La costumbre me ha hecho así.

Hola, Aang. Espero que esté todo en orden en tu nuevo hogar. El tiempo ha pasado rápidamente, y mis anhelos no tanto.

Hace dos días vino Tenzin a verme, ya que tenía más de medio año desde que no nos veíamos. Pareciera que es un maestro bastante fuerte emocionalmente, pero en cierto modo te sigue extrañando; cuando nos despedimos, nos dimos un abrazo bastante largo, cosa que no pasaba desde que él se convirtió en el último maestro aire.

No lo culpo, ya que no es el único; Bumi me escribió hace un mes para contarme cómo va todo en las Fuerzas Unidas, y también resume que extraña a su padre.

Kya vive en el Polo Norte, y rara vez nos vemos. Sin embargo, el otro día me envió un telegrama donde admite que es difícil sobrellevar esto.

Todos por acá necesitamos un toque de esa locura tuya, pero todos nos callamos esa necesidad y deseamos asumir que somos lo suficientemente resistentes como para afrontarlo.

Estamos separados, y nos tragamos nuestras lágrimas. Con la gente que iba y venía cuando partiste, era difícil pasar un momento tranquilo para enfrentarnos con nuestros propios fantasmas. La vida en la Ciudad es más difícil.

Sé que soy una cobarde por venir hasta el Polo Sur, pero me conozco bien, y sé que no toleraría ver que en el espejo falta el reflejo de alguien, o que en todos los lugares a donde vea en Ciudad República sepa que no estás tú. Los primeros días no quise admitir lo que había sucedido (aunque me dijiste que eso sucedería, fue difícil).

También me percaté en estos días que, un día de tantos serví dos platos, a sabiendas que Sokka no vendría a la choza esa tarde. La silla que se encontraba en frente de mí se quedó vacía, aunque el plato no.

Y sigo cometiendo esta clase de errores; sigo sirviendo dos platos, sigo durmiendo de mi lado de la cama, y sigo pensando en qué haré de cenar el sábado en la noche.

Son siete meses desde que te fuiste, y sigo aquí. Aunque comencé a dar clases de agua-control y en ocasiones atiendo a mujeres embarazadas, mi mente sigue traicionándome así.

No temas; no te has perdido nada desde tu partida. La gente sigue encerrada en su vaivén monótono como siempre lo hace, y tu lugar en el templo sigue intacto; tus cosas, tu ropa, la habitación.

Prefiero callarme, porque es más cómodo, pero más doloroso, y no sé si sepas que estas palabras existen. Como sea, sería bueno que estuvieras aquí para abrazarnos a todos, porque en verdad te necesitamos.

Por ahora debo ir a dormir. Y espero que también puedas dormir, o como sea que eso se llame en aquel lado del mundo.

Hasta luego, cariño

Katara.