Capítulo 2: Atrapado en la rueda del destino
La agencia había hecho todos sus movimientos sigilosamente y exitosamente. Kirino Ranmaru, el guía y nuevo amigo de Shindou, esperaba la llegada de Yuuto Kidou.
Shindou y el pelirosado guía se habían hecho amigos de inmediato. Era inevitable, ambos congeniaban de maravilla.
La puerta del departamento sonó. Shindou estaba sentado en el sofá de la salita. Kirino se levantó y fue hacia la puerta del departamento. Abrió y en ella apareció un guapísimo hombre de unos veinti-pocos años, cabellos largos atados en una media coleta en rastas en la mitad superior y sueltos y ondulados en la mitad inferior que llegaba hasta su omoplatos, y unos impresionantes ojos rojos como los de Shindou solo que estos estaban llenos de la luz que los de Shindou no tenían. De su mano venía una pequeña niña de cabellos oscuros atados en dos coletas y ojitos verdes. Una niña que no pasaba de los cinco años.
Eran Yuuto Kidou y su hija Sakura Fudou Kidou. Kirino le extendió la mano y Yuuto sin palabras lo entendió, extendiéndole una identificación. Kirino la leyó y la analizó bien, y lo dejó entrar señalándole el sofá.
Yuuto entró con su hija y quedó estático al ver al precioso chico en el sofá. Los mismos preciosos ojos rojos, inmutablemente fijos, los mismos cabellos ondulados de color gris tostados, las mismas facciones, sólo que más maduras.
Soltó la manita de su hija y se arrojó sobre el hermoso joven.
- Shindou.
Suspiró al tenerlo nuevamente en sus brazos después de doce años. Sintió los bracitos de su hermanito aferrarse a él. Sintió el olor de Shindou y Shindou el suyo. Las manos del menor se dirigieron a su rostro palpándolo. Shindou sonrió al recordar esas facciones pero más infantiles de un pasado lejano. Al recordar esa voz pero más inmadura, esas manos y ese olor.
-Yu-nichan.
Y ahí estaba el nombre que usaba con su hermano cuando eran niños. Ambos lloraban de la emoción abrazados.
Yuuto se limpió las lágrimas mientras extendía la mano a su hija, la cual se la tomó con una sonrisa dulce, pero se extrañó al no tener contestación del bonito chico. Yuuto le besó la frente.
- Él es ciego - Le explicó a su hija - No ve, pero siente, él es tu tío Shindou. Shindou - Dijo tomando la mano de su hermano y llevándola al rostro de su hija - Esta es mi hija Sakura. - Los presentó.
Shindou palpó su rostro y pudo sentir la sonrisa de aquel rostro infantil. También le sonrió y le abrió los brazos, la niña lo abrazó y Shindou pudo sentir su aroma a jazmines.
- Hola princesa.
Luego de un rato, Kirino se quedó con la niña en la sala para colorear, mientras Yuuto y Shindou se iban a la recámara de este último.
Los dos hermanos se quitaron los zapatos y se metieron en la cama. De inmediato se ubicaron como lo hacían cuando eran niños, aunque sólo lo recordaron hasta después que lo hicieron.
Shindou estaba sentado entre las piernas de Yuuto de lado, con la cabeza apoyada en el hombro de su hermano. Yuuto con las piernas abiertas con su hermanito entre ellas le abrazaba frotando su espalda con una mano y apoyando su barbilla en su cabecita.
Rieron al recordar esa misma posición de su pasado cuando Shindou se ponía así para que su nisama le leyera un cuento. Y comenzaron a hablar.
- ¿Qué haces aquí, Shindou? ¿Por qué viniste a Japón?
Shindou le contó lo del diario de su madre y de la necesidad de volver a verlo. Luego el menor preguntó y Yuuto no pudo más que explicarle lo que pasó en la mansión Kageyama cuando él tenía quince años. Le contó todo desde cómo mataron al padre de ambos, hasta cómo terminó convertido en el intocable amante de Fudou.
Shindou, sensible como era por naturaleza, lloró aferrándose a su hermano. No recordaba a Kageyama prácticamente pero no le deseaba la muerte y le dolía, y además le dolía la desgracia de su hermano desde tan joven.
- Pero, y la princesita. Es tu hija, tiene tus facciones, de niño. Pero tú no eres fértil. - Dijo Shindou confundido - Acaso él te dejó tener un hijo con otra mujer. - Shindou pudo sentir el cuerpo de su hermano estremecerse y lo abrazó con fuerza.
- Es hija de Fudou... - Susurró el mayor casi sin voz - De Fudou y mía. - Al ver el rostro extrañado de su hermano, lo abrazó con fuerza. - Te lo explicaré.
Shindou negó con su cabecita y le selló los labios con sus dedos.
- No, ese recuerdo te duele y no quiero que recuerdes cosas que te duelan.
- Necesito contártelo. - Dijo Yuuto, así que Shindou lo abrazó, y así Yuuto le contó cómo concibió a Sakura - Tenía dieciocho años, hacía cuatro era amante de Fudou. Ya me había acostumbrado a esa vida y no era tan mala. Fudou tenía un carácter fuerte, pero mientras seguía sus reglas todo estaba bien entre ambos. Tenía todo lo que pudiera desear y era intocable para el mundo. Creo que, como nuestra madre, me fui acostumbrando a esa vida y perdí mi espíritu de rebeldía. Dejé de luchar contra él y revelarme recibiendo sólo castigos, y me volví en lo que él quería: su amante perfecto. Pero cuando cumplí dieciocho años, él quiso tener un hijo conmigo; eso era imposible, yo no era fértil. Pero a pesar de eso, siempre lucí como un doncel. Así que Fudou me llevó a hacer unas pruebas médicas. Lo era, era un doncel como tú, pero mi sistema reproductor tenía un bloqueo que se arreglaba con una pequeña operación. A mí me daba miedo, me negué en redondo. Fudou quiso obligarme y nos peleamos, por primera vez desde hacía tres años, peleaba. Se puso furioso y me golpeó, caí inconsciente y supongo que luego a base de sedantes me mantuvieron fuera de combate por una semana. Cuando desperté ya la operación estaba hecha. Y esa misma noche Fudou y yo... él me... ese día creamos a Sakura.
- Ese día, tú te asustaste, te resististe y él te violó.
Adivinó Shindou abrazándolo con fuerza. Era ciego no idiota. Yuuto no respondió pero le devolvió el abrazo, porque sí, así mismo había sido.
- Tienes que irte de Japón.
Dijo luego de un rato apesadumbrado. Soltándolo levemente para verlo mejor a la cara.
- Sí, y tú tienes que venir conmigo. Allá, en Grecia, nadie nos encontrará y a la princesita le encantará, el tio Demonio y su esposo Angelo tienen una pequeña pescadería te encantara.
- No puedo ir contigo, Shindou. - dijo Yuuto abatido.
- ¿Por qué?
- Tengo otro hijo con Fudou, tiene tres años, Yuuichi. Y hace tres meses di a luz a Hikaru. Fudou jamás me dejaría ir. Para venir aquí sin que él se enterara, tuve que salir dizque de compras con Sakura y los guardaespaldas, y darles esquinazo en la tienda de ropa para niñas.
- Tus hijos también podrían venir a Grecia. Los tres.
Dijo Shindou con tristeza, no se quería separar de su hermano, no ahora que recién se reunían. Yuuto le besó la frente y lo acunó en sus brazos.
- Pero yo no puedo ir.
- ¿Por qué?
- Porque amo a Akio. - Confesó Yuuto abatido.
- Oh, hermano. - Comprendió Shindou abrazándolo con fuerza. - Pero podría permanecer en Japón y nos podríamos ver a escondidas. - Propuso esperanzado.
Yuuto sonrió con tristeza a él gustaba la idea pero conocía demasiado bien a Akio Fudou.
- Fudou no olvida, te descubriría y te entregaría a Tsurugi, y entonces ¿de qué hubiese servido la muerte de padre y de madre? Ese chiquillo es un demonio, y no sé qué haría contigo. No, Japón es muy peligroso para ti.
- Pero no quiero alejarme de ti te acabo de encontrar Yu.
Dijo Shindou desesperado.
- Qué palabras tan lindas de tu amante, amor.
Yuuto palideció como un mismo muerto al oír esa voz, y apretando a Shindou con fuerza contra él, alzó sus ojos y frente a él, estaba el padre de sus hijos, Akio Fudou. Traía en sus brazos a Sakura, la cual tenía su morena cabecita en el hombro de su padre y Kirino Ranmaru, el guía de Shindou, estaba sostenido semi inconsciente en brazos de Kariya Masaki, el hombre de confianza de Fudou.
Lo que Yuuto no sabía era que el medallón que llevaba su hija al cuello en forma de Sakura, era un localizador, así era como lo había localizado Fudou, había tocado la puerta y cuando aquel chico de cabellos rosas abrió le echaron a la cara un spray somnífero, dejándolo fuera de combate, y su hija levantándose y dejando el libro de colorear había corrido a sus brazos. Y cuando le preguntó por su papi, le señaló la habitación, y al entrar habían oído como Shindou decía que no quería separarse de Yuuto.
Shindou sintió el cambio en la expresión corporal de su hermano, y asustado se aferró a él. Fuertes manos los separaron, Yuuto se debatía, tratando de aferrarse a él y Shindou hacía otro tanto.
Pero al final los separaron, Kariya tenía a Sakura a su lado y al inconsciente Kirino en sus brazos, mientras Fudou tenía bien agarrado a Yuuto por la cintura y tres de sus hombres agarraban con dureza a Shindou.
- Suéltenlo.
Gritó Yuuto furioso. Pero la orden de Fudou fue otra.
- Diviértanse con él hasta que lo maten, para que aprenda que lo mío es intocable.
Ordenó el líder yakuza. Yuuto gritó aterrado, luchando por zafarse de Fudou.
- No, Fudou, no lo hagas, es mi hermano.
Gritó desesperado sabiendo que era el único modo de salvar a su hermano de que lo violaran hasta la muerte. Todos se detuvieron cuando esas palabras abandonaron los labios de Yuuto Kidou.
La impresión hizo a Fudou soltar a su presa. Yuuto corrió hacia su hermanito empujando a los guardias y abrazándolo con fuerza, Shindou temblaba aterrado como una hoja al viento y de sus ojos salían lágrimas.
-Yunichan ¿qué pasa? Tengo miedo.
Dijo asustado.
- Nada. Todo está bien.
- ¿Quiénes están aquí? ¿Y Kirino? ¿Y la princesita?
Preguntó asustado. Una manita en su pantalón lo hizo estirar una mano y poner su mano en la cabecita de la niña. Era Sakura, que con sus silenciosos pasitos se había separado de Kariya, y acercándose hasta Shindou y su padre le jaló el pantalón a este al oírla llamarla como princesita.
- Aquí estoy tío.
Dijo sacando su dedo de la boca. Shindou se inclinó y la tomó entre sus brazos refugiándose en los de su hermano mayor.
Fudou al fin reaccionó y saliendo de su estupor se acercó a su pareja y al precioso chico que sostenía a su hija en brazos. Yuuto por instinto retrocedió un paso con su hermano y Sakura.
Fudou lo miró, Yuuto no volvió a moverse. Fudou se acercó a ambos, a su pareja y a aquel precioso y angelical chico de cabellos ondulados quien, ahora notaba, era ciego.
- ¿Shindou Kageyama?
Le preguntó tomándolo de la barbilla y mirando lo bello que era con atención.
- ¿Quién es? ¿Yunichan?
Llamó asustado. La manita de Sakura se posó con cariño en su mejilla.
- Es mi papi.
Dijo la niña recostando su cabecita en su hombro. Shindou ahogó un gemido asustado. Yuuto le frotó el brazo de forma cálida.
- Calma, todo está bien, Shindou.
Le aseguró.
- ¿Y Kirino?
Preguntó con miedo.
- Él está en los brazos de mi tío Kariya.
Dijo Sakura. Shindou se volvió a alarmar.
- ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasa?
Preguntó desesperado. Yuuto miró a Fudou con reproche y besó la cabeza de su hermano.
- Él está bien, calma Shindou, todo va a estar bien.
Fudou sonrió y de pronto empezó a reír con una risa que Yuuto conocía muy bien, y que lo llevó a apretar las dos preciadas cargas entre sus brazos con fuerza.
- Así que apareció el amante desaparecido de mi hijo.
Los ojos de Yuuto se abrieron como platos. Soltó a su hermano que aún tenía en brazos a Sakura y lo ubicó detrás de él, cubriéndolo con su cuerpo, acercándose a Fudou.
- No, yo tomé el lugar de Shindou, no tienes derecho.
Pero Fudou lo calló tomándolo del cabello y besándolo.
- Basta, basta, Sakura está aquí.
Rogó Yuuto debatiéndose.
- ¿Qué sucede? ¿Yu? Suelta a mí hermano.
Gritó Shindou realmente impotente y desesperado por no poder hacer nada.
- Mantén la calma, Shindou. Esto es entre él y yo. -Le rogó Yuuto desde los brazos de su amante. Yuuto se volteó hacia Fudou y lo miró suplicante.- Por favor, es un niño. Se irá del país. Déjalo por favor.
- A esa edad tú ya estabas embarazado.
- Es diferente, yo era un chico normal, él vive en una burbuja de cristal. No ve realmente su alrededor.
- Eso será decisión de Tsurugi.
- Tu hijo le desgraciará la vida, jamás lo dejará ir, mi hermano es demasiado hermoso.
- Él pertenece a Tsurugi, no a mí - dijo Fudou inflexible.
La barbilla de Shindou se levantó desafiante.
- Creo que habla de mí. Y le diré que soy libre, no pertenezco a nadie.
- Calla Shindou.
Gimió Yuuto desesperado, zafándose y abrazándolo para protegerlo, mientras le tapaba una boca con una de sus manos, para evitar que provocara a Fudou y este le pegara. Akio Fudou no era conocido precisamente por su paciencia.
- Hazle caso a tu hermano, pequeño. Y ahora vámonos a casa.
Ordenó Fudou. Yuuto miró a su pareja suplicante. Pero Fudou no cedió, su mirada fue dura e inflexible. Al final derrotado, Yuuto empezó a caminar sin soltar a su hermano y a su hija.
- No. - Se detuvo Shindou asustado - ¿A dónde me llevas?.
Yuuto vio como Fudou miraba a Shindou y se asustó.
- Él no sabe nada de este mundo, Akio, déjame encargarme a mí - Rogó.
Fudou miró a Sakura y asintió.
- Sólo para que nuestra hija no vea más violencia.
- Ahora no hay salida - Le susurró Yuuto a su hermano al oído - no protestes o ambos saldremos golpeados. Camina, yo encontraré la manera de sacarte de la mansión Fudou. Todo estará bien, pero ahora estamos en desventaja. Confía en mí y camina.
Shindou suspiró aferrando a la niña en sus brazos y asintió.
- Confío en ti.
Le dijo a Yuuto dejando que lo dirigiera.
- ¿Y Kirino?
- Kariya lo trae en brazos.
Le susurró Yuuto sin dejar de caminar.
Cuando llegaron a los autos, Kariya se llevó al guía de Shindou al asiento de enfrente de la limusina con él y el conductor, mientras la familia, Sakura, Shindou, Akio y Yuuto, abordaban la parte trasera, y los guardaespaldas en las otras dos furgonetas.
Continuara...
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