Acurrucada contra la cama, se podía ver una suave cabellera castaña. La muchacha estaba arrinconada contra la pared de la habitación rememorando cada cosa que había sucedido los últimos veinte minutos. No podía evitar sentirse intimidada ante tal habitación, ya que era oscura, elegante y siniestra, combinando a la perfección con la casa. La habitación estaba pintada de colores esmeralda y plata, envolviendo la cama, las paredes y las ventanas. Un escudo extraño estaba pintado en la cama, junto a ella, y al lado se podía leer "Toujours Pur". En la pared había una colección de recortes amarillentos de periódico, todos colocado junto a modo de collage.

Lucy estaba dormida en la habitación de al lado, con su cabellera rubia cayéndole por toda la espalda. Después de tal conmoción, había caído desmayada y las personas que estaban allí, habían ayudado a Camille a recostarla en una cama. Camille se sentía sola en esos momentos, tenía una inmensa necesidad de ir a la habitación de al lado, tirarle agua a Lucy y despertarla para que pudieran hablar de lo ocurrido, pero no se sentía capaz de despertarla. Aun no podía creer lo que acababa de suceder, era una mala jugada que le habían echo a su cerebro, estaba fuera de lógica.

Flashback

Lucy y Camille estaban mirando atentamente a las personas que estaban frente a ella, probablemente buscando alguna pista sobre la broma que le estaban jugando. Pero no encontraron ninguna mueca de burla, ni nada parecido. Eso irrito más a Lucy.

— ¿Perdón? —pregunto, rompiendo el tenso silencio que se había formado desde las ultimas palabras que el hombre castaño había pronunciado. Lucy frunció el ceño, odiaba que le tomaran el pelo y, para ello, esta era una de las bromas más idiotas que había escuchado. Camille negó mentalmente con la cabeza, Lucy estaba enojada. — ¿Qué clase de broma idiota es esta? ¿Acaso creen que tenemos once años? —alzo la voz, frunciendo aun mas el ceño. Camille no pudo hacer otra cosa que hacer una mueca, Lucy enojada no era buena combinación y eso lo sabía por experiencia.

— ¿Broma? —pregunto extrañado, el hombre castaño. Uso un tono de voz que parecía como si Lucy hubiera afirmado que le estaba por crecer un tercer ojo. — No entiendo porque esto seria alguna clase de broma.

— Claro, ¿Cómo pude pensar que esto era una broma? —ironizo Lucy, rodando lo ojos. — ¿Ahora vas a decirme que el Rey Arturo va a aparecer mágicamente aquí y me regalara un vestido? —volvió a ironizar.

Camille pudo distinguir el destello de frustración que apareció en los ojos del hombre.

— ¿El Rey Arturo? —el hombre bufo. — El murió hace muchísimos años, al igual que el mago Merlín.

— ¡Eso ya lo se! —estallo Lucy, fulminando al castaño con los ojos. — ¿Qué tan ignorante o idiota crees que soy? Primero lo de Grimmauld Place ¿y ahora esto? —La rubia parecía echar chispas por lo ojos.

— Lucy-luz —la llamo suavemente, Camille. — No hace falta que grites, es una casa pequeña y creo que todos los presentes podemos escucharte bastante bien sin que eleves tu voz. —Lucy pareció reflexionar las palabras de su amiga, tomo un largo suspiro y asintió.

— Por fin, alguien que pudo calmar a la furia. —bromeo otro hombre que se encontraba al lado del castaño. Su pelo era de un color negro oscuro pero, gracias a la buena vista que Camille tiene, pudo distinguir unos cuantos reflejos azules. "Negro azulado, muy lindo" pensó ella, sonriendo internamente. A pesar del color vivido de su cabello, el hombre parecía demacrado. No parecía muy alegre, como si algo lo hubiera arruinado para siempre. — Ya me preguntaba yo si alguien podría callarla. —ambas muchachas fulminaron con la mirada al hombre, y este se encogió de hombros con una sonrisa inocente.

—Entonces, ¿Qué hacemos en este lugar?

— ¿Camille, cierto? —la muchacha asintió. —Bueno, hace unos pocos días descubrimos que habían dos personas que serian de mucha utilidad en nuestra lucha con Voldemort, ósea que, sabían muchas cosas que a nosotros nos ayudaría a derrotarlo. Por eso, Dumbledore…

Lucy lo interrumpió.

— ¿Dumbledore? —inquirió sorprendida.

— Bueno, Dumbledore es un mago que…

Esta vez fue Camille la que lo interrumpió.

— Sabemos quien es Dumbledore, prosiga.

— Bueno, el nos dijo que teníamos que lograr hacer un hechizo para convocarlas. Al principio no creíamos que eran ustedes pero al poco tiempo nos dimos cuenta que ustedes eran las chicas de las que tanto hablaba Dumbledore.

— Eso es cierto, nosotras sabemos un montón de cosas sobre el futuro de Voldemort. —admitió Camille. — Pero, nose porque nos requería especialmente a nosotras cuando podría haber elegido a cualquier muggle.

— Esa es la razón, señorita Jackson. —una voz resonó detrás de ellas, ambas se voltearon.

Alli se encontraba Albus Dumbledore, director de Hogwarts y el hombre al que Camille y Lucy más admiraban. Creían que era una de las personas más valientes que existían y de las más inteligentes. Sabían su historia y entendían el dolor que este sentía, y la razón por la cual había escondido todo. Albus Dumbledore, estaba vestido por una larga túnica morada y un sombrero puntiagudo a combinación. Sus ojos eran del color del mar y, aunque estaban escondidos detrás de unos pequeños lentes medialuna, parecían que te atravesaba como los rayos X. Dumbledore sonrieron a ambas chicas y asintió de modo de felicitación a los demás miembros de la Orden del Fenix.

— No entendí —admitió Lucy, confundida. — ¿Cómo que esa es la razón?

— Yo tampoco entendí. —coincidió Camille.

— Lo que sucede es que ustedes no son muggles. —Esa noticia sorprendió a las dos muchachas. "Este viejo esta totalmente loco de la cabeza" pensó Lucy. — No, señorita Jones. No estoy loco, estoy diciéndole la verdad, la cual sus padres nunca se animaron a contarle. —Lucy bajo los ojos avergonzada, Dumbledore había entrado en su mente.

Camille fulmino a Lucy con la mirada.

— Eso es imposible. —susurro Cam.

— No lo es, señorita Jackson. Si bien recuerdo, su padre era Rupert Jackson. —Camille asintió. — El estudio sus años en Hogwarts, en la maravillosa casa de Ravenclaw. Luego de terminar los estudios, conoció a Rebecca Sheik, ¿Su madre, cierto? —la chica no pudo hacer otra cosa que asentir, estaba demasiado concentrada en lo que Dumbledore contaba.

«Tu padre se unió a la Orden del Fenix unos meses después de que se casara con tu madre. En sus años de Hogwarts fue muy amigo de Remus Lupin, Sirius Black, Peter Pettigrew y James Potter. ¿Sabes quienes son? —la chica murmuro un suave "claro". —Por eso, Rupert nombro a Remus Lupin como tu padrino. Unos meses después de tu nacimiento, 15 de agosto, tu padre se encontraba en una misión con los McKinnons y fueron atacados por unos mortífagos. Tu padre fue una de las peores pérdidas, Camille, era muy querido entre nosotros. —Camille no pudo evitar que una lágrima rodara por su mejilla. Sintió una mano en el hombro y volteo, el hombre castaño le estaba brindando una sonrisa reconfortante.

Camille le sonrió.

— Tu madre era muggle, por eso eres mestiza. Rebecca decidió mudarse al mundo muggle de nuevo luego de la muerte de tu padre, alejándote a ti de nuestro mundo. —continuo contando, Dumbledore. — Por cierto, ¿ella como se encuentra?

— Muerta —contesto Camille, con tristeza. Dumbledore abrió los ojos sorprendido. — Hace tres meses, luego de llegar de la escuela. Me encontraba con Lucy, teníamos que ir a mi casa por un trabajo particular, pero cuando llegamos las ventanas de mi casa estaban rotas. Entramos asustadas pensando que seria un ladrón, pero allí no había nadie. Buscamos por toda la planta baja a mi madre, le sugerí a Lucy si podíamos verificar arriba antes de llamar a la policía.

— ¿Qué son los procesias? —inquirió el hombre de pelo negro-azulado.

— Policías, Sirius, policías. —le corrigió el hombre castaño. — Son gente muggle que se encarga de atrapar a los muggles que cometen crímenes, como lo aurores.

Sirius asintió.

— ¿Sirius? -inquirió Camille, sorprendida. — ¿Sirius Black?

El hombre asintió, con un deje de arrogancia.

— Es increíble —murmuro audiblemente. — ¡Eres un merodeador! —chillo contenta, dando un pequeño salto de emoción. Luego se dio vuelta hacia el hombre castaño. — Si el es Sirius, entonces ¡Tu eres Remus Lupin! —volvió a gritar, aun emocionada. Lucy y Dumbledore la miraban con diversión, parecía una nena en navidad. — ¿Eres Remus Lupin, cierto? —Remus asintió. — Tu eres mi padrino —dijo mas para si misma que para el.

—Si, lo soy. —afirmo él. — Lamento mi ausencia estos, ¿15 años? —Camille asintió. — Estos quince años. —termino diciendo.

—No importa. Bueno, como le decía señor Dumbledore. —continuo Camille. —

« Con Lucy subimos hasta la plata superior de mi casa. Esa parte de la casa era la que en peor estado se encontraba. Lo primero que escuche fue el grito de Lucy, la cual se había separado de mí y había ido a buscar a mi madre en el baño. Cuando llegamos pudimos leer que en el espejo estaba escrita una frase en latín. Lucy y yo sabemos latín porque mi madre siempre creyó que seria necesario. La frase era aterradora y estaba escrita con sangre, sangre de mi madre, decía "Un escondite por muy bueno que sea nunca termina siendo suficiente". Nunca pude entender lo que eso significaba exactamente pero ahora que me cuentan sobre la historia de mis padres, la historia cierra. Luego de ese momento Lucy y yo nos adentramos a la habitación de mi madre, pero no había sangre como nosotros esperábamos. Mi madre estaba tendida boca arriba en el suelo de su habitación, muerta. Estaba muerta, pero no tenia marcas de asesinato aunque no había duda que lo había sido. Lo único que demostraba un deje de violencia fue en su palma derecha, la cual emanaba sangre y el corte era en forma de "LV".

— Lord Voldemort —susurro Remus, Camille le dio la razón.

— Mi duda, sin embrago, es ¿Con quien has estado viviendo? —interrumpió Dumbledore.

— Conmigo, señor. —contesto Lucy.

Dumbledore sonrió y luego asintió.

— ¿Alguna otra pregunta?

— Tengo muchas pero la que mas me interesa en este instante es, ¿Qué hay de mí?

— Usted también es bruja, señorita Jones. —contesto Dumbledore. — Aunque eres nacida de muggles.

— Yo también tengo una pregunta, señor. Si todo esto del mundo mágico es cierto, ¿Por qué nunca nos llego la carta de Hogwarts a los once años?

— Tu madre no quería que la molestáramos, nos advirtió de que no te contáramos acerca de nuestro mundo. Aun que, sin duda, ese plan fallo cuando mi muy amiga, Joanne, una psíquica muy capacitada, decidió escribir un libro acerca de Harry.

— Pero si ella escribió esos libros, ¿Cómo sabe que Voldemort no los leerá? —pregunto Camille, confundida.

— Porque activo un encantamiento para que ningún mago mayor de once años podría leerlo, ósea, ningún mago que sepa de la existencia de Hogwarts.

— ¿Qué hay de los niños menores de once años que son de familias puras o mestizas? —inquirió Lucy.

— Tampoco.

— Asi que usted nos necesita a nosotras para que le digamos que sucederá, ¿Y Joanne no puede decírselo? —pregunto Camille.

— Me temo que hace unos cuatro meses, Joanne fue capturada por los mortífagos y liquidada por negarse a revelar información del futuro del niño que vivió.

Lucy y Camille asintieron, era mucho que procesar.

— ¿Quiere que se lo digamos ahora?—pregunto Lucy.

— No, no quiero que me lo cuenten a mí. Quiero que asistan a Hogwarts y se encarguen de que todo lo benefactor para nosotros se cumpla y, si hay muertes innecesarias, que las detengan. —dijo Dumbledore, firmemente. Las chicas asintieron y se miraron. Ambas sabían que estaban pensando en la misma persona, Sirius.

— Creo que deberían descansar un poco, ha sido mucha la información que les he dado y creo que necesitan un poco de tiempo para pensarlo.

— Los únicos cuartos en los que se puede dormir tranquilamente sin que ninguna rata las despierte, es mi cuarto y el de Regulus. —informo Sirius, con una media sonrisa. — ¿Saben quien es Regulus, cierto?

—Claro, Regulus Arcturus Black. Segundo primogénito de Walburga Black y Orión Black, hermano de Sirius Orión Black. Se convirtió en mortifago antes de terminar sus estudios y murió después de unos años gracias al arrepentimiento que le causo ser parte de tal abominación. Según Walburga y Orión, Regulus era el hijo perfecto y el único que merecía la herencia, ya que odiaban a su hijo mayor Sirius. Regulus, al igual que casi toda la familia Black, fue elegido en Slytherin. Eso fue lo que rompió el poco lazo de hermanos que quedaba entre Sirius Black y Regulus Black. En su adolescencia, Regulus fue amigo de Lucius Malfoy, Severus Snape y Avery, o esos son los rumores. —relato Camille, como si fuera una historiadora. A Sirius se le cayó la boca del asombro, y Lucy soltó una carcajada.

— ¿Impresionante, cierto? —susurro divertida, codeándolo levemente. Sirius asintió, con una gran sonrisa.

— ¿Sabes mucho de mi familia?

— Si, me parece fascinante la cantidad de personas que se encuentran en tu árbol genealógico.

— Se lo ha estudiado todo. —rio Lucy. — Yo quiero tu cuarto, Sirius. Algo me dice que es más divertido.

— Este bien, ¿A ti te molesta, Camille?

— Para nada, prefiero el cuarto "Slytherin" de tu hermano, antes de que ver un montón de chicas en bikini.

Sirius se sonrojo, y ambas jóvenes salieron de allí, soltando una carcajada.

Sirius había subido hace unos pocos minutos, informándole que a la noche iban a llegar los Weasley. ¿Se supone que tenia que actuar como si no supiera nada de ellos o de su historia? Eso si que seria difícil. Aun no podía creer su destino, era una maga. ¡Una autentica maga en el mundo de Harry Potter! Su más grande sueño se había cumplido, pero con eso, se aproximaba una guerra dura y sangrienta. Además, tendría que ayudar mucho a Harry ya que su quinto año había sido, probablemente, el más difícil del chico que vivió. Tambien estaba el hecho que debía intentar soportar al sapo rizón, vestido de rosa. Tampoco sabía como iba a poder contenerse Lucy, que era más impulsiva que ella. Entre esos pensamientos, sus ojos se fueron cerrando y lo último que vieron fue la habitación verde del difunto hermano de Sirius. "Magia" susurro antes de entregarse a los brazos de Morfeo.