II Diferentemente iguales.
El hombre destruye lo que odia y lo que odia, generalmente es igual a él.Los día transcurren con regularidad, nada pasa como siempre. Tal vez si hubiera aceptado el juego no estaría tan aburrida, pero ¿Por qué está pensando en eso? ¿A quien le importa un estúpido juego?... Agita la cabeza para alejar la idea.
Acaba de salir de su última clase, gracias a Merlín otro día más está terminado. Se pregunta entonces por sus amigos ¿Dónde están Blaise y Draco?
Se dirige al alumbrado corredor de piedra y se encamina a la salida. Hace frío afuera, ella ama el frío, no es que sea masoquista, simplemente se identifica con él. Respirando tranquilamente se acomoda la bufanda dejándola caer a cada lado de su delgado cuello, al instante deshace el nudo de la corbata guardándolo en el bolsillo derecho de su túnica negra, cierra los ojos un instante, escucha un susurro.
¿Qué podrá ser?... ¿Quién podrá ser? Aquel que susurre tan minuciosamente un gran secreto debe ocultar.
La información nuca está demás, menos en un lugar tan aburrido como Hogwarts, vira a la izquierda en el casi desierto pasillo, se encuentra una cabellera alborotada y desprolija, caminando junto a ella estaba él; alto, con su cabello alborotado; Ambos miraban el suelo mientras se dirigían a una aula vacía, no decían nada, ni si quiera se miraban
— Pero que cosa mas extraña —piensa.
Él dejó a la chica en la entrada de una aula al parecer vacía, otorgándole un intento de beso entre la mejilla y la comisura del labio, la castaña se enciende, cosa que a la slytherin le parece más que ridícula.
La morena distingue que él viene hacia donde se encuentra, pega su cuerpo a la pared mirando la nada, esperanzada en que él no note que ella lo está observando. Él pasa por un lado de ella, revisando hojas de las cuales no es capaz de comprender ni media palabra, un viento extraño derrama sus hojas en el piso, sin hacen ni un sonido de rabieta se agacha a recogerlas. A Pansy le parece patético; En realidad Ronald Weasley, lo es.
— ¿Lo haré? —piensa la chica mordiendo su dedo índice.
Pone en blanco los ojos y decide "ayudar", saca su varita y lo apunta amenazadoramente. Él levanta la vista asustado, parece que lo va a atacar.
¿Por qué? —se pregunta el pelirrojo Weasley internamente.
Al contrario de lo que él piensa, ella hace un movimiento sordo y todos los papeles flotan hasta sus blancas y delgadas manos. El chico la mira, agacha la cabeza ¿Por qué no se le ocurrió hacer eso?
Sin una sonrisa, de hecho sin ninguna expresión que denote algún sentimiento en su rostro, suelta los papeles y estos flotan hasta las manos de Ronald, una media sonrisa se dibuja en el rostro del pelirrojo.
Se quedan de pie el uno frente al otro sin decir una sola palabra, el viento se cuela por el pasillo ondeando sus uniformes.
Él se acerca, ella retrocede y aprieta su varita con su mano:
—Comadreja —expresan los labios de la chica muy suavemente. Su rostro sigue inexpresivo.
Él se sigue acercando, esta vez ella no se mueve, sin embargo internamente tiembla ¿Debe atacarlo?
Ronald toma con mucho cuidado el extremo de la bufanda de la slytherin, la pasa por su hombro haciendo que cubra el pequeño cuello de la morena:
—Abrígate —dice el chico—, hace frío afuera —finaliza y le sonríe. Entonces, se marcha.
Pansy ve cuidadosamente el movimiento de él mientras se sigue alejando: Weasley es alto, delgado, no musculoso pero tampoco enclenque; su espalda tiene la forma de un pequeño corazón y su cintura es breve, el cabello lo lleva largo y alborotado, piel pálida, casi tanto como la de ella y pecas que lo hacen ver infantil.
Estúpido —piensa la serpiente, no se ve infantil, más bien parece un imbécil.
Un brazo le rodea el abdomen ¿Ahora que?
— ¿Que miras? —le pregunta.
—Nada —responde ella con voz a penas audible. No intenta mentir, en realidad no mira nada.
— ¿Vamos al jardín? —pregunta una vez más.
— ¿Para que? —Pregunta ella haciéndolo sonreír— ¿Para que Draco se me ignore por pelear con la sangre sucia? —Prosigue— ¿O para que tú me ignores por ver a cualquier zorra que se te cruce enfrente? —finaliza, cierra los ojos.
Blaise ríe— No exageres Pansy, no siempre es así y lo sabes.
— Como digas —responde.
Ella está cansada, cede ante él, como lo hace también ante Draco. Camina de su brazo y de nuevo la miran, a ambos los miran.
Salen del castillo, él día no es particularmente hermoso pero sí especialmente frío, hay algo diferente. Siente el calor en su cuello, sin querer recuerda el chico pelirrojo que la arropó con la bufanda, entierra su rostro perfecto en la bufanda mientras de su nariz exhala un aire frío.
Llegan a una especie de mesa de piedra, tan fría como todo lo que pueda provenir de la casa de Slytherin, está frente a la fuente congelada. Hay tres chicos sentados antes que ella y Blaise se unan, reconoce a Draco y a Theodore Nott, el chico de cabello color miel y ojos celestes que es raro, callado… y más raro; está sentado contemplando un álbum de estampillas con una lupa mágica que flota sobre cada adherido. Entre las chicas, están Daphne y su hermana pequeña de la cual nunca recuerda el nombre, Alden no podía faltar y una más, llamada Erwhen, a la cual no conoce puesto que es de primer curso. Al fin, ellos se unen.
— ¿Por qué tardaste tanto? —pregunta Draco sin quitar la vista de un libro.
—Pansy no quería venir, dice que la ignoramos —responde Blaise entre risas.
El rubio levanta la cabeza, con los codos en la mesa y las manos alzadas cerca de la frente; la mira, al parecer está molesto:
— ¿Es cierto? —inquiere.
—Blaise te lo está diciendo, él no te mentiría… —responde ella sentándose a su frente.
—Quiero escucharlo de ti —la taja—, ¿Eso sientes? —Ella guarda silencio—. Te hice una pregunta, Pansy.
La chica levanta el rostro y sonríe, todos saben que su risa es falsa, en sus ojos ven el vacio… Pero también saben que van a ignorarlo y le creerán a la sonrisa fría.
—Claro que no, Draco. Sólo bromeaba —responde. Se ha ganado una sonrisa del príncipe de Slytherin.
Draco se levanta, abotona su túnica, los de su mesa dejan de hacer lo que sea que los mantenga distraído y se toman un segundo para mirarlo, excepto Nott, claro… él nunca mirará a nadie. El rubio rodea la mesa, la chica se voltea ligeramente, sabe que se dirige a ella y no se equivoca. Él toma su rostro con una mano acariciándole la mejilla con el pulgar.
—Si te sientes así, debes decírmelo —le dice— ¿Entendiste? —No obtiene respuesta audible, ella asiente dos veces—. Mejor —finaliza, le besa la frente y se retira.
La slytherin cierra los ojos, respira profundo, se voltea sentándose correctamente en la mesa: El perfume de Draco aún le quema la nariz.
Levanta la vista, Nott y Alden están sentados frente a ella, ambos ignorándose completamente, él es muy raro y ella muy presumida, serían la pareja perfecta, sin embargo queda un gran hueco entre los dos. Aquel que ocupaba Malfoy: Mira el hueco, atrás hay otra mesa, pero está es de madera de roble, oscura, lisa, cálida… Una mesa de Gryffindor.
— ¡Hermione! —Gritan todos los presentes al unísono.
La castaña se acerca a ellos con muchos libros en la mano. Harry; Un chico de ojos verdes y cabello negro azabache, se acerca a ella rápidamente para ayudarla. La leona se pregunta ¿Por qué su novio no lo hace? Más desiste de la cuestión por una sola razón: Así es Ron. No es caballeroso, educado ni mucho menos y ella no espera cambiarlo.
El azabache deja caer los libros pesados en la mesa y toma asiento dando la espalda a los Slytherin. La chica se sienta del otro lado, junto a su ahora novio pelirrojo, de frente a las serpientes.
Él levanta la vista y le sonríe, ella responde a la sonrisa tímidamente ¿Cómo dos amigos de tantos años se vuelven una pareja romántica de un día para otro? Era algo hipócrita, no tenía sentido… Sin embargo aquella farsa los hacía felices.
Ron sigue ocupado, planeando tácticas de ajedrez en un pergamino, Hermione lo observa con algo de tristeza ¿Por qué hace eso si nadie puede ganarle? El pelirrojo se fija que ella lo observa, sus miradas se encuentran en silencio, sonríen torpemente al tiempo que una oleada de aire frío les congela el rostro, el perfume de la chica le llega a la nariz, le encanta su aroma casi nulo, entonces… Se acerca rápidamente y le roba un beso en los labios.
Sus bocas juntas, los ojos de ambos abiertos, no se sabe quien está más sorprendido.
Él cierra los ojos y sonríe sobre los labios de la chica, haciendo que ella se escandalice completamente y se separé del beso ¿Qué no era ella la intrépida? Los demás miran con ternura el acto, verdaderamente son el uno para el otro —piensan—. Ron sabe que hace lo correcto: Su familia espera que este con ella, sus amigos también, es lo que debe hacer, sin embargo… Nunca se ha cuestionado que es lo que en realidad desea.
—Debo, yo, hace frío —dice Hermione y se levanta.
—Te acompaño —dice Ginebra levantándose.
Harry se pone de pie, deposita un beso en la mano de la pelirroja y deja que se marche.
Ambas chicas se alejan, siendo observadas por el azabache y el pelirrojo, este ultimo mira al frente y descubre a una slytherin que parece mirarlo, sin embargo sabe, que como siempre, no es así. Decide mirar a su amigo.
— ¿Nos vamos o que? —propone el azabache.
— Por supuesto —acepta el pelirrojo.
— ¿Te pasa algo, Ron? —inquiere su amigo.
Él niega con la cabeza en silencio mientras se alejan.
— ¿Estás seguro? —Insiste Harry.
Sonríe— ¿Que podría pasarme?
Harry se encoje de hombros— No se, Ron, pero te noto raro. Alejado, triste… No lo sé.
El pelirrojo le palmea la espalda— No seas paranoico Harry, estoy bien.
Ron miente, no está bien y lo cierto es que ni si quiera sabe por qué ¿Qué necesita? ¿Qué podría hacerle falta?... No tiene la menor idea. De igual forma no se interesa en averiguarlo, ahora menos que nunca que tiene lo que por siete años deseo: A Hermione.
¿Tal vez el noviazgo no era lo que esperaba? Pero que importa ¿Seguía siendo ella, no?
Caminan por el des iluminado pasillo de piedra, con antorchas a los lados y cuadros que reposan en profundo sueño. Ambos van a en silencio, no tienen alguna conversación en común, que podrían hacer ¿Hablar de chicas? La sola idea era tan irónica. Siguen sin decir nada, sin hacer otra cosa más que caminar y llegan al retrato de la señora gorda, esta les pide la palabra.
—Pay de limón —dice Harry.
Entran, Ron lo sigue en silencio.
El pelirrojo, mira el suelo sin decir nada, su amigo sube las escaleras directo a las habitaciones para hombres, antes de subir mira alrededor de la torre, el fuego está encendido, las llamas se reflejaron en sus ojos inexpresivos, vacios. Mira de nuevo toda su casa, en rojo, odia el rojo a pesar de ser el color de su cabello, cierra los ojos y se deja caer en el sofá.
Él está en un lugar iluminado y caliente.
Ella se encuentra en lugar gris, frío, oscuro. Unas lámparas blancas lo alumbran puesto que no hay chimenea y así le gusta. Mira el techo de piedra fijamente, su piel esta fría y algo húmeda como siempre. No tiene sueño y no sabe por qué no puede dejar de pensar en el beso que vio, aunque no pareciera, en realidad estaba mirando.
¿Ellos se amaran? ¿Qué puede ver alguien en Granger? —se preguntaba afanosamente. Daba lo mismo consideraba que eran el uno para el otro—. Un miserable para una insufrible —pronuncia secamente en un susurro.
— ¿Weasley para Granger? —pronuncia una voz fría a sus espaldas que al parecer viene de las habitaciones.
No la exalta, se sienta cómodamente cruzando una de sus piernas sobre la otra, recargando su mano en el mango del sillón sobre el que estaba su cabeza.
Pansy la mira de reojo y enseguida vuelve su vista al frente:
— ¿Por qué lo dices? —Inquiere ella.
Ríe— Son los únicos que encajan con la descripción —vuelve a reír—. ¿Qué haces despierta Parkinson?
—Pensando… ¿No puedo, Astor? —Entonces mira a Alden.
—Claro que puedes Pansy, eres la princesa de Slytherin —dice la chica de ojos verdes al tiempo que se sienta en una silla plateada con el tapis verde.
Pansy se pone de pie— ¿Qué es lo que quieres? —Pregunta mirando el suelo.
La otra ríe— Absolutamente nada. De los Slytherin, me acostumbre a no buscar nada.
Levanta la vista y la mira a los ojos—Yo también —finaliza.
Se miran fijamente, en el fondo son iguales… Aunque claro, todos los Slytherin son replicas unos de otros. Todos son "Sangre limpia" como tan elitistamente se hacen llamar, tienen dinero, antecedentes propios o terceros de mortífagos.
— ¡¿Se puede saber que demonios están haciendo?!
Alden se levanta de un solo salto —He, yo, nosotras… —intenta decir.
—Ya nos íbamos a dormir —interrumpe Pansy.
—Que sea rápido.
—A la orden —pronuncia la morena tan sardónicamente que a él le molesta.
El chico se queda recargado en la pared junto a un espejo viejo. La chica hermosa de ojos verdes para por un lado de él con la cabeza gacha sin atreverse si quiera a mirarlo una sola vez, Draco sonríe al notar esto y posa su vista en la otra.
Ella camina hacia él mirando el suelo, sabe que la estaba esperando en su habitación, por tal motivo no le apetecía subir. El rubio le extiende una mano y ella sin cambiar su rostro ido e inexpresivo la toma.
Suben a la habitación de ella, que tiene las iníciales de su nombre en la puerta de madera, cosa que la identifica como prefecta de la casa de las serpientes, al lado de esa puerta se encuentra la habitación de él, podría marcharse a dormir, sin embargo, no lo hará. Entran. Él se dirige de inmediato al baño, ella no se despoja del uniforme, se acuesta en la cama de costado y cierra los ojos. Siente el olor de él, lo conoce a la perfección.
Draco rodea la cama y sube posicionándose detrás de ella, solo trae puesto el bóxer, al principio se queda mirando el techo dando un hondo y largo suspiro, Pansy suspira también. Él se acomoda rodeándole el abdomen con una mano, tiene el codo en la cama y apoya su cabeza en la mano, le da un beso frío justo debajo de la oreja y susurra una vez mas "No lo hagas" ¿Qué no vuelva a hacer que? Siempre susurra lo mismo y ella nunca lo entiende.
—Esta vez que hice —dice, no es un cuestionamiento.
—No me gusta que sientas que no me importas.
Ríe— ¿Quieres manipular hasta lo que siento Draco? —pregunta al tiempo que abre los ojos.
Él sigue besándole la nuca, acariciándole el cabello y manteniéndola aferrada de la cintura. La mano asciende desde su abdomen hasta unos de sus senos. La chica pone los ojos en blanco, cuando él le desabotona hábilmente la mitad de la blusa.
—No te manipulo nunca —su voz es suave, ronca, tersa… Ya no la soporta.
—Claro, no lo haces —sonríe falsamente, como es costumbre.
La slytherin se voltea de frente mirando al techo, él besa su cuello suavemente, ella cierra los ojos y alza su cabeza. Entonces el chico asciende por su cuello hasta la barbilla y la mira a los ojos; Los ojos de Draco, como un felino brillan en la oscuridad debido a su claridad, su piel blanca y tersa incita a ser explorada en la oscuridad.
—Eres tan perfecta —susurra Draco tocándole por encima de la blusa.
Una de sus manos busca el muslo de la chica por debajo de la falda, cuando está a punto de irrumpir en su intimidad ella lo detiene fuertemente, mirándolo a los ojos una maliciosa sonrisa. Hace un gesto moviendo la cabeza a un lado y al otro. A él no le queda mas remedio que besarla en los labios y retirar sus manos. Le da un último beso en la frente y se retira a su habitación sin decir una sola palabra.
Pansy se queda ahí, sola, en la oscuridad. Vuelve a virarse de lado, sostiene sus rodillas a la altura de su pecho y sonríe sin mostrar sus dientes. Malfoy la quiere como esposa y ella no se le va entregar, hasta no serlo. Se queda dormida pensando en sus planes de grandeza, sintiendo una soledad inmensa en el frío de la noche. Ya dormida, una lágrima recorre su mejilla, pero se secará, antes de que ella misma note que estuvo allí y no quedara rastro de ella.
En otro lado; un chico está solo, tirado frente a una chimenea, sostiene sus rodillas a la altura de su pecho y se queda pensando, intentando descifrar que le hace falta a su vida para poder sonreír ampliamente, hasta que el sueño lo vence. Siente una soledad inmensa en el calor de la noche que lo acoge…. Ya dormido, sonríe.
