Buenas noches :3
Hoy dejo el capitulo 2 de esta historia, porque aun ando corrigiendo el capitulo de la otra XD... no es buena idea andar escribiendo dos fics al mismo tiempo XD
Gracias por su tiempo de lectura :)
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia porque me encanta este anime.
Capitulo 2: Herrero
Al día siguiente Kohaku y Kirara continuaron su viaje, el cual se estaba complicando porque aun no llegaban a la montaña de fuego, tal vez se habían perdido. Siguieron caminando un rato más por el sendero paralelo a un rio, cuando la gata demonio maulló de pronto.
– ¿Sucede algo Kirara?– cuestiono el joven. Esté volteo hacia donde miraba la felina. Una silueta estaba caminando entre los arboles al otro lado del rio.
–Es… el señor Sesshomaru…– murmuro Kohaku. –Vamos Kirara, tengo que hablar con él– dijo rápidamente.
La felina se transformo y cruzaron el rio volando, descendiendo cerca del poderoso demonio. Sesshomaru detuvo sus pasos al verlos bajar.
– ¿Qué sucede amo bonito?– pregunto el pequeño sirviente que lo seguía. –Oh, pero si es ese niño, el hermano de la exterminadora, ¿Cómo se llama?... no me acuerdo– dijo Jaken con indiferencia.
–Saludos señor Sesshomaru– dijo el joven, al tiempo que hacia una reverencia ante el Lord de Occidente.
–Kohaku…– hablo el demonio. – ¿Qué haces aquí?–
–Señor Sesshomaru, he comenzado un viaje para convertirme en un gran exterminador de demonios– dijo el joven. –Y yo quiero… quiero pedir su ayuda para encontrar al gran herrero Totosai– finalizo con un poco de nervios.
– ¿Para qué quieres encontrarlo?– cuestiono Jaken, metiéndose en la conversación.
–Quiero… pedirle que forje un arma para mí– contesto Kohaku. De pronto se escucharon las carcajadas del sirviente.
– ¡Jajaja, sí que eres un niño tonto!, ¿Qué te hace pensar que Totosai creara un arma para ti?, eres solo un humano, no serias capaz de blandir semejante artefacto– expreso con burla el pequeño demonio.
–Silencio Jaken– se escucho la voz autoritaria de Sesshomaru. El sirviente se tapo la boca ante la orden. –Jamás podrás usar un arma creada por un demonio, no tiene caso que busques a Totosai– dijo con frialdad.
– ¡Tengo que encontrarlo!, yo lo convenceré de que forje una guadaña para mí– contesto Kohaku.
–Aunque lo consiguieras, ¿Cómo piensas usarla, sino tienes la fuerza que se necesita?– pregunto el Lord sin dejar de mirar al muchacho.
–Aun no lo sé… pero quiero intentarlo, ¡Necesito hacerlo!– alzo la voz con seguridad. – ¡Por favor señor Sesshomaru, dígame dónde puedo encontrar al herrero Totosai!– pidió el joven exterminador.
–Ustedes los humanos son criaturas tan necias, les gusta retar a la muerte a pesar de que llevan las de perder. Son tan frágiles y su vida es tan efímera, que me sorprende ver tanto valor en una cría como tú– dijo el Lord, con ligera admiración.
–Señor Sesshomaru, recibí una segunda oportunidad gracias a la señorita Kikyo y no pienso desperdiciarla en los dolorosos recuerdos de mi pasado, si he de morir al tratar de alcanzar mi meta, ¡Que así sea!– se expreso con firmeza el muchacho.
El poderoso demonio hizo una extraña mueca, a pesar de todo, ese niño humano demostraba tener más valor que muchos adultos de su misma especie.
–Continua tu camino hacia el sur por un día más, la montaña de fuego es inconfundible– fueron las últimas palabras de Sesshomaru antes de reiniciar su camino.
–Gracias, señor Sesshomaru– dijo Kohaku, mientras lo miraba alejarse, seguido de Jaken.
…
El viaje fue cansado, pero a pesar de las dificultades del camino y los peligros adyacentes al mismo, Kohaku y Kirara estaban a punto de llegar a la montaña de fuego, la cual se elevaba imponente con su llamativo brillo rojizo. El ambiente de ese lugar era agreste y peligroso, solamente volando se podía llegar a la parte superior donde se encontraba la morada del forjador de armas.
El exterminador pudo reconocer a la distancia una formación, era un esqueleto gigante que daba forma a una extraña cueva, no había nada mas a la redonda que pudiera ser habitable, así que decidió averiguar. Kirara entendió sus intenciones y comenzó a descender cerca de ese sitio. Óseo
Con precaución caminaron algunos metros cerca de la entrada, el ambiente era cálido y hasta cierto punto asfixiante. No había señal de vida, estaba todo en silencio. Sin embargo una ligera luz rojiza brillaba en el fondo de la cueva. Kohaku se acerco un poco más y hablo.
– ¡Hola!, ¿Hay alguien aquí?– pregunto con voz alta el muchacho. Hubo silencio por unos segundos, hasta que una figura se movió en el interior del lugar.
– ¿Qué quieres?– preguntaron desde la extraña morada.
–Mi nombre es Kohaku y estoy buscando al herrero Totosai– contesto el exterminador.
Se escucharon pasos descalzos avanzar a la entrada de la cueva. –Yo te he visto antes, niño… acompañabas a Sesshomaru en su viaje– hablo el anciano Totosai.
–Saludos señor Totosai, llevo días buscándolo– se expreso el joven emocionado.
–Es raro que un humano ande por estos territorios, ¿Cómo llegaste?– pregunto el herrero. De pronto ladeo la cabeza y vio a la felina. –Oh, ya veo, vienes con Kirara… solo espero que ese chico molesto de InuYasha no esté contigo– dijo el anciano mirando para todos lados.
–Solo estamos nosotros dos, señor Totosai. El motivo de mi visita es para pedirle un gran favor– dijo Kohaku con gesto serio y haciendo una reverencia.
Totosai lo miro con curiosidad. –Eres muy joven para andar con tantas preocupaciones niño, lo puedo ver en tu rostro– comento de la nada.
–Yo… no entiendo a que se refiere señor…– respondió un poco extrañado el chico.
– ¿A qué has venido muchachito?– pregunto Totosai.
–Señor Totosai… he venido a solicitar sus servicios como forjador de armas. Deseo que haga una guadaña especial para mí– pidió con seriedad Kohaku.
El herrero se rasco la cabeza con gesto sorprendido. – ¿Una guadaña?, ¿Para qué quiere un niño como tú, un arma de ese tipo?– cuestiono.
–Pertenezco al clan de exterminadores de demonios y mi objetivo es convertirme en el mejor. Deseo ayudar a los demás, a los que no pueden defenderse de criaturas sobrenaturales. Para ello, necesito una mejor arma que ésta– respondió el muchacho, al tiempo que le mostraba su guadaña hecha de hueso.
El anciano tomo la hoz y la examino un momento. –Fue hecha por manos humanas, es muy efectiva contra demonios de clase baja y media– dijo con certeza. –Es hueso de una bestia acorazada, por eso es tan resistente, sin embargo falta mejorar el filo– continuo dictaminado sobre el arma.
Kohaku lo miro en silencio, era cierto, ese demonio era el mejor herrero y lo estaba demostrando con solo mirar su vieja hoz, elaborada por su padre. Todo lo que describía acerca de su hechura era verdadero, esa arma había estado con él desde que comenzó su entrenamiento como exterminador hace unos años.
Cuando su padre le entrego la guadaña por primera vez, él tembló al sentirla en sus manos, era un niño miedoso que no estaba listo para convertirse en uno más del grupo élite del clan. Pero a pesar de todo, siempre tuvo el apoyo de su familia y ellos siempre lo motivaron para aprender a manejar ese instrumento, que con los años, pasó a ser una extensión de su cuerpo, incluso más que su katana. Era un arma para quitar la vida y también para protegerla… todo dependía de las motivaciones de su dueño.
–Es buen instrumento, ¿Por qué quieres reemplazarlo?– pregunto Totosai, al tiempo que le devolvía la hoz de hueso gris.
–No deseo reemplazarla, lo que quiero es que la vuelva a reforjar con las técnicas que usted conoce. Quiero que sea una mejor arma. Necesito hacerme más fuerte para poder vencer a demonios poderosos y para ello requiero que también mis herramientas de caza, lo sean– respondió Kohaku.
–Lo siento, pero no puedo hacer eso– hablo de pronto el herrero.
– ¿Cómo dice, señor Totosai?, ¿Por qué no?– cuestiono desconcertado el muchacho.
–Porque eres humano y porque eres solamente un niño. Las armas que yo forjo deben ser empuñadas por demonios o semi demonios. Nunca he forjado algo para un humano, es peligroso– explico con seriedad el anciano.
– ¿Peligroso?– volvió a preguntar Kohaku. –No entiendo a que se refiere. Aun soy joven, pero pertenezco al clan de exterminadores, no soy un humano común, mi entrenamiento está por encima de las habilidades de otros– explico el joven tratando de justificar su petición.
–No es eso muchacho. Esta guadaña fue creada por humanos, así como el boomerang de tu hermana. Están destinados a ser empleados por los de tu especie. Un arma creada por mí, no podría ser utilizada por ustedes, sería contraproducente– declaro el viejo demonio.
– ¡Por favor señor Totosai!, estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para que forje una nueva guadaña para mí– hablo con voz alta el exterminador.
–Jovencito, ya te dije que no. Un humano se puede corromper al empuñar un arma demoníaca. Además, tu entrenamiento de exterminador no es suficiente para controlar una hoz con características sobrenaturales– finalizo Totosai, dándole la espalda.
– ¡No puedo rendirme!, ¡No ahora que tengo una segunda oportunidad!– grito el chico. – ¡Señor Totosai, permítame demostrarle que soy capaz de blandir un arma creada por usted!– insistió.
–No– es lo que contesto el herrero antes de entrar a su cueva.
Kohaku tenía un gesto sombrío, sin embargo no se rendiría tan fácilmente. En silencio giro hacia Kirara y comenzaron a alejarse, volvería a intentarlo más tarde.
…
Al día siguiente, el herrero estaba en la entrada de la cueva, limpiando su martillo. De pronto algo lo alerto, volteo hacia arriba y un extraño brillo se dirigía hacia él. En un rápido reflejo esquivo el filo de un arma que se impacto contra el suelo. Totosai se quedo observando con interés el daño provocado por el instrumento, en la roca a sus pies.
De nuevo, algo corto el aire a sus espaldas y con un veloz movimiento, detuvo el golpe de una esfera de metal sujetada por una cadena, la cual termino enroscándose en el mango de su martillo. Observo por un instante la cadena y la forma en que quedo sujetada. Después miro hacia arriba, reconociendo a su atacante, era Kohaku a lomos de Kirara.
–Buen golpe, muchacho– dijo Totosai. Entonces se agacho y tomo la hoz clavada en el suelo, la cadena se aflojo e inmediatamente lanzo el arma contra el joven.
El filo se dirigió con vertiginosos giros al rostro del exterminador, quien sin el menor ápice de sorpresa, extendió la palma de la mano a varios centímetros frente a su cara. El mango de la guadaña choco contra esta, inmediatamente cerró el puño y el arma quedo quieta ante su dueño, lista para el siguiente ataque.
–Buenos reflejos, tengo que reconocerlo– expreso el herrero, mientras veía a Kohaku desmontar de la felina.
El joven permanecía en silencio, comenzó a caminar hacia el anciano y su cuerpo adopto la posición de ataque. Su guadaña brillo ligeramente y el resto de la cadena ya giraba hábilmente en su mano izquierda. El embate comenzó, la cadena se estrello de nuevo contra el martillo del herrero, nuevamente atrapo el mango y comenzó a jalar con fuerza.
Totosai estaba sorprendido por el actuar del chico, sin embargo se tenía que defender. Su boca escupió fuego contra el joven humano, quien brinco hacia atrás esquivándolo. La guadaña retrajo la cadena hacia su dueño y éste volvió a colocarse en posición para el nuevo asalto. De nuevo la llamarada se dirigió hacia él, pero esta vez Kirara lo ayudo al pasar corriendo cerca, permitiendo que montara sobre ella.
–Vamos niño, solo estás jugando. Con esa técnica no conseguirás dañarme– hablo confiado el anciano, mientras acariciaba su barba.
De pronto, entre los restos de humo, vio una silueta volar hacia él, entonces sus mejillas se hincharon y el fuego escapo de su boca, el gran lanzallamas parecía haber dado en el blanco. Totosai sonrío satisfecho de su ataque, mientras se despejaba el ambiente.
La silueta estaba en el suelo, de pie y sin heridas, era Kirara quien rugió con fuerza. El forjador se desconcertó por completo sin darle tiempo de nada, cuando volteo la cadena ya estaba sobre él. Lo enredo rápidamente, inmovilizándolo con todo y mazo, de pronto el tirón lo hizo trastabillar y en un parpadeo la guadaña ya tocaba su cuello. El joven exterminador estaba a sus espaldas con el arma empuñada y sujetando firmemente la cadena.
– ¿Esto parece un juego?– hablo Kohaku con seriedad, sin mover la guadaña de su posición.
–Vaya, me has sorprendido chiquillo, esa fue una buena estrategia. Sin embargo yo soy un demonio pacifico y no es lo mismo tratar conmigo que con otras criaturas. Ellos no se tentaran el corazón para matarte– dijo Totosai.
–Sobreviví al peor monstruo, nacido de muchos demonios, ya nada me sorprende– contesto el exterminador, al tiempo que liberaba al herrero.
–Está bien niño, tengo que reconocerlo, tienes valor y fortaleza– comento el viejo. –Pero si aun insistes en que te fabrique una nueva guadaña, antes tendrás que acatar dos condiciones muy importantes– indico con voz seria.
–Lo escucho señor Totosai, estoy listo– contesto con ánimo Kohaku.
–La primera, es que deberás dar parte de tu sangre para mezclarla con el arma, es la única manera en que se formara un vínculo con ella. De esta forma el riesgo de que te corrompa, será menor. Esto quiere decir, que tendrás que aprender a controlar la guadaña demoniaca haciendo que tu sangre y voluntad se impongan sobre ella, sino lo consigues… el arma te consumirá y terminaras muerto– expreso sombríamente el anciano.
Kohaku asintió sin titubear. – ¿Cuál es la segunda condición?– pregunto.
–Esa es más complicada… deberás entrenar mas allá de tus limites para poder dominar semejante arma y la única forma de hacerlo es que busques a un demonio que te prepare para ello. Con esto quiero decir que, deberás pedirle ayuda a alguien de tu confianza ó bien, puedes ir por ahí provocando demonios para que te ataquen. Pero si mueres antes, yo no seré el responsable– advirtió Totosai.
Kohaku se sorprendió un poco por la segunda condición, pero tenía lógica, era necesario practicar para exterminar demonios y obviamente debía entrenar con ellos. Ya pensaría en como cumplir esto, por el momento lo que importaba es que el legendario forjador había accedido a fabricarle una guadaña.
…
Un grito entrecortado se escucho por toda la cueva y los alrededores. En el exterior, Kirara se incorporo de golpe gruñendo hacia la entrada y comenzó a caminar hacia ella, de pronto una orden la detuvo.
– ¡Estoy bien Kirara… espera afuera…!– hablo Kohaku con voz fuerte pero discontinua, era obvio que estaba tolerando el dolor de algo.
Dentro de la cueva, Totosai terminaba de juntar la sangre que escapaba del brazo del joven humano. Había sido necesario hacer un corte grande y profundo, con una daga al rojo vivo. Era la única forma en que el rojo líquido saldría rápido y al mismo tiempo quemaría su piel para evitar el desangramiento.
Momentos después Kohaku se vendaba, estaba mordiendo un pedazo de madera y sus lágrimas permanecían contenidas. A pesar del dolor, se mantuvo estoico en todo momento. Esto no era nada, comparado con el daño emocional que Naraku le provoco. Minutos después la manga de su traje cubría de nuevo su brazo.
–Con esto es suficiente, comenzare hoy mismo a preparar la mezcla– dijo el herrero, mirando al joven.
–Se lo agradezco mucho, señor Totosai – contesto Kohaku.
–Buena suerte chico, tienes una semana para encontrar a alguien que te entrene. Deberás dejarme tu hoz, la tendré lista como una versión más controlable de tu futura arma, deberás comenzar con ella y conforme avances en tu adiestramiento, la iré preparando para que se convierta en tu guadaña definitiva– indico el anciano.
–Entendido. De nuevo, le doy las gracias señor Totosai– expreso el joven con una reverencia.
Poco después Kohaku y Kirara se alejaban de la montaña de fuego, ahora debían encontrar a un demonio que aceptara ser su entrenador.
Continuara...
