Los personajes de Twilight no me pertenecen y la historia tampoco, es de Rodrigo Reis; solo me adjudico la traducción.
¡DISFRÚTENLO!
Capítulo 1 – El nacimiento.
"El nacimiento es, nada más y nada menos, que un soplo mayor que el aire, un peso menos en la espalda, una nueva esperanza en el pecho". – Drigo
El viento helado soplaba en mi cabello desarreglado mientras vagaba. Tenía eternos 21 años. Anduve solo por varias décadas entre los humanos. Al comienzo, las emociones de los demás invadían mi cuerpo como lanzas flameantes de dolor. Estaba confuso, no entendía qué estaba pasando conmigo. Apenas estaba ahí, sintiendo e influenciando en lo que las personas sentían sin saber en qué pensar.
Andaba solo, en busca de otros iguales a mí, si es que los mismos existían. Pero, en aquella tarde oscura mientras caminaba junto a aquellas casas, fue totalmente aterrador. Junto con el viento, un dolor fuerte invadió mi cuerpo acompañado de miedo. No sabía de dónde venían aquellas intensas ondas de desespero que pasaban por el suelo de color rosa, y los gritos de una mujer se escuchaban en la parte de arriba.
Era el año de 1901, recuerdo perfectamente. Entré en la casa sintiendo todo aquel pavor aumentar. Subí las escaleras temiendo lo que encontraría en el cuarto de arriba. Un niño, de aproximadamente 6 años, cruzó mi camino con lágrimas escurriendo de sus ojos verdes. Su cabello de color cobre estaba desordenado bajo la boina que usaba, y su piel era pálida como el hielo. Sentía su cuerpo temeroso por dentro. El miedo que exhalaba, a pesar de lo intenso, no llegaba a aproximarse al que me había atraído al interior de esa casa. El lloraba sentado enfrente de una puerta. Su llanto era sufrido, sollozó cuando sus manos pequeñas intentaban limpiar las lágrimas que escurrían obstinadas. Me agaché frente a él, mirando directamente a sus ojos esmeraldas.
―No llores, pequeño ―murmuré, apretándole el hombro.
Otro grito se hizo oír a través del corredor. Me levanté, dejando al pequeño niño aún ahí, llorando.
Atravesé la puerta y descubrí la fuente de las intensas ondas de desespero y tristeza. Su rostro sudado y su posición mostraban que un parto estaba aconteciendo. Me recosté en la puerta para observar por algunos segundos. Un joven andaba de un lado para otro del cuarto, con toallas mojadas y con lágrimas en su rostro. El temor también estaba ahí y brotaba por su frente junto con el sudor, pero el mayor pánico venía de ella.
Me aproximé lentamente al lecho, sintiendo el soplo helado de la muerte en su nuca. Tomé su mano firmemente y me concentré. Ya había intentado eso con otras personas. Poco a poco, su respiración se hizo rítmica y ella conseguía empujar su cuerpo invadido por las contracciones. Una sonrisa algo triste brincaba en sus labios al observar a su joven marido llenándose de esperanza y entusiasmo.
El alto llanto se hizo oír respetuosamente en el ambiente pequeño. Miré fijamente a la cara cansada de la muchacha, y sentí su cuerpo dar un último suspiro. Sus ojos fijos y vacíos eran azulados y transmitían emoción. El joven, Jonh Brandon, se aferró al pequeño ser expulsado al percibir la falta de vida en el rostro de su esposa. Su grito de dolor fue angustiante, pero los ojos fijos de la niña en mi rostro me erizaron, distrayéndome por algunos instantes. El verde era intenso y denso como un bosque, como los ojos de su hermano. Su rostro ensangrentado era delicado. Jonh lloraba como un niño que estaba sentado en la puerta.
― ¡Alice! ―murmuró entre hipidos―. Alice Mary Brandon. ―La alzó en el aire con una sonrisa leve en sus labios, para después atraerla nuevamente a su pecho―. ¡Edward! ―llamó el padre.
El niño entró lentamente en el cuarto con la cabeza baja. La boina en la mano estaba torcida, mientras sus dientes aseguraban a sus labios temblorosos.
―Ven, hijo mío ―Jonh lo llamó―, ven a verla.
Jonh estaba confuso. No sabía qué sentir. Su pecho, inundado de dolor por su esposa muerta; frente a eso, rebosaba de alegría por el nacimiento de su tan soñada hija.
Edward estaba sentado en una pierna de Jonh mirando a la pequeña Alice. Mientras la mirada del padre estaba fija en Sarah, su esposa. Sostuve sus hombros y dejé mi mirada a la altura de su vista perdida.
― ¡Mantenga la calma! ―intenté consolarlo―. Todo estará bien.
Pasé mi mano por la mejilla de Alice, y sentí mi pecho querer explotar.
―Todo estará bien… ―repetí para mí mismo, acariciando a la pequeña niña
No conseguí apartarme de aquella familia durante aquella semana. Jonh, intensamente abatido con la pérdida de su esposa, cayó en cama días después del nacimiento de Alice. Tres, para ser más exacto.
Era un miércoles cuando escuché que él llamaba a Edward al cuarto y le pedía al niño invitar a su padrino ―Carlisle Cullen― para una visita. El niño, siempre fiel y obediente a Jonh, asintió con la cabeza y salió por la puerta hasta el final del barrio. Mientras caminaba, Edward reflejaba los últimos acontecimientos.
La muerte de su madre le traía sufrimiento, pero tener a la pequeña Alice en sus manos le daba tanta alegría. La culpa también estaba presente en su pequeño cuerpo.
― ¿Por qué se siente culpable, Edward? ―pregunté, mientras lo acompañaba en sus pasos.
El niño miraba el horizonte mientras las lágrimas saladas cortaban su reluciente sonrisa, negaba con la cabeza, su expresión era tan controversial, mas al mismo tiempo… tan sincera, ingenua.
Pronto, él ya estaba frente al portón dorado de la enorme mansión que estaba al final de la calle. Sus ojos brillaban mientras llamaba la atención de su madrina ―Esme Cullen―, que regaba y podaba algunas plantas en su jardín.
― ¡Mi pequeño Edward! ―La joven mujer de cabellos caramelos exclamó al ver la figura pequeña de Edward al frente del portón―. ¿Qué te trae por aquí, querido mío?
La joven muchacha, que ahora se acercaba, llegó desesperada al ver las lágrimas resbalando por el rostro pálido del niño.
― ¿Qué pasó? ―Su voz dulce y maternal atrajo a mis oídos.
El desespero pronto fue sustituido por la compasión al acunar al niño en sus brazos. Sonreí al entender lo que planeaba Jonh.
― ¡Carlisle! ―Esme llamó desde el jardín―. ¡Van acá!
Pronto, un hombre alto y rubio salió de un gran balcón y fue para juntarse con su esposa. Tan joven como Esme, e igualmente amoroso, él lo abrazó.
―Esme, querida. ¡Sarah! ―Carlisle la abrazó con rostro consternado―. Disculpa el no haberte dicho nada antes.
La mujer levantó la mano a su boca abierta, y apretó al niño aún más en su abrazo. Sentí el nudo en la garganta de Carlisle aumentar mientras el niño sollozaba.
―Mi padre quiere conversar con usted, padrino ―intentó hablar entre los sollozos.
Carlisle miró a Esme, que ya tenía lágrimas en los ojos. Los dos asintieron y entraron de regreso a su enorme casa.
BR Ariana Mendoza
Mi Ari, mil gracias por una vez mas acompañarme en este hermoso proyecto. Te amito
Rodrigo Reis é um prazer traduzir essa história, muito obrigada por permitir-me isso!
Y bien ¿Qué opinan? ¿Dejaran sus Reviews? :D
Mil gracias por sus favoritos, alertas y reviews anteriores :3 son un incentivo genial
Nos leemos dentro de quince días ;)
Beijos
Merce
