A/N: Aquí está un capítulo más EDITADO, donde podemos imaginar la situación de Caleb en un análisis mucho más profundo antes de poder comenzar la historia. Y ahora que los personajes y su situación actual han quedado establecidos podemos continuar con lo más interesante. Por favor a los que no habían tenido la oportunidad de leerlo antes, déjenme su opinión que siempre ha sido de lo más valioso. Gracias por su apoyo después de todos estos años y seguiré cumpliendo con mi trayecto para contar esta historia.
Capítulo 2.- Caleb
Era tiempo de fiesta en Meridian, el muy especial Festival de la Cosecha, una celebración tan esperada después de los obscuros días, en los que el príncipe Phobos gobernaba con puño de acero. Un pequeño momento para los habitantes de este reino, para disfrutar las maravillas de su presente y de los futuros, esperanzadores días.
Meridian, el lugar donde Caleb había nacido, crecido, luchado y amado. Era su mundo. Su zona de confort. Su hogar y todo lo que había conocido. El lugar por el cual había luchado y donde estaba su verdadera familia.
En este mágico lugar, la paz reinaba porque la Luz de Meridian brillaba con gran resplandor, como la esperanza que había mantenido a ese pueblo unido en los momentos de más obscuridad. Ya que estaba escrito que Elyon podía ser la única que trajera felicidad y abundancia a Meridian, cuando por fin la encontraron esa esperanza todavía incrementó aún más y los rebeldes más determinados no dudaron en luchar por lo que ahora estaban gozando.
Excepto uno, este es Caleb, que a pesar de haber llevado al éxito a su pueblo junto con la ayuda de las guardianas, no parecía estar tan feliz con esta nueva vida. Sabía claramente que debía estarlo, ¿no había renunciado a tanto por su estado actual?, ¿realmente habría valido la pena?, antes lo habría asegurado pero ahora las dudas brotaban como las flores en este tiempo de cosecha.
Se había convertido en el guardia Real de la reina. Algo, que bien sabía él, que a Cornelia hería en lo más profundo. Pero a pesar de presenciar como la guardiana de la Tierra trataba de enmascarar este golpe, no pudo seguirla, el deber plantaba sus pies a la tierra que tanto había luchado por defender. Su misión como guardia Real era simplemente proteger esa paz que ahora reinaba, sintiendo todo el tiempo un arrepentimiento, tal vez por Cornelia, tal vez por un capricho, ese deseo de aventura que ahora era prácticamente inexistente, o porque sin amor, ya después de haberlo descubierto, lo volvía incompleto. Como si ella se hubiera llevado un pedazo.
¿Cómo poder expresar esa confusión y dilema que lo atormentaba cada día? No podía sacar esos sentimientos. Meridian, a pesar de contener magia y a Elyon como su reina, seguía siendo un reino medieval, y esto conllevaba otro tipo de cultura. Los guerreros eran enseñados a reprimir estos sentimientos, sacándolos con golpes, ataques físicos, que, ayudarían a estos a desarrollarse mucho más. Los sentimientos eran igual a debilidad.
El padre de Caleb jamás le enseñó esta mentalidad, ya que el hombre era diferente. Pero los horrores del reino de Phobos junto con la guerra, habían hecho a este muchacho el hombre que era ahora. Y a una edad muy temprana se unió a los rebeldes, y debido a sus grandes habilidades de liderazgo, se convirtió muy joven en el líder de los que luchaban en contra del hermano mayor de Elyon. Debido a esto, él tuvo que crecer tan rápido que su infancia apenas comenzando llegaba a su fin; con sólo 18 años ya parecía de 23.
¿Cómo podría entonces demostrar esos sentimientos si no sabía cómo? Jamás le habían enseñado y en tiempos de guerra, ¿era realmente necesario? Quizá no.
Sólo podía pensar en lo que sus amigos Drake y Aldarn le terminarían diciendo, tal vez en tono burlón. Lo ridiculizarían, y su orgullo no podría soportarlo. Era mejor el silencio.
Las emociones de Caleb se iban acumulando como gotas en un vaso de agua, hasta que alguna, por más insignificante, derramaba el vaso en enormes cantidades. Esta tendencia terminaría con él, eventualmente.
En otros ámbitos estaba, por supuesto, la reina Elyon que había llenado su vida de luz de una manera singular. No era como si no pudiera evitarlo, pues si bien lo había intentado, había un afecto particular que le producía su imagen. Ella lo encontraba como su confidente y su relación afectiva era mucho más cercana. No del mismo tipo que su afecto y (podemos atrevernos a decir) amor por Cornelia, pero sí fraternal. Al menos del lado de Caleb que ni siquiera podía pensar semejante idea de llevar su relación a otro nivel. Su deber era cuidarla, y le tenía un cariño y respeto que muy pocos tenían el lujo de poseer.
Sin embargo, la luz de Meridian no veía con los mismos ojos su conexión con el Guardia Real, pues ella había desarrollado un cariño más profundo. Al principio negado por el bien de su mejor amiga Cornelia, pero, por supuesto, entre más pasaba el tiempo sin que ambas pudieran reencontrarse, más se iba olvidando que la guardiana de la Tierra sentía un gran amor por él, que ni siquiera ella misma percibía. Pero después del no trato e incomunicación entre estas 2 amigas, Elyon no pudo oprimir estos sentimientos y cedió a ellos.
Las amigas se habían convertido en totales extrañas, aunque ninguna de las 2 planeaba admitirlo. Era más como una costumbre hasta ese punto. Estaban distanciadas y ajenas a la otra, como si el muro del tiempo las hubiera separado sin siquiera ellas darse cuenta, hasta que con el muro ya construido ya no se podía negar. Como había sido todo tan fácil antes de los poderes y Meridian, y los portales. Cuando sus únicos problemas parecían ahora tontos en comparación con los que se habían enfrentado recientemente.
Aunque en el interior la reina muy bien sabía que así como su mejor amiga había sufrido la separación entre ella y el líder rebelde, así había sufrido Caleb, su amor por él era ciego. ¿Qué más daba si él no le correspondía? La protegía, le daba soporte a esa débil reina que apenas podía dirigir Meridian siendo tan joven y sin preparación anterior. Sus obligaciones todas eran olvidadas en cuanto sus ojos se posaban en el Guarida Real.
Con todos los poderes de su lado y sin embargo débil ante uno mucho más grande: el amor.
Mientras los planes del Festival de la Cosecha eran llevados a cabo por todo el pueblo, Caleb tenía cada vez más tiempo para pensar. Su ayuda no era requerida por mucho tiempo y cuando lo era, muchas veces sólo era para dar un consejo a la joven reina sobre banalidades que no podía aguantar por mucho tiempo.
¿Era Caleb feliz? No, pero no podía quejarse. En tiempos del reinado de Phobos las cosas habían ido mucho peor, y había sobrevivido. Así que su infelicidad se quedaba en sus adentros, destruyendo su alma poco a poco.
