Capitulo I

La dolorosa pérdida.

Ahora bien, la historia comienza con la penosa separación de una pareja, el esposo no aparentaba tener más de 23 años y su esposa a lo mucho tenía 20 años, la pareja vivía en el castillo real de la comunidad de Leiram país de los Hombres, el joven esposo ha decidido marcharse a tierras desconocidas en búsqueda de nuevas aventuras, en su rostro puede vislumbrarse un gesto de gran ahínco por afrontar cualquier peligro que se le presente, contrario al rostro afligido de su joven esposa que muestra el avanzado estado de encinta en el que se encuentra dentro de poco tiempo daría a luz a una nueva vida, por tal motivo, mayor es su temor sobre su amado, temor de que no llegara a tiempo o aun peor de perderlo víctima de alguna criatura peligrosa que se topara en su camino…

- Por favor Thören, por lo que más quieras no hagas ese viaje -le suplicó su esposa, una bella mujer de cabellos rojizos como el fuego, ondulado y largo hasta su cintura, brillantes ojos azul celeste, piel tersa y delicada como una flor, de complexión delgada y alta estatura, lleva puesto un delicado vestido azul celeste hecho de seda, de cuello y mangas caídas y drapeadas, el vestido va ceñido a su cuerpo por una pequeña cintilla amarrada a su espalda que deja ver la hermosa figura de su estado, la falda es de corte largo tipo princesa que cubre sus pies, en los cuales lleva puestos una sencillas zapatillas hechas de un material suave parecido a la piel- Hazlo por nuestro bebé que ya le falta poco para nacer.

- Pequeña si por eso mismo lo hago, por nuestro bebé, quiero realizar este viaje para encontrar el regalo más hermoso que te puedas imaginar, algo nunca antes visto para que nuestro pequeño o pequeña se sienta orgulloso de su padre, que realizó un viaje de aventura para traerle un regalo muy especial y único para él o ella -le dijo con orgullo y una afable sonrisa, el hombre es un poco más alto que su amada esposa, tiene cabello cenizo, corto y lacio, de unos cálidos y vibrantes ojos color marrón, cuerpo esbelto, de espíritu noble e inquieto, lleva puesto una camisa color marrón con bordados dorados, cuello en v, manga larga, encima lleva puesto un chaleco negro de cuello redondo y corte largo hasta las rodillas que lleva sujeto por un cinturón, pantalones anchos en color negro y botal de piel también en color negro.

- Pero amor tu sabes que no es necesario que hagas eso, el solo hecho de que tú estés aquí en el momento justo de que nuestro bebé nazca será más que suficiente, no necesita de ningún regalo en especial a quien necesita es a ti y si te llegara a ocurrir algo malo, dios no lo quiera, pero temo por ti y de lo que te pueda suceder si realizas ese viaje -continuó suplicándole.

- No te preocupes te aseguro que nada me sucederá, además sabes que suelo ser muy obstinado y que por más que me insistas es un capricho que quiero cumplir, por favor quiero que estés tranquila que ya verás que tarde que temprano estaré de vuelta hasta mucho antes de lo planeado -le dijo conciliador para calmar a su angustiada esposa.

- ¿Es una promesa?... ¿me prometes que volverás con bien y que estarás aquí para cuando nuestro bebé nazca¿me lo prometes? -insistió con mirada afligida.

- Claro es una promesa -le aseguró con una cautivadora sonrisa sellando su promesa con un tierno y delicado beso- Te prometo que regresaré por ti y este pequeño ser que está por nacer. Cuídate pequeño -dijo acariciando y besando el vientre de la mujer- y cuídate más tú mi querida Mariel.

La esposa besó nuevamente a su amado compañero a modo de despedida, este tomó todas sus cosas y lentamente partió hacia su nueva aventura como le había hecho creer a su joven esposa, ya saliendo de la casa su esposa le veía alejarse, parada en el marco de la gran puerta y acariciando su vientre deseó con todas las fuerzas de su corazón que su amado esposo regresara con bien, tristemente le dedicó una sonrisa que él no pudo ver pues ya había atravesado el extenso jardín y se encontraba demasiado lejos para notarlo…

Los días fueron transcurriendo lentamente, algo verdaderamente angustiante para la mujer, mientras tanto su esposo se encontraba ya en las cercanías de una aldea lejos de Leiram, el lugar al que se había decidido a explorar y que se encontraba completamente abandonado, todos sus habitantes habían huido hacia otras aldeas…aun sabiendo de su tremenda peligrosidad y temiendo que no pudiera cumplir con su promesa, se arriesgo a explorar tal lugar pues siendo él el elegido como uno de los "Lideres" de su raza, su deber era cerciorarse de los recientes y extraños sucesos que se murmuraba, ocurrían en aquella aldea, ya que en contadas ocasiones temibles criaturas del Iâ Helë se escabullían entre las aldeas para atacar a sus aldeanos que ahí habitaran. El rey Thören pronto se introdujo a un bosque que precedía al abismo en lo más profundo de aquel lugar, ya en su interior se encontró a un extraño lobo blanco de gran tamaño, sus orejas eran un poco más largas de lo normal, se podía observar una especie de melena en su cuello y sobre su lomo dos miembros en forma de látigo, y en sus patas una poderosas y prominentes garras, sus ojos tipo gato color amarillo miraron fijamente al hombre, una batalla entre bestia y hombre estaba por comenzar…

- ¿Man nályë? -murmuró el animal con rabia emitiendo un fuerte gruñido.

- ¿Qué, n… no entiendo… pu… puedes hablar? -tartamudeó incrédulo el humano.

- Ah, eres un hombre. Dije que quién eres… cómo pudiste llegar hasta aquí si le he ordenado a todas las criaturas matar a todo el que se atreviera a entrar en mis dominios. -increpó el animal con rudeza sin responder a la pregunta.

- Yo, no vi a ninguna bestia que quisiera impedirme la entrada -aseguró con sutileza a pesar de la incertidumbre que le oprimía- supongo que deben estar muy ocupados atacando y matando a todos los hombres de las aldeas cercanas. -le reprochó el humano.

- "Jhm eso es perfecto, después de todo han acatado todas mis ordenes y el plan va a la perfección"-pensó esbozando una sonrisa de deleite- pero veo que un hombre se les ha escabullido, bueno eso ya no importa ahora mismo me haré cargo de ti. -agregó apáticamente.

- Se nota que no sabes con quien te metes, yo no soy un ser humano normal -dijo irónicamente el benévolo rey, mientras desenvainaba una hermosa espada, de fino corte y doble filo, la empuñadora estaba adornada con la figura de un dragón negro con el cuerpo enrollado en ella y con las alas extendidas hacia los lados- Ten por seguro que con esta misma espada acabaré con tu miserable vida y te haré pagar por todas las muertes que has causado -agregó en tono desafiante.

- En serio!? Eso es digno de verse -se burló el lobo al momento de dar un zarpazo dispuesto a atacar a su victima con sus poderosas garras.

- Grave error bestia -dijo el hombre al momento de apuntar su espada hacia el corazón del gran lobo.

- Grave error tuyo… ¡Runya! -gritó la bestia al momento de lanzar una poderosa llamarada de fuego.

- ¿¡Qué!? -Gritó el rey con una mirada perpleja- Oh no! Cresta Escudo!!! -la llamarada estuvo a punto de darle alcance e inesperadamente haciendo uso de la magia que le fue otorgada sep protegió creando un escudo de energía.

- "Lo que esperaba, es la víctima perfecta que acabará con todo. Amo, nuevamente te demostraré mi verdadera lealtad y ofreceré el cuerpo de este humano en tu honor" -pensó el animal, mientras cesaba su ataque.

- ¿Qué, eso es todo lo que puedes dar… bestia? -dijo el rey en un tono despectivo e impasible, dejando de blandir su espada.

- No, también puedo hacer esto -súbitamente agitó los miembros tipo látigos de su lomo y lanzando un fuerte aullido hizo que de una densa nube que le mismo formara en el cielo de esta saliera un potente rayo, mismo que segundos después lanzó hacia su contrincante tomándolo desprevenido.

- Maldición!! -el hombre trató de defenderse con un nuevo escudo pero ya era demasiado tarde, el fulminante rayo le dio alcance- ¡¡¡Aargghh….!!!! -fue el gritó desgarrador que el desafortunado rey dejó escapar antes de caer exánime sobre la tierra.

La bestia al ver el desenlace de su víctima dejó escapar una estridente risa victoriosa, se acercó al cuerpo inerte examinando que estuviera por completo inconsciente, luego con sus fauces tomó al hombre y lanzó el cuerpo sobre su lomo para luego emprender su caminata lejos de aquel lugar y llevárselo a lo más profundo del abismo donde procedió a adentrarse en una profunda y lóbrega cueva, sin duda era su refugio…

Mientras tanto y de regreso al castillo de Leiram, la joven mujer que estaba a punto de dar a luz, sintió un súbito y profundo dolor que atravesó su corazón e inmediatamente dejó caer el hermoso objeto que en sus manos sostenía, un dije, recuerdo que algún tiempo atrás su esposo le regalara, donde apareciera ella junto a él los dos esbozando una radiante sonrisa, el cristal que protegía el retrato se había hecho añicos al contacto con el piso, símbolo de un mal presagio. Inmediatamente la mujer comenzó a llorar desoladamente, dejándose caer lentamente sobre el piso determinadamente sabía que algo estaba mal y que nunca más a su esposo volvería a ver; una de sus súbditas drásticamente entró a la habitación de su señora temiendo lo peor…

- Mi lady!!! Por dios! qué tiene, qué le pasa… ¿por qué llora? -dijo una muy desesperada muchacha de aproximadamente 17 años, de largo cabello color castaño claro que lo lleva amarrado por un cintillo rojo en una alta cola de caballo, hermosos ojos cafés oscuros tienen un brillo de humildad y nobleza, vestía un sencillo vestido pantalón de tela de algodón color rojo, encima llevaba una especie de chalina de cuello un poco holgado tipo cuello de tortuga en color beige, de mangas largas y arandelas que caen sobre los hombros, en su cintura llevaba puesto un grueso cinturón también en color beige que sostenía una tela que la hacía de falda con grandes aberturas en los costados todo con adornos dorados, por zapatos llevaba unos botines también de color beige- Por favor, tranquilícese no es bueno que se ponga así en su estado… -dijo tomándola de los hombros.

- Presea… Ay Presea… me siento morir… me quiero morir -le dijo la mujer con afligido llanto que entrecortaba su voz.

- Pero mi señora, por qué dice eso… -repuso la angustiada muchacha- si es por su esposo no se debe preocupar más, ya verá que pronto estará de regreso y justo a tiempo para ver a nacer a su bebé -dijo para tratar de tranquilizarla, obteniendo un contradictorio resultado pues la mujer lloraba con más intensidad- Mi lady me preocupa, por favor si confía en mi dígame qué es lo que tiene, por qué llora de esa manera y más ahora que le acabo de mencionar a su… -dudó, mientras la ayudaba a sentarse sobre su cama- esposo…

- Presea… Presea, he tenido un mal presentimiento… -respondió tratando de contener su llanto- y…

- ¿Si? La escucho… -le interrumpió.

- …Ese presentimiento me dice que mi esposo ha… -un leve escalofrío recorrió todo su cuerpo- mi esposo ha… muerto -finalizó la pelirroja.

- Pero cómo, si su alteza se fue a un viaje al bosque sagrado… cómo puede pensar que algo así le pudiera suceder -dijo una Presea incrédula.

- Eso es lo qué él dijo para convencernos y no preocuparnos, pero… muy dentro de mi… algo me dice que eso es mentira y que en realidad se fue a indagar sobre los sucesos ocurridos en las lejanas aldeas de Leiram, muy cerca del Iâ Helë… y algo malo le sucedió, mi corazón me lo dice… mi corazón me dice que… é ya no volverá nunca más -respondió con seguridad aún con lágrimas resbalando sobre sus sonrosadas mejillas.

- Mi lady, no puede decir eso con tanta seguridad… me asusta, pero ya verá que pronto estará de regreso no se angustie más -insistió vehementemente la chica.

- Mi mente quisiera que así fuera pero… mi corazón me dice todo lo contrario. Presea, quisiera pedirte que me dejaras un rato a solas, necesito desahogar este amargo dolor que me embarga… -le pidió la mujer con una mirada que dirigía al cielo a través de su ventana- Por favor…

- Pero… Esta bien, si necesita algo solo llámeme -accedió con una delicada sonrisa y procedió a retirarse de la habitación cerrando con cuidado la puerta.

- Oh mi querido Thören, por qué tenias que ir a ese lugar aun sabiendo que podías morir… he presentido tu muerte y me causa un gran dolor, he perdido al ser que más he amado a este mundo y no sabes cuánto deseo estar junto a ti - se levanta de la cama y se dirige hacia una mesita de noche, abre el único cajón y toma un pequeño cuchillo usa para abrir los sobres de las cartas- Pero eso ya no importa, pronto estaré contigo -dijo apuntando a su muñeca amenazando en provocarse una herida.

- "Por favor no lo hagas" -dijo una suave y dulce voz en su mente.

- ¿Quién dijo eso? -preguntó exaltada.

- "Por favor no lo hagas" -volvió a repetir- "No cometas una tontería, tienes que vivir por ti… y por ese pequeño ser que está por nacer" -repuso la voz- "Tiene derecho a la vida tanto como tú, no sufras más, te ayudará a borrar ese sentimiento y llenará tu vida de luz, además será un bebé privilegiado pues tendrá una gran misión por cumplir"

- Pero… ¿quién eres¿por qué no te puedo ver?

- Solo soy un mensajero que habla a través de tu mente, escucha mi voz y hazme caso, no te dejes morir… -dijo finalizando el mensaje…

Y ahí se encontraba, frente a la tumba vacía del que fuese un gran guerrero, esposo y tal vez un excelente padre para el bebé que ella estaba esperando y el cual vino a nacer días después de la dolorosa partida de su amado y que el destino se encargó de arrebatarlo de su lado con la muerte en tierras lejanas y completamente peligrosas es por eso que la tumba se encuentra vacía pues su cuerpo nunca pudo recuperarse, cruel destino para ella que había perdido al ser que más amaba en este mundo y por un momento pensó en quitarse la vida y no permitirle nacer a aquel bebé que en su vientre ya se había formado y que solo pedía nacer para aliviar su dolor, afortunadamente una extraña voz la hizo entrar en razón y no la llevó a cometer tal locura. Ahora el tiempo ha pasado y las heridas de su corazón casi han sanado por eso ha decidido visitar la tumba simbólica que le hicieron a su amado esposo ya que su cuerpo jamás fue hallado. El cielo comenzaba a nublarse, una fuerte ráfaga sopló e hizo caer la capucha que ocultaba el hermoso rostro de una mujer que ni se inmutó frente a tan amenazadora tormenta que estaba a punto de comenzar. Sus ojos no dejaban de mirar el epitafio escrito sobre la elegante sepultura de mármol...

Thören Ragnus, Soberano y Rey de la Orden de Leiram.

1 de agosto de 260 - 13 de septiembre de 283.

La larga cola que recogía el rojizo cabello de la mujer ondulaba con el viento, al igual que su capa negra en señal de luto. Sus ojos azul celeste, dejaron escapar unas pocas lágrimas, mientras murmuraba unas palabras:

- Poderoso gobernante, hijo de Gaehlia y señor de mil batallas, de espíritu ardiente, corazón fuerte. Que tu alma encuentre la paz por siempre.

Cubriendo de nuevo su cabeza con la capucha, se alejó de la tumba con paso lento caminando hacia donde estaba no una, sino dos pequeñas niñas de escasos 5 años, ambas gemelitas y que para su sorpresa habían sido dos en lugar de una. Las niñas estaban esperándole montadas sobre un hermoso corcel blanco, en sus rostros se dibujan una gran sonrisa dedicada a su madre para alentar sus penas y aliviar su dolor, esas dos pequeñas niñas habían sido su bendición después de tan dolorosa pérdida y la mujer también las amaba más que a nada. Las nenas también portaban una capa, la de la primera era de color rosa pastel y la de la otra de color violeta, la capa cubría perfectamente sus rostros más sin embargo se podía ver claramente los mechones rojizos de una y unos rosas de la otra, siendo esta la única característica que las diferenciaba, ambas poseían unos hermosos y vibrantes ojos color marrón.

- ¿Nos vamos ya mamita? -preguntó una niña con su singular sonrisa que sujetaba a las riendas del blanco corcel.

- Claro pequeña ya nos vamos, ya he terminado con lo que desde hace mucho debí haber hecho ya puedo regresar más tranquila a casa -le respondió su madre borrando su semblante triste mientras adoptaba una afable sonrisa y montaba el animal.

- Esa es la tumba de papito¿vedad mami? -preguntó curiosa la segunda niña que iba abrazada a la cintura de su hermana- ¿papito esta ahí?

- Así es pequeña, es ahí donde su padre descansa…

- OH ¿Y le dijiste que no estoy molesta con él poque no está conmigo y tamben que lo quiedo mucho? -repuso con mirada inocente y entusiasta la segunda pequeña.

- Claro que le dije y ¿saben una cosa? -las niñas movieron la cabeza negativamente a modo de respuesta- Papi me dijo que está muy orgulloso de ustedes y también me dijo lo mucho que las quiere -mintió, no quería lastimar los sentimientos de su hija diciéndole la verdad.

- ¿De verdad? Ya ves hermanita no tenías por que preocuparte yo te dije que papi nos quiede y nos cuida allá donde esté -dijo la nena de cabellos rosas.

- Si -repuso tímidamente su hermanita- Oh mami pero no te vayas a poner tiste poque a ti tamben te quedemos mucho -repuso al notar un poco de tristeza en los ojos de su madre.

- Oh no, no estoy triste, yo también las quiero mucho y no saben cuánto -Se monta sobre el blanco corcel, brindándoles una tierna sonrisa y depositando un suave beso sobre la mejilla de sus pequeñas, las dos eran la medicina y el consuelo que alivia sus penas y tristeza ya que con la gentileza, inocencia y gran dulzura que siempre irradiaban le hacían tener una vida maravillosa… y vaya que hubiera cometido un gran pecado si la vida se hubiese quitado en aquel entonces- No saben cuánto… -se repitió así misma esbozando una gran sonrisa mientras el corcel galopaba camino hacia el castillo, la suave brisa que acariciaba su rostro la hacía sentir como si todas sus penas y angustias se fueran se fueran con el viento, definitivamente el ir a visitar aquella tumba aun sabiendo que estaba vacía le ayudó a dejar en ella las duras huellas que le habían dejado la lamentable pérdida de su amado, unas cuantas lágrimas resbalaron por sus mejillas que se fueron confundiendo con las pequeñas gotas de lluvia que habían comenzado a caer.

- Bienvenidas sean mi señora Mariel, pequeñas damas, veo que han tenido un buen día aunque la lluvia las ha alcanzado -las recibió con una reverencia en la puerta de entrada su doncella Presea.

- Si, afortunadamente logramos llegar antes de que se pusiera peor -dijo mientras se bajaba la capucha- ojalá y no se lleve todo el día, sería una lástima han esperado tanto tiempo para que llegue este día –suspiró.

- Bueno, no me gusta ser pesimista pero como se ven las nubes, va para largo rato -suspiró resignada- Solo espero que las hadas aparezcan esta noche -repuso la doncella.

- Esperemos que no –respondió la reina con voz cansina.

- Mamita ¿idemos esta noche al bosque? Quiero ir a vei a las hadas -dijo la niña con gran ilusión tomando la mano de su madre mientras alzaba la vista para poder verla a los ojos, al hacerlo dejó caer la pequeña capucha que cubría su cabecita y con ello dejó ver los hermosos caireles que se formaban en su cabello color rojizo, que lo llevaba amarrado en una media cola en forma de trenza, adornada con broches blancos en forma de margaritas y cuyo largo le llegaba a la espalda.

- Si cariño, en cuanto pase la lluvia iremos a verlas -repuso con una leve sonrisa.

- Oye mamita ¿tu quees que podamos verlas? -preguntó la pequeña Nova que también se bajaba la capucha de su cabeza, el peinado de ella era diferente pues lo traía suelto pero 4 trencitas alrededor, adornadas también con broches de rosas blancas.

- Claro que si porque solo a la personas de un corazón puro y bueno les es permitido verlas -respondió su madre con una amplia sonrisa.

- ¿Y nosotas somos de codazón puro, aunque a veces nos peleamos Nova y yo? -preguntó ingenuamente la pequeña Hikaru un tanto preocupada.

- Por supuesto que lo son y a pesar de que se pelean y discuten como todos los hermanos en este mundo, en su corazón aun no existe el odio y el rencor y eso las Hadas lo saben, saben que ustedes son dos pequeñas niñas con el corazón puro y por eso van a dejar que las vean -les explicó su madre con gran ternura.

-¿Ensedio¡¡¡Viva, viva!!! Entonces si vedemos a las hadas -festejó Nova.

- Bien, solo esperaremos a que el tiempo se componga e iremos a verlas ¿de acuerdo? -terminó por decir su madre a lo que las niñas respondieron con gran alegría.

En las lejanías del reino de Leiram para ser más exactos en los interiores del Iâ Helë se encuentra una misteriosa cueva, oculta por unos altísimos árboles muertos que arrojaban en el camino tenebrosas sombras negras; el viento soplaba fríamente produciendo un sonido parecido al aullido de un lobo, el camino hacia el interior de la cueva era oscuro y terrorífico, y más en el interior unas pequeñas antorchas de verdes llamas iluminaban el andar y antes de poder llegar hacia el final, cualquiera que se atreviera a penetrar en el interior tendría que pasar por encima del Gwath Rána, la sombra guardiana y custodia del lugar… aunque todos estos obstáculos no parecían intimidar a aquel muchacho de cabellos largos y plateados, ojos color miel y orejas alargadas y puntiagudas como la de los elfos, su frente estaba adornada por una hermosa piedra púrpura, lleva por vestimenta una camisa de manga larga en color beige con bordes dorados al igual que los pantalones que son sujetos por un cinturón ancho de color plata y en la hebilla color de oro tiene un extraño símbolo parecido a un dragón, el chico caminaba por aquellos lugares como si nada de estas "advertencias" le provocaran miedo alguno, por el contrario era como si todo le resultara completamente normal y continuó con su caminar hasta llegar a una especie de trono real, ahí parecía haber alguien, pues el chico saludó con una respetuosa reverencia…

- Mi señor ya he cumplido con sus órdenes, todo va a pedir de boca -le anunció el muchacho-

- Perfecto, ahora solo falta el último paso… estoy seguro de que este cuerpo humano me será lo bastante útil para cumplir con mi cometido -le respondió una ronca voz muy tenebrosa que provenía de una oscura sombra con forma humana de la que solo se podía ver unos penetrantes ojos rojos.

- Lord Avâthare, no sabe cuánto tiempo he esperado para que usted dijera eso. Puedo ver con gran regocijo que se está recuperando tal y como yo lo esperaba mi señor.

- Innova has hecho un buen trabajo, ahora solo respóndeme una cosa ¿Dónde es que están todos mis súbditos?

- Mi señor, su hermano Zión y sus guardianes finalmente lograron vencernos, muchos fueron capturados y otros perecieron en la batalla por la conquista del Planeta Tierra... solamente yo soy el único que ha quedado libre -le informó el chico.

- Eso era antes de que yo regresara... Ahora que estoy recuperando mi poder, ya no será necesario prescindir de estúpidos seguidores que sucumben ante la menor muestra de poder de su adversario, contigo es más que suficiente -dijo con voz gélida.

- Gracias señor, yo le aseguro que jamás le abandonare ni defraudare y le seré siempre fiel. Ahora debo advertirle de que la profecía ha vuelto a surgir, su hermano ha previsto que usted volviera a renacer y ha enviado a este mundo a sus elegidos...

- Ese ya no es ningún problema, me tiene sin cuidado lo que haga mi hermano... Innova te aseguro que este nuevo renacer me ha hecho ser mucho más fuerte y todo gracias a este maravilloso cuerpo que me ofreciste -le agradeció el hombre esbozando una gélida sonrisa.

- Oh no es nada señor, tuve la osadía de averiguar que era uno de los Líderes de su raza y al darme cuenta de que era un humano supuse que era la presa más fácil de capturar, y ha demostrado tener un poder lo suficientemente fuerte para otorgarle su cuerpo en sacrificio.

- Has hecho bien, no dudes en que te recompensare por ello. Ahora iré a descansar todavía no es tiempo para atacar y necesito recuperar todas las fuerzas necesarias para volver a sembrar el caos ahora en este nuevo mundo -el hombre se levantó de su asiento dejando por primera vez que las luces de las verdes llamas iluminaran su rostro, su cabello es largo, color lila y lacio que le llega por debajo de su espalda el cual lo lleva amarrado por la mitad con un pequeño listón rojo, unos cuantos mechones caen sobre sus hombros y su frente está cubierta por su fleco, su apariencia era muy apuesta a pesar de su mirada frívola e implacable, sus ojos eran de un penetrante y gélido color amarillo, por ropa lleva puesto las que aquel hombre portaba y cuyos vestigios desaparecieron casi por completo justo en el momento de su posesión ...

Después de ponerse en pie, Avâthare caminó hacia la profunda oscuridad que ocultaba sus aposentos... Innova se levantó de su reverencia procediendo a regresar a su forma anterior y con una hábil ligereza partió hacia las afueras de la cueva para ir en búsqueda de alguna nueva distracción...

Mientras tanto en el reino de Fraria en el país de los Elfos, una bella mujer de larga cabellera dorada como el sol, de unos hermosos y expresivos ojos color azul celeste, en su frente porta una bella tiara hecha de precisos metales de oro y plata con escarcha de diamantina que se entrelazan entre si y terminan en una punta invertida hacia el centro de sus cejas, es de alta estatura y delgado cuerpo esbelto, lleva puesto un blanco vestido de cuello resorte que van un poco más abajo de los hombros, de mangas largas y acampanadas, falda larga corte tipo princesa, todo hecho de una exquisita tela de transparencias, bordada y con tela de fondo en seda. La bella mujer se encuentra de pie junto a uno de los pilares que forman parte del gran jardín del palacio real, su mirada se encuentra perdida en el horizonte por donde el sol comienza a declinar...

- I amar prestar aen... Han mathon ne nen... Han mathon ne chae... A han noston ned 'wilith... Gwenwin in enninath... -murmuró la princesa en su natal dialecto, el Quenya y que en nuestro idioma quiere decir: El mundo está cambiando, lo siento en el agua, lo siento en la tierra, lo huelo en el aire... Han pasado muchos años...- El peligro se acerca, todo lo que sucedió en el pasado estará de regreso y el mal está por renacer. Nuevamente nos veremos involucrados en una cruel batalla -sentenció la mujer... En el ambiente se podía respirar cierto aire de intranquilidad pues en el horizonte se podía observar la extraña formación de negras nubes que dejaban caer su torrente lluvia sobre alguna lejana aldea y que a su vez despedían una ligera negatividad que la princesa había logrado percibir...

Continuará...


Diccionario:

Man nályë?: Quién eres?
Runya: Llama roja.


N/A: Hikaru esta de vuelta una vez más con este fic, jejeje... se que lo deje en el abandono y por lo mismo lo borre pero hare todo lo posible por poder continuarlo hasta llegar a su fin... solo les pido paciencia... ¿si?... y quiero agradecer de todo corazón a mi linda nee-chan Vio que me animo (e insistio he de decirles ¬o¬... nu cheto nee-chan no lo dio de mala gana tu sabes n.n) a subir una vez mas este fic... saludos y hasta pronto!!!