Aclaración: Los personajes que aparecen de Harry Potter no me pertenecen, el resto de los personajes y lugares que aparecen son fruto de mi imaginación.
Advertencias: Esta historia es slash, por favor, a los que no os guste este tipo de historias, no la leáis. Menores de edad, abstenerse de leer.
Capítulo 2Lucius Malfoy caminaba con pasos rápidos por los pasillos de su inmensa mansión. Una sonrisa de diversión adornaba su cara. Esta noche sería la fiesta de cumpleaños de su hijo menor y todavía le faltaban detalles para ultimar.
Mientras iba caminando hacia la salita para hablar con su hijo mayor, a su mente le llegaron las imágenes de lo ocurrido a lo largo de todos aquellos años y las consecuencias que, saber la verdad, había producido en todo el mundo mágico.
Una leve risa escapó de su garganta al recordar las miradas de auténtico pavor que veía en todos los demás y es que la historia real había sido completamente diferente a la que todos conocían.
Para empezar, el primer bombazo de la noticia vino al saberse que Lucius Malfoy, Severus Snape, Narcissa Black, Lily Evans, James Potter, Sirius Black y Remus Lupin eran íntimos amigos y que Lucius Malfoy no era el más importante mortífago, sino el más importante espía que la luz había tenido.
Recordó con pesar cuando su padre y Voldemort le ordenaron que se casara con Narcissa Black, cuando él estaba perdidamente enamorado de Lily Evans y la propia Narcissa lo estaba de James Potter. Un amargo pesar invadió su corazón cuando se reunió con ella y le comentó las órdenes de su padre y del propio Voldemort. Lucius no podía arriesgar lo que más quería. No estaba dispuesto a poner a Lily en peligro y esa noche se entregaron el uno al otro por última vez. Con gran pesar se había casado con su amiga Narcissa en una ceremonia llena de lujo que se celebró hacía ya medio año.
Dos meses y medio después todos se reunieron en una de las propiedades de Severus que nadie conocía. Querían estar juntos de nuevo y allí ponerse al día de todo lo que estaba ocurriendo. Lucius y Severus ponían a los demás al corriente de todo lo que estaba pasando. Ambos tenían un gran cuidado al moverse, sabían que si los descubrían su final sería horrendo. Todos mimaban a Narcissa que en esos momentos lucía un embarazo de 6 meses. Lucius y ella no se amaban pero habían aprendido a tenerse cariño.
Estaban a punto de levantarse para ir a comer al salón cuando Lily sintió como todo lo que la rodeaba comenzaba a moverse y cayó al suelo sumida en la negrura de la inconsciencia al mismo tiempo que un histérico Lucius corría a su lado para ver qué era lo que le estaba ocurriendo. Fue Narcissa quien se percató, Lily estaba embarazada.
Al atardecer, cuando la joven estaba ya recuperada, todos volvieron a sentarse alrededor del fuego de la chimenea para planear qué era lo que se debía hacer. Narcissa mantenía en todo momento abrazada a su amiga. Sabía de quien era el hijo y no estaba enfadada. Sabía perfectamente el amor que Lucius profesaba a su amiga. Después de mucho debatir fue James Potter el que tomó la palabra. El se casaría con Lily y harían que todos creyeran que el pequeño era su hijo, porque así iba a ser. Severus prepararía una poción especial para que el pequeño adoptara el aspecto de su padre adoptivo.
-No te preocupes Lucius –insistía James- Los cuidaré mucho y tu hijo, que también será mi hijo, tendrá todo mi amor.
Lucius no se pudo contener de abrazar a su gran amigo y darle las gracias por lo que estaba a punto de suceder.
El 7 de enero nació el pequeño Draco, hijo de Lucius y Narcissa y el 31 de julio, nació el pequeño Harry, al que todos sin excepción iban a ver y no desaprovechaban ni un solo momento para mimarlo y malcriarlo sin cesar.
La fatídica noche del ataque de Voldemort a los Potter, los cuatro amigos corrían con todas sus fuerzas para poder llegar a tiempo a la casa y ponerlos a salvo. Lucius corría con mas fuerza que nadie, ya que era su hijo el que estaba en peligro y no podía soportar la idea de perderlo. Cuando llegaron a la casa, y se toparon con el cuerpo de James Potter, un estremecimiento les recorrió y una terrible angustia martilleaba el corazón de Lucius. El terrible llanto de dolor de su hijo le hizo salir corriendo escaleras arriba, hacia la habitación de su pequeño.
Se quedó completamente congelado al ver a Lily sin vida frente a la cuna. El llanto del pequeño no cesaba ni un solo momento. Se acercó corriendo a la cuna y le vio llorando de dolor con una fea marca en la frente que sangraba abundantemente. Lucius entendió muy bien qué era lo que había pasado. Su amada Lily había dado su vida para proteger a su hijo y eso le había otorgado una protección especial que le salvó la vida.
Con sumo cuidado cogió a su hijo y lo estrechó fuertemente contra su pecho. En esos momentos el resto de sus amigos entraron en la habitación. Todos tenían lágrimas en los ojos, pero una sonrisa al ver que el pequeño había sobrevivido.
-Llévatelo –dijo Sirius
-Sí –afirmó Severus-, saca a Harry de aquí, nosotros nos encargaremos de todo.
Con un sincero agradecimiento Lucius salió de la casa con su hijo en brazos y se apareció en su mansión, en donde Narcissa, con los ojos llorosos abrazó a su marido y al niño que traía dormido.
Todos estos recuerdos venían a la mente de Lucius. Recuerdos tristes y felices que se mezclaban al mismo tiempo. Draco y Harry crecieron juntos y queriéndose como los hermanos que eran.
Recordó el fastidio que ambos mostraron en sus caras cuando fueron a ingresar en Hogwarts. A ninguno de los dos les gustaba la idea de ser enemigos declarados cuando en realidad eran dos hermanos muy unidos y que ansiaban estar juntos todo el tiempo posible.
Lucius sonreía al recordar cómo contó, como siempre, con la inestimable ayuda de su amigo Severus. Las detenciones que el profesor de pociones imponía al joven Gryffindor siempre lo eran para que los dos hermanos pudieran estar juntos. Más de una vez, aprovechando esas detenciones, se habían celebrado cenas en familia que ayudaban a los dos adolescentes a seguir soportando el papel que se les había impuesto. Nadie quería arriesgar a Harry y esa era la única forma de lograrlo.
El mayor bombazo informativo de todos fue hacer pública la noticia de que Harry Potter en realidad era Harry Malfoy, a eso ayudó el hecho de que al cumplir los 17 años, edad adulta para un mago, los cambios físicos que produjo la poción de Severus dejaron de hacer efecto. El cabello del joven mago seguía siendo oscuro, pero ahora era mucho más liso, la cara se tornó un poco más alargada, apagándose los rasgos Potter y apareciendo los rasgos Malfoy/Evans. Había crecido un poco y mantenía los mismos ojos verdes que heredó de su madre.
Más tarde vino la batalla final en donde todos se pusieron alrededor de Harry Malfoy para apoyarlo y ayudarlo. Todos no. La verdad era que el que fuera su amigo, Ronald Weasley, no había podido perdonarle que fuera un Malfoy y no quiso saber nada de ellos, poniendo un ultimátum a su amiga Hermione, de que eligiera entre él o el "maldito Malfoy". La joven bruja pidió perdón a Harry, pero quería mucho a Ron y no podía perderlo.
Aquella pesadilla terminó con la eliminación total de Lord Voldemort, pero a un gran coste. Albus Dumbledore murió a manos del mago oscuro y Narcissa perdió la vida cuando la maldición asesina iba dirigida a su hijo, poniéndose frente a él y sacrificándose para que Draco siguiera viviendo.
Ahora, después de los años que habían transcurrido, la vida de Lucius Malfoy se podía decir que era de felicidad. Tenía a sus hijos Draco y Harry a su lado y esta noche celebraban su 25 cumpleaños. Sus viejos amigos estaban a su lado, formando un pequeño grupo familiar.
Al llegar a la salita en donde Draco se encontraba leyendo sonrió ampliamente al contemplar a su hijo. Draco había madurado, su rubia cabellera había crecido considerablemente y permanecía elegantemente apoyada en sus hombros y su espalda. Cuando estaba rodeado de desconocidos seguía manteniendo su pose erguida y distante, pero en cuanto estaba con sus amigos y su familia, aquella máscara desaparecía para dejar a la vista al verdadero hombre que era. Dulce, atractivo, fuerte y con un encanto que actuaba como un verdadero imán tanto para hombres como para mujeres, aunque él no les hacía el menor caso. Aunque Lucius no exteriorizara la pena que sentía porque ninguno de sus dos hijos había encontrado pareja no decía nada ni les empujaba a nada. No permitiría que ninguno de los dos se viera empujado a un matrimonio sin amor.
-Draco –su fuerte voz sonó dulce y melodiosa
-Padre –sonrió el joven rubio
-Están a punto de traer los regalos para tu hermano –su tono era confidencial-. Necesito que le entretengas para que no entere de nada.
-Cuenta con ello –Draco dejó su libro y sonriendo fue a buscar su escoba- Me ocuparé de él, me cobraré lo que me hizo en mi cumpleaños para que no me enterara de los regalos –salió del salón hacia el jardín al mismo tiempo que llenaba de aire sus pulmones- ¡Harry! ¿Dónde te has metido? Te reto a una carrera de escobas, ¡prometo que te voy a ganar¡
-¡Eso no te lo crees ni tú! –una alegre voz se oía a lo lejos
Lucius no pudo evitar soltar una sonora carcajada. Ahora podrían estar terminando de preparar la fiesta que Harry no se daría ni cuenta. Todavía estaba riendo cuando fue a hacia la entrada de la mansión, dándose prisa para abrir la puerta y hacer entrar a sus amigos.
-¿Has conseguido distraerle? –preguntó Remus luciendo una divertida sonrisa.
-Tranquilos –aseguró Lucius- Draco se está encargando de él, le ha retado a una carrera en escobas.
-Entonces no hay problema –afirmó Sirius entrando en la mansión junto con Remus Lupin y Severus Snape.
OooOLas dos escobas volaban a la máxima velocidad a la que los dos hermanos podían hacer que volaran. Ambos iban muy iguales, de tanto en tanto Draco adelantaba a su hermano, que hacía esfuerzos para volver a tomar la cabeza en la carrera que estaban haciendo.
-¡Venga Harry! ¡Estás perdiendo facultades!
-No cantes victoria –Harry reía feliz. Los dos hermanos, a cada día que pasaba, más unidos estaban.
Inclinándose sobre su escoba, hizo que ésta ganara velocidad y volvió a adelantar a su hermano. Las risas de los dos jóvenes demostraban la inmensa felicidad que sentían.
Draco reía más fuerte que Harry. Había conseguido que su hermano se olvidara de la pronta llegada de sus familiares y amigos y se esforzaba por mantener un alto nivel que obligara al otro a intentar sobrepasarlo y llegar antes que él a la entrada de la mansión.
En plena carrera ambos atravesaron una pequeña nube de luz dorada que repentinamente había aparecido ante ellos.
-¿Qué ha sido eso? –preguntó Draco parando su escoba y girando su cabeza para ver la nube que habían atravesado y que había desaparecido.
-No lo sé –respondió Harry parándose al lado de su hermano- ¿Estás bien?
-Sí ¿Tú estás bien?
-Perfectamente ¿Qué crees que debe haber sido?
-No lo sé –reconoció Draco aunque no estaba intranquilo. Había sido especialmente entrenado para detectar campos de magia oscura y aquello no había hecho activar sus alarmas mágicas.
-Maligno no es –confirmó Harry que tenía un don natural para detectar ese tipo de magia
-A lo mejor un espejismo –aventuró Draco- Vamos, volvamos a casa.
Los dos hicieron girar sus escobas y regresaron a la mansión. Draco mantenía una amena charla con su hermano pero su mente estaba trabajando en saber qué podía ser aquella luz dorada. Hablaría con su padre, no estaba dispuesto a que su hermano volviera a pasar por una experiencia desagradable y peligrosa y Lucius sabría como investigar lo que había ocurrido.
Tuvieron un regreso tranquilo y sin nuevos espejismos a la vista. Tres minutos más tarde, ambos jóvenes habían olvidado completamente todo lo referente a la extraña luz dorada y volvían a sus preocupaciones de ganar el uno al otro en la trepidante carrera de escobas que tenían.
Cuando entraron de nuevo en la mansión Harry se vio sorprendido cuando, sin previo aviso, Remus Lupin y Sirius Black se lanzaron contra él tirándolo al suelo al mismo tiempo comenzaban a hacerle cosquillas por todo su cuerpo.
-¡Basta! –consiguió gritar entre carcajada y carcajada, sin apenas aliento- ¡Cosquillas no! ¡Piedad!
Parando su ataque frontal, los dos magos se levantaron haciendo que Harry les siguiera y continuaron esta vez con un opresivo abrazo que casi le deja sin respiración.
-Será mejor que paréis –la seria voz de Severus Snape les hizo aflojar su férreo abrazo- No es por nada, pero quiero que me quede sobrino vivo para poder felicitar.
Y añadiendo la acción a la palabra, sacó a Harry del abrazo de sus amigos, estrechándole fuertemente a continuación
-Felicidades, Harry –el serio maestro de pociones sonreía feliz
-Gracias tío Severus –contestó el joven mago respondiendo al abrazo
-Oye, que a nosotros no nos has dicho nada –protestó Sirius
-Lo habría hecho si le hubieras dejado aire para respirar, tío Sirius –añadió Draco entre risa y risa.
Al final todos consiguieron felicitar a Harry, deseándole el mejor de los cumpleaños.
Un elfo doméstico apareció anunciando que la cena estaba servida y todos marcharon hacia el amplio salón de la mansión.
Harry estaba eufórico y hambriento, pero esperó a que todos estuvieran sentados para ocupar su lugar y disponerse a disfrutar de la comida que los elfos habían preparado.
Cuando apenas estaban por terminar el primer plato, Severus no pudo estarse y cuando todos estaban pendientes de la magnífica cena que los elfos habían preparado, con disimulo cogió su varita y apuntó a su amigo, susurrando unas palabras tan bajo que nadie las pudo escuchar.
El pelo de Sirius se había empezado a mover hacia arriba por sí solo y un suave cacareo de gallina se comenzó a oír.
El animago apenas tuvo tiempo para oír el cacareo y coger, entre sus manos, un pequeño objeto de color blanco que había caído de su cabeza. Sus ojos se abrieron hasta el límite de sus posibilidades al ver que se trataba de un huevo.
Severus había transformado el pelo de su amigo en una gallina de negro plumaje que incluso ponía huevos.
-¡Fantástico tío Sirius! –reía Draco- Con un poco más de esfuerzo tendremos el desayuno de mañana
Nadie podía parar de reír. Incluso el mismo Sirius estaba fascinado por la broma que le había lanzado Severus y estaba haciendo lo imposible para saber cómo lo había conseguido. Las risas aumentaron de nivel a medida que el pelo-gallina de Sirius ponía más huevos.
Para cuando terminaron los postres, alrededor del plato de Sirius y de Remus, se habían alineado una docena de huevos. Fue para entonces que Severus se apiadó de todos los presentes y retiró el hechizo de la cabeza de animago, haciendo que la gallina volviera a convertirse de nuevo en el negro pelo que era.
-Te has portado tío Sirius –reía Harry- Mañana tendremos unos huevos apetitosos para desayunar
Nuevas risas inundaron la mesa hasta que Lucius se levantó y se acercó a su hijo.
-Hijo mío –dijo al mismo tiempo que ponía sus manos en sus hombros y le sonreía con todo su amor- Muchas felicidades. Estoy muy orgulloso de ti.
-Gracias, papá –sonrió Harry abrazando a su padre.
-Abre ahora los regalos
-¿Los regalos? ¿Qué regalos? ¿Dónde están? –Harry, con ojos brillantes miraba por todos los rincones del salón pero no conseguía ver ningún paquete envuelto con papel brillante.
-Aquí están, despistado, finite encantatem –rió Draco haciendo girar su varita y levantando el hechizo de invisibilidad que había sido puesto sobre una gran cantidad de paquetes que allí había.
Alegre caminó hacia el grupo de regalos, pero no llego a tocarlos.
Apenas dos metros le separaban de las brillantes cajas cuando una luz dorada muy brillante atravesó el techo del salón e impactó directamente sobre su cuerpo
Un fuerte dolor recorrió todo su ser y comenzó a caer al suelo gimiendo de dolor al mismo tiempo que presionaba fuertemente su pecho. La dorada luz lo rodeó completamente haciendo que su cuerpo brillara por sí solo.
-¡HIJO! –gritó Lucius con gran desesperación al verle víctima de un extraño ataque y echándose a correr hacia él.
-¡HARRY! –Draco reconoció aquella luz y un profundo terror se apoderó de él, uniéndose a su padre en su carrera por alcanzar a su hermano.
-¿¡Qué es eso? –gritó Sirius
-¿Cómo pudo traspasar las barreras? –se preguntó Severus al mismo tiempo que, junto los demás sacaba su varita y se disponían a luchar contra lo que quiera que estuviera atacando al joven mago.
Lucius y Draco llegaron al lado de Harry, que ya estaba terminando de caer al suelo después de perder el conocimiento y lo cogieron cada uno de un brazo para intentar ponerlo a salvo.
Severus, Sirius y Remus vieron, impotentes, como, nada más llegar Lucius y Draco al lado de Harry, aquella extraña luz les cubrió a los tres para desaparecer en ese mismo instante con todo lo que su brillo había rodeado.
Ninguno podía decir ni media palabra. En donde antes estaban Lucius, Harry y Draco ahora un lugar vacío se mostraba. Habían desaparecido.
OooOooOooOHasta aquí este capítulo, espero que os haya gustado.
Muchísimas gracias a todos los que han leído la historia, muy especialmente a Utena-Puchiko-nyu, Leahnor Naril Potter, mistral222 y 7th-nevaeh, me alegra muchísimo que os haya gustado y tomo buena nota de las sugerencias.
Cualquier sugerencia o crítica seré muy feliz de recibirla (Si soy merecedora de recibir tomates, lechugas demás artículos que demuestran que no os ha gustado, por favor, no los lancéis muy fuerte).
