*DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la diosa Stephenie Meyer. La historia es completamente mía.
ADVERTENCIA: Contenido sexual, y quizá lenguaje que te moleste.
NOTA: Bueno, la verdad es que no sé qué estoy haciendo aquí, ya que se supone que sería solo un One shot. Pero, muchas de mis amigas me rogaron para que lo continuara, y los dos primeros reviews pidieron lo mismo. Así que, aquí estoy, haciendo una clase de fic. NO será demasiado largo, pero tampoco demasiado corto. Simplemente, lo que me parezca conveniente.
JACOB.
EPOV.
Mierda, mierda, mierda.
Es decir, había acabado de follar con la jefa más sensual y deliciosa de todo el maldito mundo y llega su esposo. Aquí, mientras yo estoy encima de sus pechos, oliéndola y disfrutándola, después de haber tenido uno de los mejores orgasmos de mi vida. ¿Qué carajo esto pagando?
Miré con un poco de terror a Bella. Ella también estaba alarmada. Sus ojos estaban abiertos de par en par y respiraba con rapidez, no estaba segura si era por el orgasmo, o por el susto del momento.
Entonces, reaccionó. Se levantó del escritorio tirándome mi ropa mientras ella se vestía a una velocidad inalcanzable.
— ¿Qué mierda espera para vestirse, Cullen? —. Lo bueno, es que aún estaba esa Isabella fiera que tanto me llamaba la atención. Me empujó y me metió en una clase de súper-casillero gigante que estaba en un rincón de su oficina.
— Necesito que se quede ahí, y por favor, trate de no respirar. Es una orden, ¿entendido? —. ¿Cómo carajos pensaba ella que yo no iba a respirar. Quizá era literalmente. Resoplé y me metí al casillero gigante, con mis ropas aún en mis manos.
— ¡Ya voy amor! — "amor" — Estaba terminando de ordenar unos papeles —. Era una maldita mentirosa. ¿Habría mentido con su orgasmo? No, no lo creo… esperaba que no.
Escuché el chirrido de la puerta al abrirse. No sabía muy bien qué estaba pasando ahí afuera, pero todo estaba en completo silencio. Me puse algo… nervioso. Quizá su estúpido Jacob estaba besándola, o tocándola… o algo.
«¿Y a ti qué te importa Edward? ¿Crees que porque se acostó contigo ya es tuya?»
¡Maldita conciencia! Eso lo tenía muy claro. Tenía muy claro que solo había sido un polvo y que nos habíamos dejado llevar por el momento. Yo no tenía celos. ¿Celos de qué?... ¿De ese tal Jacob? Ja-ja. Claro que no.
BPOV.
Algún día, no muy lejano, mataría a Jacob. Siempre tan inoportuno. Llegando cuando nadie lo necesitaba. Aunque, técnicamente había sido mi culpa, yo había olvidado que él vendría al consultorio hoy.
Pero no me arrepentía de absolutamente nada. Había acabado de tener el mejor polvo de mi vida. El mejor orgasmo. Uno que Jacob jamás en nuestro año de casados me había dado.
Todo era gracias a que, Jacob era un tipo sin experiencia. Se dejaba llevar por el momento y no me… estimulaba. Como lo había hecho el idiota de Cullen. Quizá es lo único bien que sabe hacer.
Debo admitir que, antes de mi matrimonio con Jacob, habíamos tenido una adolescencia maravillosa. Nuestras familias eran amigas de toda la vida, gracias a ello conocí el inocente Jacob. Y digo inocente porque gracias a mí perdió su "virginidad".
Siempre supe que yo le gustaba y toda la cosa, y él se me insinuaba, así que, el hombre propone y la mujer dispone. Acepté tener una aventura con él, pero jamás pensé que me tocaría enseñarle el maravilloso mundo del sexo. Al parecer, él se "enamoró" obsesivamente de mí, y luego ya no me dejaba en paz. Ese, fue un grande problema cuando yo estaba en la Universidad. Jacob 'El intenso' Black. Jamás me lo podía sacar de encima. Quería perseguirme en todos lados. Desayunar, ir por mí a la universidad, no dejarme salir a ningún lugar.
¿Quién carajos se creí Jacob al gobernar mi vida? Claro, yo de estúpida, creyendo en eso de que Jacob era el hombre de mi vida, había cedido a ser su novia. Una cosa llevó a la otra y ya llevamos casi un año de casados.
Charlie jamás estuvo de acuerdo con eso. Quizá porque no quería admitir que su hija tuviera sexo con alguien. En cambio, mi mamá adoraba a Jacob. Estaba totalmente de acuerdo con mi relación. Posiblemente ese fue un factor para que yo cediera a darle el "sí".
Un mes después, me enteré de que todo había sido un estúpido error, pero de nuevo, decidí llevarme por la teoría de "Jacob es el hombre de mi vida" y continué con la farsa.
Cada día me despertaba y estudiaba a Jacob. Cada cosa de él, su físico, su mente, su forma de ser, todo, pero jamás me enamoraba. Nada de él me atraía. Solo lo quería como mi amigo. Y, mis planes de terminar con todo se iban a la mierda cuando él decía. "No me dejes, no sé qué haría sin ti". ¡DEBIL BELLA!
Traté incluso de enamorarme por las palabras lindas que me decía, pero nada funcionaba. Dejé que todo siguiera así, y, técnicamente podría estar con quién yo quisiera.
Por ello, haberme acostado con Cullen no había sido nada. No engaño, no nada. Mi analogía era algo como: "Si no amas a alguien, acostarte con otro no quiere decir que lo engañes". No era engaño.
Terminé de acomodar mi cabello y mi falda para dirigirme a la puerta.
Jacob me abrazó y me dejó un casto beso en los labios. Observó toda la habitación y cerró la puerta.
Me pegó a él y empezó a besarme con desesperación… ¿Pero qué…? ¿Jacob estaba caliente, o qué?
Puso una de sus manos en mi muslo y empezó a acariciarlo. Yo me renegué y lo alejé.
— ¿Qué pasa, Jake? —. Me miró atónito y con la respiración agitada.
— Sé que no te complazco en la cama… — Oh no, iba a hablar sobre eso, y Cullen escondido en mi casillero. —… por eso, me tomé el tiempo de leer un poco y pues, he tomado algunos tips para hacerte disfrutar cuando estemos juntos… — se quedó con las palabras en la boca.
— Siempre estamos juntos, Jacob. ¿De qué estás hablando? — Divertirme un poco con esto no estaba para nada mal.
— Sabes que no estoy hablando de eso, Bella… — pensó cómo hacerse entender — Estoy hablando de cuando, tenemos relaciones sexuales.
Solté una risita bajita.
— No tienes que complacerme, Jacob. Tú apenas conoces el mundo, ya lo irás aprendiendo… — ¡yo era una maldita perra, y me encantaba! La cara de Jacob era digna de una foto. Estaba humillado, ofendido.
— Pensé que te tomaría esto más en serio.
— Tú eres el que insiste. Cálmate, y si quieres, sigue leyendo. Pero, hazme un favor, hazlo en tu trabajo que en unos cinco minutos tengo un paciente — mentí.
— Me iré, pero te prometo que no olvidará la noche de hoy — se acercó a mí y agarró uno de mis glúteos con su manos. Di un pequeño saltito y él se fue de la oficina.
No pude aguantar más y solté unas carcajadas sofocadas. La verdad es que la situación era demasiado gracioso. Mi esposo, leyendo cosas para relaciones sexuales, y mi estúpido asistente escondido en mi casillero, probablemente desnudo y con claustrofobia.
Decidí divertirme un rato más, por ende, me quedé callada observando detenidamente el rincón, donde se encontraba Cullen.
Luego de unos minutos escuché un carraspeo. Me acerqué y abrí el casillero. Prácticamente, él cayó de rodillas del casillero, completamente desnudo.
Lo observé detenidamente. Su piel era majestuosa. Sus cabello estaba totalmente despeinado. Su pecho estaba adornado por unos vellos… pasaría mi lengua por ahí. Casi sentí mojarme con ese estúpido pensamiento; traté de mantener la compostura.
—¿Cómo la ha pasado en mi casillero, Cullen?
Dudó un momento.
— ¿Cómo la ha pasado con su esposa, Dra. Swan? — ¡¿Qué?! ¡El muy estúpido había tenido la osadía de haber dicho eso!
— Perdóneme que se lo diga, pero eso a usted no le interesa, así que, le pido que se comporte. Que hayamos tenido sexo no quiere decir que usted puede hablarme con tanta naturalidad.
— Pero le gustó… ¿no? — ¿Qué si me gusto? ¡Me encantó, joder!
— No, no me gustó… — mentí.
Levantó sus cejas, al parecer sorprendido.
— Entonces, debo admitir que es usted muy buena fingiendo orgasmos — sentí como la sangre llenó mis mejillas.
— ¡Está bien! ¡Sí, lo disfruté, me encantó! ¿Y qué?
— ¿Quiere repetirlo? — alcé mis cejas y solté una carcajada estrepitosa.
— Ya veo que a usted le gustó más que a mí, ¿no es así? — se acercó peligrosamente a mí, o más específicamente, a mí oído y lamió mi lóbulo.
— Me encantó, Dra. Swan. Y sé que a usted también. — Por la cercanía que teníamos ahora, pude sentir su miembro ya erecto cerca de mi vientre. ¡Mierda! El idiota lo hacía a propósito.
— Mañana, a las ocho, en su departamento. ¿Entendido? — salí de mi consultorio a paso largo y lo dejé ahí, caliente, desnudo, y con una posible erección solo para mí.
EPOV.
¡¿PERO QUÉ CARAJOS?! ¡Isabella Swan me había dejado en medio de su consultorio con una puta erección!
¡La puta mierda! Las pagará. Juro que las pagará.
Y Las pagará, mañana en mi casa.
Le haría tener el mayor puto orgasmo de su vida. Gritaría mi nombre con todas su fuerzas. Y me pediría más. Era una promesa, a mí mismo.
* Sé que es un capítulo demasiado corto, pero preferí dejar lo mejor para el próximo capítulo. Esto solo fue un abre boca.
Además, mi tiempo últimamante ha estado del asco.
Prometo actualizar pronto, aunque depende de lo que quieran ustedes.
Steph.
