"Si tú me dices ven, yo te mando a la mierda"
'Capítulo 2'
'A bofetadas contadas de una en una.'
A ver, a ver, a ver…. Recapitulemos, ¿bien? Él estaba tranquilito en su pupitre, leyendo a Shakespeare como cualquier alumno normal (olvidando el hecho de que era un tío que se cargaba a sus espaldas un porrón de siglos, por eso de ser la representación terrenal de un país y eso, ya se sabe.) cuando ¡ZAS! ¡Librazo en todo el morro!
-¡Tú, Inglaterra! ¡Si serás gilipollas!
-¡¿Pero que cojones?!- exacto, él ahí con su impecable vocabulario caballeresco, mirando al señoritingo España cruzado de brazos con el susodicho tomo literario ('Las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha' para ser más exactos. Un volumen nada despreciable si nos referimos al número de hojas y a la fuerza que estas generan al ser estampadas contra la cara de un caballerete inglés.), mirándole como si se hubiera colado en su alacena a tirar todo los platos de porcelana contra el suelo.
-¿¡Te parece bonito?!-le espetó el castaño, estampando el libro contra la mesa como si Inglaterra todavía se encontrara allí y no despanzurrado en el suelo mirándole como si tuviera tres cabezas. Acto seguido y para no ser menos, Inglaterra se levantó a todo correr y le soltó tal castañazo con el teatro de Shakespeare que España se llevó tres mesas del alumnado por delante antes de caer al suelo.
-¿¡Pero tú estás mal o que mierda?!-gruñó acercándosele al español, que se limpiaba la ropa con el ceño fruncido, ya de pie.
-¡Pues no va a ser mi culpa, pedazo de lerdo!-replicó España, regalándole un empellón en el hombro al inglés, quien ya estaba preparado para meterle tal patada en los huevos a España que su grito se iba a oír de ahí a la Luna (dicha patada ya se llevó a cabo una vez antes, cuando Inglaterra, borracho como una cuba de whisky y ron (cortesía de sus hermanos), fue a Francia a reprocharle ese asuntillo de la Guerra de los 100 años. Francia, que estaba en ese momento con su amiguete el señor Jules Verne, no se esperó el ataque y su voz de soprano emitida en falsete inspiró la famosa obra que todos conocemos hoy día.).
-España, mira hijo, si yo ya sé que tú no eres muy listo, pero eso de que vengas a mí, que ya te he dado tus somantas durante muchos siglos, me parece hasta irracional.-le dijo, mirando al pobrecito sureño tendido en el suelo con los ojos como platos y las manos en la parte de su anatomía correspondiente a la capital.
-Tú es que eres tonto, ¿verdad? Ya sabía yo que tanta lluvia iba a ahogarte el cerebro.- bufó España, poniéndose de pie de nuevo con las rodillas temblequeándole y las piernas apretadas. Con los ingleses ya se sabe: si cae una, seguro segurísimo que viene otra detrás.
-¿De qué coño estás hablando, España?-le espetó con las manos en jarras, presumiendo de su superpoblado ceño fruncido.-Has sido tú el que ha pedido camorra, no me vengas llorando ahora.
-¿Yo? ¡Tú!-le gritó, poniéndose de pie.- ¡Tú eres el que no puede estar sin sexo veinticuatro horas al día, siete días a la semana, treinta días al mes!-le siseó en un susurro, acercando su cara a la británica para que al rubio le quedase bien clarito que coñas, ninguna. Además, acababa de ver a Taiwán arrimando a oreja y a Hungría con la cámara al acecho por si las moscas.- ¡Pero ese no es el puto problema, ¿sabes?!
Inglaterra se llevó un par de dedos a las sienes, pensando que España era un histérico que amaba hacer melodramas como una maruja cualquiera.-De acuerdo, España, ¿qué, qué es lo que pasa?
Y acto seguido España le atizó en toda la jeta con una revista escolar.-Esto, esto es lo que pasa, pedazo de gilipollas.
En la portada del libreto salían nada más y nada menos que ellos dos, pillados en plena faena en el despacho de dirección del alumnado: España no tenía pantalones y a Inglaterra le colgaban a medio muslo, los dos con las camisas desarregladas, desabrochadas y con la corbata colgándoles del cuello.
-Dime de dónde has sacado esto, ahora.-dijo con un tono plano. España se apoyó en el pupitre, todo lo cabreado que puede estar alguien en esa situación.
-¿Pues de dónde va a ser? De esos dos cabrones que son capaces de venderme por el canto de un duro. De sobra sabes que Prusia es el hermano de Alemania.
-¡¿Y eso, me puedes decir, que coño tiene que ver para que nuestra foto salga en el periódico estudiantil?! ¡Soy el presidente del alumnado! ¡Soy Inglaterra, que coño! ¡Mi carrera se irá a la mierda como no hagamos algo!-de repente se llevó una mano a la cabeza, con los ojos como platos- ¡Ay, Dios mío, La Reina! ¡QUÉ DIRÁ LA REINA!-se espantó.
-¿Tu reina? ¡¿Y mi Rey qué, eh?!- Y España se dio cuenta de algo muy importante-¡COÑO, EL REY!
-Vale, vale, mantengamos la calma.-se dijo el británico, inspirando profundo.
-¡¿CALMA?! ¡TÍO, ESTOY EN CRISIS! ¡SE ME VA LA REPUTACIÓN POR EL CAÑO! ¡Y COMO PIERDA REPUTACIÓN, ES QUE ME LINCHAN EN LA UNIÓN EUROPEA! ¡JODER!
-¡Cálmate, España!-le exigió regalándole un bofetón. Bofetón que el castaño le regresó con todas sus ganas, váyase usted a saber porqué. Quedó entonces el caballerete inglés patidifuso, mirando a España ojiplático perdido de la vida.- ¿Por qué cojones has hecho eso?
-Pues hijo, no sé de que te me quejas si el que me ha soplado la hostia has sido tú.-protestó de morros.
-Mira España, como no me dejes pensar con raciocinio que coño ha pasado sin que andes gritando como una histérica, te juro que recupero mi sable de corsario y te lo empalo por el culo.-sentenció, sentándose en una silla. Le hizo un gesto cansado, masajeándose el puente de la nariz.-Vamos a ver, ¿cómo mierda han conseguido poner una foto nuestra (que no otra, cuidado) en el periódico que va a ser publicado mañana? Y de sobra sé que es culpa de Francia, lo que quiero saber es como lo ha hecho y luego subir al Big Ben y pegarle una soberana patada, a ver si estampándose contra el pavimento se muere.
-Y yo que sé. Algo he oído de que contrató a ese fotógrafo suyo y que nos pilló en la sala tal cual nos ves. Pero Francia, que sabes que es un chaquetero de cuidado…
-Ya, ya. Qué me vas a contar tú si en nuestra última guerra naviera te vendió por una moneda de cartón.-se burló el inglés.-Océano le faltó para correr.
-A la mierda te vas a ir tú, ¿oyes? Ahora ya no te lo digo.-pero como es idiota y no se calla ni debajo del agua, tardó menos de medio segundo en volver a darle la cara al rubio e inclinarse sobre él como una vieja del visillo. –Bueno, pues el asunto es que Francia le habló a Prusia y este se coló en el despacho del armario todoterreno que tiene por hermano e hizo estas revistas a cambio de que Francia le consiga una cita con Hungría.
-¿Por qué?
-¿Cómo que por qué? ¡Pero si se le nota un huevo que lleva pillado por ella desde que cayó el imperio austrohúngaro! Inglaterra, tío, ponte al día, coño.
-Si es que definitivamente eres imbécil. ¿Por qué carajos tendría que hacerle ese bastardo barbudo el favor? ¿Por qué no otro?
-Se te están pegando las mañas de ese Sherlock Doyle.
-Sherlock Holmes es el personaje, pedazo de inculto. Arthur Conan Doyle es el autor. Dios, para ti parece que no hay más literatos a partir del Cervantes ese.
-¿Y qué quieres que te diga? Miguelito era un buen tío. ¿Sabías que el Quijote está inspirado en mí? Holanda me pasó uno de sus porros un día y me pillé tal pájara y tanto se rió Miguel que quiso escribirlo. Lo que no tengo ni idea es de quien será Sancho, porque Romano asegura que como…
-España, España, que te me desvías.- le chasqueó los dedos.- ¿Por qué iba Francia a publicar nuestra foto en el periódico?
-Pues hombre, no sé si tu sabes que nos pilló ese día en la biblioteca en pleno asunto…-movió las manos con despreocupación ante la cara de conejo asustado que puso Inglaterra-Bueno, bueno; la cosa es que los chistosillos marujeros esos se cabrearon con él porque no tenía pruebas de que nos hubiéramos enrollado y eso le puso de malas, ¿tú sabes, no? A morder el pañuelo y esas cosas que le gustan. Así que, según he averiguado espiándole (para que veas que tú no eres el único que puede hacer eso) me enteré de lo que planeaba y le pispé este folleto, que es el único que tiene impreso. Prusia planea meterse con él esta noche al despacho del director del periódico, véase Alemania, a colocar las plantillas para hacer las copias.
-Esta noche.-Inglaterra se masajeó de nuevo las sienes, suspirando.- ¿Estás completa y totalmente seguro? Lo último que necesitamos es a Alemania en nuestra contra. Y colándonos en su despacho…
-Tal cual te lo estoy contando, tío. Te juro por San Bartolo el de los bares que no miento.-aseguró, sentándose a su vera con la típica sonrisilla confiada que siempre lucía.
-Bien, pues entonces esta noche tenemos trabajo, ¿no?-le dio un empujón en el hombro, levantándose y yendo a la zona de pupitres que el cuerpo del español había tirado para empezar a colocarlos y sentarse en su sitio para volver a leer.
-No me jodas, España.
Inglaterra miró al sujeto con pasamontañas, linterna de acampada, zapatillas de deporte y un lazo de corredor de San Fermín atado al cuello y a punto estuvo de soltarle una guantada. ¡Y es que, además, el muy lerdo se había puesto toda la ropa con simbolitos de toros y tomates!
-¿Qué? Yo me veo guay. Y si me vas a decir algo, cejorrio descarriado, primero mírate tú, ¿estamos? Que pareces sacado de un cementerio del siglo XVIII.-le protestó el castaño.
El rubio había decidido vestirse en plan super espía de los años cuarenta (de hace tres siglos aproximadamente), con una vela de cera colgándole de la mano, los guantes de tela negra, la camisa negra en plan enterrador y los pantalones de raya perfectamente planchados por los que asomaban un par de mocasines oscuros relucientes.
-¿Estás tonto o que demonios pasa contigo, idiota? Una vela se apaga y enciende mucho antes que una linterna y la luz se nota menos. Con ese cachivache parece que fueras a Villaconejos a robarle limones del huerto a un abuelete.
-Lo siento, yo no hago esas cosas: no soy inglés. Pero, en cambio, ¿puedes decirme para qué carajos quieres los guantes de mortífago? Que yo sepa, no vamos a robar nada, aunque contigo en el asunto…
-¿Qué me estás queriendo decir con eso?
-Pregúntaselo a Grecia. O a esas preciosas columnas de mármol que tienes colocaditas en tu prestigioso museo británico. ¡Ah, bueno! Y de Egipto ya es que ni hablamos. La Piedra Roseta, ¿eh?-silbó con desparpajo.-Vaya folletito informativo que te agenciaste por todo el morro. ¿Cuántos años me dices que tiene? Canela en rama, según Austria. Y de la buena.-aseguró, girando las manos y doblando la esquina que pasaba el gimnasio de largo.-Más cara que el azafrán.
-Austria es un metomentodo. Para la próxima que hables con él, le dices de mi parte que puede meterse el piano y la antena parabólica por donde mejor le quepan.-Dijo con el ceño fruncido, agitando la vela con tanta molestia que esta se apagó.
Lo que fue muy oportuno, ciertamente, ya que España siguió andando y él tuvo que detenerse a encenderla de regreso, cosa que evitó que el conserje le viera.
-¿Quién está ahí?
España pegó un bote en su sitio, todo tenso, y se giró a la velocidad del rayo a mirar al señor.
-Ah, España, pero si es usted.-se carcajeó.- ¡Válgame el Cielo, que susto me ha dado!
-¡Jonás, que miedo, ya creía que eras Barrabás y venías a llevarme al infierno! ¡Te has portado, tío!-se rió el castaño. Inglaterra a punto estaba de darse de cabezazos contra las taquillas tras las cuales se estaba escondiendo.
-Es tarde para estar aquí, España. ¿Qué se supone que hace rondando los pasillos como si fuera un alma en pena? Mire que trae una cara de sueño que es capaz de espantar a un muerto.
-¿E-Eh? ¡Vamos, vamos, buen Jonás! ¿No andarás pensando que me he metido ne algún lío, no, truhán?-se rascó la cabeza, intentando quitarle hierro al asunto, nerviosillo porque no sabía si Inglaterra había tenido tiempo de esconderse o de idear algo para salvarles el culo a los dos.-Me quedé dormido en la sala de castigo y ni Francia ni Prusia han tenido la decencia de despertarme, esos catacaldos. ¡A punto estuvieron de venderme ya una vez, sin embargo! ¡No sé de qué narices me extraño!
-Esos dos son tipos simpáticos, ya se lo digo yo. El otro día Francia me cocinó un pastel para mi mujer que le quedó como hecho por las manos de un ángel, ¿sabe usted? Pareciera que el mismo Gabriel hubiera bajado de los cielos para cocinarle a mi señora.
-Sí, sí… Bueno, Jonás, que me enrollo y tengo un sueño que tira para atrás. Me voy a casa.-y se dio la vuelta rápidamente, observando el pie del rubio asomarse por una altura demasiado elevada. Se le subieron los riñones a la garganta del susto que se pegó cuando, al girar la esquina a todo correr y no encontrar al cejón, unas manos los sorprendieron desde arriba cogiéndole de los hombros.
-¡España, coño!-se quejó Inglaterra cuando este le soltó un guantazo, producto del acojone que llevaba encima el pobre. El inglés estaba subido sobre las taquillas y a su lado estaba la rejilla del oportuno conducto de ventilación que, sobre sus cabezas, giraba convenientemente hacia el despacho que querían asaltar.- ¡Venga, hijo, date algo de alegría al cuerpo y sube!
-¡Dios mío en el cielo, Inglaterra!-perjuró con el ceño fruncido, agarrándose de la mano del inglés para impulsarse y subir- ¡Qué noche llevo de susto en susto! ¡Te juro que el corazón se me para de un momento a otro!
-Ya, no tendremos esa suerte.-rió el angloparlante.-Anda, mete ese culo por el conducto no vaya a ser que vuelva Jonás y nos pille a los dos en plena faena. Venga, que creo que he oído a Prusia y al barbas partiéndose el pecho.
-Tú lo que quieres es que me meta yo primero para poder mirarme el culo.-dedujo el castaño, aupándose hacia el tubo.
-Eso y que como te vuelva a ver el conserje nos calza una sanción que para qué. Además, ya te lo tengo muy visto.-aseguró, subiéndose también y dándole una nalgada que España correspondió con una patada en toda la boca.- ¡Si serás bruto! ¡Ni quererte te dejas!
-Vuelve a decir algo de mi culo y te juro que no follas en una semana.-gruñó el español, reptando hacia el frente y sintiendo la respiración anglosajona demasiado cerca de sí.-Si es que dirás que no, pero al final eres un empalagoso. ¡Anda y déjame respirar, pesado!
-España, España, que te desconcentras. Tira para delante, borrico, que como nos quedemos aquí pillados van a faltar años para que encuentren nuestros cadáveres. ¡Venga ese culo!
-¿¡Tú estás sordo o que mierda?!-El castaño volvió a intentar contraatacar con los pies, pero Inglaterra se le subió a la espalda como una garrapata aprovechando que estaban delgaditos y que entraban en el tubo.- ¡Joder, Inglaterra, quítate que así no hay quien se mueva!
-A lo mejor no quiero que te muevas.-le dijo, enganchándole del pelo y tirándole de la cabeza hacia atrás para que le mirara.-A lo mejor quiero moverme yo, ¿no se te ha ocurrido?
-Joder, ¿ya empezamos?- bufó España, dando un manotazo contra la plancha de metal-Te recuerdo, señoritingo con problemas de ninfomanía, que una foto vergonzosa nuestra será publicada mañana a primera hora en los periódicos de toda la jodida escuela. ¿Te suena o es que el pene te tapa los oídos?
-Ya sabía yo que la tenía grande, pero para que me llegue hasta los oídos… Aunque tú tampoco estás mal, reconozcámostelo.-le siseó, hurgando con la mano bajo la camisa del mediterráneo.
-Mierda, Inglaterra, no me jodas ahora…-protestó, intentando moverse bajo el salidorro con el que llevaba teniendo sexo desde el siglo V, aproximadamente. Engáñate, España, si así eres feliz, porque Inglaterra no va a parar si no hay aviso de seísmo de grado ocho, y aún así con reticencia.
Efectivamente, cuando Inglaterra ya estaba a punto de encargarse de lo que acontecía en esos instantes (que casi les pillaran le había encendido el asunto, por lo visto), descubrió para su fatalidad que no podía bajarle los pantalones al íbero. Desquitose el inglés con tal berrido que el ronroneo de fondo correspondiente a las risitas de Francia y Prusia dejó de oírse.
-¿Estás gilipollas?-bufó España, apretando la cara contra la chapa.-Ya nos han pillado, joder, ¡si nos faltaba nada para llegar!
Inglaterra refunfuñó algo, paralizándose y tapándole la boca al español antes de que las voces de Francia y Prusia se acercaran todavía más. Más a parte de estar justo debajo de ellos, quiero decir; no se les fueran a meter también dentro del conducto que la armamos (Hombre…armarla, armarla… Eso lo haría Inglaterra, que es más bien un ninfómano celoso.).
-Muévete.-le susurró a España, separándose con todo el dolor de su alma y guardándose el asunto de nuevo en el pantalón.-Ya te daré de lo tuyo luego.
-De lo tuyo te va a dar tu puta madre, cabrón.-le replicó España más bien jodido. El pobre muchacho ni fricción había tenido antes de que se les cortara el chollo.-Me voy a ir luego a casa de Francia y me lo voy a follar hasta que me grite que pare. ¡Y le voy a decir a Prusia que mire y que lo grabe para luego mandarle el video a tu reina! Hombre ya, con la tontería de los huevos… Habrase visto que…
-Sí, sí… ¡Venga, coño, que nos pillan!-apresuró Inglaterra, empujando y casi reptando sobre el español para que se moviera.
Así, a trancas y barrancas, el conducto decidió que era buen momento para joderse y dejarlos caer: España gritó con toda su alma y se fusionó a Inglaterra por donde mejor le agarró y el británico dejó salir tal alarido que Francia y Prusia, justo bajo ellos, casi se infartan del susto.
Francia, primer ente en reponerse de tal ataque, tensó todo el cuerpo y luego se dedicó a manosear por todos lados al pobre inglesito que madre nía donde fue a caer. España, que tuvo más suerte y sólo se quedó aplastando a la desgracia que era Prusia, inmediatamente le suelta una hostia a Francia y luego, pescando al rubio cejón de las solapas de su abrigo de enterrador, se lanzó a correr lo que no ha corrido en su vida en dirección al despacho de Alemania.
-¡Prusia, que se nos escapan! ¡Ay, dios mío!-berreó Francia, moviendo nerviosamente las manos en puños, a punto de sacar el pañuelo para morderlo.- ¡Hungría me mata!
-¡Pues corre, pedazo de cabrón! –Prusia se levantó a todo correr, pillando al francés tal cual España había cogido a su noviete y recibiendo, sorprendentemente, un manotazo.- ¿Pero que crees que…?
-¡A mí no me arrugues la ropa, que te veo! ¡Pero no ves que esta camisa es de Armani! ¡DE ARMANI! ¿Qué se supone que hacías?
-Pero…
-¡Pueblerino ignorante! Mira que desempolvo la guillotina, ¿eh?-le regañó, pasándose por el forro de sus… de sus pantalones de seda, digámoslo así, el color rojo rabioso en que se estaba tornando la cara de Prusia.
Y Prusia, hasta los mismísimos cojones de la mojigatería de Francia, le sopló una hostia que para qué, poniéndose de pie y arrastrando de la oreja al melenudo francés hasta el despacho de su hermanito querido.
¿Ese hermanito de dos metros y medio que ahora mismito se lo estaba montando con Italia bajo la mesa de su despacho y que estaba a un segundo de ser descubierto por la pareja de hispano-angloparlantes? Exacto, ese, ese mismo.
Vaya con el panorama con el que España quedó impresionado, vamos.
Es decir, no todos los días uno arrastra a un inglés medio inconsciente sin tomar en cuenta que podría violarlo en ese mismo momento y se encuentra en el despacho del que es su no-en-teoría-pero-sí-en-práctica-jefe a su yerno en pelotas siendo felizmente ultrajado por el susodicho no-jefe.
-Coño.
.O.O.O.
Well, guys, I'd just finished this chap, isn't it awesome?
Bien, fuera estupideces de inglés y tal. Este capítulo ha sido especialmente a la persona que más amo en el mundo, yo.
Nah, es broma, va para el pie derecho de mai lof Jelen, que me ha apoyado incondicionalmente con mis exámenes, y un besazo enorme al izquierdo, que se lo ha ganado.
Quiero agradecer enormemente a esas cuatro geniales personas que se molestaron en dejarme un awesome comentario con sus awesomes opiniones en mi awesomemente no reconocido awesome fic. (A mi amore no la cuento porque ya le he mostrado mi amor a sus dos pies).
También le digo a Jelen que amo su bici de la Barbiu y que a ver cuando me regala una que, aunque he perdido nuestra apuesta, estoy aquí cumpliéndola como toda una islandesa que se precie.
Dedicado a anne di vongola, LittleMonsterStick, hethetli, Lady Locura y, especialmente, a Marta1234j.
Y ahora os digo, ¿merezco un review?
.
.
.
Os aseguro que lo merezco, vamos…. ¿Uno pequeñito? :3
