TODO SE ARREGLARÁ

("Fix You" – Coldplay)

When the tears come streaming down your face
When you lose something you can't replace
When you love someone, but it goes to waste
Could it be worse?

Lights will guide you home
And ignite your bones
And I will try to fix you

Booth cerró los ojos y se llevó las manos a la cara mientras seguía sentado en los escalones de la iglesia. Le temblaba todo el cuerpo y se dejó llevar por la desesperación. No debía hacerlo pero lo hizo. Se dejó llevar.

Huesos se había ido. Se había llevado a Christine con ella. No se sentía con fuerzas para valorar si lo que había hecho era lo correcto o no. Solamente sabía que no estaban con él, que no lo estarían en mucho tiempo, quizá nunca. Se habían marchado y él seguía allí sentado sin saber qué hacer o qué pensar.

No quería enfrentarse a la realidad. Sólo veía en aquella oscuridad la carita de su hija, su sonrisa. Sólo los ojos de Huesos mientras le decía que le quería. Que no era solo por Christine, solo por ser el padre de su hija. Le quería. Pero no podía creérselo ahora.

Pegó un puñetazo en el escalón mientras intentaba no llorar. Se había llevado a su hija. Huesos siempre había actuado a su libre albedrío, siempre había hecho lo que quería. Su individualidad siempre manifiesta la había llevado a huir con Christine. ¿No podría haberlo hecho sola? ¿No podría haberle dejado a su cargo a la niña? No. Le había dejado solo. Dentro del sistema, sí, pero solo.

Decía que le quería. ¿Cuánto? ¿Tanto como para ocultarle sus planes y evitar su negativa? ¿Tan poco como para apartarle de su vida de un plumazo? Podrían haberse ido juntos. Booth podría vivir en la clandestinidad al igual que ella, y juntos se habrían defendido incluso mejor en un mundo nuevo. A la mierda la justicia. Si Pelant no les encontraba, no habría ningún problema, y el sistema mismo acabaría con Pelant en algún momento.

Pero el acceso de ira inicial se fue desinflando como un colchón al que se deja la válvula abierta. Poco a poco Booth se dio cuenta del error que estaba cometiendo.

Amaba a Huesos y a su hija. Por encima de todo y de todos exceptuando a Parker, y estaba cayendo en la desesperación tal y como aquel malnacido quería que hiciese.

Max tenía razón. Dentro del sistema, por mucho que él lo defendiera a capa y espada, estabas controlado por cualquiera con conocimientos suficientes para hacerte la vida imposible, y Pelant los tenía. Había demostrado ser mucho más listo que Huesos y que todos los científicos del Jeffersonian, mucho más que todos los agentes especiales del FBI. Porque todos estaban bailando al ritmo que él imponía sin darse cuenta.

Suspiró largamente con resignación. Con aceptación. Porque en realidad sabía que Huesos le amaba. A ella le había costado muchísimo aceptar el hecho de que era así, y a él le había supuesto pasar muchos malos tragos para demostrarle que podía sentir lo mismo que cualquier persona aunque ella se considerara alguien fuera de lo normal. Los genios también sienten, y también sufren, y sabía que ella, la mejor antropóloga del mundo, tenía que estar sufriendo por alejar a Christine de su padre. El que más la quería después de ella misma. El que intentaría por todos los medios arreglarlo todo. Porque para eso estaban los padres, para arreglarlo todo.

Pelant pagaría. Tenía que pagar. Aunque por un momento sintió algo parecido al pánico al pensar cuánto tiempo tardaría en hacerlo. Pasaron años antes de que la Sepulturera entrara en la cárcel, y aún así su maldad no paró hasta que una bala le reventó la cabeza. Y mientras todos los miembros del equipo, incluido él mismo, habían sufrido su venganza del mil formas. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que ocurriera algo parecido con Pelant? Pensó en Brodsky, malamente pensó en él. Y la parte más dura de su corazón deseó que le echara un cable en aquella ocasión.

Finalmente llegó a la conclusión de que todo debería seguir como siempre. Le causaría un dolor inmenso llegar a su casa, a su vida, y no encontrarlas, pero por su bien tendría que ser así. El estaba dentro del sistema, y solo así podría combatir aquel parásito que se había metido en sus vidas.

Trabajaría hasta agotarse buscando pruebas para mandarle a lo más profundo del infierno. Al fin y al cabo no tenía ya nada por lo que volver a su hogar cada noche, ni nadie a quien tuviera que proteger. Ya se encargaba Max de ello, y por Dios que sabía hacerlo muy bien.

Cogió la sillita de Christine y se dirigió a su coche. Y la dejaría puesta, porque estaba seguro de que el día menos pensado volvería a ser ocupada por su hijita. Huesos volvería a casa. Todo se arreglaría. Todo lo que ese loco había roto se recompondría.

Y la pesadilla habría terminado.