Días después del ataque los vestigios del mismo aún se veían en las calles de la capital, las viviendas totalmente chamuscadas, adjunto a ello se encontraban los cuerpos sin vida de soldados y criaturas desconocidas los cuales iban en aumento entre más se avanzaba hacia la estructura de origen desconocido.
Aun así los invasores restantes mostraban una resistencia feroz en contra de los soldados japoneses los cuales vieron manchados sus uniformes azul marino en un tono carmesí debido a la sangre de los bastardos invasores.
A los alrededores de la estructura se podían observar montañas de cadáveres pertenecientes a ambos bandos, resultando el bando Nipón victorioso pero no a un bajo coste.
Miles había muerto entre civiles y soldados, hombres que no volverían a ver a sus familias, hombres que lucharon arduamente contra un enemigo que ataco por sorpresa, hombres que dieron su vida sin pensarlo por su emperador y por su nación.
El Emperador como comandante supremo de ejército convoco después de acabar con los rezagados del ataque, la organización del contrataque contra la nación que los había atacado.
Sus actos no pudieron ser categorizado de otra manera, años antes los americanos pudieron realizar las mismas acciones pero estos tomaron el dialogo como primera acción, si en esa época muchos japoneses no vieron de forma positiva a los americanos su actitud ante los saderanos como se hacían llamar esta personas eran totalmente hostiles.
Pronto las oficinas de reclutamiento estuvieron abarrotadas de voluntarios, muchos movidos por la ira de ver a su capital en llamas, otros por haber perdidos amigos y familiares en el ataque.
Aunque motivos no faltaban todos tenían un objetivo en común, destruir al Imperio Saderano.
Los días pasaban y en las oficinas del estado mayor se había asignado al general Hozumi Hayashida, un veterano comandante fiel al emperador desde las guerras Boshin.
Mientras tanto el gran arsenal de Koishikawa producía grandes cantidades de municiones además de los nuevos fusiles Murata tipo 22 con capacidad de 5 balas para armas a los nuevos reclutas que llegaban en masa, aunque la gran mayoría de estos portaría las versiones monotiro de estos mismos.
Pasaban los días y cada vez más tropas empezaron a acampar cerca de ambas puertas, gran cantidad de tropas se atrincheraron a las afueras de este con gran cantidad de artillería, ametralladoras y obuses preparados para repeler cualquier ofensiva enemiga.
Todos esperaban el ansiado momento de cruzar la puerta, la impaciencia aumentaba mientras el día pactado para abordar la puerta como fue llamado por todos llegaba, querían ver la sangre de su enemigo derramada, querían verlos suplicar por piedad, querían ver al líder enemigo arrodillarse pidiendo piedad al naciente imperio japonés.
Llegado el día de la invasión, la primera fuerza de combate cruzaría la puerta compuesta por 50,000 soldados japoneses entre infantería y caballería, gran cantidad de artillería y ametralladoras
Las tropas marcharon al son de la Defile March compuesta años antes por el estadounidense Charles Leroux, poco a poco la fuerza militar penetraba dentro le estructura seguida de los regimientos de artillería y suministros.
Mientras las tropas atravesaban la puerta gritos de aliento y motivación se escuchaban a los alrededores, los miembros que no fueron aceptados en el ejército se unieron como trabajadores en las diferentes fábricas para intentar apoyar como pudieran a la causa, todos querían aportar de la forma en las que pudiesen.
Los primeros regimientos en atravesar la puerta se encontraron encima de una gran colina, al fondo podían observar un paisaje verde, paisaje que les recordaba a los más veteranos la apariencia de Japón antes de que la presencia Gaijin se asentara en la nación.
Hayashida había ordenado a construcción de trincheras y empalizadas alrededor de lo que sería la base de operaciones, se construiría un fuerte de madera aunque al largo plazo se esperaba crear una fortaleza similar al castillo Goryōkaku ubicado en Hakodate.
Con el pasar de los días el lugar se llenó de tiendas de campañas mientras que a los alrededores de la colina se encontraba la artillería y las ametralladoras gatling, mientras que las trincheras esperaban ser ocupadas por los oficiales y sus subordinados en caso de un ataque enemigo.
La respuesta de los agresores no se hizo esperar y pronto los agresores enviaron su respuesta ante los japoneses.
Varios jinetes observaban la colina por largos periodos de tiempos, pronto la imagen diaria de los jinetes fue remplazada por grandes regimiento de soldados de apariencia medieval, sumados a estos se encontraban bestias de fantasía como orcos, troles y duendes.
Hayashida se postro en un podio improvisado enfrente de su tienda de campaña, vestía un uniforme azul marino similar que era similar a los de sus homólogos occidentales, junto a él se encontraban sus oficiales, todos con expresiones muy serias y firmes.
Al frente de este se encontraba todo el ejército que había cruzado la puerta esperando ansiosos las palabras de su general, todos tenían una sed de sangre en contra de los saderanos.
Hayashida no tardo en tomar la palabra, "¡Compatriotas! Los he reunido aquí no para discutir tácticas si no para informales acerca de la importancia de esta batalla" decía inspirado.
"Por años hemos luchado entre nosotros por poder, por diferencias, por nuestros clanes, pero nunca juntos como una nación, nunca hemos luchado como hermanos y ahora tenemos la oportunidad de hacerlo".
"Hoy nos enfrentamos a un enemigo desconocido, un enemigo que nos atacó sin aviso y sin piedad; un enemigo que se comporta como animales salvajes buscando su próxima presa, un enemigo que ha atentado contra nuestra gloriosa nación".
"Ellos buscaban acabar con nosotros, conquistarnos para volvernos sus perros falderos, querían ver a Japón arrodillarse ante ellos, ¡Pero no lo hicimos!".
"¡No lo hicimos porque somos fuertes, porque Japón no es el país precario y pobre que era!".
"¡Todo gracias a nuestro glorioso emperador Meiji!".
"Él nos guio a avanzar hacia adelante, nos guio sabiamente en las enseñanzas de occidente y busca convertirnos en una potencia militar".
"Pero todo esto ha intentado ser frenado por el Imperio de Sadera".
Después de estas palabras todo los presentes se encontraban exaltados, querían luchar ya, querían acabar con los líderes enemigos, querían desfilar en la capital enemiga.
"Si perdemos aquí, todo lo que ha logrado nuestro glorioso emperador, todo lo que ha conseguido y con esfuerzo y sacrificio será destruido".
"Toda la sangre derramada por nuestros antepasados será en vano, por eso mis hermanos hemos de acabar contra el enemigo que tenemos enfrente, debemos aniquilarlos, debemos hacer a Japón grande".
"¡Así que mis hermanos, agarrad vuestras espadas y fusiles y luchemos juntos contra este enemigo de Japón!" decía él mientras tomaba su espada Guntō, acto seguido la alza en el aire y grita a todo pulmón "¡Larga vida al Emperador!".
"¡Larga vida al Emperador!".
