Segunda viñeta de la tabla de la naturaleza!! Sirius/Remus, espero que os guste.
Nieve
Cuando empezaba Diciembre, todos sabían que era una fecha especial en Hogwarts. Cada año, con puntualidad inglesa, los primeros copos de cristalina nieve empezaban a cubrir los vastos terrenos del antiguo castillo y los estudiantes dejaban de lado sus deberes y los trabajos acumulados. Todo rebosaba actividad. Vida.
Remus miraba a los alumnos de los primeros cursos desde la ventana de su habitación en la Torre de Griffindor. Los niños reían despreocupados, tirándose bolas de nieve unos a otros. Hacía frío y acabarían calados, pero a ninguno de ellos parecía importarle nada de eso. Al único que parecía importarle era a Remus que ahora los miraba no sin cierta preocupación. Era prefecto, después de todo.
-Lunático, tío, deja de mirar a los críos como si fueran criminales... solo están divirtiéndose un poco.
Esa voz. Sirius. Entrando a la habitación con su porte señorial y dejándose caer descuidadamente sobre su cama deshecha con esa expresión en su rostro de "Lunático, tío, no seas tan duro" Y a Remus le repateaba esa actitud de Sirius. Aunque tuviera razón.
-Aun no he bajado ahí y les he obligado a colocarse en fila frente a la chimenea de la sala común... –Se encogió de hombros, alejando sus ojos de la ventana para fijarlos en Sirius, despatarrado sobre la cama y ojeando una revista de playwizard en diferentes posiciones. Apretó los puños y apartó la vista. En ocasiones Sirius podía ser realmente enervante.
-Seguro que estabas a cinco segundos de hacerlo.- Una sonrisa burlona, sin despegar los ojos de la revista. Remus ni se había molestado en mirarle, pero lo sabía.
Mirando a los niños en los terrenos se acordó de su primer año en Hogwarts. Se acordó del primero de diciembre, cuando se levantaron una mañana de sábado y vieron los terrenos blancos, inmaculados y los cuatro decidieron que sería una magnífica idea hacer una batalla de bolas de nieve. Remus sonrió imperceptiblemente, perdido por completo en sus recuerdos. Recordaba a James, con un gorro rojo con una borla amarilla que le había tejido su madre, a Peter, con las rechonchas mejillas sonrosadas por el frío. Podía recordar a Sirius como si le estuviera viendo en ese instante, riendo como un loco y a punto de tirárle una bola de nieve casi del tamaño de su cabeza.
-Eh, Lunático, vuelve a la tierra... –Sirius se había levantado de la cama y le agitaba la mano cerca de la cara. Estaba cerca, demasiado cerca. Remus dio un paso atrás.- Tú estás tramando algo, por eso sonríes así... Venga Lunático, tío, no me dejes con las ganas...
-Era solo... –Apartó el dedo acusador con el que Sirius golpeaba su nariz y trató de concentrarse en lo que pensaba decirle en vez de pensar en los diferentes significados que la última frase de Sirius podría tener.- Me estaba acordando del primer invierno que pasamos aquí...
-Vaya, el lobito se nos ha puesto nostálgico... –Otra cosa que enervaba a Remus era esa capacidad de Sirius para reírse de todo, haciendo parecer que nada tenía la suficiente importancia.
Se apartó mas de Sirius, caminando hacia su cama, intentando aparentar que hacía cosas. Cosas importantes, como ordenar sus libros. Y por eso no podía seguir prestando atención a lo que Sirius dijera. Aun así estaba pendiente de cada movimiento. No podía evitarlo, era Sirius y él era Remus.
-Ese día tomamos chocolate caliente delante de la chimenea de la sala común y Peter se quemó la lengua por que aun estaba demasiado caliente.-Escuchó que decía Sirius, en un tono opuestamente diferente al habitual. Ese era el tono que Sirius solo usaba en ocasiones como aquella. Aunque nunca le había oído utilizarlo. Era cuando estaba hablando en serio.
-¿Sirius qué...? –El aludido se había acercado tanto a él que casi podía sentir su respiración cálida contra su cara. Un dedo en sus labios le hizo callar, pero no tanto como los ojos azules de Sirius clavados en los suyos.
-Estabas tan increíblemente monísimo con ese gorrito con orejeras, Lunático...
Remus se apresuró a empujarle, pero era demasiado tarde. Se había reído. Si, había secundado las estruendosas carcajadas de Sirius. Un sonroje suave se instaló en sus mejillas y se reprochó aun más por ello. Pero qué importaba, era Sirius y él era Remus.
