Hola otra vez! Acá les traigo el segundo capítulo. Me gustaría comentarles que a partir de aquí voy a cambiar algunas cosas con respecto a la vida de Emily, serán pequeñas cosas que luego tendrán mucha relevancia así que son necesarias. Hasta el capítulo tres voy a tratar de poner en situación a Emily, contando cosas de su vida y como llega hasta la UAC. El capi que viene ya va a aparecer Hotch, así que les dejo ese adelanto.

Espero que les guste y no se olviden de dejar sus reviews que son muy importantes para saber que tal les va pareciendo la historia.

Gracias a Lady Lunera, Costanza MC y Ana-List por sus reviews y a quienes le dieron follow a la historia.

Les mando un beso y disfruten!

Al

Capítulo 2: Nuevos rumbos

Cuatro años. Cuatro años habían pasado desde que New Haven se había convertido en su nuevo hogar. Y es que para alguien como ella que había pasado gran parte de su vida entre mudanzas, permanecer en un lugar por tanto tiempo podía resultar extraño.

La universidad le había brindado lo que su familia en todos esos años no. Poder tener un lugar al cual llamar hogar y más aún, un lugar propio conseguido por su propio sacrificio resultaba gratificante. La realidad es que no era ni parecido a lo que había estado acostumbrada durante toda su vida, porque ser hija de embajadores significaba tener una gran mansión y muchos empleados dispuestos a satisfacer todas sus necesidades, pero a pesar de que no tenía una gran casa ni nadie que hiciera las cosas por ella estaba realmente orgullosa de lo que había conseguido. Su trabajo de medio tiempo en el consultorio de su vecina psicóloga, el cual quedaba cerca de la universidad, le permitían no sólo mantener su departamento sino que además servía para darse gustos de vez en cuando y sobre todo para aprender cosas que sabía le serían muy útiles en un futuro. Afortunadamente, sus altas calificaciones le permitían mantener la beca y así, lograr al fin independizarse de sus padres.

Así que contaba con un lindo departamento de dos habitaciones, una cocina, un baño bastante decente y un salón con vistas a uno de los parques más grandes de la zona, lugar donde amaba pasar el tiempo leyendo, estudiando o simplemente observando a otras personas. A veces hacia ejercicio por allí, otras veces sólo se sentaba a escuchar música y ver como interactuaban las verdaderas familias. Y fue así como conoció a su vecina del quinto c. Todavía reía a carcajadas cuando recordaba lo sucedido aquel día y es que Samantha había salido como cada mañana a pasear a Dragón, el perro labrador de su hermana, el cual al ver un gato había salido corriendo, evitando así que pudiera sujetar la correa e impedir el desastre.

-¡DRAGON DETENTE! -

Su grito había llamado la atención de Emily, quien dejó de leer para ver el momento exacto en el que una joven rubia, con apariencia de estar en los veintitantos y que iba usando rollers caía al lago al chocarse con el banco que estaba a la orilla del río. Antes de caer Emily notó la correa rota en su mano y unos metros más adelante una mancha marrón persiguiendo a un gato que había tenido la mala fortuna de atravesarse en el camino de la mancha peluda conocida como perro o "demonio de cuatro patas" según ella. Por suerte el can se había detenido más adelante cuando el pobre más que asustado gato había logrado escabullirse en la cima de un árbol.

Viendo las grandes dificultades de la muchacha para salir del lago, Prentiss tomó sus cosas y se acercó para darle una mano. La joven al notar su gesto se sujetó y con un poco de esfuerzo logró salir sin problemas.

-Muchas gracias - exclamó mientras se quitaba los muy inundados rollers y se colocaba las aún más mojadas zapatillas que sacaba de la mochila que llevaba colgada en su espalda.

-No hay de que- respondió Emily- ¿Te encuentras bien? - pregunto al observar el hilillo de sangre que caía desde su frente a lo largo de su rostro.

-Si no es nada- susurro con un gemido de dolor - Ese perro del demonio - exclamó luego - No lo mato sólo porque mi hermana es policía y me dispararía si lo hiciera - sonrió ante lo último dicho.

-¿No te gustan los perros? - pregunto Emily mientras le pasaba un pañuelo para que se limpiara la sangre.

-No si puedo evitarlo, prefiero a los gatos pero no puedo tenerlos. Mi hermana me deja a su perro cada vez que sale de viaje por su trabajo, imagínate lo que sería mi departamento si los tuviera a ambos- termino mientras se ponía de pie - Gracias por ayudarme, la gente no suele ser muy amable por aquí así que imagino que eres nueva en el vecindario ¿verdad? -

-Acabo de mudarme de Londres-

-Lo sabía- comentó con un ademán triunfal- Tu acento me hizo imaginármelo. ¿Y que te trae a esta ciudad?

-La universidad, ya sabes independizarme de mis padres, tener mi propio lugar-

-Bienvenida entonces, mi nombre es Samantha Masen y aquella bola peluda que viene allí es Dragón el perro de mi hermana Lucy-

-Mi nombre es Emily Prentiss -

-¿Y dónde vives Emily? - pregunto Samantha mientras sujetaba al perro y lo regañaba por haberse escapado.

-Vivo en el edificio de allí - comentó mientras señalaba el edificio que se encontraba justo en frente de la entrada del parque.

-¿Bromeas? Yo también vivo allí en el quinto c. Un momento- dijo mientras parecía recordar algo- ¿Tu eres la nueva inquilina del séptimo B no es cierto?

-Lo soy- había respondido Emily.

-Es un placer conocerte oficialmente nueva vecina-comentó sonriente mientras le estrechaba la mano.

Y desde ese momento se habían hecho grandes amigas. Samantha había logrado que Emily consiguiera trabajo de ayudante en el consultorio donde ella trabajaba y el pago era realmente bueno. Mientras tanto, los fines de semana que la estudiante tenía libre de tareas de la universidad y que la rubia no tenía asuntos pendientes ni pacientes que atender, lo pasaban juntas hablando de la vida o viendo películas mientras comían palomitas de maíz.

Si, Samantha había conseguido que adaptarse a New Haven no fuera tan difícil y Emily se sorprendió confiando en ella y dejando de lado, de a poco, esas barreras que había construido para abrirse a ella y contarle todas esas cosas que siempre había preferido callar. Y es que abrirse con ella era realmente sencillo, tal vez se debía a que al ser psicóloga lograba conectar más fácilmente con las personas para entenderlas, o quizás el pasar tanto tiempo con ella había logrado que ganarse la confianza de Emily fuera una tarea más sencilla. Cualquiera de esas posibilidades estaba bien, sea como fuere, Sam era como una hermana, alguien a quien definitivamente no quería perder. Era una persona especial, con una personalidad dulce y una capacidad de entendimiento e intuición muy grandes. Además, siempre tenía las palabras justas para hacerla sonreír y ver el lado positivo de las cosas. Podría decirse que era la primera mejor amiga que Emily siempre soñó tener. Incluso se había ganado la confianza de Dragón, quien siempre que la veía se le lanzaba encima y lograba derribarla con su gran tamaño. A la hermana de Sam, Lucy, sólo la había visto un par de veces cuando iba de visita a ver a su perro y también le resultaba una persona muy agradable.

En cuanto a la universidad, debía reconocerlo, no había sido fácil y ser la mejor estudiante y becada no la dejaba entre las más populares. Aun así se las ingenió para congeniar con algunos estudiantes que también eran acribillados por quienes pertenecían a las fraternidades. Afortunadamente, durante toda su vida Emily había perfeccionado su técnica de no llamar la atención, lo que la salvaba muchas veces de ser el centro de burla de los niños pijos del campus.

Así había pasado sus cuatro años, del trabajo a la universidad y eventualmente saliendo con Sam a fiestas de los amigos de esta última. Parecía irreal que hubiera logrado encajar en su grupo, por lo general nunca lo hacía y menos si se trataba de un grupo de tanta gente, aunque creía que sus imitaciones de famosos y profesores de la universidad, ya que todos eran ex alumnos de Yale, habían ayudado en gran medida a que eso ocurriera.

Por primera vez en toda su vida, Emily se encontró con una sensación extraña, similar a la nostalgia por todo lo que dejaba atrás para continuar con su vida y sobre todo, se encontró extrañando a todas esas personas que habían hecho de la universidad su hogar. Pero como todo en la vida no es permanente, sabía que había llegado el momento de dejar eso atrás e ir a por su nueva vida a Virginia. Sabía que sería difícil pero para alguien con experiencia en conocer lugares nuevos supo que todo, eventualmente, iría bien, o al menos esperaba que así fuera, pensaba mientras observaba su nuevo departamento el cual sería su nuevo hogar mientras duraban las prácticas para el FBI.

Los días de actualización por ahora van a ser los jueves!

Nos leemos la semana que viene!