Kate regresa a su apartamento luego de haberse llorado la vida en el camino desde la plaza. Sabe que tiene que comenzar a empacar, decidir qué hacer con el apartamento, con las cosas que no puede llevarse… pero la verdad es que no tiene demasiadas ganas de hacer nada, lo que más desearía es poder retroceder el tiempo, y que aquel agente federal nunca se hubiera cruzado en su camino poniendo en la cuerda floja todo lo que más quería. Pero sabe que nada de eso es posible, ella tomó una decisión y ahora debe hacerle frente.

Como no tiene las agallas aun para vender su apartamento, decide ponerlo en alquiler. Se sienta frente a su notebook y coloca el anuncio en una página de alquileres. Si no llega a arrendarlo antes de irse, le dejará las llaves a Lanie hasta que alguien aparezca.

Luego, coloca sobre su cama una maleta gigante y comienza a guardar todo lo que cree que le será de utilidad, lo demás lo llevará a casa de su padre hasta que consiga a donde va a establecerse en DC, ya que por el momento supone que ira a un hotel.

Una vez terminada la maleta, la cierra, y las lágrimas comienzan a recorrerle el rostro. Nunca pensó que sería tan difícil ir tras algo que siempre le había parecido un sueño.

Le dieron dos semanas para presentarse en DC, y Kate siente que desea hacer valer sus últimas dos semanas en New York. Decide llamar a Lanie a ver si se apunta a tomar unas cervezas o tan solo salir por ahí.

-Oye, Lanie, soy yo, Kate.

-Hoy en día no hace falta identificarse… ¿Cómo andas, cariño?

-Hoy no fue uno de mis mejores días, necesito salir, ¿tienes ganas?

-No puedo trasnochar demasiado, pero salgamos.

-Genial. Paso por ti en una hora. ¿Sí? ¿Estás en tu casa o en la morgue?

-En casa, te espero.

Kate deja el teléfono, y corre a darse una ducha y cambiarse.

En un poco menos de una hora está esperando a Lanie en la puerta de su edificio.

Enseguida, Lanie sale y se sube al coche de Kate. El cual en dos semanas deberá devolver a la NYPD.

Durante el viaje, Kate se encuentra ensimismada en sus pensamientos y Lanie decido no quebrantarlos. Pero enseguida llegan a un pequeño pub irlandés, donde se sientan a beber cerveza.

-¿Qué es lo que hizo que tu día sea tan malo, Kate? Se suponía que estés contenta con este gran paso en tu carrera.

-Castle me propuso matrimonio…

-… ¡Dios mío! ¿Y lo decís así? Kate esto hay que feste…

-…Castle y yo no estamos más juntos. Me dijo que me olvide de él.

-¿Pero quién lo entiende? ¿Se ha vuelto loco, es decir, más loco?

-Yo lo entiendo, Lanie. Es culpa mía.

-Lo rechazaste.

-Le dije que no podía responderle en ese momento, pero no lo rechace, Lanie. Lo que pasa es que sé que sería muy difícil mantener una relación a distancia y no puedo pedirle que se mude a DC, tan solo yo esperaba que… no lo sé…

-Kate, no podías pedirle que te espere, porque no sabes de cuanto se trataría esa espera, pero creo que debiste dejarlo decidir a él.

-Eso mismo me dijo él.

-¿Estas segura que no actuaste por miedo a su proposición?

-¿Miedo? No yo no… un poco. Me sorprendió totalmente, Lanie. Se arrodillo y todo. Juro que tenía muchas ganas de decirle que sí, pero no pude hacerlo, sentía que no estaba bien.

Kate comienza a sollozar.

-Oh, Kate… Siempre pensando en lo que está bien y en lo que está mal. Creo que esta vez te equivocaste y muy feo… Las cosas no son blancas o negras, cariño, la vida está llena de grises. Tienes que hacer algo.

-Es demasiado tarde, Lanie…

-…Demasiado tarde puede llegar a serlo si te vas a DC sin hacer algo antes.

-No sé cómo encararlo.

-Encaras asesinos seriales, Kate. Castle no puede ser demasiado problema.

Esa noche transcurrió casi toda pensando como disculparse con Rick, nada parecía valido.

Al otro día, Kate se despierta con el sonar de su notebook. Ha recibido un nuevo e-mail. Alguien desea alquilar su apartamento. Kate no pensó que sucedería tan rápido. Es un hombre, Christian Rivers, y dice que puede hacerle un depósito bancario ya que no se encuentra en la ciudad en este momento y no volverá por al menos dos semanas, y que enviara a un amigo por la llave. A Kate le da desconfianza no poder conocer al hombre, por lo cual decide esperar a ver si aparece otro interesado antes de responderle.

Se levanta de la cama, se viste, desayuna algo rápido y sin pensarlo demasiado se planta ante la puerta de Castle con la excusa de que viene a recoger sus cosas que han quedado allí. Kate no es tan impulsiva, pero decide tomar algunos de los consejos de Lanie.

Esta envalentonada y preparada para recuperar a Rick, cueste lo que cueste.

Golpea la puerta y enseguida le abren, pero no es él, sino Martha.

-Oh, Martha, yo…

-Richard no está.

-No, yo no… yo… vine por mis cosas.

-Oh, por supuesto. Pasa.

-Ya sabes a donde ir, Katherine… te alcanzo en un minuto.

Kate asiente y desaparece por el despacho de Rick, y luego entra en la habitación. Apenas ingresa comienza a sollozar. Abre el cajón donde tiene sus cosas las coloca en un bolso que trajo y luego se dirige al ropero donde tiene alguna que otra camisa, las descuelga y por error con ellas descuelga una de Rick. La toma entre sus manos, huele el aroma y al sentir que está impregnada de él, se sienta sobre la cama con la camisa en la mano a llorar.

En ese instante entra Martha. Quien pretendía hacerse la dura, pero al verla no puede evitar sentarse a su lado y acobijarla entre sus brazos.

-Kate… cariño…

-Martha me equivoque, todo lo hice mal…

-… no tenías una decisión fácil de tomar. Se cuán importante es tu carrera para ti, Richard lo sabe también.

-Ya no sé si es tan importante… No lo es si eso significa perderlo a Castle.

-Querida, no puedo ser muy objetiva comprenderás, Richard es mi hijo, pero no creo que todo este perdido. Él te ama.

-Y yo lo amo a él.

-Lo sé.

-¿A dónde está, Martha?

-No lo sé. Anoche armo un bolso y tan solo me dijo que volvía en dos semanas.

-Cuando yo me haya ido. ¿Estará en los Hamptons?

-No lo creo, Kate, la casa estaba siendo refaccionada.

-Necesito encontrarlo antes de dejar New York.

-Si se algo prometo decirte. Pero tu prométeme no lastimarlo, Kate. Anoche se fue tras haber estado encerrado llorando y bebiendo toda la tarde.

-Mi intención nunca fue lastimarlo. Todo lo contrario.

-A veces las intenciones no tienen demasiada fuerza…

-Lo siento, Martha.

Kate se compone. Termina de guardar todo y Martha la acompaña hasta la salida.

-Espero que todo se solucione, Kate, de verdad.

-Gracias, Martha.

Se dan un abrazo y Kate se va.

Regresa a su apartamento. Guarda las cosas que trajo. Y descubre que tiene un nuevo mensaje de Christian Rivers.

Srta. Beckett,

No quiero sonarle reiterativo, pero me vendría muy bien su apartamento y podría incluso duplicar la suma de dinero.

Por favor respóndame a la brevedad.

CR.

A Kate le parece todo aún más extraño. ¿Duplicar el dinero? ¿Le vendría bien su apartamento? ¡Pero si ni siquiera lo conoce!

Kate duda pero decide responder.

Sr. Rivers,

Agradezco mucho su interés, pero no puedo hacer este tipo de transacciones por mail. Si realmente está interesado venga a conocer el apartamento y luego arreglamos el resto.

KB.

Kate se sirve una copa de vino, mientras se sienta a meditar cómo recuperar a Rick, dónde encontrarlo. Tiene que pensar en algo que él no pueda rechazar.

Pero mientras tanto recibe otro mail de Christian.

Srta. Beckett,

No puedo ir a conocer el apartamento en este momento, pero confío en que es tal cual lo que usted dice que es. ¿Podemos acordar un precio, por favor? ¿Por cuánto tiempo lo alquilaría?

Disculpe la informalidad,

CR.

Kate no puede creer que con las cosas que tiene en mente en este momento, tenga que estar lidiando con esto, pero en cierto modo la distrae, ese intercambio de mails la aparta de sus problemas. Antes de responder decide googlear al tal Christian Rivers. Y no encuentra nada. Un hombre que no tiene problemas en doblar sumas de dinero no puede ser un don nadie, piensa Kate.

Sr. Rivers,

¿Cómo puede confiar en algo que no conoce y sobre todo, en alguien que no conoce? Y más aún, ¿puedo yo confiar en usted? El precio no es el problema, sino su anonimato detrás de su nombre. ¿Es ese realmente su nombre?

Lo alquilaría por empezar por solo unos dos meses. No estoy segura aun de si mi viaje será definitivo. No debería estar dándole esta clase de información. Debo aclararle que trabajo con la policía, si está tramando algo no se atreva porque le va a salir más caro que el doble de lo que pido por el alquiler.

Si me pasa un número telefónico al cual comunicarme, tal vez podamos comenzar a hablar sobre el alquiler.

KB.

Kate no sabe por qué pero se encuentra ansiosa aguardando respuesta. La cual enseguida llega.

Srta. Beckett,

¿Así que es de las mujeres que les gusta amenazar? ¡Me gusta eso! De todos modos, debo informarle que yo ya sabía que usted trabaja con la policía, a diferencia mía, usted no es ninguna persona anónima, detective.

Sé que no es de mi incumbencia, pero soy un tanto curioso… ¿Qué haría que su viaje fuera definitivo? Y lamento no poder darle un número telefónico, pero no tengo teléfono en estos momentos.

CR.

Kate piensa en hacer que los chicos rastreen el número de identificación de la computadora de donde provienen los mails, pero desiste porque no puede usar más los recursos de la NYPD y los chicos no están muy felices con su partida a pesar de comprender lo importante que es el nuevo puesto.

Decide responder…

Sr. Rivers,

¿Qué si me gusta amenazar? Considere esto una amenaza: Nadie es tan anónimo como cree que es.

No puede ser que en el siglo xxi no tenga un teléfono. Le dejo el mío, llámeme y arreglamos: 555-256-2723

¡Ah! Mi madre siempre me decía: La curiosidad mató al gato.

De todos modos, le reitero, no puedo alquilarle por más de dos meses en principio. Tengo temas personales que resolver para poder confirmar por más tiempo.

No suelo ser curiosa, pero… ¿Viviría aquí usted solo, Sr. Rivers? O Está casado, con novia, hijos…

KB.

Pasa una hora hasta el próximo mail, Kate pensaba que ya no le escribiría y estaba por irse a dormir.

Srta. Beckett,

Perdóneme la demora en responder.

¿Nadie es tan anónimo? La invito a averiguar quién soy. Sé que no hay nada como un buen misterio, ¿verdad?

Y no puedo llamarla. Disculpe.

¿Temas personales que resolver? ¿Hay algo en que pueda ayudarla? Dicen que soy muy buen consejero.

CR.

Pd. Viviría solo. Tengo una hija pero están lejos ahora. No estoy casado… parece que no tengo suerte en ese aspecto de mi vida. ¿Qué hay de usted?

Kate siente que algo de todo eso no es normal que suceda. ¿Quién es este Christian Rivers? Por un instante piensa que se trata de… pero no, después desestima esa posibilidad. No tendría sentido. Aunque conociéndolo… pero no.