Capítulo 1.

Había parado de nevar pero el suelo aún estaba húmedo. El vaho salía de sus bocas al compás de sus exhalaciones. Andaban en silencio entre los arbustos. La morena se apoyaba en Delphine.

-¿Está muy lejos?- preguntó Cosima.

-Queda poco, créeme.- Delphine respondió mientras miraba los ojos de Cosima. Ella le devolvió la mirada, aunque esta estaba un poco apagada.

Anduvieron durante diez minutos más después de haber andado una hora, pero al fin llegaron a su destino. Había un barco amarrado a un pequeño desembarcadero de madera. Las luces estaban apagadas. Parece que estaban solas.

-Vamos- Delphine cogió la mano de Cosima. La rubia saltó hacia la pequeña cubierta y miró a Cosima desde arriba. –No pasa nada, confía en mí- le sonrió ofreciéndole las manos.

Esta, algo insegura, cogió fuerte la bandolera que tenía y se la pegó al cuerpo mientras saltaba hasta los brazos de Delphine. Se quedaron abrazadas mientras se miraban.

-Eres valiente eh…- Delphine sonrió de lado mientras miraba los labios de Cosima.

Cosima giró su cara avergonzada. Delphine acarició la mejilla de la otra y esta volvió a mirarla. La francesa se mordió el labio con necesidad y la besó. Apoyó sus dos manos en las mejillas de Cosima mientras jugaban con sus lenguas. Hacía tiempo que no sentían algo tan intenso y tenían ganas de la otra.

-Si os vais, lleváosla con vosotras- interrumpió una voz grave.

La pareja se separó y miró hacia dónde provenía el sonido. Un hombre mayor de espesas cejas y gafas cogía la mano de Charlotte. Las jóvenes no sabían cómo reaccionar. Se supone que nadie las seguía, habían huido con precaución. Charlotte iba abrigada y con la mochila que llevaba cuando huyó de su casa. El hombre alumbraba el barco con una linterna. Era un pequeño barco algo viejo. La pintura estaba algo gastada pero aún se podía ver el nombre de este; Prometeo.

Cosima, algo confusa, miró al hombre y frunció el ceño mientras se ajustaba las gafas.

-¿Y Susan?- preguntó.

El hombre levantó los hombros.

-La última vez que la vi, estaba en su cocina-

Delphine se acercó lo máximo al amarradero para coger a Charlotte en brazos. El hombre ayudó a la chiquilla y finalmente las tres chicas estuvieron a bordo. Señor y niña se miraron y asintieron mutuamente. El hombre se fue despacio hasta que se perdió entre los arbustos congelados.

Cosima se acercó a Charlotte.

-¿Estás bien? ¿Has tosido sangre?- Se arrodilló para ponerse a su nivel y le acarició el pelo mientras miraba que no le hubieran hecho nada extraño. No tenía ninguna herida.

Charlotte negó con la cabeza. Cosima suspiró y miro a Delphine. Esta, sonrió levemente para Cosima se quedara tranquila. Todo estaba bajo control. Delphine, entró en el barco.

-Ahora vengo- dijo flojo.

-Ten cuidado- añadió la de gafas mientras miraba como Delphine entraba en silencio.

Delphine entró dentro del barco. No era muy grande. Era un yate pequeño. Estaba formado por un camarote algo espacioso. Miró los muebles que había. No había signos de que hubiera alguien viviendo ahí. Las dos camas estaban hechas y la televisión apagada. Fue andando por el pequeño pasillo que formaban las dos camas y al final del camarote había una puerta. Se podía ver a Cosima y Charlotte desde la cristalera. Estaban hablando. Delphine continuó la inspección y entró en el puente de mando. La maquinaria, sin embargo, era nueva. Se acercó al mando. No entendía cómo funcionaban los botones y las palancas. Básicamente, no sabía conducir un yate. De repente, escuchó un golpe que procedía del camarote. Se asustó. Parece que las chicas no lo habían escuchado. Mantuvo la calma. Sin apartar la vista de la puerta que había al lado de una de las camas, buscó con su mano la pistola que tenía entre su camisa y el pantalón. Cargó el arma en silencio y apuntó hacia adelante mientras andaba hacia el camarote. Abrió la puerta de la habitación y acto seguido se detuvo delante de la puerta del baño. Tragó saliva. Abrió la puerta tan rápido como pudo.

Gritó en cuanto vio al hombre y apuntó el arma hacia su cabeza.

-¡Sal de aquí! ¡Ahora! – Dijo contundentemente.

Un hombre alto se sobresaltó y se pegó a la pared del baño. Mantenía sus manos en alto mientras miraba confuso a Delphine. Respiraba ajetreadamente. Estaba todo a oscuras y la chica no pudo ver su rostro. Delphine palpó con la mano la pared que tenía detrás de ella y pudo encontrar un interruptor. Encendió la luz.

Era un hombre de unos treinta y cinco años. Respiraba ajetreadamente.

-Tranquila- El chico salió de la habitación. Delphine se alejó de él mientras mantenía el arma apuntando.

-¡¿Quién eres?! ¡¿Qué haces aquí?!- preguntó la chica mientras se apartaba el pelo de la cara. Estaba asustada pero supo mantenerse firme.

Delphine encendió todas las luces mientras seguía apuntando con el arma. El hombre se desabrochó un par de botones de la camisa. Debían de ser los nervios. Volvió a mantener las manos en alto mientras la chica hacía que se sentara en la mesa para comer. Delphine miró a través de la cristalera. Cosima y Charlotte ya no estaban. Se escuchaba como la puerta que daba al exterior se abría y se cerraba. La científica y la niña entraron.

-Teníamos frío- dijo Charlotte.

-¿Pero esto qué es?- titubeó Cosima. Abrazó por la espalda a Charlotte para protegerla. Nunca había visto a la francesa con un arma en la mano. Miró al hombre, que este le devolvió la mirada.

El hombre miró a Charlotte y le sonrió levemente. La niña le devolvió la sonrisa. Delphine se dio cuenta del cruce de miradas.

-¿Lo conoces, Charlotte?- preguntó Delphine algo contundente para dirigirse hacia una la cría.

Charlotte agarró fuerte los brazos de Cosima que la rodeaban y asintió levemente.

-¿Quieres bajar el arma? Esta la niña delante.- rechistó Cosima.

Delphine le hizo caso mientras cerraba los ojos y cogía aire para no perder los nervios.

-Claro que nos conocemos. Yo le construí los soportes para su pierna- comentó señalando la extremidad de Charlotte.

-Es un amigo de Susan. Tiene que llevarnos a Toronto otra vez.- Añadió Charlotte mirando a Cosima.

El hombre se levantó y se agachó para ponerse al nivel de la niña. De su oreja le sacó una moneda. La niña sonrió y cogió el objeto. El hombre le devolvió la sonrisa y miró a las dos jóvenes.

-Acomodaros, yo me encargo.- Dijo el hombre mientras miraba al suelo. Las chicas asintieron y se quedaron dónde estaban. El chico entró en el puesto de mando.

Delphine suspiró aliviada y se puso el arma entre los pantalones y la camisa, otra vez. Cosima le preguntó a Charlotte si estaba bien. Esta, le respondió que tenía sueño. La de rastas acompañó a Charlotte a una de las camas. La niña se sacó el soporte para la pierna y lo depositó a un lado. Cosima le deshizo las trenzas y le sacó la chaqueta. La matió en la cama mientras la tapaba bien.

-¿Está bien Susan? Vi a Rachel con el cuchillo.- comentó la niña.

Cosima tragó saliva. Y sonrió.

-Sí, claro que lo está. No te preocupes.- La miró apenada pero mantenía la sonrisa. –Duerme. Por la mañana estaremos en la ciudad de nuevo. Te llevaremos con Marion. Seguro que te echa de menos.-

Charlotte asintió mientras cerraba los ojos y se giraba hacia un lado para poder dormir. Cosima se dirigió a Delphine algo cansada. Apoyo su cabeza en su hombro mientras la abrazaba.

-Estoy cansadísima…- murmuró.

Delphine le abrazó mientras cogía la nuca de la chica y la acariciaba. Cerraron las dos los ojos mientras se quedaban de pie durante un buen rato. Cosima arrastró a la francesa hasta la otra cama. Se sentaron una al lado de la otra mirando a Charlotte, que ya estaba dormida. Delphine tocó con un dedo la mejilla de Cosima, como siempre hacia, para que esta le prestase atención. Cosima giró su cara para contemplar la de la otra. La francesa le sonreía mientras acariciaba la mejilla de la chica. Cosima miró los labios de Delphine mientras sentía vértigo en su estómago. Después miró los ojos y se dio cuenta de que sus labios estaban siendo observados también. Se abalanzó hacia la rubia para besarla tiernamente.

-Metámonos en la cama- dijo Cosima mientras besaba a Delphine. Se separaron por un momento mientras se quitaban las cosas de encima y se quedaban en la cama con la ropa más cómoda. Cosima se tumbó en el borde de la cama dándole la espalda a la niña. Puso una pierna encima de la cintura de la rubia y se pegó a ella.

Se empezaron a besar lentamente para que no se les escuchara. Cosima enredó su mano en el pelo de la chica. Las gafas le estorbaban y ya las tenía empañadas. Se las sacó, las dejó tiradas por ahí y buscó otra vez los labios de Delphine. Esta, acarició el costado de Cosima por encima de la camiseta. Se acariciaban mientras se perdían entre los besos. La morena agarró el culo de Delphine y a está se le escapó un jadeo.

-Cállate- susurró Cosima mientras le tapaba la boca de Delphine y sonreía. -¿Quieres que nos escuchen?-

Delphine se rió flojo y cogió la mano de Cosima apoyada en su culo para llevársela al pecho y guardarla ahí.