Originalmente es un One Shot. Como quedó muy largo, lo dividí.


-¿Me dicen que ayer hubo una fuerte tormenta?- preguntaba Greg un poco amodorrado. Siendo las 9 de la mañana se disponían a desayunar.

-Rayos, no escuché absolutamente nada- dijo el hombre tallándose las sienes en una evidente muestra de malestar mientras se sentaba en la mesa. Lapis se servía dos rebanadas de pan tostado con mantequilla en la cocina.

-¿no tuviste miedo Steven?- Preguntó el hombre.

Steven estaba sentado en el otro extremo de la mesa, moviendo ensimismado su cuchara en el cereal con leche de su tazón.

-¿Steven?- Repitió Greg

-¿Eh? Mande, ¡Sí!-respondió el niño saliendo de su trance.

-Vaya que andas perdido esta mañana. ¿Pasa algo?-

-No papá, es solo que pensaba en...en...- Steven dudó.

-En ese libro que le prestó su "novia" Connie- intervino Lapis que se servía un poco de jugo de naranja en la cocina.

-No es mi novia Lapis- dijo molesto el chico.

-¿La morenita Maheswaran es tu novia Stevo?- siguió el juego Greg antes de acabarse medio vaso de jugo de una sola toma- tienes buenos gustos picarón-

-¡Papá!- exclamó molesto el chico.

-¿Qué? Tienes buenos gustos, si va a ponerse como su madre te sacas la lotería- y Greg rio cínicamente acabándose el jugo. Entonces fue Lapis quien intervino.

-¡Papá!, compórtate- dijo la joven mientras se sentaba colocando su plato con las tostadas y su vaso de jugo.

-¿Qué? Soy viejo pero tengo buen ojo- y volvió a reír mientras comía su tostada.

-Yo...-dijo Steven con timidez, rompiendo un poco el ambiente.

-¿Qué pasa Steven?- preguntó Greg aun riendo un poco.

-Yo nunca voy a tener novia- dijo en voz baja pero con firmeza –yo me voy a quedar para siempre con Lapis-

Lapis sintió que se le congelaban los hombros, ¿Qué diablos pensaba Steven? ¿No le había quedado claro?

Y es que esa primera noche, después de caer rendidos por la potencia del orgasmo compartido y dormir prendados uno del otro. Habían hablado.

"-Steven, esto que pasó no podemos decirlo a Papá ni a nadie. ¿Si sabes por qué?-

-Porque...¿es malo?-

-No, no mi amor, no es malo. Pero es porque somos hermanos que está, pues, prohibido para nosotros-

-¡Pero yo te quiero mucho!-

-Y yo a ti, pero si alguien se entera de esto, nos separarán para siempre-

-¡No! ¡Eso no Lapis! ¡No quiero que te alejen de mí! ¡No lo soportaría!-

-No me iré nunca hermanito, solo no digamos nada a nadie de esto ¿Si?-

-Está bien, lo...prometo"

Lapis se había levantado temprano para cambiar las sábanas y colocar las ropas impregnadas en un lugar donde sabría que su padre no se asomaría. Al final, ella lavaba casi siempre la ropa.

Y ahora, estaba en la mesa con el rostro congelado viendo a su padre, esperando la reacción.

Greg miró a Steven un segundo antes de lanzar una risa. Lapis solo enmudeció.

-Eso dices ahora chiquitín, pero cuando seas un poco mayor, no querrás que tu hermana se acerque a ti-

-Yo jamás querría eso- dijo manifestando molestia Steven.

-Steven...- intervino Lapis pero un ademán de su padre la silencio.

-Mira Steven- menciono Greg ya seriamente- entiendo que por ahora te molestes y no te diré más al respecto; es solo que ahora no lo entiendes y no tienes por qué entenderlo. Eso vendrá solo con el tiempo. En algún momento te darás cuenta que hay vida más allá de cuatro paredes, y más allá de nosotros tres- el hombre al terminar de hablar, se puso de pie y colocó su plato vacío en el lavatrastos; para luego proceder a ir a su cuarto. Antes de entrar se dirigió a los chicos.

-Si no me crees Steven, pregúntale a Lapis. Ella no quería venir por quedarse a una fiesta con sus amigos. La traje casi a fuerzas - los vio a ambos con seriedad –hay una vida allá a fuera- y se retiró a su cuarto.

Entre ambos chicos se posó un silencio incómodo. Solo el canto de algunas aves se dejaba escuchar a lo lejos junto al zumbido del refrigerador.

Fue Lapis la que se atrevió a hablar.

-Steven...-

-Es verdad. Tú no querías venir- dijo de pronto el chico.

-Steven ya hablamos de eso-

-Tú no querías venir- y la volteó a ver con la mirada mojada-me ibas a dejar solo aquí-

-Claro que no Steven yo...-

-Entonces dime ¿qué hubieras hecho si papá te daba permiso?- y Lapis con la boca abierta, no supo que decir.

El la miró con tristeza, con un vacío en el pecho que le dolía.

-Papá tiene razón, tú querías quedarte- se secó una lágrima en la manga- y un día te alejarás-dijo con voz rota- como dice papá, yo también creceré, y me alejaré. Me quedaré solo.-

El chico se paró y con rapidez se dirigió a la salida para una vez afuera correr hacía el bosquecillo. Quería simplemente estar solo, sufriendo sin querer, un primer desamor.

Lapis sintió brotar algo amargo en su boca. Es verdad, si su padre le hubiera dado permiso unos días antes, ella no hubiera asistido ese otoño a la casa de campo.

Tomó todos los trastes de la mesa y los colocó con rapidez en el lavabo. Tenía que encontrar a Steven.


La joven se adentraba en aquel bosque tupido de árboles altos y delgados. La hojarasca seguía un tanto húmeda después de la terrible borrasca de la noche anterior.

Conocía el lugar bastante bien, y se imaginaba dónde podía encontrarse su hermano.

-¡Steven! ¡Sal ahora!- gritó, pero no hubo respuesta.

Entonces se encaminó un poco más. Sabía que si seguía derecho se toparía con una vieja cerca que delimitaba el espacio. Tenían estrictamente prohibido ir más allá.

-No creo que se haya atrevido- pensó.

-¡Steven! ¡Las cosas no son como crees! ¡Sal en este instante jovencito!-

-¡No!- se escuchó a lo lejos.

-Está en el bosque- dijo Lapis con alivio corriendo en dirección de donde había escuchado la voz.

-¡Steven sal! ¡Yo no te voy a abandonar!-

-¡Mentira! ¡Ni querías venir! ¡Estas harta de mí!-

Ella pudo ubicar un pequeño bulto detrás de una roca.

-¡¿Que estoy harta de ti?! ¡¿Cómo te atreves?!-

El chico ya sintió muy cerca la voz de su hermana y se asomó. Al ver que ella se acercaba se echó a correr.

-¡Déjame en paz! ¡Vete con tus amigos!- gritó el chico y su hermana, ya bastante fastidiada, aceleró a fondo y de esta manera lo alcanzó, lo tomó con fuerza de ambas muñecas y lo aprisionó en un árbol.

-Escúchame bien Steven Cuarzo Demayo, ¡no estoy harta de ti ni lo estaré nunca!-

-¡Mientes!- contestó el chico sin voltear a verla-¡Te querías quedar con otras personas!-

-¡Sí!, ¡es verdad!, ¡pero eso no significa que te voy a abandonar!-

-¡Te vas a ir y me vas a dejar! ¡Justo como mamá!-

El mundo de Lapis se detuvo de pronto, hasta su respiración. Lo miraba incrédulo.

-¿Cómo dijiste?-

Él, al ver la mirada de su hermana mayor supo que había cometido un error.

-Yo...¡AY!- Lapis apretó las muñecas de su hermano que aún tenía contra el árbol y acercó su rostro con violencia.

-Escúchame bien Steven, yo jamás, ¡jamás! Seré como esa maldita. ¡Así que te prohíbo! Me vuelvas a comparar con ella- apretó más las muñecas del chico.

-¡Ay! Me...duele...-

Lapis se alejó de súbito dando un tirón en una de las muñecas del niño haciendo que cayera al suelo.

-Y si tan enojado estás conmigo, pues te dejo en paz y listo- le dijo la joven y le dio la espalda caminando con rumbo a la casa. Dejando al chico tirado y sollozando.

Podría haber llevado unos 10 pasos cuando escuchó detrás de ella.

-No te vayas...- pero Lapis no se detuvo.

-¡por favor no te vayas!- Lapis siguió sin detenerse.

-¡Perdoname Lapis!- y el chico se paró para correr tras su hermana, quien solo sintió que alguien la abrazaba por detrás.

-Por favor perdóname, no te vayas por favor. Es que tengo miedo de que te alejes y no vuelvas. Tengo mucho miedo de quedarme solo manita, ¡por favor! No me dejes...- y el niño se entregó a llorar. Lapis pudo notar como su camiseta se humedecía mientras que ella igual sentía por dentro dolor.

Dio lentamente la vuelta para abrazarlo, limpiarle las lágrimas y mirarlo con la mayor seriedad posible.

-Primero- le dijo-quiero que me creas que jamás voy a abandonarte ¿Si?- el chico solo asintió sollozando.

-Si me vuelves a hacer una de estas escenas me voy a enojar mucho-

-No...no volverá a pasar manita- dijo el secando sus lágrimas con las mangas.

-Y segundo – de los hermosos ojos azules de Lapis, bajaron dos gruesas lágrimas que recorrieron sus mejillas hasta caer al decir con voz descompuesta –jamás vuelvas a decir que te voy a abandonar como lo hizo mamá- y el bello rostro de la joven se descompuso en un rictus de dolor profundo, mientras más lagrimas caían con firmeza. Ella se llevó una mano a la boca.

Steven se asustó al ver a su hermana llorar de esa manera y rápidamente la abrazó tomándola de la cabeza pegándola a su hombro. Sintió como su camiseta se mojaba.

-Yo...no soy...como ella...- dijo mientras pequeños espasmos denotaban sus sollozos.

-Perdóname hermanita, soy un tonto- un nudo en la garganta atragantaba a Steven –tú no eres como ella, eres diez mil veces mejor. Eres única y por eso te amo, te amo demasiado-

Ella lloró en su hombro ante el horror de ser comparada con el ser que más aborrecía.

-Perdóname por favor- dijo él con un mundo de culpa.

Entonces, ahogada en su dolor, y escuchando las desesperadas palabras de aliento de su hermano, se separó de él solo para besarlo entre lágrimas, con fuerza, con pasión. Buscando con la intimidad, una cura a la vieja herida.

Él, aunque no lo esperaba, lo recibió con felicidad; ella estaba siendo algo agresiva.

-Lapis...nos...pueden ver...-intentaba decir el chico entre besos.

Pero a la joven no le importaba, comía los labios de su hermano degustando su pequeña boca; salía de ella para besar sus mejillas y volver nuevamente con bríos.

Era su dolor derramado sujetándose a su pequeña balsa. Lo quería para sí. Lo quería para siempre.

-Mfh, ah, La-pis- exclamó el chico cuando ella lo hizo recostarse para poder ponerse encima de él y besarle el cuello a discreción.

Ella lo tomó de las muñecas y lo volvió a aprisionar pero esta vez contra el suelo y de manera mucho más suave.

Así, en medio de aquel bosquecillo de altos árboles donde un par de hermanos habían jugado a encontrar insectos, se comían a besos dos personas muy jóvenes, encontrando en el placer una cura para un pasado devastador.

Lapis se separó de los labios de su pequeño hermano para verlo a los ojos. Él se encontraba en éxtasis y se notaba sonrojado. Ambos respiraban agitados.

-No te mereces nada por todo el show que me hiciste- le dijo secándose las lágrimas–por eso creo que te mereces un castigo- y Lapis por fin sonrió.

-¿Qué...que me vas a hacer?- dijo el preocupado.

-Ya verás- dijo poniéndose de pie y cargando a su hermano con algo de dificultad.

-Ya pesas Stevo. Si todo sale bien, algún día tú me cargaras a mí- y en ese momento, el chico no entendió esas palabras.

Lapis no camino mucho, detrás de una serie de matorrales que colindaban con el sendero hacía el lago, conocía una gran estructura de concreto como de tres metros de alto por varios de ancho, que era perfecto para esconderse si eso era lo que uno deseaba. Colocó al chico sin soltarle la muñeca, ella se sentó, y lo colocó en su regazo.

-Lapis, me estas asustando-

-Con esto aprenderás- y la chica lo besó mientras que, con la seguridad de la zona le proporcionaba, le desabotono el pantalón y bajó la cremallera.

-Mmmh- hizo a exclamar Steven pero su hermana no liberaba sus labios, en cambio, comenzó introducir su lengua hasta lograr tocar la del chico. El beso se hizo profundo mientras ella le bajaba los pantalones a la rodilla.

-La-pis, puede...puede venir papá- exclamó el chico en desesperación, ya que una cosa era la intimidad de la noche bajó las sábanas, y otro a plena luz del día. Se moría de pena.

-Ya hicimos esto antes, no seas cobarde. Además es tu castigo por ser caprichoso- y la joven metió lentamente su mano hasta tomar el miembro de su hermano.

Aún no estaba erecto, se sentía un tanto suave al tacto, así que lo tomó completamente masajeándolo con todos los dedos.

Lapis disfrutaba esta vez con la luz del día, poder ver la cara de placer y pena de su pequeño hermanito.

-Ay ah mfh hermanitaa...- Ella lo besó de nueva cuenta para robarle los gemidos mientras sentía como el cuerpo del chico reaccionaba.

-¿Te gusta como lo hago? ¿O te gustaría que te lo hiciera tu amiguita Connie?- le preguntó ella de forma traviesa mientras que ya comenzaba lentamente a subir y bajar la piel del miembro chico. Notó que al decir el nombre de la niña, el pene de su hermanito palpito.

-Aaah, ¿con que si te gusta la mocosa?-

-N-no Lapis...es...es... ¡Aaaah!- gimió con fuerza cuando sintió algo muy cálido cubrir su pene a la altura del glande y ejercer una leve succión. Abrió los ojos que tenía cerrados de placer y la vio. Lapis lo había soltado un segundo para agacharse y colocar sus labios alrededor de su miembro.

Ella bajo un poco más cubriendo solo la mitad para retirarse y salir definitivamente, volviendo a tomarlo con la mano.

-A ver si tu Connie tu hace eso- y Lapis aumentó el ritmo con su mano. El pequeño solo se agitaba del placer y la imagen mental que su hermana había puesto en él.

Lapis volvió a notar entre sus dedos el líquido pre seminal de Steven mezclado con su saliva y su calor corporal aumento aún más de lo que ya estaba.

Entonces tomó la mano de Steven.

-Quiero que hagas algo por mi manito ¿lo harás?-

-S-si Lapis, l-lo que sea-

Entonces ella se desabrocho el pantalón y bajo totalmente su cierre, descubriendo una parte generosa de su panti color azul celeste.

Guio la mano de Steven hasta que pasó por debajo de la tela de la ropa íntima.

Steven sintió su pene de piedra cuando se percató de una pequeña mata de bellos que le acariciaban la palma de la mano conforma bajaba.

-Se siente bien Lapis- dijo descontrolado.

-Cállate menso-

Entonces sus dedos encontraron algo húmedo y una pequeña hendidura, donde instintivamente un hundió el dedo índice empapándolo. Lapis aspiró con fuerza ante el tacto.

Ah, mi pequeño- dijo entre suspiros- ¿recuerdas lo que te dije ayer? ¿Qué esa parte es tan sensible como la tuya?-

-Si manita, me acuerdo-

Ella lo miró con dulzura –acaríciame allí por favor, me haría muy feliz-

Y nada quería más Steven en este mundo que hacer a su hermana feliz. Entonces con firmeza metió más la mano hasta pasar su dedo índice por todo lo largo de esa deliciosa incisión. Un poco más abajo, se encontró en una zona tan caliente y húmeda que lo tentó a meter más su dedo. Lo hundió en un movimiento único llevando su índice hacia su palma, recogiendo en el trayecto, un líquido que lo enloquecía.

¡AH! Aah! Así Stevi, Asiiii- Lapis empezó a agitar sus caderas al sentir el invasor dedo adentrarse a su vulva y una y otra vez –así mi amor-

La palma de la mano de Steven, daba contacto directo con el clítoris de la joven, lo cual le provocaba simultáneamente un doble placer que la estaba sofocando.

La sensación era tal que Lapis detuvo la estimulación al chico un momento, solo lo sostenía con fuerza.

-Ah, ah, aaay Steven- entonces comenzó nuevamente el vaivén en su hermano dispuesta a devolverle la ola de sensaciones.

De lejos, se podía distinguir una joven sentada, apoyada en una gran estructura de piedra, con las piernas semicruzadas, y un chiquillo en su regazo.

Si observabas bien, notabas que ella tenía la boca abierta ante los gemidos de placer, mientras masturbaba con pasión al chico quien tenía los pantalones a la rodilla. Y el chico, con su mano perdida en la panty de la joven, movía con vigor su mano adentrándose cada vez más en aquella riquísima cueva.

Los sonidos se volvieron cada vez más y más acuosos, el pene de Steven brillaba junto con los dedos de Lapis bañados en fluidos, mientras que toda la mano de Steven se encontraba empapada de los líquidos de ella.

-Lapis voy...voy...- y la dama le apretó el pene al chico mientras bajaba totalmente su piel.

-Ay, ay aaah ¡Lapiiis!- y ante la tensión que provoca el orgasmo, él metió dos dedos dentro de su hermana llegando más profundo, moviéndolos de arriba abajo dentro repetidamente.

Lapis gimió tan fuerte que pudo escucharse a varios metros.

Mancharía sus pantalones pero ya no le importaba.

El placer que curaba el dolor del pasado. El amor incondicional de su hermano. Simplemente merecía cualquier sacrificio. Cualquiera.


Hacía ya rato que Greg había acabado de escribir las canciones que necesitaba. Tenía que admitir que la mitad del tiempo que se quedaban en aquel paraje se debía a que se terminaba transformando en una especie de escape de su vida habitual.

De tres días, uno y medio eran suficientes para terminar su trabajo, y el resto era excusa perfecta para emborracharse sin ojos incómodos, tocar guitarra y entregarse a la nostalgia.

Tenía un pequeño tocadiscos, y en ese momento sonaba en el aire Stairway to heaven de uno de sus grupos favoritos: Led Zeppelin.

Siendo las 5 de la tarde, tenía ya varias horas que había tomado el almuerzo que Lapis le llevó (una crema de champiñón y Nuggets de pollo) y ahora degustaba, desde un vaso de cristal corto pero ancho, el líquido ámbar que le recordaba que alguna vez, fue un hombre con una pareja.

Agitó su vaso mientras se recargaba en aquel sillón mullido de color verde viejo.

Pensaba de pronto en sus hijos; Steven era retraído y poco sociable. Pensó en que quizá debería meterlo en alguna disciplina que le ayudara a desenvolverse mejor con los demás; y así, fuese despegándose del encierro de la casa. Y de ese apegó a su hermana.

-Es normal- se decía –a esa edad es normal-

Tomaba un sorbo da su vaso y sentía el líquido quemante bajar por su garganta; luego, le daba un trago a un vaso con agua mineral que tenía al lado del whisky; así le gustaba tomarlo desde que era joven.

-Al parecer el viaje les está haciendo bien- seguía en sus pensamientos al recordar que había visto a su hija de muy buen humor al momento de dejarle la comida.

-Se ve contenta y radiante, pero tiene razón en que no tiene tiempo para ella- agitó de nuevo su vaso con licor. Frunció un poco el ceño.

-Quizá deba pasar una temporada con su tía Perla. Un tiempo entre mujeres alejada de mí y de Steven- bebió de nuevo de su vaso dejándolo sobre la mesa.

-Creo que es lo mejor- Tomó la guitarra y comenzó a seguir los acordes de la canción que resonaba en el aire, mientras imaginaba que tocaba frente a un gran escenario, ante público que le aplaudía frenético.


Los chicos degustaban la tarde sentados en el viejo muelle. Con sus pies colgantes y descalzos, una joven de 16 años y un pequeño de 12 jugaban a atrapar un enorme pez bagre, en aquel pequeño lago.

Ambos sostenían sus respectivas cañas, pero como cada año, solo sacaban una colección de zapatos y bolsas de plástico roídas.

-¡Parece que atrapé algo!- gritó el chico comenzando a recoger el carrete de su caña con mucho ímpetu.

Instintivamente Lapis tomó el hombro de su hermano por el temor de que lo que fuera que hubiere agarrado lo llegase a tirar al agua. Aunque nunca habían sacado nada con vida, o siquiera orgánico.

Steven se esforzaba imaginando que luchaba contra una fuerza del mar, hasta que por fin al recoger todo el carrete, fue saliendo del agua una peligrosa bolsa repleta de agua sucia.

Steven frunció la nariz molesto.

-¡Esto es el colmo! Papá nos engañó, aquí no hay ningún bagre-

-Bueno, a tu favor esta que es la bolsa más grande que hemos pescado- dijo Lapis riendo.

-Mmf- gruño el chico.

La tarde comenzaba a bajar su manto de penumbra y el viento con aroma a humedad lo llenaba todo.

Por la superficie de ese lago que se extendía frente a ellos, comenzaron a llegar infinidad de libélulas en busca de alimento. Luego el zumbido de las chicharras.

-Lapis- hablo de pronto el chico, aun sosteniendo su anzuelo eternamente vacío.

-¿Qué pasa Steven?-

-¿Esta bien lo que hacemos?- y de pronto el sonido de los insectos se incrementó. Lapis sintió como se oscurecía levemente.

-No lo sé- respondió con sinceridad –no tengo todas las respuestas Steven- luego, le pregunto preocupada.

-¿Te sientes mal? Si te sientes mal, podemos prometer no hacerlo nunca más- le dijo la joven.

-No, no es eso- dijo el chico con timidez- es...es solo...que tengo miedo-

-Yo igual Steven- Lapis bajo un poco la mirada, ella, al igual que él, no tenía idea de qué hacer con esos sentimientos y sensaciones a los que se habían abandonado desde la noche de ayer. Tenía miedo, pero se negaba siquiera a pensar, en detenerse.

-Lo importante es que no se entere nadie. Esto es algo entre tú y yo- dijo con voz calmante.

-Si hermanita, ya lo sé -luego le preguntó con seriedad -¿Es verdad eso de que si nos descubren no separarán?-

Ella asintió con la cabeza mientras decía –Si, eso es seguro. A mí me llevarían con alguna tía lejana y tú te quedarías con papá-

-Pero ¿Por qué? ¿Si tú me quieres y yo a ti?- dijo el chico un tanto desesperado.

-Por qué no es correcto querernos de esta forma Steven, por el hecho de ser hermanos-

El chico se puso serio –Quisiera... que no fueras mi hermana- dijo de pronto. Lapis lo volteó a ver -para que fueras mi novia-

Lázuli sonrió ampliamente.

-¿Estas pidiéndome que sea tu novia pedazo de Don Juan pigmeo?-

-¡Laapis! Ya ves cómo eres-

-Ja, ja, te envalentonaste para pedirme que sea tu novia y antier apenas me estabas haciendo berrinches- Lapis se moría de la risa.

-Lapiiis- y el pequeño le jalaba la manga a su hermana, atacado de pena.

La joven dejó su caña a un lado sin el más mínimo temor de que algo la halara al lago. Tomó al pequeño de las mejillas.

-¿Te gusta tanto tu hermana, como para pedirle que sea tu novia?-

El chico con el color terriblemente subido no respondió.

-¿Eh?- insistió.

-Si- dijo de forma casi inaudible.

-¿Cómo?-

-Que si-

-No te escucho- y Lapis lo soltó.

-¡Que sí! ¡Quiero que seas mi novia!- gritó el chico y ella se abalanzó a poner ambas manos en la boca de su hermano.

-¡Ssshhh! Cállate loco- dijo riendo un poco, para luego soltarlo y darle un dulce beso en los labios.

Se separó y lo vio con ternura. El sol se dejaba caer en el horizonte, la oscuridad lo comenzaba a cubrir todo.

-Acepto, mi vida-


Greg se levantó pesadamente de su sillón verde. Se había quedado dormido en algún momento mientras escuchaba por segunda vez un disco de Santana. Se llevó una mano a la cabeza y volteó a ver la botella, la encontró casi vacía.

Tambaleante se fue hasta la puerta de su habitación y salió a la sala.

-Papá, mira cómo estás- dijo Lapis quien ya estaba vestida para dormir con su short y camiseta blanca de mangas azules.

El hombre se llevó una mano a la cara, y apretó los ojos en busca de concentración.

-Ya...acuéstense...-dijo con dificultad.

-Tú también papá, por favor- dijo ella suplicante al ver a su padre en ese estado.

Él hombre solo alcanzó a asentir un par de veces, dio media vuelta de manera patosa y se adentró a su cuarto.

Lapis suspiro con tristeza, apagó todas las luces de la sala y procedió a subir las escaleras. De pronto, un trueno a lo lejos llamó su atención.

-Esta noche habrá tormenta igual- y terminó de subir.

Greg por su parte se dirigía a su cama para dejarse caer, entonces escuchó que su disco de vinil seguía girando en el tornamesa haciendo un ruido repetitivo. Fue hacia el para apagarlo, y en eso divisó lo que restaba de su botella de Jack Daniel's. La tomó, la destapó y se bebió de golpe lo que quedaba en ella pasándolo por su garganta de forma inclemente.

Azotó la botella en la mesa y se tumbó en su sillón, donde se quedó profundamente dormido, casi inmediatamente.

Arriba, Lapis se acomodaba en su cama pensando todo lo que había vivido en las últimas horas. No se atrevía a adentrarse en sus pensamientos porque temía que la fueran a consumir.

-Yo lo amo- se dijo en su defensa- y eso está bien ¿no?-

Afuera comenzaron a caer las primeras gotas de lo que sería un vendaval.

La lluvia se había desatado con la misma furia de la noche anterior. Truenos y relámpagos se dejaban caer y estremecían a todos y a todo. La lluvia como balas líquidas caía en ráfaga sobre la las paredes y techo de aquella casa blanca.

Lapis estaba sentada en su cama tomada de las rodillas más con ansiedad que con miedo. Cada que un rayo iluminaba su habitación esperaba ver al pequeño acurrucado al lado de la puerta como la noche anterior, para irlo a salvar y guarecerlo en su lecho.

Pero él no estaba. Y un sentimiento tardío de culpa le llegaba al pensar que ella debía ser quien lo fuera a buscar a su habitación.

Había pasado más de dos horas desde que se habían acostado. Y más de una en que la tormenta había desatado su furia.

¿Por qué no había llegado? ¿Ya no temía a las tormentas?

Decepcionada de la espera. Se sentó en su cama y buscó sus pantuflas. Simplemente deseaba verlo, eso era todo.

Con pasos silentes y en medio de la penumbra, cruzó su cuarto. Salió al pasillo y otro trueno le cimbro el vientre. La mayoría de las veces el miedo no tiene nada que ver con la edad.

Comenzó a caminar hacía el cuarto de su hermano. Cruzó las escaleras y echó un vistazo hacía abajo. La puerta del cuarto de su padre no reflejaba ninguna luz. No era que esperaba que lo hiciera, Greg siempre estaba más que dormido para esta hora, después de cenar con Jack.

En sus pensamientos estaba cuando, dando unos pasos más, se topó con algo. Se quedó inmóvil un instante, antes de voltear a ver el pequeño obstáculo.

-¡Steven! ¿Qué haces aquí?-

-Yo...iba a tu cuarto...- dijo el chico con voz suave- ¿y tú?-

-Yo vine a ver por qué mi novio no me visitaba- le dijo en un susurro y él sonrió.

-Es que...esperaba a papá para que me diera las buenas noches. Pero no llegó-

-Yo hablé con él. Me dijo que ya nos acostáramos y se fue a dormir-

-ya veo, con razón- dijo el chico.

-Bueno- finalizó ella- ya que te vi, buenas noches- y le dio un beso en la frente y dio media vuelta para ir a su habitación.

Pero algo la detuvo de su camiseta. Volteó a ver y encontró a su pequeño muy apenado.

-Lapis...yo...-

-¿Si?- contestó de forma traviesa la susodicha. En la oscuridad Steven no vio la sonrisa de su hermana.

-Yo...puedo... ¿dormir contigo?- dijo casi murmurando la última parte.

-No- dijo Lapis firmemente. El chico bajó la cabeza muy triste.

-Claro que no Stevo, porque yo dormiré contigo. Esta vez me toca a mí quedarme en tu cuarto-

Y la sonrisa del chico, pareció iluminarlo todo.

En el cuarto de abajo, en el sillón verde mullido, un hombre de barba café y cabello largo, se movía incómodo, como atacado posiblemente, por una pesadilla.

-Ro-se- murmuro antes de volver a quedarse quieto.

Lapis, sentada al borde la cama observaba a su pequeño hermano quien estaba parado frente a ella a unos 2 metros.

-Bien- dijo ella- el juego lo comienzo yo ¿sale?-

El chico solo asintió. Lapis le había dicho que iban a jugar a algo, pero no sabía a qué.

-Quítate el pantalón del pijama-

El chico, un tanto nervioso, con algo de temor se quitó el pantalón de lana.

-Bien, ahora vas tú- ordenó Lázuli.

-Yo...yo...quiero que te quites tú...tú...- y le señalo el short.

-¿El short?- adelanto ella, el solo asintió.

La joven se puso de pie y lentamente se bajó la prenda dejando lucir sus pantis. Se sonrojó un poco. Steven no le quitaba la vista de encima.

-Bien, yo quiero...mmm que te quites la camisa- dijo ella volviéndose a sentar.

El chico se desabotonó la camisa del pijama deshaciéndose de ella. Había quedado solo en su trusa. Su nerviosismo era evidente.

-Yo...quiero que te quites tu remera de béisbol-

Ella le sonrió y de un movimiento se sacó la camiseta, dejando al descubierto sus pequeños pechos.

Él estaba hipnotizado. Era la primera vez que podía admirar en su totalidad a su hermana. A esa distancia y en la penumbra, su piel se vislumbraba azul, mientras tras de ella, la ventana dejaba caer las gotas que se estrellaban en el cristal, a él, se le parecía un ángel, un ángel de alas de agua.

-Cierra la boca tontito- le dijo ella halagada de la forma en que la veía su pequeño hermano.

-Anda ven, acércate- le dijo, y el dio los pasos necesarios para quedar frente a ella. Los truenos y la lluvia, importaban ya muy poco.

Lapis lo tomó con ambas manos y lo beso pegándolo a su pecho. El contacto de la piel desnuda fue un choque de electricidad para ambos. Steven la abrazó y sintió lo delgada que era. Acarició la cintura de su hermana. Los pezones aplastados en su pecho le atravesaban el alma; subían y bajaban en su piel provocándole un placer desconocido. El beso continuó un poco más. Sus labios se exigían todo su sabor, su pequeña lengua se entregaba a la de su hermana.

Y afuera los truenos no cesaban.

-Te amo- le dijo ella separándose.

-Y yo a ti manita- le respondió el niño.

-Steven- dijo ella bastante sonrojada- ¿te gustan...mis pechos?-

-Mucho Lapis-

-Puedes, hacer lo que quieras con ellos. Solo no muerdas, no aprietes y no pellizques ¿Si?-

El asintió e hizo lo que más deseaba; colocó sobre su pecho izquierdo su mano y atrapó entre sus dedos esa pequeña protuberancia. Lapis respiraba profundo. El niño movió su mano haciendo que entre sus dedos se resbalara el erecto pezón de su hermana, casi como el segundero de un reloj.

Luego sin poderse contener, se acercó lentamente hasta llegar al tierno seno de su amada. Ella sintió el cálido aliento justo antes de sentir como sus labios atrapaban su pezón y realizaban una pequeña succión.

Steven se llenó del valor que le daba la excitación y comenzó a acariciar el otro seno de su hermana con su mano libre.

Lapis acariciaba el cabello de su hermanito animándolo a seguir. Le besaba el pelo mientras se perdía en ligeros suspiros. Steven lamia y chupaba perdido en sí.

-Ay manito, ¿Si que te gustan verdad?-

-Mucho- respondió en una voz que ella jamás creyó escuchar en su pequeño. Una voz grave, una voz casi de hombre.

El abandono el pecho izquierdo para lamer la aureola del derecho, lamer la punta y luego chupar, cada vez se sentía más seguro de lo que hacía.

-Mi niño, me encanta como me haces sentir, ¡ah!-

Ella arañaba muy levemente la espalda del chico. No quería lastimarlo así que se contenía.

-Me gustan mucho Lapis- decía él entre succiones y caricias- yo, ya las había tocado hace mucho, y desde ese día nunca se me olvidó-

-A mí tampoco amor, lo recuerdo y me encanta- entonces lo jaló para besarlo profundamente. Sus lenguas se estrechaban y se tocaban con ansiedad.

-Steven- gimió ella- ¿puedes hacer algo por mí?-

-Lo que tú quieras hermanita-

Ella miró hacía su ropa interior, luego lo vio a él –quítame la panty por favor-

El corazón del chico iba a salir de su pecho. Su miembro ya estaba totalmente erecto atrapado en su ropa y al escucharla sintió que se desmayaría.

Con dificultad asintió y lentamente bajó un poco para quedar justo a la altura de la zona intima de su hermana, quien sentada en el borde de la cama, se levantó un poco y retiró la prenda hasta sus muslos. De allí le indico al chico que la quitara totalmente.

El chico tomó la prenda con ambas manos, y la fue deslizando con lentitud por los muslos, pantorrillas y tobillos de su hermana, quien había juntado las piernas para facilitarle la tarea.

Una vez retirada, se sorprendió viendo la prenda en su mano, la cual sentía tibia.

-Al final, si cumpliste tu palabra; me dejaste sin panty- dijo ella traviesamente, el solo sonrió.

Ella lo besó y aprovecho la cercanía para quitar la última prenda que le quedaba a su hermano, quedando los dos, completamente desnudos. Ella aprovechó para pegarlo a sí y conectar sus cuerpos totalmente.

Steven podía sentir los pechos de su hermana, su vientre y ese pequeño montón de bello, rozando su pene. El beso se hizo profundo por parte de ambos.

Ella lo tomó de la cabeza para que él le besara el cuello, y ejerció presión para que bajara a sus pechos. Steven volvió a chupar golosamente los pequeños pezones de su hermana una y otra vez, fue entonces que Lapis ejerció más presión en la cabeza del pequeño, y en algún momento Steven entendió qué quería Lapis.

No necesitó más indicaciones de parte de su consanguínea, él fue bajando por su vientre con besos hasta que se animó a lamer un poco. Lapis se retorcía ante las sensaciones. Todo cambió de nombre cuando Steven llego a los bellos que coronaban la intimidad de la joven.

Steven no pudo evitar pasar su mano por esa zona y jugar un poco con ellos. Era emocionante, excitante sentirlos.

-Eres un –suspiro- travieso...- Steven estaba frente a la entrada de su hermana.

Era una pequeña línea que brillaba en algunas partes, en la oscuridad del cuarto era difícil distinguir. El aroma de su hermana era a jabón y a mar.

-N-no mires tanto, me da pena- dijo ella tímidamente. Cosa que emocionó al chico.

-¿Puedo?- dijo él.

-Lo que tú quieras-

Y el chico no dudo un instante más, se acercó a la intimidad de Lapis y tocó con su lengua la parte superior de esa hermosa línea.

Apenas colocó su lengua, Lapis se mordió un labio; el efecto del solo toque de la lengua de su hermano era demasiado.

Para el chico fue entrar a un mundo diferente. De inmediato comenzó a mover su lengua de arriba abajo sintiendo que había algo en ese lugar que se palpaba cada vez más. Se pegó con más fuerza a su hermana y sintió los bellos en su nariz, y ese aroma que lo enloquecía.

-Si mi niño, así- decía ella tomándole de los cabellos – me gusta mucho mi Steven-

El comenzó a bajar más su lengua y se dio cuenta que en la parte de en medio podía meter su lengua profundamente, así que se atrevió y se adentró lo más que pudo en ella, incluso mojando su nariz con los líquidos de su hermana.

-AAH! ¡Mi amor así!- Lapis enloquecía al ver como el chico le estaba dando un sexo oral que la mataba –si corazón, sigue-

Alentado por su hermana, recorrió con firmeza de arriba abajo, luego en círculos, pasó su lengua por las orillas de aquellos hermosos labios para regresar a la parte superior y adentrarse nuevamente en el centro. Para él, era lo más rico que había probado en su corta vida.

Lapis temblaba, sentía que ardía y que iba a explotar. Nunca había recibido un oral y si se había atrevido a pedirlo, era porque se trataba de él. De su hermano. Del amor de su vida.

-Te amo manito, sigue, sigue. Me encanta.- gemía la dama arqueando la espalda.

Entonces, Steven recordó la candente mañana en el bosque y mientras lamía lo que no sabía se llamaba clítoris, apunto dos dedos a la entrada de Lapis, y lentamente los dejó ir hasta sus nudilllos.

-¡AAAH! AMOR- exclamó sin medirse la joven, mientras agarraba con fuerza la cabeza de su pequeño amante. El siguió entrando y saliendo no muy rápido pero si con firmeza mientras lamía esa pequeña esfera que se había endurecido en la parte superior, hasta que sintió como un líquido mojaba su mano al unísono del fuerte gemido de Lapis. El sabor de ese líquido era ligeramente salado.

-AAH AAAY- exclamó sacudiéndose. Entonces ella con cierta violencia lo levantó con fuerza y lo llevó a la cama para abrazarlo mientras temblaba ante el orgasmo sucedido. Apretaba las piernas con fuerza.

-Ay mi niño...te...amo, mi Steven- mientras seguía en convulsión.

-Yo a ti mi Lapis- y se besaron. Ese beso fue el más lascivo que si hubieran dado hasta entonces, el aún tenía el gusto de ella en la boca y ahora era un sabor fue compartido. Ella no dejaba de abrazarlo mientras mantenía pequeñas contracciones en su zona vaginal, aún sensible.

De un momento a otro ella notó que él la veía con curiosidad mientras una pequeña sonrisa adornaba su rostro, ¡Que feliz y apacible se le veía!

Y ella iba a terminar con eso.

Recuperando aplomo, Lapis se acercó al pequeño y comenzó a besar su cuello. Aún se sentía sensible, pero no iba a quedarse atrás.

-Me encantó lo que me hiciste- decía - eres muy bueno Don Juan Pigmeo. Pero, ahora me toca a mí-

Ella se colocó encima de él cubriéndolo totalmente. La diferencia de estaturas se notaba bastante. Fue besando su pecho hasta llegar a sus pezones, en los cuales dibujo un círculo dejando un pequeño rastro de saliva.

El pequeño arqueaba la espalda y se movía de un lado al otro. Lapis lo tomó de los brazos y lo obligó a quedarse quieto.

Bajó a su vientre donde volvió a besar y lamer con dedicación. El chico manifestaba pequeños espasmos.

-Ah...- gemía Steven.

-Eres muy sensible en esta zona Steven-

-Es que se siente muy fuerte- decía el chico.

Lapis aprovecho para dar la vuelta a su hermano y dejarlo boca abajo. Empezó a besar sus hombros hasta llegar a la parte dorsal, donde comenzó a descender siguiendo su columna. Sobra decir que el chico se movía como si lo estuvieran picando con agujas.

-No seas coyón, aguántate- decía Lapis mientras le presionaba de los antebrazos contra la cama para evitar que escapara.

Lapis llegó a la parte baja de la espalda de su pequeño hermano y se centró a repartir besos en la zona lumbar; luego, justo en el centro, pasó su lengua varias veces de arriba hacia abajo.

-Aaah a-a-h-

Lapis sonrió, lo soltó un momento, y de un solo movimiento le saco la trusa.

Una vez el chico desnudo, ella se dio el gusto de observarlo.

-Tienes bastante trasero Steven- le dijo burlona.

-¡LAPIS!- gritó el niño muriéndose de la pena.

-Ya, no seas escandaloso- y le acarició un glúteo, para luego, suavemente, deslizar su mano entre sus pequeñas piernas, entre la cama y su hermano hasta llegar hasta sus testículos.

-Que..¿q-ue haces?- Suspiro el chico mientras se sacudía de placer.

Ella comenzó a acariciarle con su mano usando todos sus dedos muy suavemente; en un movimiento donde apretaba ligeramente para luego dejar escapar una y otra vez. De pronto metía más la mano y alcanzaba su miembro atrapado entre el chico y la cama, y se escabullía para tomarlo totalmente y realizar ese movimiento de arriba hacia abajo descubriendo totalmente el glande del pequeño.

Steven sentía que el estímulo era demasiado.

-La-Lapis no voy a aguantar- dijo con los ojos apretados.

Ella continúo un poco más degustando de los gemidos de Steven, jugando con su glande y sus testículos. Ella disfrutaba mucho escuchar a su pequeño gemir.

-¿Te gusta?-

-S-si-

-Si ¿qué?-

-Si me gusta mucho, Lapis- dijo con dificultad mientras su hermana aumentaba el ritmo de las caricias.

De pronto ella lo soltó y se colocó encima de él pegando su cuerpo. Los pechos de Lázuli quedaron en la espalda de Steven.

-¿Qué haces?

-Te quiero sentir hermanito- dijo ella y comenzó a moverse hasta quedar bien sobre su hermano, quien, además de los pechos de la joven, igual podía sentir su vello púbico rozando en la zona de sus nalgas, y algo de humedad que de allí escapaba. Inmediatamente ella beso su nuca y su cuello mientras sus manos se pasaron por ambos lados del vientre de su hermano y la cama para alcanzar su pene erecto con una, y con la otra sostener sus testículos, y de esta manera comenzar una estimulación doble. Un abrazo de placer desperdigado.

-Ah, ¡espera Lapis! ¡Espera!- pero ella no espero. Comenzó un frenético movimiento que iba de la base del pene del chico hasta la punta una y otra vez mientras con la otra mano, no dejaba de acariciar esa bolsa de piel que contenía lo que algunos definirían como "hombría".

La excitación de Lapis era tanta que junto con sus manos comenzó a mover su cuerpo provocando en su hermano una estimulación total.

-¿Te gusta? ¿Te gusta hermanito?- decía ella perdida en la lujuria.

-Ay siii, si manita ¡sí!-

Ella intensifico aún más el movimiento y los gemidos de ambos se dispararon. Afuera la lluvia no cesaba y los truenos rompían la noche mientras los amantes se entregaban al desborde del lívido compartido.

Steven apretaba los ojos y tenía la boca abierta soltando una pequeña porción de saliva a su almohada mientras sentía como su hermana jugaba con sus partes más íntimas de una manera total. Estaba a su merced en esa posición.

Sus líquidos ya habían de nueva cuenta bañado los dedos de la chica mientras ella los distribuía a lo largo de aquel tronco.

En aquella cópula simulada en donde Steven estaba debajo de su hermana, Lapis comenzó a mover más su cadera sobre las nalgas del chico buscando en el roce más estimulo del que ya recibía.

-Si mi amor, ¿Así te gusta? ¿Así?- le decía al oído mientras pasaba su lengua por el pequeño cuello y nuca de su hermanito.

Palabras que nunca creyó decir, un destino que nunca pensó encontrar, unas vidas tejiéndose en la pasión temprana rompiendo el cascaron desde fuera en espera de un milagro.

Afuera la lluvia no se detenía y el viento comenzó nuevamente a azotar las ventanas. Con más frecuencias los relámpagos lo iluminaban todo y ellos en el movimiento frenético comenzaron a mover el colchón.

Steven comenzó a sentir un cosquilleo desde su glande hasta su ano, Lapis sintió que su clítoris iba a explotar con la fuerza de la fricción que imponía en el pequeño.

Hombre y mujer se fundieron en la nada dejando muy afuera el enlace de sangre.

Lapis sin poder contenerse más volteó a Steven con fuerza y los amantes quedaron frente a frente, con rapidez buscó el miembro de Steven y lo colocó en su entrada, y sin decir más, sin buscar excusas, sin decir un chiste que derrumbara como castillo de naipes la entrega ciega que ya compartían, se dejó caer completamente engullendo a su hermano, mientras el sentía como la punta de miembro llegaba al fondo de su hermana.

La joven comenzó a subir y bajar con la rapidez que solo la juventud puede desatar en la pasión mientras sostenía de las muñecas a su hermano, que inmóvil, veía a su hermana subir y bajar y sus pequeños pechos, que habían iniciado todo 4 años atrás, se movían en un vaivén que recordaría toda su vida.

Ella grito de placer al sentirlo dentro, el gimió de dolor placentero al sentir como todo lo que contenía se proyectaba con fuerza descomunal esta vez siendo inyectado en el interior de su hermana una y otra vez en espasmos dementes, mientras la columna de Lapis parecía romperse en el espasmo doloroso de un orgasmo devastador.

Un trueno como hecatombe cimbró la casa tan duro que los cimientos temblaron, las ventanas parecían azotadas por piedras, el relámpago fue tan fuerte que iluminó la habitación, y Greg pudo ver con claridad, a su pequeño hijo de 12 años acostado boca arriba en la cama, y a su hija de 16 años, sentada sobre él, totalmente penetrada.

Hubo un segundo trueno, un segundo rayo, un segundo temblor.

Antes de que Steven gritara.

"¡Papá!"

Y el hombre cayera, desvanecido al suelo.

La mañana era tan bella como podría serlo en un paraje paradisiaco como lo era aquel lugar. Aves trinando sin cesar contentas de que la lluvia nocturna volviera a levantar la vida en el suelo y en las ramas de aquellos inmensos árboles. El verde de los arbustos tan vivos, el fresco purificador del aire.

Ardillas café-rojizo brincaban en las ramas correteando y peleando graciosamente por algún alimento compartido. Algunas flores se habían abierto, otras se habían marchitado y el olor a campo y a libertad campirana podía robar el alma del mas frio ser del planeta.

Greg fue abriendo los ojos para obtener un visaje borroso y húmedo que poco a poco se convirtió en el techo azul celeste de aquella casa de campo. Todo se le fue aclarando mientras cada vez se hacía más consciente de que su cabeza era un tambor de dolor, que repicaba con más fuerza mientras recuperaba del todo la conciencia.

Volteó con dificultad a ambos lados y notó que todo estaba extraño. ¿Juguetes? ¿Ropa pequeña?

-¿El cuarto de Steven?- pensó el hombre alarmado pero no se paró debido a la enorme debilidad corporal que llevaba consigo. Producto irremediable del segundo día de abuso con el alcohol. Se dio cuenta que estaba acostado en el suelo.

En su dolor palpitante, notó a su hija sentada en una silla, al lado de la puerta. Se veía temerosa, muy angustiada.

-Lapis- dijo incorporándose con mucha dificultad con esa voz aguardientosa que tienen los hombres que han bebido mucho.

-¿Cómo llegue aquí?-

Lapis abrió los ojos hasta que le dolieron en una sorpresa que no se disimuló bien. Se envalentonó.

-¿No te acuerdas?-

El hombre se tocó la cabeza con ambas manos recorriendo la calva hasta llegar al pelo; temía que, después de muchos años, hubiese cometido una estupidez.

-Yo...recuerdo que me acosté... ¿Les vine a ver no?-

Lapis tembló, pero se mantuvo firme. Tenía el corazón en la garganta.

-Sí, pero...cuando viniste ya era muy tarde. Como que te acordaste y te dio por venir pero te caíste horrible y te desmayaste. Steven está muy asustado-

-¡Oh por dios!- exclamó el hombre llevándose una mano a la frente –No puede ser... ¿Cómo esta él?-

-Él está llorando papá- Se asustó mucho al verte así. Llegó gritando a mi cuarto- Lapis se la jugó con esa mentira.

El hombre cerró los ojos haciendo un esfuerzo por recordar -yo me acosté, y no suelo pararme-se talló aún más la frente- me acosté...mmm...mm, ya, ya, ya-

Lapis sintió que le arrancaban el pecho.

-Yo no me acosté en la cama, me fui de tonto a beber lo último de la botella de golpe y me senté en el sillón. Allí me dormí. Por eso me paré, debí querer irme a la cama pero en estando "así" por costumbre debí irles a ver-

-Y te caíste- adelantó Lapis.

-Sí, eso parece. Qué horror- y se llevó las manos a las cara –tengo que hablar con Steven- Y el hombre hizo a ponerse de pie.

-Primero báñate papá- dijo la chica un tanto apresurada – no lo vas a ir a ver oliendo a licor. De por si esta todo afectado-

El hombre la miro un par de segundos antes de hablar, ella se notaba un tanto desesperada.

-Sí, tienes razón- se puso de pie. Se estiró un poco, y salió del cuarto con rumbo a su habitación.

Lapis lo siguió con pasos pequeños y observó desde la puerta como bajaba las escaleras. Por dentro su corazón temblaba, ¿de verdad su padre no se acordaba de nada?

Sacudió un poco su cabeza y con prisa se dirigió a su cuarto.

Al entrar no encontró a nadie. Su cama estaba tendida y la habitación en silencio. Con lentitud se dirigió a su closet y abrió la puerta.

Allí se encontraba él, acurrucado en un rincón abrazando sus piernas, escondiendo su cara. Lapis sintió que se le partía el alma.

-Steven...-dijo ella tomándolo del hombro. Sal de aquí, ven conmigo.

Como respuesta solo se escuchó un par de sollozos.

-Steven, por favor- dijo Lapis a punto de llorar al sentir la culpa comerle el alma –yo, no quería esto para ti- dijo con dificultad.

-...nos van a separar...-se escuchó de entre los brazos y piernas donde encerraba su rostro el pequeño Steven.

-No, no mi amor, no- dijo abrazándolo- Papá no se acuerda de nada, estaba muy tomado y no se acuerda-

-Yo lo vi Lapis- dijo el chico levantando el rostro y ella pudo ver lo demacrado que estaba. La culpa se le incrementó en el pecho –él...me vio directo a los ojos- y volvió a llorar y a esconderse entre sus piernas.

Ella se rompió en llanto y lo tomó de las axilas para sacarlo de ese lugar y depositarlo en la cama. El simplemente se dejó, como si fuera de goma. Se puso frente a él.

-Escúchame Steven, hermanito. Sabes que te amo mucho, por sobre todo y que jamás te voy a abandonar. Incluso si nos separan moveré cielo y tierra para encontrarte y estar juntos como debe de ser- ella se detuvo, él no levantaba la vista.

-Pero ahora hay algo importante que necesito que hagas Steven, muy importante- al escuchar la voz desesperada de su hermana, el pequeño la volteó a ver con lentitud.

-Papá va a venir- el chico tembló de miedo- pero no te asustes, va a venir a pedirte perdón por que se desmayó en tu cuarto. Él no se acuerda de nada, ten en cuenta eso, NO SE ACUERDA. Así que vendrá a decirte que bebió mucho y que esta apenado por lo que hizo –lo tomó de las mejillas- tú no hables, solo dile que sí y que lo perdonas. ¿Puedes hacerlo?-

-¿Estas segura que no se acuerda?-

-Muy segura, hablé con él cuando despertó-

-Pero...él me vio-

-Steven- ella lo tomó de los hombros- una persona que toma mucho licor puede olvidar lo que hace. Esto pasó con papá. ¿Recuerdas aquella vez que nos regañó y al otro día no se acordaba?-

El pequeño asintió.

-¡pasa lo mismo!- dijo exclamando en voz baja –por favor, mi niño, créeme-

Ella, en desesperación, intentó besarle y el alejó la cara.

A Lapis se le cayó el corazón.

Y el silencio fue como hierro candente en la carne.

Alguien tocó la puerta dos veces para luego abrir y entrar.

-Hola campeón, ¿cómo estás?- dijo Greg, quien había tomado un baño muy rápido.

-Bien- dijo secamente Steven.

El hombre se acercó y se sentó al lado de su hijo varón. Lapis, no supo que hacer.

-Linda- dijo el hombre a su hija – podrías dejarnos solos por favor-

Ella quiso decir algo, pero con el corazón en un hilo, solo asintió y con prisa abandonó el lugar.

Lapis bajó las escaleras como quien baja al infierno. El rechazo del beso de su hermano le había enfriado el cuerpo y el alma. Cada paso en los escalones era como si se cayera a pedazos.

-Él ya no me quiere. Lo arruiné todo. Soy una maldita- sollozó atragantándose con su saliva –soy...soy...tan maldita como mi madre...- y llegó al sillón de la sala a derramar su convencido dolor agarrado ahora del auto desprecio.

Lloró a alma abierta. Dejando sobre el cojín, la marca de su enorme culpa.

-Lapis, amor, te quedaste dormida- dijo Greg sacudiendo un poco a su hija.

La joven despertaba del sueño profundo que otorga el quedarse dormido en medio del llanto. Sintió un frío en el pecho horrible y un vacío en el estómago al ver a su padre y recordarlo todo.

-Lapis, cariño, tarde un poco con tu hermano pero ya le explique qué, pues, tengo un problema y que no volverá a ocurrir. De la misma forma te lo digo a ti mi vida, llegando a casa me meteré a un grupo de doble A. No puedo hacerles esto, mira cómo estás-

Ella solo lo veía confundida.

-Anda mi amor, ve a ver a tu hermano que me pidió que te dijera que subieras. Yo voy a hacer el desayuno para compensarles. Vayan preparando sus maletas porque nos regresamos hoy mismo-

Lapis no sabía si estaba soñando, así que parpadeó un par de veces antes de hablar.

-Pe-pero ¿por qué?- Greg se rascó la nuca.

La verdad ya acabé el trabajo, el quedarnos varios días solo era excusa para seguir bebiendo, y después de lo de anoche; simplemente me di cuenta que les estoy haciendo daño. Regresaremos hoy Lapis; esto no volverá a pasar.

El hombre besó la frente de su hija y se dirigió a la cocina.

Lapis entonces se paró del sillón, y con rapidez subió las escaleras. Sentía una ansiedad que le estaba lastimando la garganta. El pasillo se le hizo más largo que nunca.

Llegó hasta la puerta de su cuarto y la abrió como si abriera las puertas del paraíso junto con las del infierno.

Sentado sobre su cama estaba el niño, viendo al suelo.

Ella cerró la puerta de tras de sí, y se acercó a su hermano con la lentitud de quien desea agarrar una paloma.

Sin darse cuenta, quedó de pronto, frente a él.

-Aquí estoy...- dijo inundada de tristeza.

Él levantó la vista y la vio.

-Papá me pidió perdón- dijo el chico rompiendo dolorosamente el silencio.

-Me dijo que iba a dejar de beber por nuestro bien y que yo nunca debí de verlo en ese estado-

Lapis sintió un bálsamo cubriendo su interior. Su padre no se acordaba de nada.

-Sin embargo-

Lapis contuvo el aliento.

-El me dio una larga charla de "hombre a hombre" como él la llamó-

-¿Qué...que quieres decir?-

Steven la miró de forma enigmática.

-Me habló de sexo, me explico, pues, todo. Y me dijo que son cosas que se hacen con quien amas y que lleva muchas responsabilidades. Que sabe que aún soy pequeño, pero que cree que ya es hora de que lo sepa-

Lapis no tenía idea de que pensar. ¿Por qué justo ahora?

-Steven, tú crees, ¿Qué él se acuerde de algo?-

-No lo sé- dijo el chico – también me dijo que la familia es muy importante y que empezara a despertar, por qué el día de mañana, yo iba a ser el hombre de la casa. Y que tenía que cuidarte...algún día.

Ella ocultó sus labios, manía que tenían casi todos los de la familia, cuando se sentían nerviosos.

Y dijo -Te comentó algo...de nosotros-

-No, nada. De hecho me dijo que querías hablar conmigo-

Ella se sorprendió.

-El...me dijo que tú querías hablar conmigo-

-¡Chicos! ¡Ya bajen a desayunar! ¡Para compensarles el mal rato los llevaré a pescar al gran bagre antes de irnos!- sonó la voz de su padre retumbando la casa de campo.

Ambos lo escucharon y fue como salir de un profundo tambo de confusión. Ambos se quedaron viendo.

-Creo que, si papá lo sabe Steven, no dirá nada-

-Yo también creo eso hermanita- y le sonrió.

Ella no se atrevió a acercarse a darle un nuevo beso ante el temor del rechazo.

Aquí se acababa el juego del tercer otoño. Y una inmensa tristeza le nubló la vida.

-Si atrapas al gran bagre voy a tirar todas tus pantis al excusado- dijo el travieso.

Ella estuvo a punto de llorar al oírlo, pero sonrió ampliamente antes de contestarle como se debía.

-Lo que pasa es que quieres olerlas-

Y ambos se recibieron en un inmenso beso donde sus almas se lograban ver, antes de abandonar la habitación, para desayunar e ir a cazar a la mítica criatura que ya hacía en un pequeño lago, de un lugar cualquiera.


Un agradecimiento al amigo Elvats con quien entablé un reto que le llevó a escribir esta historia.

Saludos a todos, si les gusta, comenten plis.

Lobo Hibiky