Capítulo 2 – Querida locura

"¡Despierta!" Le gritó a Graves para que este abriera sus ojos, pero al parecer no hubo respuesta por parte del mismo. Decidió acercarse a él para darle un golpe en su lastimada cara, pero sin embargo al ver como "dormía" plácidamente, se rehusó y prefirió dejarlo solo hasta que se despertara por su propia cuenta. De nada servía golpearlo si no iba a sentir el porrazo de todos modos. Comenzó a hurgar entre sus propias cosas encontrando así medicamentos y cremas para las quemaduras que aquel hombre enseñaba. Si no gritaba del dolor, era netamente porque estaba inconsciente. Por suerte encontró un ungüento bastante caro pero útil así que aprovechó el momento para aplicar la crema sobre su musculoso y velludo pectoral vigilando de no presionar tanto sus heridas para que este no despertara de un salto pese a estar inconsciente. Aunque se le complicó un poco al estar Graves atado, de paso también aprovechó de acariciar su lastimada espalda con sus tiernas, pero ásperas manos pues jamás había visto tanta belleza en un solo torso. Se sintió naturalmente atraído pese a que su orientación sexual relata lo contrario.

Ya era medio día y Graves todavía no daba pista de vida, por consiguiente, su salvador aprovechó de alistar sus cosas para visitar la ciudad y así lo hizo. Revisó que el criminal estuviese lo suficientemente bien atado para partir a la ciudad sin preocupación alguna de que escapase. Este tenía que caminar alrededor de una hora a través del bosque para poder encontrar la localidad exacta que buscaba y mientras se iba acercando, recorría observando cómo la gente se ahogaba en el humo. Por suerte él tenía su práctica máscara que impedía respirar dióxido de carbono. También observó las extremidades desparramadas de los guardias por las calles, la angustia de las personas y rostros quemados. ¿Cómo podría un solo hombre realizar tal destrucción masiva? Aun así, se sintió de alguna forma orgulloso por "su" criminal.

– Mientras tanto en la cabaña –

"¿Dónde demonios estoy?" se preguntó el criminal mientras veía que estaba atado fuertemente a una silla. Su cara se deformaba por el dolor de sus heridas, aunque no eran tan intensas como el día del gran incendio. Muchas preguntas surgieron de la cabeza de Graves, tales como: "¿Quién me ató?", "¿Por qué me salvó?", "¿Qué haré ahora?", etc. Lo único que comprendió en ese momento, era que tenía que desatarse. Las cuerdas apretaban su pecho lo suficientemente fuerte como para dejar marcas. De alguna extraña manera se sentía a gusto pues por fin alguien podía controlar lo que él no podía: su cuerpo y sus impulsos.

Observó el lugar muy meticulosamente en busca de respuestas, lo que más le llamó la atención era un gran sombrero que estaba posado encima de una mesa cercana a él. Tenía un tono azul oscuro y una cinta amarilla que cubría la copa de este; no había que ser experto en sombreros para darse cuenta de que era uno bastante lujoso y único. Al mirar por la ventana pudo identificar que estaba en lo profundo del bosque debido a la escasez de luz y también porque dedujo que el humo cubriría la zona.

Sus armas estaban en la mesa junto con el sombrero, sin embargo, aunque tomara las armas para deshacerse de las cuerdas, escapar sería inútil pues el humo lo mataría en 10 minutos por la falta de oxígeno. Graves pensó que su salvador y/o torturador era bastante inteligente a pesar de que este no tomó en cuenta el humo. ¿Porqué? Porque si el criminal encontraba una máscara que le correspondiera a su cara, este podría escaparse. En resumidas cuentas, prefirió prevenir a lamentar dejándolo así bien apretado al respaldo de la silla.

Por suerte de Graves, su cazador había dejado el tocadiscos funcionando de tal modo que no se aburría tanto por estar sentado. Graves cerró los ojos e intentó distraerse y disfrutar la música para aliviar tanto el aburrimiento como el dolor que mucho le molestaba. Así se quedó un buen rato.

– En la ciudad 30 minutos después –

—¿Será aquí? —se preguntaba el delgado hombre mientras abría con cuidado la puerta—. ¿Hola? —preguntó con un tono de desconfianza—.

—Pase por aquí joven —le respondió el vendedor un poco extrañado mientras que hacía gestos con sus manos para entablar una conversación con el hombre—. ¿Qué está buscando?

—Pues… no estoy seguro, pero creo que aquí venden cigarros o puros, ¿no? —le expresó con incertidumbre sin saber absolutamente nada del tema—.

—¡Claro que sí! —responde el vendedor con unos ojos muy entusiasmados—. ¿Cuál quiere?

—Deme el mejor que tenga a su criterio por favor —Añadió mientras que preparaba su monedero para abrirlo y así poder retirar el dinero—.

—¿Está seguro? digo, el mejor y el más rico cuesta alrededor de 45 monedas de oro —mira al cliente completamente intrigado, nadie gastaría tanto en un puro, pero en el fondo le alegraba demasiado la idea de que alguien pagara tal cantidad de dinero. Del nerviosismo incluso le tiritaban un poco las manos, no quería arruinar la venta—.

—Por supuesto, también necesito que me de unas de esas pastillas —apunta con el dedo a un frasco que estaba encima de un estante viejo y gastado con mucha confianza y sin dudar—.

—S-Serían 48 monedas de oro caballero —el vendedor estaba muy asustado y titubeaba por la venta que realizaba. Es muy extraño que alguien pague tal cantidad de monedas por un puro y más aún cuando compra tal tipo de pastilla—.

—Aquí las tiene, 48 monedas de oro, estimado. Muchas gracias por todo buen vendedor, que tenga un buen día —se despide muy amablemente pero apresurado cerrando la puerta rápidamente para volver a la cabaña—.

Por suerte la tienda que buscaba estaba abierta a pesar de que por un momento pensó que había caminado 1 hora en vano. De todas maneras, pese a lo sucedido, la ciudad se ha mantenido estable. La gente sigue haciendo lo suyo; están los comerciantes, los clientes, las entretenciones abiertas para todo público, los carruajes, etc. En la mente del hombre que dejó su sombrero sobre la mesa de la cabaña, la única imagen que se proyectaba, era estar en su cabaña acompañado por el hombre que capturó. El hombre de la tienda aún con dudas de la venta, aprovechó la millonaria cantidad de oro para analizar sus futuras alternativas de vida pese a que jamás había manejado tal montón. Tras pensarlo, decidió invertir el oro a futuro en una mejor casa y un mejor futuro para su tienda. Si recibió 48 monedas de oro de golpe en un solo día, ¿por qué habría de dejar el negocio? Incluso cuando usualmente por día consigue sólo 15 monedas de bronce pensó que lo mejor y lo más razonable a pesar de querer cambiar su estilo de vida, sería continuar con su tienda esperando otra venta similar, si bien sólo pasan una vez cada 4 años. Después de todo 48 monedas de oro alcanzan e incluso sobran para por los menos 5 años.

– Aproximadamente 1 hora después –

"Al fin he llegado" dijo levemente mientras que abría la puerta con sus llaves. Lo primero que hizo fue sacarse su máscara e ir a su habitación a dejar sus cosas excepto la pastilla y el puro. Luego continuó hasta la sala de estar y vio que Graves ya había despertado mientras que se le formaba una idiota sonrisa en la cara.

¿C-Cómo estás? – Le dijo su salvador mientras titubeaba, jamás pensó que se pondría nervioso al ver el criminal despierto que se rumoreaba que era el más fuerte.

Acá atado – respondió con un tono sombrío y muy seco. Sin más preámbulo Graves le pregunta – ¿Quién eres? ¿Por qué me rescataste? –.

T-Tranquilo, primero acomodémonos… ¿Te parece si te desamarro? – le preguntó bastante nervioso, era una terrible idea, pero de todas maneras quería llevarse bien con él y hacer que se sintiera cómodo –.

¿No crees que sería peligroso? Por supuesto que me gustaría, pero dudo de tu amabilidad y de la mía – intimidándole sigue respondiendo con un tono irónico y frío. Graves no dejaba de pensar que en cualquier momento lo iba a traicionar, así eran todos, nadie es digno de su confianza y él estaba siendo demasiado amable como para no dudar. Aparte ¿por qué amarrarlo si no? –.

Bueno, era solo porque hasta a mí me dolía verte así, pero supongo que mejor te dejo amarrado – intentó adquirir una actitud firme mientras se sentaba sobre la mesa y se ponía su amado sombrero. No iba a permitir que alguien le hablara así –.

Dime tu nombre de inmediato – acudió Graves mirándolo fijamente a los ojos con amenaza de muerte, ya estaba totalmente cansado de sentir que su supuesto "salvador" estaba fingiendo. Él detestaba los rodeos –.

Me llamo T-Twisted, un gusto conocer al más temible criminal – la tensión para él en su momento fue demasiada, él solo quería charlar con Graves por un rato sin tener que llegar a extremos innecesarios, pero pareciera que cada vez la cosa iba a peor – Tú eres Graves ¿no? –.

Pero que pregunta más estúpida, ¿no es obvio? – agregó de manera bastante violenta. Se sentía eufórico y la rabia todavía no desaparecía pese a que ya se había desquitado con una ciudad completa–.

L-Lo lamento, es cierto. Toma te traje este puro, aunque no estoy seguro que te guste. No te tomes ahora por favor la atribución de pensar que está envenenado o que te quiero "comprar" o algo por el estilo; caminé 2 horas para poder conseguirlo – dijo con un tono muy amable, aunque algo sarcástico incluso cuando se sentía muy insultado por dentro. Era mejor buscar el buen camino antes que tener que enfrentarlo a pesar de que era Twisted quien contralaba la situación al estar Graves atado –.

¿Cómo esperes que fume atado? ¿Acaso eres idiota? – Graves no aguantó y gritó muy fuerte. La situación era tan ridícula que hasta le molestaba la hospitalidad de Twisted. ¿Quién no pensaría algo de tal calaña si Graves es el que está atado? –.

P-Perdón, ya te saco de ahí, es solo que no quiero que te vayas o más bien, no te voy a dejar ir… – un poco frustrado, Twisted accede a desamarrarlo. Mientras que Twisted eliminaba las cuerdas con la ayuda de una daga que estaba encima de la mesa anteriormente, Graves preguntó de manera irónica: "¿A dónde quieres que vaya con tanto humo?"

Para Twisted, esa pequeña ironía significó más de lo que él tenía planeado, de alguna manera se desvanecían poco a poco sus temores ante tan temido criminal – Bueno, es cierto, soy un completo idiota. Ahora, ¿quieres el puro o no? – le preguntó sólo para cambiar el tema y no quedar como un completo imbécil sin conocimiento sobre el tema –.

Entrégamelo – responde Graves de manera imperativa. Segundos después, Twisted le entrega el puro en la mano temblando un poco, después de todo el criminal ya estaba suelto y sabía de lo que era capaz –.

¡PERO QUÉ DEMONIOS! – Gritó Graves completamente asombrado al ver la marca de este. Jamás en su pobre vida habría sido capaz de comprar algo por el estilo. – ¡¿Cómo mierda conseguiste algo así?! ¿No sabes todo lo que cuesta este puro? ¿Lo único que es? – Le preguntó completamente intrigado y confuso de su ignorancia. Más de un pensamiento se le pasó por la cabeza al ver que tal hombre era capaz de comprar semejante "riqueza". Incluso llegó a pensar que era un idiota de la mafia. Lo irónico de todo es que nunca pensó qué hacer con Twisted por estar un tanto impactado –.

Cuesta 45 monedas de oro y la verdad es que desconozco su verdadero valor y/o importancia – respondió el hombre del sombrero con un poco de arrogancia. Le fascinaba ver como un hombre como Graves "se rebajaba" a su "humilde" nivel. Era una experiencia totalmente nueva puesto a que Graves era un muy temido forastero, sin embargo, a él no le parecía tan temible como todos los afiches decían. Por lo menos no después de ver el puro-.

Si quieres dejar de ser un imbécil ve a venderlo en la ciudad de inmediato. Es uno muy antiguo y tiene un valor impresionante de oro. Probablemente podrías vivir 5 años solo por el hecho de venderlo – Responde con un tono algo sombrío y decaído mientras que con sus rigurosas manos se lo devolvía con mucho cuidado –.

Pero Graves, te lo compré a ti, no tendría caso ir a venderlo de vuelta – un poco nervioso le niega la devolución de este e intenta "calmarlo" mientras que se acomodaba el sombrero. Le era un poco frustrante saber que el plan no le estaba funcionando –.

¿Por qué me comprarías algo así tú a mí? El simple hecho de estar acá cubierto de heridas charlando contigo en vez de ser torturado es completamente incomprensible. ¿Para qué me atas si no? No puedo entender tus intenciones ni tampoco quien eres. Si no me vas a torturar para qué mierda me atas y luego me curas. Apenas me conoces, ¿cómo ibas a saber que me gustase algo así? Ser un criminal no significa que esté obligado a fumar. ¿Qué puedo pensar ti al verte de tantas maneras distintas? – De tantas incoherencias y preguntas que él mismo se hacía, se negó a fumarlo. ¿Por qué habría de recibir caridad de alguien que no conoce mientras que todo el mundo lo quiere torturar? Su cabeza iba a estallar de tantas preguntas –

Tú mismo lo has dicho, todos te conocen en la ciudad, todos te quieren torturar. A decir verdad, no estoy del todo seguro del qué es lo que quiero hacer contigo. Quizás podría intentar matarte ahora mismo, pero creo que eres consciente de que no soy muy bueno en el tema. Tampoco al matarte conseguiría algo. Al ver carteles pegados con tu retrato pude observar que siempre salías fumando y bueno, tal vez fui a comprarte eso para que aceptes un tipo de tregua, aunque no sabía que te iba a gustar tanto – De manera muy seria y segura, respondió una de sus pocas preguntas. El hombre del sombrero no tenía idea de porqué acudió a Graves pero algo tenía en mente, simplemente tenía que encontrar qué era el motivo para salvarlo y "ayudarlo" –.

¿Sabes? No tengo ni la menor puta idea de que pensar. Supongo que el tiempo decidirá si debo asesinarte como al resto o no. Juzgar en estos momentos no me sirve de nada, eres tan imbécil que ni si quiera puedo entenderte. Por otra parte, siempre he querido probar este –soltó de manera algo cruel y fría mientras que observaba el puro que había devuelto, no tenía caso seguir pensando así que se concentró en el cigarro – Es demasiado caro, sólo fumo de las cosas baratas pues no me alcanza para nada más. Nunca había recibido un regalo y este es realmente valioso. No solo por su precio, si no, porque es mi primer regalo, gracias – de manera profunda intentó Graves ser amable aunque no le resultó mucho. Mientras que tomaba el cigarro de vuelta de las temblorosas manos de Twisted, él iba contando una pequeña historia. Algo tenía que decir para poder conseguir lo que quería: el cigarro –.

No tienes que agradecer nada, en serio. El oro me sobra y no lo necesito. ¿Qué mejor que satisfacer a alguien que nunca fue satisfecho? además, esos 45 los tenía ahorrado para una ocasión importante – Arrepentido de lo dicho por lo cursi y engreído que sonó, Twisted miró a Graves fijamente a sus ojos mientras que en su interior latía un gran impulso por correr, escapar. Un nuevo sentimiento que jamás había experimentado. Tal vez era miedo. El nervioso ladito se detuvo cuando Graves le preguntó –.

¿Y fuego? –Ignorando lo dicho de Twisted a pesar de haberse asombrado por lo dicho, Graves intrigado y ansioso comienza a buscar alrededor de la cabaña una especie de encendedor antiguo para así encender el cigarro, pero falla en el intento. Sus heridas no le permitían moverse mucho y tampoco era buena idea indagar en casa ajena. Un poco ansioso por las ganas pensó que era mejor responder lo que le había dicho una vez que ya comenzase a fumar. Después de todo llevaba unos cuantos días sin hacerlo –.

S-Se me olvidó…- responde Twisted con un tono triste y avergonzado. Se sentía realmente estúpido, pero de pronto se le ocurrió una ingeniosa frase para salvarse del vergonzoso momento – ¿Quemaste una ciudad entera y no eres capaz de encender un puro? – le pregunta al forastero con una sonrisa nerviosa y picarda-.

En serio, de todas las personas que he conocido y asesinado, tú eres sin duda el más idiota. – Contesta Graves con una gran carcajada-.