.

Capitulo 2

A veces se desarrollan sentimientos antes de que nos demos cuenta - Tikki

.

~0~

El desayuno a pesar de ser una exquisitez, no lo estaba disfrutando como debería. Estar solo en una mesa para doce personas no era agradable. Suspiro con pesadez, otra vez era lo mismo. Todos los días igual, la soledad era lo único que lo acompañaba en las mañanas y el resto del día cuando volvía a casa. Pero no era como si pudiese hacer algo al respecto. Escucho las risitas de los kwamis que sobrevolaban hasta él y agradeció silenciosamente con una sonrisa el que ellos ahora lo acompañaran de ahora en adelante, así no se sentía tan solo.

Desde que conoció a esas pequeñas criaturas, su vida había dejado de ser monótona y aburrida, ahora podía ver un poco de color.

Plagg y Tikki se correteaban por los aires. El kwami negro intentaba atrapar a la kwami roja, ambos riendo y jugando entre si.

—¡Espera Tikki! —Se quejó el pequeño felino negro —¡No es justo, dame mi queso!

—¡N-op! — Dijo Tikki con voz infantil mientras huía para que no la atrapasen.

Adrien negó con la cabeza con una sonrisa. Saco los pendientes del bolsillo de su camisa y los contemplo unos segundos. Sentía algo especial cuando los veía, pero no podía decir que, solo que era muy cálido y especial, algo demasiado familiar. Se preguntaba si la portadora de ese Miraculous le provocaría la misma sensación. Como anhelaba conocerla, esperaba que realmente fuesen buenos amigos. Cerro el puño apretando los pendientes contra su palma y suspiro una vez más.

—¡Tikki! —Se seguía quejando el kwami.

Repentinamente, los gritos y risas cesaron para dar paso a un silencio absoluto. Adrien miró extrañado a los kwamis que corrieron a esconderse en su camisa con nerviosismo. Iba a preguntarles que pasaba, pero la respuesta llegó antes de hacer la pregunta cuando Natalie entró por la puerta al costado del comedor.

—Ya casi es hora de irnos —Anuncio mientras miraba algo en la tableta que tenía en sus manos. No le dedico ni una sola mirada.

El joven rubio asintió sin decir nada y continúo comiendo en silencio mientras ella se retiraba a esperarlo en la entrada. Los kwamis se removían en su camisa causándole cosquillas.

—Quietos —Susurro golpeando sus cabecitas con suavidad con el dedo índice.

Ambos se quedaron tranquilos, pero soltaron unas risitas. Adrien sonrió, feliz de escuchar esas pequeñas risitas divertidas en la soledad de la mansió Agreste. Le paso un pedazo de queso del desayuno a Plagg y a Tikki le dio una galleta de chocolate que le habían dado. Estaba seguro que ella habría querido comer la galleta con un poco de la leche que habían dado para desayunar, pero ya no quedaba tiempo para eso.

Se levantó de la mesa y tomando su mochila que reposaba a su lado en el suelo, caminó hasta la salida de la casa. El silencio era tan aterrador que hasta podría escuchar el sonido de una aguja al caer. Era una casa demasiado grande para dos personas, y una de ella prácticamente no vivía allí, así que era lo mismo.

La limusina lo llevó hasta la entrada de la escuela y pintando una sonrisa cordial, se bajó del vehículo. Retuvo el suspiro que amenazaba con salir de su garganta hasta que vio a su fiel amigo Nino saludarlo desde las escaleras.

Adrien camino hasta él con una sonrisa ahora sincera. Los kwamis intercambiaron sonrisas dentro de la mochila del rubio mientras este solo saludaba a su amigo.

—¿Cuánto tiempo crees que dure? —Preguntó Plagg a la pequeña roja

—No lo sé —Contesto sincera —Pero cuando la encuentre, lo sabremos —Sonrió con ternura y tomo la mano del kwami, que le correspondió la sonrisa.

—Si Adrien nos ve así, me molestara de por vida —Dijo arrancándole una risita a la pequeña Tikki.

—Oh, tonto —Tikki dio una mirada rápida al agujero de la mochila y se inclinó hasta Plagg, tomándolo desprevenido al depositar un pequeño beso en su mejilla.

El pobre Plagg estaba casi mareado de la sangre que se subió a sus mejillas. Tikki solo sonrió encantada.

.

~0~

.

Las clases habían terminado para la hora del almuerzo, así que tomando la caja donde descansaba su comida, fue hasta el gimnasio siguiendo a Nino. Su mente estaba trazando nuevos planes de búsqueda para localizar a su futura compañera; nada de lo que había hecho hasta ahora le estaba resultando y las ideas se estaban agotando. La paciencia no era una de sus virtudes y más cuando necesitaba urgentemente la ayuda de la buena suerte para no sentir a morir cada vez que acababa una pelea.

—No seas impaciente. — Escucho a Plagg quien adivino sus pensamientos al verle la cara desde la chaqueta. —Solo ha pasado un mes, debes tener paciencia.

Retuvo el bufido que amenazó con salir de su boca al escuchar sus palabras, así que solo le dedico una mirada de reojo y una sonrisa torcida que daba a entender lo mucho que estaba en desacuerdo con él. Plagg refunfuño algo sobre humanos irrespetuosos y Tikki solo se dedico a ver la escena divertida. Esos dos se parecían más de lo que creían.

Llegaron hasta las escaleras y se sentaron allí para comer sus respectivos almuerzos.

—Adrien—Llamo Nino —¿Quieres ir al cine más tarde?

Adrien sonrió —Claro ¿Por qué no?

—Invite a Alya y Marinette ¿Te importa?

Adrien se atragantó con su comida y miró con los ojos como platos a su amigo mientras trataba de no ahogarse. Nino le dio palmaditas en la espalda con una sonrisa burlona en su rostro sabiendo los pensamientos del rubio respecto a su idea. Adrien se había sonrojado un poco por la falta de aire. Nino sabía que él había rechazado a la muchacha el día anterior ¿Es que pretendía que pasaran una tarde incómoda? No tanto para él –bueno, tal vez un poco- sino para la chica, no quería incordiarla con su presencia, el rechazo era muy reciente y ella podría sentirse indispuesta.

—¿Estas bien? —Nino rió al ver la cara de su amigo.

—No… Es decir, no tengo problemas —Se enderezo y como un poco de su jugo para pasar la comida. Trato de no hacer ningún comentario al respecto sobre el tema, pero ahora se sentía ligeramente nervioso.

—Qué bueno porque después de clases iremos —Sonrió entusiasmado. Era obvio que la razón era porque la morena había aceptado ir. Claro que no le daba el detalle que ella había aceptado si Marinette los acompañaba, pero eso no era necesario ¿Verdad?.

Adrien miro al frente suspirando y sus ojos se cruzaron con los de Marinette, quien había paseado su mirada mientras tomaba de su jugo de cartón. Ella le dedico una sonrisa corta, se había sonrojado un poco y le saludo con la mano, algo incomoda. Él respondió el saludo con una pequeña sonrisa, entendiendo muy bien la incomodidad de la joven.

Habían acordado quedar como amigos, pero estaba seguro que a ella le resultaba un poco extraña la situación después de haber confesado sus sentimientos. Se la quedo viendo unos segundos mientras Alya le decía algo al oído. Marinette abrió los ojos con sorpresa, miro a su amiga y luego a Adrien, sonrojándose en el acto y haciendo gestos con las manos a la morena quien solo reía divertida por los movimientos extraños de su cuerpo.

Así que no le habían dicho… Pensó divertido al ver su expresión.

Negó con la cabeza mirando con una sonrisa divertida a Nino. Sabía que iba a ser un desastre, pero no dijo nada al respecto.

.

~0~

.

Estaban los cuatro de camino a la estación del metro en un silencio incómodo. O bueno, Marinette y él estaban en un silencio incomodo caminando unos pasos detrás de ambos morenos que llevaban una conversación de lo más amena, ignorandolos vilmente. Él llevaba las manos dentro de los bolsillos de su pantalón y Marinette caminaba con las manos detrás entrelazadas. Iba cabizbaja, sin ser capaz de mirarlo aunque sea de reojo. Adrien la observo en silencio por tres segundos y luego suspiro pasando una mano por su nuca, acariciándose incómodo. Quería entablar conversación con ella, pero no se le ocurría que podía decir para que ella sonriera. Porque si había algo que le gustaba de la muchacha era su sonrisa, era una de las más bonitas que había visto. Era como si se iluminaran las calles de París en una noche oscura.

Escucho una risita y supo que Plagg se estaba burlando de él. Frunció el ceño entrecerrando los ojos hacía su mochila, notando la cabecita del kwami asomada mirándolo con una sonrisa burlona. Tikki miro a Adrien en lo poco que podía ver y le alentó con los ojos que hablara con la chica para romper el silencio.

—Y Marinette… —Empezó llamando la atención de la chica, quien lo miro de reojo incomoda. —Eh… ¿Haz diseñado algo?

Fue lo único que se le ocurrió cuando recordó el sombrero que hizo para el concurso de la empresa.

—Eh… Si—Murmuró cohibida sin saber que más decir. Bien podría enseñarle sus nuevos diseños, pero la situación era de lo más bizarra y no estaba segura de como debía actuar. No era como si el enamoramiento se pasará de un día a otro por un rechazo, no habían pasado ni 24 horas desde aquello.

Y el silencio volvió. Adrien suspiro y la miro.

—Escucha —Ella lo miro de reojo. —No quiero que esta situación sea incómoda para ti, se que estas inquieta con mi presencia —Dijo, y no era por jactarse, pero sus ojos eran muy expresivos como para no darse cuenta— ¿Podemos olvidar lo que paso ayer por unas horas? Realmente me gustaría disfrutar de tu compañía, me caes muy bien y se que te gusta mucho hablar, no te sientas cohibida —Le sonrió con calidez haciéndola sonrojar.

Ella asintió y devolvió la vista al frente —Está bien… Yo, lo siento —Suspiro entrecortada —Es que no sé qué hacer ahora mismo… No se me ocurre que decir… Y bueno… Creí que estarías incómodo con mi presencia, después de todo... —Expresó sincera.

—Tú no me incomodarías nunca, Marinette. —Puso una mano en su hombro, dándole un apretón mientras ambos se detenían —Me agradas más de lo que crees, somos amigos ¿No? Disfrutemos la película y comamos muchas golosinas hasta reventar, estoy seguro que podemos pasarla muy bien. —Le dedicó una sonrisa torcida que ella respondió con una dulce.

Definitivamente a Adrien le gustaba esa sonrisa, más cuando estaba dirigida a él.

Porque… porque le gustaba que su amiga sonriera.

Sintió su rostro acalorado y espero realmente que no se hubiera sonrojado, esos pensamientos no eran buenos. Siguieron caminando detrás de los morenos mientras empezaban una conversación totalmente trivial. Y aunque al principio era totalmente incómoda, con el paso de los minutos ambos empezaron a dejar fluir las palabras, sintiéndose a gusto el uno con el otro.

Marinette supo que habían cosas que no sabía del rubio, le gustaba conversar con él sin tartamudear tanto como al principio. Adrien buscaba hacerle la conversación amena e incomodarla lo menos posible. Aquel gesto la había enternecido, recordó porque se había enamorado del chico. A pesar del reciente rechazo, no se sentía como eso, era como si fueran buenos amigos disfrutando la compañía del otro.

Quizá no fuese tan malo conocerlo un poco más, ella sabía que apenas lo conocía y quizá, tan solo quizá, con el tiempo fueran muy buenos amigos.

Adrien se detuvo de golpe mientras miraba al suelo con el ceño fruncido y ladeaba la cabeza como si tratara de percibir un sonido.

Unos gritos en el centro de la ciudad alertaron al grupo, poniéndolos alertas.

—¡Corran—Gritó alguien pasando al lado de los cuatro jóvenes

Un hombre vestido de forma extraña, parecida a los de los payasos sobrevolaba encima de un globo gigante. La verdad es que se veía totalmente ridiculo con esa gran nariz roja y la cara pintada.

—¡Ahahaha! —Rió casi terroríficamente, algunas personas temblaban de miedo. De repente pareció uno de esos payasos salidos de las películas de terror—¡Ahora todos se reirán conmigo ¡Soy el hombre más gracioso! —

—¡Corran! —Gritó Adrien cuando el hombre soltó muchas cintas de las mangas de su camisa.

Sin pensarlo mucho, tomó a Marinette de la mano arrastrándola con él para alejarla de las escena los más posible. Pero le fue arrebatada cuando una de las cintas se enredo en la cintura y la alzó sin que él pudiese reaccionar a tiempo. Cuando sus manos perdieron contacto, Adrien sintió como si le hubiesen arrebatado algo demasiado valioso.

—¡Marinette! —Gritó viendo con impotencia como era llevada lejos de él, no podía correr porque si una de las cintas lo atrapaba, tendría que transformarse frente a todos.

Gruño de impotencia.

—¡Adrien! —Gritó ella asustada extendiendo su mano hacía él.

Marinette junto a otros civiles quedaron suspendidos en el aire mientras gritaban asustados. Ella miro con pánico al payaso, temblando.

—¡Todos reirán! —El payaso tenía muchas cintas como tentáculos que asfixiaban a sus víctimas causando que riendo sin parar. La risa salía de sus gargantas sin que ellos pudiesen hacer algo al respecto y algunos ya empezaban a quedarse sin aire. Eran carcajadas burbujeantes, como si de verdad hubiera algo gracioso en todo eso.

Adrien entró en pánico y busco refugió.

—¡Plagg! ¡Transformame!

El rubio se transformó detrás de un anuncio y salió corriendo, cortando algunas de las cintas con sus garras hasta que las personas caían al suelo intentando recuperar la respiración, en vano.

—¡Tú! ¡Cómo te atreves!

Esquivó ágilmente las pelotas gigantes que el payaso estaba enviando hacía él saltando sobre ellas. Observó a Marinette que estaba completamente roja, parecía que le costaba respirar pero la risa no paraba. Tenía que actuar rápido o podría asfixiarse. Las personas que había liberado tampoco habían dejado de reír, la cinta solo había comenzando las risas, cortarlas no la había detenido. Supo que la única forma de evitar que la gente muriera asfixiada era derrotandolo. Tenía que trazar un plan rápido.

Gruñó y observó detenidamente a su adversario.

—Chat Noir ¡el moño! —Tikki señaló el corbatín de colores extravagantes que poseía su enemigo —¡Allí está el akuma! ¡Ve!

Sin esperar nada, corrió hasta el saltando con ayuda de su bastón, solo tenía que encontrar una forma de llegar hasta él, pero debía ser rápido. La vida de Marinette dependía de ello.

.

~0~

.

—¡Te libero! —La mariposa salió de su bastón dejándolo jadeante y cansado, apenas podía moverse ahora que su energía había sido absorbida. Pero reuniendo fuerzas y determinación que no sabía de donde había sacado, buscó con la mirada a la joven pelinegra.

Corrió hasta ella con todo lo que su cuerpo podía. Estaba de rodillas en el piso mientras trataba de respirar, sus pulmones dolían mucho. Tenía una mano en su pecho, agarrandoselo con fuerza como si eso ayudará a mitigar el dolor. Las lágrimas se había acumulado en sus ojos y las mejillas las tenía totalmente rojas. Estaba tan asustada, por un momento creyó que moriría. Se llevó una mano a la garganta, la risa había irritado sus cuerdas vocales mezclando con el nudo que se había formado por el llanto atragantado que no terminaba de salir.

—¡Marinette! —Gritó Chat Noir arrodillándose frente a ella.

La chica estaba tan concentrada en recuperarse que no prestó atención al hecho de que él conociera su nombre.

—¿Estas bien? —susurro acariciando su espalda.

—Si…—Dijo con voz ahogada —Es…—Jadeo —Estaré… Bien…

Él sonrió aliviado de haberla salvado antes de que ocurriera una tragedia. Algunos civiles se habían desmayado por la falta de aire, pero por suerte todos fueron socorridos a tiempo. La joven alzó la vista hacía él con los ojos empañados. Chat Noir trago saliva con fuerza al ver las lágrimas en sus ojos, no le gustaba ver a una mujer llorar y el rostro lleno de lágrimas de Marinette le causaba una opresión en el pecho que no le agradaba. Lo ponía triste a él también.

Movido por instintos, acarició la mejilla de la chica para limpiar las lágrimas y beso su frente con una ternura no característica de su alter-ego. Ella cerró los ojos ante el contacto, recuperando la respiración poco a poco gracias a las suaves caricias de Chat Noir. Se sentían muy reconfortantes en ese momento.

—Gracias —Susurró ella abriendo los ojos —Por salvarme.

Chat Noir sonrió —Es mi deber, princesa —La ayudo a levantarse tomándola de las manos. Le sostuvo los hombros cuando vio que ella se tambaleaba, pero recuperó el equilibrio poco después—Ten más cuidado la próxima vez ¿De acuerdo? —Ella asintió un poco aturdida.

—Oh no—Jadeo mirando a los lados —Adrien, mis amigos ¿Dónde están? —Alarmada y preocupada empezó a inspeccionar a su alrededor.

—Tranquila princesa —Sonrió —Ellos están a salvo

Creyendo sus palabras, Marinette sonrió aliviada. —Es bueno oírlo.

Chat Noir le sonrió y luego de hacer una coqueta reverencia que le sacó una risita a la chica, saltó lejos de ella para encontrar un lugar donde deshacer su transformación.

.

~0~

.

—¡Marinette! —Alya corrió hasta ella y la abrazó con fuerza —¿Estas bien? ¿Te duele algo? ¿Quieres que vayamos al médico? —Preguntó a la par que la inspeccionaba, buscando heridas.

La pelinegra sonrió con dulzura—Estoy bien, Alya ¿Tú lo estás? —La morena asintió —¿Nino?

—Estoy bien —Sonrió él —¿Dónde está Adrien?

—¡Chicos! —Él rubio llegó corriendo hasta ellos, mirándolos con preocupación y alivio —Gracias a Dios están bien…—Miro a Marinette y cerro los puños mientras la miraba arrepentido— Marinette, perdóname… —Se acercó a ella y le tomo la mano.

Sonrojada, ella preguntó —¿Por qué?

—No pude sostenerte —Se había llenado de una gran impotencia al no haber reaccionado a tiempo.

—¡Oh! ¡No te preocupes! Lo importante es que estamos bien —Movió la mano restándole importancia mientras él soltaba su agarre. Ella le dedico una sonrisa tímida —Chat Noir nos salvó a todos, es lo importante. —Dijo con un brillo de admiración que no pasó desapercibido por el rubio.

Se llenó de una gran satisfacción masculina.

Permanecieron unos segundos en silencio sin sabe que hacer a continuación.

—Parece que la salida se arruino —Suspiro Nino.

—¿Por qué? —preguntó inocentemente la pelinegra.

—Todos deben tener el susto aun en la garganta ¿Quieren que vayamos otro día? A mí no me importa ir ahora. —Comentó Alya.

—Ni a mí —Dijo Adrien metiendo las manos en sus bolsillo. Estaba cansado, pero apenas se le notaba, por suerte. Sin embargo, quería realmente meterse en su cama y dormir un poco hasta el día siguiente.

—¿En serio? —El moreno no pudo ocultar la ilusión haciendo reír al trio.

—¡Vamos al cine! —Exclamó Marinette con emoción infantil que hasta parecía que no hubiese estado a punto de morir hace minutos.

Al final, todos fueron al cine.

Sin embargo, Adrien estaba que se le cerraban los ojos del cansancio. Así que nuestro pequeño héroe terminó durmiendo en plena película, y ¡vaya sorpresa! Se durmió apoyado en el hombro de cierta pelinegra.

Marinette no podía estar más roja.