Tras las primeras horas de viaje empezó a sentir cierto desasosiego, sabía que su presa no podía estar lejos y después de todo un verano sin poder verla ni hablarle (aunque fuese a base de insultos), sentía la necesidad de ir a su compartimento para poder estar con ella e insultarla a gusto.
Se removió en su asiento, si se levantaba así por las buenas le preguntarían y si decía que iba a ir a insultar a los Gryffindor todo su compartimento querría acompañarla. Le apetecía insultarla en la intimidad, aunque también tenía que contar con que ella andaría con sus estúpidos amiguitos así que tendría que intentar pillarla a solas.
- Me voy a hacer la ronda.- Dijo con voz de autómata.
- ¿La ronda? Que la hagan los Ravenclaw que para eso están.- Rió Draco.
- Sí, pero me apetece castigar a un Gryffindor de primero y así de paso me doy un paseo.- Contestó.
- Pues muy bien Parkinson. Todo para ti.- Rió el rubio engominado con desdén.
Desde que le abandonara el curso pasado, Malfoy procuraba no andar cerca de ella, todo un alivio ya que no soportaba a aquel niñato de gesto repulsivo. Por mal que le supiese Potter tenía toda la razón cuando le dijo que parecía estar oliendo a mierda a perpetuidad. Pero claro, ella no podía demostrar el disgusto que le producía que estuviese cerca. De hecho no soportaba a ninguno de sus supuestos amigos.
- Yo no necesito amigos.- Murmuró mientras caminaba observando el interior de los departamentos.
Se mentía a sí misma y lo peor era que lo sabía, era consciente de que deseaba tener amigos de verdad. Como el maldito trío dorado, por muy mal que lo pasaran siempre se apoyaban y se ayudaban cuando era preciso.
Sus supuestos amigos desaparecían cuando veían que su propio culo corría peligro y después de cumplir tu castigo no dudaban en reírse de ti por lo idiota que habías sido al dejarte coger. Cierto que ella también lo hacía, pero era el pago que merecían además simplemente no le importaba lo que les sucediese a aquellos idiotas.
Se paró en seco junto a sus pensamientos, acababa de pasar de largo el compartimento de su objetivo, volvió sobre sus pasos y se acercó con cuidado para tratar de ver el interior sin que ellos pudieran descubrirla.
Desde donde estaba veía a Potter con su estúpida cicatriz en la frente, aquella cicatriz en forma de rayo que tan importante le hacía sentirse. No era más que un idiota con complejo de héroe, creía que el mundo estaba para ser salvado por el.
- Jodido idiota.- Rezongó para sí misma.
A su lado estaba Weasley, como siempre pegado al culo de su amiguito. La gente decía que estaba enamorado de Granger, pero ella lo dudaba estaba segura de que el objeto del amor del pelirrojo era su estúpido amigo Potter. Aunque con lo imbécil que era seguro que todavía no se había dado cuenta ni de sus propios sentimientos, seguramente nunca lo haría, se pasaría la vida escudado en la excusa de la amistad.
Junto al traidor de la sangre estaba Longbottom, con su eterna cara de ineptitud. Sostenía en su regazo una planta que parecía una especie de cactus raro, ese chico debía haber sido Hufflepuff desde el primer segundo en que puso el pie en Hogwarts. Era un completo inútil en cualquier asignatura que no fuera herbología y él lo sabía.
Cambió de lado para tratar de ver la otra parte del compartimento.
- Buff.- Exclamó con desidia.
Ver a Lunática Lovegood casi le provoca una úlcera, aquella rubia excéntrica la sacaba de sus casillas. Podía llegar a entender que no quisiese ser una jodida empollona como el resto de sus compañeros de casa, pero es que aquello iba mucho más allá. Era una chica rara, con sus cuatro letras y dos sílabas en mayúsculas, negrita, subrayado y en cursiva: R-A-R-A. Cada vez que la veía a la Slytherin le entraban ganas de arrearle con un cuerno de Snorlak de cuernos corrugosos, o cómo demonios se llamen.
Al lado de ella se encontraba el único Weasley que le agradaba, aunque por supuesto ella nunca lo sabría. Aunque sus hermanos gemelos tampoco la desagradaban del todo, pero había soportado en demasiadas ocasiones sus bromas ya fuese directa o indirectamente se había comido más de un hechizo lanzado por alguno de los dos pelirrojos. También había sufrido en más de una ocasión los mocomurciélagos de la chica Weasley, pero era una chavala valiente para atreverse a atacarla y ella apreciaba la valentía. Aunque como a cualquier Gryffindor que se precie le faltaba la picardía suficiente como para salirse con la suya sí o sí. Le encantaba su larga melena pelirroja y en ocasiones hasta le costaba insultarla.
Se pegó un poco más al cristal tratando de verla, ya había pasado por todos los fracasados de sus amigos así que ahí tenía que estar ella, pero para su desencanto al lado de Ginny Weasley no había nadie.
- Parkinson.- Llamó a su espalda una voz de sobra conocida para ella.- ¿Qué demonios haces? ¿Acaso tienes complejo de pez limpiador?- Rió Granger.
Se giró pillada por sorpresa, allí estaba con su melena castaña y sus ojos marrones e inteligentes mirándola con todo el desprecio de que era capaz. Pero por mucho que lo intentara a miradas despectivas nadie le ganaba. Tras el susto inicial de verse sorprendida por la espalda, cerró su rostro y colocó en él media sonrisa de superioridad.
- ¿Qué se supone que es eso Granger? ¿Una clase de artefacto muggle para limpiar la sangre de las sangresucias como tú?- Le respondió con los brazos cruzados sobre el pecho e inclinada hacia la izquierda mientras su cadera sobresalía por la derecha.- Bueno, por si te interesa te voy a dar una primicia. Sea lo que sea eso no funciona, sangresucia. Desde aquí puedo oler la podredumbre que corre por tus venas.- Sí, se había pasado, cuatro o cuarenta pueblos no estaba muy segura pero le había resultado imposible reprimir su lengua. Horrorizada vio cómo la Gryffindor daba un paso como si ella le hubiese dado una sonora bofetada, su risa se había cortado en seco y la miraba con el dolor reflejado en los ojos y le pareció que las lágrimas empezaban a intentar brotar de ellos. Aunque ambas sabían que no dejaría que aquello sucediese ante la Slytherin.
"Jodeeeer, cómo odio que haga eso. No llores por favor, no llores." Pensó, le había hecho daño y eso también la afectaba a ella aunque no lo demostrara.
- Seré una sangresucia pero por lo menos tengo un corazón para poder mover mi sangre podrida por mis venas, es más de lo que tú puedas decir Parkinson.- Su voz rezumaba ira y odio.
"Genial Pansy, éste es el mejor paso que has podido dar para ligártela. A partir de ahora olvídate de ella, se va a negar a verte hasta en tus sueños."
- Si no estás dispuesta a jugar no empieces Granger, no puedes ponerte a llorar porque te hayan ganado por la mano en tu propio juego.- Le escupió.
"Muy bien idiota, lo estás mejorando a cada segundo. Maldita lengua envenenada." Se reprendió mentalmente.
- Vete a la mierda Parkinson.- Dijo dándole un fuerte empujón y abriendo la puerta de su departamento de un tirón.
- Oh, sí. Qué gran respuesta, no entiendo cómo puedes ser la mejor alumna. A saber que clase de favores les haces a los profesores para ganarte ese honor.-
"De maravilla, para ligártela ¡dale donde más le duele! Si a partir de ahora se digna aunque sea a estar en el mismo colegio que tú vas a ser muy afortunada."
Se giró, furiosa. ¡Oh! Aquella mirada en sus ojos le encantaba. Si hubiesen estado solas no la habría dejado abrir la boca más que para meterle la lengua hasta la campanilla.
- Tranquila, nunca te arrebataré el puesto. Yo seguiré estudiando para obtener mis calificaciones, tú puedes seguir con "lo tuyo". No te preocupes yo nunca contaré qué haces para aprobar, tu secreto está a salvo conmigo.- Inmediatamente después cerró tras de sí de un portazo sin darle la oportunidad de réplica.
- Buena respuesta preciosa.- Murmuró para sí Pansy.- Estás aprendiendo de la mejor.-
Paseó un rato, estaba demasiado excitada (en todos los sentidos de la palabra) como para ir a su vagón tan pronto.
Se tocó la cara, hasta notaba las mejillas encendidas en su palidez habitual. Aquella chica era pura dinamita para su corazón, que aunque no lo creyese lo tenía. Sonrió recordando las respuestas de su leona.
Abrió una ventanilla y asomó un poco la cara, era bastante incómodo debido a la estrechez de la ventana para evitar que los niños se arrancasen la cabeza con un poste eléctrico pero aún así el aire le hizo bien.
Notó cómo su temperatura, corporal y facial empezaba a disminuir mientras en su mente repasaba una y otra vez el encontronazo.
Cuando se sintió preparada cerró la ventana y se encaminó a su compartimento con el estúpido rubio y su corte infernal.
Bueno espero que os haya gustado y dentro de poco traeré más. Gracias por leerlo y por las críticas, ya sean buenas o malas.
