Disclaimer: Digimon no me pertenece, es de su respectivo autor.


FAMILIA ROTA


Es un mal ejemplo.

Estabas seguro de eso.

No es bueno que lo vean.

Estás en lo correcto.

Nunca es bueno, jamás lo fue. Tú la amabas, aún querías a esa mujer, pero habías fallado y mentido tanto que fue tu propia mano la causante de desvanecer el amor que ella sentía por ti de poco en poco.

Porque sin confianza no hay nada.

No podías evitarlo, simplemente el ver a otras mujeres. Eran guapas, preciosas y quitaban mucho dinero del bolsillo. Quizás, algún día, cuando tus hijos crecieran podrías llevarlos a esos lugares donde las mujeres más hermosas del país hicieran debut.

Quizás ese sería un muy buen cumpleaños de dieciocho años. En un futuro, un futuro muy largo.

Porque amabas a tus hijos y sería toda responsabilidad tuya que ellos tuvieron un buen ejemplo que imitar y seguir cuando crecieran. Un hombre trabajador, honrado, buen amigo, leal, cariñoso.

"¡Degenerado, mujeriego!"

Aunque los gritos de tu mujer no ayudaban cuando a dar buenos ejemplos se tratasen, aunque fuera por tu culpa. Pero simplemente no podrías evitarlo, era una de tus debilidades.

Debilidades de todo hombre. Que esperabas que tus hijos no sacaran tanto.

Pero aún así supiste que todo había acabado cuando tu mujer te extendió los papeles del divorcio.

Ya no te había apagado el celular.

No te había cerrado la puerta con seguro por regresar a la casa a la media noche.

No le había dado tu comida al perro que siempre pasaba en la esquina.

No había eso, tan solo… los papeles de divorcio.

Fue el límite, el límite de tu mujer que tú nunca notaste.

Pero estaba bien. Estaba bien porque lo único que conseguirías ahora son gritos y miradas evasivas, comportamiento lleno de desprecio y una amargura en la mujer que te había acompañado más de ocho años.

Y todo era por tu culpa.

Por no saber poner un límite. Era lo mejor, porque ahora la relación solo sería de gritos, de saber quien dominaba al otro y contradicciones cada vez que los dos dieran unas opiniones.

Y eso no sería un buen ejemplo, ningún buen ejemplo para tus dos hijos.

Así que simplemente lo aceptaste, porque el único culpable eras tú y no podrías contradecirla. Porque tenías que dar el ejemplo, el ejemplo de un hogar estable y, aunque eso ya no lo tengas, por lo menos tenías que demostrar la manera que no se lleva un hogar: por los futuros gritos y pleitos que de seguro tendrían en lo que seguía de su matrimonio.

Pon el ejemplo.

Así que ahora, no sudes ni jadees, no dejes caer tus lágrimas por las mejillas en este día lluvioso, no dejes sentir que tu mundo se vino al suelo aún más que cuando tu mujer te abandono.

Lleva la lápida de tus hijos con orgullo y esfuerzo, dando entender lo fuerte que eres y que tú solo podrías llevar esa enorme y escalofriante caja.

Pon el ejemplo.

De ser un padre fuerte que no se deja vencer por un ataúd encima de ti. No llores, aunque tu corazón ahora esté completamente muerto por dentro.


TBC.