuve en Francia, ¿De acuerdo?- el hombre volvió a asentir.
La mujer se dio por satisfecha, y pronunció en un tono golpeado: ¡Retírate!
Y el hombre se marchó con sus pasos de aristócrata de la enorme y lujosa habitación.
Ya a solas, la mujer se permitió esbozar una pequeña sonrisa y murmurar:
-Volver a casa... ¿Eh?...
Continuará...
