Cambios


Tercer mes.

Manta está sentado en la mesa junto con el pequeño Opacho. Están viendo como en el patio la figura de Hao hace sentadillas con la sacerdotisa contando firmemente a su lado.

-305…306…307…

-No me haría mal un descanso…. – Alega Hao apenas aguantando el dolor de sus piernas.

-¡Ni siquiera lo pienses! ¡Recién hemos empezado!

El joven hace un par de sentadillas más y luego para y enfrenta a la itako.

-¡Ya dije que es suficiente!, me has tenido aquí todo el maldito día!

La joven lo mira sin expresión alguna en el rostro.

-Ves que si eres tonto… me hiciste perder la cuenta… debes empezar de nuevo…

-¡No estoy para tus juegos! ¡Ya estoy cansado!

La joven sin siquiera cambia su expresión en su rostro. Mira su reloj…, luego vuelve a mirar a su marido quien la mira desafiante.

-Tamao… - llama la rubia – No le prepares desayuno a Hao.

La aludida mira a la itako y luego mira la expresión del joven al lado de ella. Una insoportable suplica con la mirada. Se le retuerce el corazón, pero solo levanta los hombros. Después de todo, es la rubia quien le da más miedo.

-Como usted diga doña Anna… - Dice casi susurrando.

El chico vuelve a mirar a su querida esposa con un extremo odio – No voy a seguir… - dice desafiante.

La chica vuelve a hacer el mismo gesto de mirar su reloj.

-Tamao… - La aludida vuelve a asomarse – ¿Que preparas para el almuerzo?

La pelirosado levanta un poco la mirada buscando algo en su mente. – Arroz con curri...

El chico no puede evitar su mirada suplicante hacia Tamao.

-Bien – comienza la rubia – Hao tampoco va a almorzar…

Un par de segundos de silencio antes que el chico estallara.

-Eres una… ¡ERES UNA…!

Pasan otro par de minutos en que el transcurso de la conversación se concentra en los alegatos de Hao, Anna mirando su reloj y Tamao obedeciendo las indicaciones de la Itako

Pero después de más o menos una hora, donde Hao prácticamente no comerá nada por la semana, se vuelve a escuchar a la Itako contando:

-234, 235, 236….

Al mismo tiempo, el joven castaño haciendo lagartijas, a la misma cuenta de la chica:

-Como te odio, como te odio, como te odio…

El día pasa casi sin novedades. Para Hao, el no haber comido durante todo el día lo tiene más que agotado y hambriento.

-Maldita itako… - susurra casi para sí mismo

Está en el árbol que se acostumbra a posar para relajarse, aunque con una fatiga como la que tiene y el cansancio acumulado apenas se lo permite.

Se incorpora de golpe al sentir un delicioso aroma, mira hacia de donde proviene y se encuentra con un gran tazón de ramen. Lo ve cerca, así que solo lo toma y coge unos palillos que se materializan a su lado. Se los come como si no hubiese un mañana, sintiendo el delicioso sabor de la sopa y la suave textura de los fideos.

-¡Esta delicioso! – grita con la boca llena de fideos.

Luego de los fideos, lleva el tazón con la sopa a su boca y la bebe por completo. Al final lanza un fuerte suspiro lanzándose hacia atrás y dejándose caer en la firme corteza de la rama.

-¡Estoy satisfecho! Que delicia… - se relame los labios.

Se queda un par de segundos con los ojos cerrados por fin disfrutando de un pequeño descanso sin fatiga. Pero cuando los abre algo llama su atención. A su lado, una figura sentada abrazando sus piernas.

-¿Tú qué haces aquí? – en su tono de voz se siente el odio con que se expresa.

La itako lo mira levantando una ceja – ¿te traje comida?

El chico abre los ojos sorprendido. Tenía tanta hambre que apenas ahora se da cuenta que es imposible que un tazón de ramen y unos palillos solo aparecieran a su lado.

-¡Pues muerto de hambre me tenías!

-No quisiste seguir bien tu entrenamiento… - comenta levantando levemente los hombros.

Hao lanza un gruñido mientras mira hacia un punto aleatorio lejos de la mirada de la sacerdotisa.

"Realmente no entiendo como Yoh la soportaba…" piensa pesadamente.

-Bien… me voy a dormir… gracias por la comida - Se apresura y baja de la rama de un salto cayendo al suelo hábilmente.

Estaba por dar unos pasos a su habitación cuando nota que la joven no se mueve de la rama.

Voltea y la mira, parece confundida – ¿Puedes bajar?

La chica se queda mirándolo en silencio con una expresión en su rostro que el chico no logra descifrar.

Vuelve a subir al árbol y se arrodilla frente a ella - ¿Necesitas ayuda?

Anna solo hace un gesto afirmativo con la cabeza, por lo que el chico la levanta en sus brazos, tomándola por su espalda y piernas, y vuelve a saltar de la rama con la misma agilidad que lo hizo solo. La deja en el suelo suavemente – Bien…. Ahora me iré a dormir…. – Vuelve a dar un par de pasos camino a su habitación.

Le llama la atención que la chica se quedara inmóvil en el mismo sitio donde la dejo, por lo que vuelve a mirarla

-¿Qué te pasa? – Da unos pasos para quedar frente a ella – es raro que no me estés insultando…

La chica levanta la mirada, una mirada que el chico jamás imagino poder ver. Con sus ojos vidriosos la joven se queda mirándolo por unos segundos infinitos.

Hao queda helado, ante esa nueva faceta no sabe cómo demonios reaccionar. Distinto es cuando lo insulta o lo obliga a hacer las cosas, ha estado aprendiendo como manejar esa faceta. Pero ahora está completamente perplejo y no sabe qué hacer.

Se queda parado tratando de imaginar algo que decir o que hacer, pero su mente queda completamente en blanco.

Finalmente la chica vuelve a bajar la mirada, manteniéndola baja. Al parecer tampoco sabe que decir.

Pasan unos infinitos segundos así.

-¿Anna…?

La chica por fin reacciona, da un par de pasos hasta que la su frente se posa en el fuerte pecho del muchacho.

El joven queda aun más helado que antes, miles de ideas pasan por su cabeza, desde empujarla, hasta salir corriendo por no saber qué hacer. Tantas ideas que se acoplan en su mente que al final no concreta ninguna quedando en blanco y helado en el mismo lugar. Las ideas se desvanecen al momento de escuchar un sollozo de la Itako.

Se queda mirando la cabeza en su pecho y observa como los delicados hombros comienzan a temblar levemente.

-Le prometiste que nos protegerías… -dice entre sollozos.

Una estocada en el pecho lo vuelve a dejar sin reacción alguna. Primera vez en mucho tiempo que no sabe qué decir, qué hacer, cómo reaccionar. Solo quedarse ahí parado con ambos ojos abiertos.

Siente como las manos de la chica se aferran a su camisa mientras aumentan sus sollozos. Es primera vez que la ve tan indefensa.

Al fin su cuerpo reacciona solo y atina a posas sus manos en ambos hombros de la joven.

El sentir esos brazos que empiezan a rodearla le hace sentir un gran alivio, una gran seguridad. Sin poder controlarse más, los sollozos pasan a ser amargas lagrimas que se escapan de sus ojos.

-Anna… - Dice por fin, sin saber más que decir en realidad.

Las manos de la joven aferran más su camisa.

El chico termina por rodear la figura de la chica, está preocupado. Manta tenía razón al decir que debe conocerla mejor, pero esta mujer es tan cambiante como la marea, por lo que es más fácil de decir que de hacer.

-Estaré acá para los dos… eso te lo prometo… - dice al fin.

Esas palabras resuenan en la cabeza de la joven, la hacen sentir tan aliviada que sus ojos desbordan mas lagrimas.

La joven pasa sus brazos por alrededor de la cintura del joven y aferra sus manos en la espalda de él.

A la cercania, el chico siente el vientre levemente abultado de la joven contra el. Le da la tierna impresión de que en ese abrazo no hay solo dos personas, si no tres.

-Estoy asustada… - confiesa la chica cuando los sollozos se lo permiten.

El joven no puede evitar una dulce sonrisa y aumenta la fuerza del abrazo.

-Tranquila, todo estará bien…

Al sentir esas suaves palabras la alivian de sobremanera y se aferra aun mas al chico.

Pasan un par de segundos así abrazados, disfrutando de ese momento.

-Creo que es hora de ir a descansar… - dice el chico alejándose un poco, pero el fuerte abrazo no se lo permite. Recibe una respuesta afirmativa de la cabeza de la chica.

El joven se las ingenia para levantarla del suelo como antes, la joven automáticamente rodea el cuello del chico mientras la lleva y esconde su rostro en el cuello de él.

La lleva a su habitación y la recuesta en el futón. Se dirigía a dejarla pero la chica no tiene intención de alejarse de su cuello.

-Anna… no puedo irme si no m….

-Quédate conmigo… - pide la chica sin soltarlo.

El chico abre los ojos sorprendido, se aleja para mirarla a los ojos. Pero no le queda otra opción más que ceder ante esa mirada suplicante.

Se acomoda junto a ella de costado. Apenas termina, la joven se le acerca, también de contado, y se refugia en su pecho. Siente el aroma de Hao, es muy diferente al de su anterior marido, pero no le desagrada, al contrario, la llena de seguridad. Teniendo ese aroma en su mente comienza a quedarse lentamente dormida.

El chico esta algo confundido, pero está lejos de desagradarle la situación. Es algo completamente nuevo para el ver a la chica de esa forma. Tan indefensa, dependiente de él. Le hace sentir tan agradable. Siente el vientre de la chica cerca de él.

-No los dejaré… lo prometo… - susurra casi para sí.

Media dormida la chica parece escuchar eso y se aferra nuevamente con ligera fuerza.


Unas pesas caen drásticamente al suelo justo al lado de él a la mañana siguiente. Ante ese remesón el chico se sienta en el futón asustado.

La Itako está parada frente a él con sus pesas a los pies del futón.

-¿¡Hasta qué horas piensas dormir holgazán!?

Hao se queda mirándola perplejo. Confundido por el cambio de faceta de la noche hasta estas horas de la mañana.

-¿Qué me miras así? ¡Ya levántate!

-¿Pero qué demonios te pasa? – alega sin entender muy bien el genio de la chica.

-Te dije que te levantaras, ya estas atrasado en tu entrenamiento…

El chico se levanta y comienza la discusión. Y al igual que el día anterior, las meriendas de Hao se están reduciendo a medida que el tiempo en que discuten aumenta.

Otra mañana sin cambio alguno en la casa Asakura. Un nuevo día, un nuevo comienzo.


FIC SIN TERMINAR