Lo prometido es deuda, como dije, 20 reviews = Actualizar antes del domingo... ¿Seríamos capaces de superar estos 24 que me habeis dejado en el primer capi? No sé, pero lo que si se se que estoy super agradecida por la buena acogida que ha tenido la histo.

Muchisimas gracias por comentar y por leer. No tengo tiempo de contestar cada mensaje uno a uno, pero más adelante lo intentaré...

Espero que el siguiente os aclare un poquito más y os siga interesando. Buen finde!


El silencio que provocaba la tensión en casa de los Castle a esa hora tan temprana, se podía cortar con un cuchillo.

El ruido de la cafetera era el único atrevido a romper aquel silencio que los habitantes de aquella casa, o al menos dos de ellos, habían implantado sin necesidad de justificarlo con anterioridad.

Kate miraba por la ventana que daba al pequeño jardín trasero de su casa en la séptima avenida de Park Slope, una zona tranquila y llena de familias en el barrio de Brooklyn.

Familias.

Eso era lo que se estaba deteriorando en ese hogar. Su familia.

Suspiró y siguió con la mirada perdida en un punto fijo de ese jardín hasta que el ruido de la cucharilla de café al girar en la taza de su marido le hizo regresar a ese lugar.

Se sirvió el café humeante en su propia taza y se giró, apoyando su trasero en el mármol de la encimera.

Rick seguía inmerso en sus propias cavilaciones, mirando la taza y dando pequeños sorbos.

Alzó la vista, buscando la de su mujer y pudo comprobar como si compartían algo más que una cama como dos auténticos extraños; compartían ojeras.

Al menos ella las había disimulado bastante bien con maquillaje después de tirarse un buen rato en el baño entre lágrimas silenciosas y la preparación de un nuevo día.

Al escritor, esas ojeras junto con su rostro compungido y las incipientes canas a la altura de su sien sólo le hacían parecer más mayor, como si en una sola noche hubieran pasado varios años… Como si no llevaran prácticamente toda una vida juntos, al lado el uno del otro y ahora se sintieran lejos, ajenos, cada uno en un extremo a pesar de estar a tan solo un metro de distancia.

Kate dio un sorbo a su taza y volvió a aguantarla entre sus manos, calentándoselas. El día era bastante frío y probablemente seguiría lloviendo como en los últimos días.

Miró su reloj.

-¿Llevarás a Frankie al colegio o…?

-Kate…-Castle se levantó arrastrando la silla sin importarle el ruido y se quedó callado de pie, frente a su mujer- Lo de anoche…

Beckett se masajeó la frente.

-Pensaba que no lo escuchaste…Como no contestaste…-murmuró mirando el suelo. No era capaz de mirarle.

No es que ella deseara salir corriendo… Ok, tal vez en algún momento de su situación durante todos esos meses había pensado en huir… Pero no. Ella siempre acababa enfrentándose a todos sus problemas y ese no iba a ser menos.

Si alguien se iba a ir… Sería después de confrontar la situación.

Sin embargo, no se sentía con fuerzas. Ya no sabía que más hacer… Ya no se sentían como antes, cada vez se alejaban más el uno de otro…La ausencia de sexo…Sus hijos ya grandes… Suspiró.

Estaba empezando a rendirse.

-Tengo que irme enseguida y si no llevas a Francesca al colegio lo tendré que hacer yo y desviarme…

-Kate ese no es el tema ahora… -Castle fue serio-Lo que me dijiste anoche… Yo creo…

-Buenos días…-Frankie entró en ese momento en la cocina interrumpiendo a sus padres, sin siquiera percatarse de las circunstancias, de la incomodidad de ambos. Bostezó y abrió la nevera.- ¿Puedo tomar café?

-Nop.-Castle se separó de su mujer, mirándola esta vez directamente a los ojos.

Por supuesto una vez más, la conversación quedaba en stand by. Kate se movió por la cocina y se acercó hasta su hija señalándole donde se encontraba el zumo sin azucares añadidos especial para ella.

Frankie sonrió y Kate la miró detenidamente.

-¿Te has maquillado?

-¿Qué? No. Yo no…-dijo pasando por el lado de su madre escondiéndose prácticamente tras su flequillo. Sólo le faltaba eso… Si no tenía suficiente con agobiarse porque sus pechos no estaban creciendo lo suficiente y que aun no le había venido el periodo –Un retraso normal debido a su tipo de diabetes-… Ahora se sentía cohibida por culpa de su madre.

-Sabes que las normas del colegio…-Estaba cansada de recordárselo, sobre todo como había pasado con Sophia, estaba cansada de recordarle que la falda del uniforme debía llegarle por debajo de las rodillas.

-Lo sé mamá-contestó la adolescente sentándose en la mesa para desayunar lo antes posible.

-También tendrás que dejar todos los aparatitos…

-Lo sé…-suspiró y a pesar de ello siguió inmersa en la pantalla de uno de sus "aparatitos".

-Deberías de dejar de ser tan condescendiente con tu madre, Francesca.-interrumpió Castle.

Frankie batió sus pestañas mirando a su padre y sonrió de la forma que había aprendido de Sophia y de Alexis. No por nada tenían las tres exactamente el mismo color de ojos… El de su padre… Y que sabían utilizar a la perfección contra él.

-Lo…

-Ni se te ocurra decir Lo sé.-Su padre le señaló con el dedo haciendo sonreír a su hija- Tienes diez minutos para terminar el desayuno…

Kate miró a Castle y asintió agradeciéndole. Normalmente él se quedaba escribiendo por las mañanas, salvo las noches que tenía inspiración y se quedaba dormido y ella llevaba a Frankie a la escuela, mientras que él se encargaba de recogerla y junto con ella pasar a recogerla a la doce. Hacía tiempo que no iban a buscarla los dos juntos… Hacía tiempo que no se ponían de acuerdo en quien la llevaba a pesar de que Kate tuviera que desviarse demasiado de su ruta… Hacía tiempo que no coincidían en nada.

Kate dejó su taza en la fregadera y depositó un beso en el pelo oscuro y sedoso de su hija y se despidió de ella, saliendo de la cocina.

Recogió su bolso de trabajo y miró a Castle.

-Ya…Hablamos esta noche.

Kate asintió.

Ambos dudaron en si despedirse como siempre, con un beso en los labios o como últimamente donde de vez en cuando se lo daban en la mejilla sin más… Pero el ambiente estaba gélido como para demostrarse ese cariño en mitad de una 'discusión' que iba a ser épica o como mínimo importante.

-Nos…Nos vemos luego-dijo Kate dirigiéndose a la puerta.

Castle se quedó mirando por donde se había ido su mujer y asintió a la nada.


-Hey Tom!

Tommy se giró en cuanto escuchó su nombre al salir del Lincoln Center tras cuatro horas de clase sin descanso. Le dolían las manos de sostener el cello y de sujetar el arco… Le dolía hasta el trasero de estar tanto rato sentado, ensayando. Ahora lo único que quería era descansar sin preocuparse, pero probablemente en cuanto llegara al apartamento que compartía con varios compañeros en Hell's Kitchen, no sería posible.

O tal vez sus preocupaciones se habían adelantado a juzgar por la cara de su mejor amigo –El cual ya llevaba un año soportando- que acababa de gritar su nombre.

Rafael Ortiz, más conocido como Raf, era un estudiante de segundo año de Danza clásica en su misma escuela. Se le notaba a leguas en el físico ya que a diferencia de su hermano mellizo Justin o su hermano mayor Luciano que eran musculosos y con los rasgos latinos bien marcados, él era todo lo contrario. Bastante pálido a pesar de ser nacido y criado cómo él insistía en Miami.

Aunque no renegaba de sus raíces latinas e italianas las cuatro palabras que sabía en esos dos idiomas junto a su cuerpo espigado y delgado y esa aura de diversidad que solían desprender los bailarines eran sus armas para ligar. Solo para ligar.

Su cabello largo y negro azabache; por los hombros y en ese momento recogido en un moño y sus ojos verdes era algo que también volvía locas a las chicas.

O tal vez era esas mayas que marcaban su trasero…

Eso había dicho Sophia una vez.

-¿Qué pasa?-chocó su puño y siguieron caminando-¿Problemas?

-Rebecca no quiere actuar en la obra-suspiró- Veré que hago… ¿Vas para…?-frunció el ceño-¿Y tu bici? ¿Y tu cello?

Tommy se detuvo. Estaba agotado de escuchar las quejas de Raf sobre su compañera de piso, Rebecca.

-Y lo más importante… ¿Qué le ha pasado a tu cabeza?

-Anteayer, una fiesta, muchos chupitos y algunas tijeras… -rodó los ojos- Me robaron la bici, mi cello lo he dejado en la escuela y si, iba para mi apartamento aunque antes quería pasarme por Paolo's.

-Si sigues comiendo esa pizza…

Los dos retomaron el camino, yendo hacia la sesenta y dos en dirección a Central Park. Raf cargaba con una bolsa de deporte y Tommy una mochila deportiva, donde llevaba sus apuntes.

-No es para comer, quiero saber si pueden darme algún empleo.

Raf alzó su ceja.

-Tu padre es un escritor best seller…

-No voy a pedirle pasta a mis padres…-suspiró- De eso se encarga mi hermana…

-Que buena esta tu hermana-murmuró- Aunque ya sabes-se defendió-La veo como una hermana y lo sabes.

-Entonces cállate- Tommy se adelantó intentando dejar atrás a Raf, pero este aceleró siguiéndole y situándose a su lado.

-Tío… ¿Qué pasa? ¿Es por….?

-No tiene nada que ver con ninguna tía.-se quejó-.

Raf se colgó de su hombro cuando estaban llegando a la entrada del parque.

-Tío, sabes tocar el piano… el ukulele, la armónica… Incluso estoy seguro que siendo de cuerda…Podrías probar con el bajo… ¡Deja el cello y dedícate a algo que te vaya a dar pasta… O por lo menos sexo! ¡La de tíos que tocan en grupos en bares…Que se llevan a todas las tías!

Tommy le miró serio. Él no era así… Él se enamoraba de verdad… Y aunque había tenido su desliz con Helene, su profesora, había sido porque realmente si bien no estaba enamorado, la admiraba de verdad. Sentía algo real. Algo más que atracción y sexo.

-No me preocupa…

-Ok, pues si tanto te preocupa el dinero para el alquiler... Que no preguntaré en que has gastado lo que te dieron tus padres para ello…-carraspeó- Haz algo.

-¿Algo?

-Algo-dijo su amigo señalando a lo lejos a un saxofonista que tocaba en medio del parque recibiendo la atención y por supuesto la propina de varios transeúntes y turistas- Toca para ellos…Algo sacarás.

Tommy se quedó mirando aquel tipo y luego miró a su amigo.

-Podría intentarlo…-asintió-.

-Perfecto, iremos a medias.

-Ni lo sueñes…-Tommy echó a caminar.

-¿A dónde vas?

-Tengo que hacer cosas… Y luego iré a ver a mis padres…

-Ok, te veo luego-gritó Raf, cada vez más lejos.

-¿Luego?

-¡Tu querido compañero de piso ha montado otra fiesta en tu casa!

-Mierda-masculló Tommy.


-¿Listo?-sonrió traviesa, tan sólo vestida con una camiseta que pertenecía a él y que apenas cubría hasta sus muslos. Su forma de sonreír hizo arrugar su nariz.

Michelle, un artista polifacético reconocido en Paris de treinta y tres años, cabello largo desordenado –con algún que otro nudo/rasta- entre castaño y pelirrojo oscuro, barba frondosa y cámara en mano asintió con sus ojos de un verde intenso que no separaban la vista de su novia y la mano que sostenía unas tijeras.

-Hazlo-dijo en ingles pero con un acento francés bien marcado. Él siempre hablaba inglés con ella, desde que se habían conocido en aquél café de Montmartre. Aunque ella entendía francés a la perfección, Michelle decía que era para practicar y a ella no le importaba.

Y lo hizo.

Y en cuanto sintió como las tijeras rasgaban y cortaban su cabello liso castaño –y su sempiterna pluma de colores, que mezclaba con su cabello y algún otro abalorio, en esa ocasión azul - gritó.

Siguió cortando mientras su cabello al suelo caía perdida en sus pensamientos y en sus sensaciones deshaciéndose de su larga cabellera mientras su chico capturaba el momento y rió divertida cuando él la sorprendió tras soltar la cámara y la agarró por las piernas alzándola y asaltando su boca, desafiante.

Así era su vida en Paris… Durante ese año que llevaba allí –Apenas regresando a su hogar para Acción de Gracias y para la semana de Navidad pasadas- había recorrido Francia en coche con unos cuantos amigos, había descubierto lugares increíbles, había visitado varios países de Europa con tan solo una cámara de fotos y una mochila. Había crecido como persona y había aprendido mucho en la escuela de Bellas Artes, pero sobre todo, había conocido a chicos increíbles los cuales habían sido perfectos amantes y besaban increíble tal y como le habían advertido. Pero sobre todo, había comido el mejor queso, el mejor pan y los mejores bollos de su vida. Y había bebido buen vino.

Se dejó caer en la cama al lado de su novio y sonrió acariciando su rostro.

-¿Entonces? ¿No vas a ir a casa para acción de gracias?

Sophia negó.

-Estoy genial aquí…-Siguió su mano hacia abajo, acariciando su pecho- Genial-mordió su hombro.

-Será divertido, 'mon amour'.

-Mucho, 'mon chéri'-contestó ella riendo y siguió su reguero de besos hacia abajo, escondiéndose bajo las sábanas.

Michelle gritó cuando Sophia mordió en su abdomen y ésta salió riendo de debajo de las sábanas. No importaba que fuera más de media noche… A su lado el tiempo no importaba.

Sin embargo, a varios miles de kilómetros, cruzando el océan horas menos de distancia, en la capital del mundo, el tiempo para Kate Beckett se le estaba haciendo eterno, encerrada en su despacho.

Miró su reloj y se levantó cerrando varios archivos cuando la puerta del despacho se abrió sorprendiéndola, aunque no de la forma que ella hubiera deseado.

No se trataba de Castle, ni de su hija pequeña. Si no de la mayor.

-Jefa-Alexis sonrió a Kate- ¿Ya te marchas?

Beckett asintió.

-Me duele bastante la cabeza. ¿Necesitas algo, Alexis?

Alexis negó.

-Venía a darte el informe-se lo entregó.- Ah, Martin no tiene guardia el día de acción de Gracias. Iremos los dos.

Kate frunció los labios mientras dejaba el informe sobre su mesa para leerlo al día siguiente. Ni siquiera sabía si celebrarían algo… Aun tenía una conversación pendiente con su marido.

-Ok…

-¿Ocurre algo?

-No es solo…

-¿Sophia? Sophia acabará viniendo-interrumpió Alexis-Hablaré con ella…

Kate sonrió algo forzada y ambas salieron de allí dirigiéndose al ascensor.


Cuando Beckett introdujo la llave en la cerradura de la puerta y giró, empujándola con la punta de su zapato el sonido del salón estuvo a punto de ensordecerla y la tentaron a dejar todo, retroceder y desaparecer.

No obstante, cerró la puerta con su trasero y dejó su bolso en la entrada, con temor a lo que podía encontrarse, pero su rostro se relajó a la par que su cuerpo cuando descubrió al causante del nivel de decibelios que la habían recibido.

-¡Mamá!-gritó Frankie, por encima del sonido cuando fue la primera en percatarse de su presencia. -¡Tommy está aquí!

Kate sonrió y abrazó a su hija cuando se acercó a ella, extrañamente contenta a pesar de su pubertad.

-¡Ya lo veo, cariño!

El aludido, se quitó las gafas de realidad virtual con la que estaba jugando a la consola que su padre se había encargado de bajar de la guardilla y se giró.

-Thomas… -Kate se acercó y abrazó a su hijo-¿Qué demonios le has hecho a tu pelo?

Tommy alzó las cejas seductoramente, haciendo reír a su madre quien pasaba la mano por su cabello rasurado. No llevaba el pelo tan corto desde que era un niño y… Le habían secuestrado.

-Bueno… Un amigo…-se rascó la cabeza.

-Estas guapo-comentó Frankie.-Aunque pareces alguien peligroso-rió-.

-No quiero saber más-se quejó su progenitora, aunque por dentro casi agradecía su corte de cabello y no esas greñazas que llevaba últimamente, desparejas y con alguna que otra rasta entre sus mechones; nada que ver con los rizos como cuando era un niño- Suficiente tuve con saber lo de la detención y la multa por grafitear.

-Teóricamente… No fue tan así… Era parte del trabajo final de la escuela…

-No conocía esos métodos de una escuela que cuesta 40 de los grandes-murmuró refiriéndose a la Julliard y sus excesivos precios. Por suerte contaban con una pequeña ayuda en forma de beca gracias a los asombrosos resultados académicos de Tommy.

Se sentó en el reposabrazos del sofá e ignoró la mirada de su marido, quien se mantuvo al margen de la conversación con las gafas en la mano y del que sabía a la perfección de que estaba encantado con la visita de su hijo y así postergar la conversación que se debían.

Sin embargo, ese gesto no pasó por alto para el muchacho.

-Emmm…

-¿Te quedas a cenar, cariño?-preguntó Kate antes de que el chico dijera algo - sobre todo delante de su hija- del tenso ambiente que compartían el matrimonio-.

-Cla…Claro…

-Sigamos…-comentó Castle- Si es que no te da miedo que tu padre te gane a la consola…

-Seguro…-Tommy rodó los ojos.

-Y la siguiente eres tú, Frankie.-señaló el escritor.

-Ni te lo crees papá.

Kate se levantó del sofá para preparar la cena mientras los chicos seguían entretenidos con su padre. Se quedó mirando la escena desde la puerta que daba al salón, a la vez que jugaba con el anillo de su dedo anular y suspiró.


Entonces? Que opinais?